Among us: hay traidores entre nosotros

[Among us. Traición. Gamer. Sócrates. Plantón. Nicolás Maquiavelo. Julio César. El príncipe. Muerte. Sabotaje. Nave. Lealtad]

“La culpa, querido Bruto,
no recae en nuestras estrellas
Sino en nosotros, que estamos bajo ellas”.
—Shakespeare, Julio Cesar

por Francisca Mattoni (@fran.mattoni)

La traición es una figura que podemos encontrar en lo más antiguo de nuestra historia y en lo más anónimo de nuestra literatura. Es el condimento agregado, identificable, en un grupo de personas relacionadas entre sí, en donde había confianza y la cercanía se hace monótona por lo cotidiano. Son esos momentos los que a nosotrxs, como espectadores, nos sacan del aburrimiento. Esperamos con ansias ver aparecer la traición, descubrir a lxs traidores.

Existieron traidores en la mitología de la Antigua Grecia, en la Biblia y en la novela de los lunes a la siesta cuando un personaje que nos engañó con su dulzura momentánea hace una aparición con música dramática mientras planea un embarazo falso o un asesinato furtivo para conseguir que su interés amoroso no la deje por otra. Estamos rodeados de traidores, impostores.

 Bienvenido a la tripulación

 Las estrategias para juntarnos y divertirnos en este contexto nos llevaron a experimentar con varias plataformas de interacción virtual con las que, quizá,  los millennials no se hubiera topado nunca. En el último grito de la moda, liderado por los gammers y streamers, nos llegó un jueguito bastante accesible y fácil de jugar – de ahí quizá su rápida difusión y popularidad. El juego Among Us se puede descargar como app para celulares, es fácil de piratear para bajarlo a una computadora y en su precio oficial, bastante barato – para aquellos susceptibles a ser parte de una generación nacida y criada con la advertencia de que si pirateas un video casette vas a ir a la cárcel – podés acceder al juego en la más actualizada de sus versiones.

La idea se asemeja a algunos juegos de mesa. Hay una tripulación, compuesta de todos los jugadores, que tiene que completar tareas para que la nave siga a flote. El impostor -que siempre puede ser más de uno dependiendo el juego-  va matando al resto de los jugadores y saboteando la nave para que todo colapse.

El impostor está entre nosotros y entonces el nombre del juego se explica a sí mismo.  Gracias a Discord – una aplicación para comunicarse por audio con mucha gente al mismo tiempo- podemos iniciar horas de debate cuando se encuentra un cuerpo en medio de la nave y hay que ver quién es el impostor. Nada como una buena asamblea para votar a mano alzada y decidir, bajo sospechas mínimas y sin mucha justificación, quién será expulsado de la nave y del juego.

Reunión de Emergencia

Nada como una buena traición, además, para avivar las llamas de un fuego que parecía que estaba demasiado tranquilo, un plot twist donde nos agarramos la cabeza gritando ¡nooo! cuando vemos que la desconfianza era infundada a la hora de echar a alguien.

A veces las defensas no son suficientes.

La asamblea se reunió una vez: en Grecia, Platón escribió sobre esto en la Apología a Sócrates.  Indignado sobre cómo se había cometido la peor de las injusticias, en el seno de la sociedad más vueltera para tomar decisiones a la que le debemos nuestra bella democracia. Sócrates, el mejor de los nuestros, tuvo que defenderse. Se votó por su destierro o su muerte, condenado en la primera acusación por sus compañeros ciudadanos.  La votación fue clara. 360 a 141 a favor de la pena de muerte.  La primera vez en la historia de la humanidad que una asamblea marcó el desenlace del mundo occidental. La primera y la última.

Sócrates salió de la nave flotando en el aire.

El impostor

La traición es una palabra compleja. Traición viene de un verbo (traditio, traditionis) en latín que significa entregar. A riesgo de que mucha gente erudita pida por mi cabeza, lo vamos a hacer simple. Traidor es entregarle algo, que era propio, al enemigo. Es sentir que alguien, que era una persona que creíamos conocer, nos da la espalda y hace algo que nunca hubiéramos esperado que hiciera.

En Discord, el micrófono prendido de una jugadora deja escuchar el sonido ahogado de un grito de sorpresa cuando alguien en quien confiaste te apuñala por la espalda. Semejante debe haber sido el grito de Julio Cesar cuando en el año 44 a.C un grupo de senadores, entre los que se encontraba su hijo, le pusieron fin a su vida con 23 puñaladas. Pero la daga número 24, dicen algunos historiadores, fue la que atravesó su corazón cuando vio a su hijo entre los atacantes

El impostor no era ni Julio Cesar, ni los senadores que abiertamente hablaban de su muerte como la única salida a una acumulación de poder muy peligrosa para la República. El impostor era aquel que había traicionado la confianza de su padre. Aquel, sin el que no hubiera sido posible el golpe final.

Sigamos jugando.

Todos quieren venganza

En El Príncipe Nicolás Maquiavelo no cree en la traición como constituyente de la forma de hacer política. Traicionar es romper con el juego, destruir la serie de acuerdos preestablecidos que permitían darle un marco de estabilidad al poder.

Pero cuando empezamos a jugar al Among Us, lo único que queremos es que nos toque ser impostores. Queremos tener la posibilidad de engañar, asesinar por la espalda y destruir la nave. Queremos seguir jugando hasta que sea nuestro turno de traicionar. Nuestro turno de sabotear el oxígeno, apagar las luces y ganar. No hay lealtades sin traiciones. Pero las traiciones se definen a partir de un otro que las nombra, que las denomina como tales. Y querer replicar eso, querer ser traidores, impostores, es un precio justo a pagar. Y, no vamos a engañarnos, divierte bastante. Nada mejor que un traidor. Nada mejor que un amigo en las filas enemigas. O nada mejor que un enemigo en las filas amigas. Es tan contradictorio como fascinante.

En el mundo del COVID-19 nos encontramos viendo por detrás de nuestras espaldas todo el tiempo. El virus es el traidor pero quienes lo portan y cometen el último de los actos atroces somos nosotrxs. Incluso un partido político,  supo hacer un flyer del juego “El virus está entre nosotros”.

Más traidores

Es muy fácil decir que la traición es un acto nefasto, digno de merecer algún tipo de castigo ejemplar. Ya lo decía Dante cuando hablaba del lugar que ocupaban en el último círculo del infierno. La peor de las faltas, el deshonor. La traición merecía el peor de los castigos.

La popularidad de este juego será una señal de que somos una generación que desconfía de todo el mundo todo el tiempo. Eligiendo nuestras alianzas y nuestras venganzas con cuidado. Esperando el próximo plot twist en el efímero y aburrido feed de nuestras vidas.

Podemos jugar a la paranoia por unos minutos frente a una pantalla, pero los ejemplos en la antigüedad y en la literatura son muy pocos a comparación de las admirables escenas de traición que podemos encontrar en nuestra escena contemporánea y local a lo largo de la historia.

La traición de Hipólito Yrigoyen a su tío Alem arrebatándole el partido que supo una vez crear. El casamiento de  Barón Biza con la hija de Amadeo Sabattini y los posteriores sucesos que llevaron a que una lluvia de ácido le carcomiera la cara en un desesperado acto de venganza. El hecho de que -en nuestro país- exista un festejo llamado “Día de la Lealtad” para celebrar el origen de un partido que se caracteriza por estar signado por traiciones hacia su interior. La falta imperdonable de Zayn al abandonar One Direction antes de tiempo. El final que le dieron a Game of Thrones para que los guionistas pudieran cerrar rápido una serie y poder empezar a trabajar en otros proyectos multimillonarios dejando a miles de fans indignados.

Las lealtades siempre son flexibles y las identidades más o menos frágiles. Pero las traiciones siempre son reales. Claras y traumáticas. Están a la vista de todos y las seguimos reproduciendo en lo cotidiano, quizá imitando a nuestros antecesores o no pudiendo evitar ser como ellos, fascinados ante la narración continua de nuevas historias que nos permitan salir de la monotonía del relato continuo de la vida.

La nueva generación de traidores

No sabemos muy bien qué hizo que este juego, que salió en el 2018, se volviera un boom en tiempos de cuarentena. Quizás los factores se encuentren en lo fácil que es aprender a jugarlo o que no es muy complejo de descargar, sumado a la mezcla con un poco de publicidad de youtubers da la receta perfecta para el éxito. Quizá esa sea la respuesta para el pico diario de 160.000 jugadores al mismo tiempo.

Pero ¿qué se esconde detrás de esas horas y horas de partidas jugadas? ¿Cuál es el motivo por el que nos encontremos tan fascinados con la idea de cometer traiciones?

En meses este juego se volvió la forma de acercarse a una generación de jóvenes que solo querían una excusa para encontrarse con amigos o desconocidos. Una juventud a la que es difícil poder aproximarse de manera directa. Incluso hace unos días, la congresista estadounidense, Alexandria Ocasio Cortez usó el streaming de este juego con sus seguidores para instar a las nuevas generaciones a votar en las elecciones de EEUU.

La forma de comunicarse con “la juventud” se encuentra a la vuelta de un juego. ¿Será tan enigmático para las generaciones que vienen poder transmitirles cosas a los más jóvenes? Las estrategias parecen apuntar a buscar un terreno en común y acercar a las personas

Quizá la única verdad es la realidad. Y ante la masiva popularización de este juego, la realidad sea que estamos muy solos. Discord habilita la posibilidad de encontrarnos, con una excusa, una vez más. Aunque eso signifique traicionar a algunos amigos por un rato.

Después de todo, la traición es lo más transversal que existe en nuestra cultura.

Algo que, como vimos, constituye a la humanidad desde nuestros orígenes.

 

 

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