Amorales, invertidos y degenerados: crónica de putos argentinos. Parte 4

[Putos. Historia argentina. Militancia. Deseo. Terrorismo de estado. Frente de Liberación Homosexual. Represión. Grupo Nuestro Mundo. Partido Comunista. Néstor Perlonguer. Sexo de las locas]

-Sí, no tenés ningún tipo de inferioridad. ¿Por qué entonces, no se te ocurre ser… actuar como hombre? No te digo con mujeres, si no te atraen. Pero con otro hombre. 
-No, no me va…
 -¿Por qué? 
-Porque no.
 -Eso es lo que no entiendo bien… Todos los homosexuales, no son así. 
-Sí, hay de todo. Pero yo no, yo… no gozo más que así. 
-Mirá, yo no entiendo nada de esto, pero quiero explicarte algo, aunque sea a los tropezones, no sé…
 -Te escucho. 
-Quiero decir que si te gusta ser mujer… no te sientas que por eso sos menos. 
-… 
-No sé si me entendés, ¿qué te parece a vos? 
-… 
-Quiero decirte que no tenés que pagar con algo, con favores, pedir perdón, porque te guste eso. No te tenés que… someter.
―Manuel Puig,El Beso de la Mujer Araña

por Conrado Rey Caro (@reycaro_ )
Ilustraciones: Marcos Arnedo  (@la__tinta )

Llegaron los setenta, la modernidad tardía toco la puerta y entraron a viva voz, en el living de Estados Unidos: el Gay Power, los movimientos pacifistas, el movimiento de los negros contra el racismo, la liberación animal y el feminismo. Se va gestando el descentramiento de la figura del trabajador como único agente de cambio revolucionario y eje de la historia. El fervor de los posmodernos calentó las madrigueras y las subalteridades salieron a la luz. Acá se sintieron climas similares, había una fiesta en el patio trasero argentino que fue interrumpida por el terrorismo de estado, las fuerzas armadas y el Plan Cóndor.

Es interesante pensar qué es lo que sucedió con estos movimientos nacientes cuyo enfrentamiento no estaba dirigido únicamente a la estructura capitalista patriarcal sino también a la hegemónica pretensión del trabajador como el sujeto por antonomasia de la militancia. Poner la vista en cuáles fueron los diálogos y las tensiones que se establecieron entre los militantes del comunismo o la izquierda peronista, para con los nuevos grupos de choque conformado por los putos, las lesbianas y las feministas.

Durante los sesenta nuestro país se vio atravesado por una dictadura militar autodenominada Revolución Argentina. El peronismo estaba proscripto y los caminos de la democracia representativa estaban sellados. Como respuestas a la represión y al debilitamiento del sistema de partidos comienzan a surgir nuevas formas de acción política. Dentro de este repertorio podemos identificar a los múltiples levantamientos que se dieron en las provincias como el Correntinazo, el Rosariazo y el Cordobazo; y a la formación de los grupos político-militares como Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

En 1967 surge el “Grupo Nuestro Mundo”, dos años antes de las revueltas de Stonewall. Uno de sus principales referentes fue Héctor Anabitarte, sindicalista y militante del Partido Comunista del cual fue echado por su condición de puto. El nombre “Nuestro Mundo” remite a la necesidad de los gays y las lesbianas de los 60 de conformar comunidad para lograr superar sus condiciones de vida nada vivibles. Puntualmente contra el ejercicio de la violencia judicial y policial sobre los cuerpos de las maricas; revelarse contra las razias que perseguían a los putos y a las putas; y contra los edictos policiales que como hemos visto en las anteriores partes de la crónica dieron potestad a los canas de perseguir, golpear, encerrar y violar a la disidencia sexual.

La organización estaba compuestas por putos argentinos de diversas ideologías, ambas reaccionarias y conservadoras. Se reunían y discutían en la casilla de un guardabarreras de Gerli en Gran Buenos Aires, cuando pasaba el tren cada quince minutos ellos se agachaban y luego continuaban con su militancia[i]. Editaban un boletín mimeografiado, en el número del 4 de diciembre de 1970 relatan: “Esta publicación no pretende difundir la homosexualidad. Pretende reflejarla tal como es realmente, sin tergiversaciones. Al menos, ese es nuestro propósito. Pretende que se reflexione profundamente sobre una característica humana, que hoy se parece al problema de los leprosos en el medioevo.[ii]

Cuatro años después de que el primero grupo de trolos en Argentina se organice en pos de la liberación sexual, se crea en agosto de 1971, en Buenos Aires, el Frente de Liberación Homosexual (FLH). Este se forma en la convergencia del Grupo Nuestro Mundo y la asociación Profesionales. Esta última se crea en 1970 y estaba formada por docentes y estudiantes vinculados a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires que se encargaban de la teorización en pos de la revolución sexual. Algunos de los integrantes del Frente fueron Juan José Sabreli, Héctor Anabitarte, Manuel Puig, Blas Batamoro, Juan José Hernández y Néstor Perlonguer.

El FLH surge del diálogo entre maricas sindicales y putos académicos. El proceso de unificación se dio en Avellaneda, en la casa de Néstor Perlonguer. Unas de las discusiones giró en torno al nombre de la agrupación, la definición de la palabra frente tenía la intención ilocucionaria de al mismo tiempo definir una comunidad de lucha en congruencia y a la vez dar cuenta de la pluralidad de sus integrantes y respetar sus autonomías.

El Frente estaba integrado por el Grupo Nuestro Mundo: en su mayoría homosexuales en la lucha sindical, por el Grupo Profesionales: conformado por escritores, intelectuales, docentes y estudiantes, por Bandera Negra: compuesto principalmente por actores con inclinaciones anarquistas; el grupo Safo: que representaba a las lesbianas; y por los grupos Católicos Homosexuales de la Argentina, Alborada, Parque, Psicoanálisis y Triángulo Rosa.

La pluralidad convergía bajo los Puntos Básicos del acuerdo del Frente de Liberación Homosexual. Acordaban en que los putos y las lesbianas eran víctimas de la opresión social, cultural, legal y moral. Se posicionaron en contra del sistema heteronormado y monogámico que configura las relaciones humanas y el sexo bajo el imperativo de la reproducción. Hegemonía que se construye y se manifiesta en las figuras del hombre macho, autoritario y jefe; y en la opresión de las mujeres y los homosexuales de ambos sexos. Este Frente amplio en pos de la revolución sexual y el libre ejercicio de la sexualidad consensuada denunciaban que “con la represión de la sexualidad libre y las actitudes sexuales no convencionales, se lesiona el derecho a disponer del propio cuerpo y por consiguiente de la propia vida, derecho negado por este sistema de relaciones de dominación donde el hombre es una mercancía más.[iii]

Néstor Perlongher, sociólogo y poeta, deviene una de las figuras centrales del FLH. Formaba parte del grupo Profesionales y luego, junto con un grupo de los más jóvenes de la agrupación decidieron escindirse y autonomizarse bajo el nombre Eros. Una militancia por el placer era una propuesta innovadora para aquellos tiempos y fue uno de los ejes centrales de la militancia del Frente. En “Sexo de las Locas” Perlongher profeta que los putos “No queremos que nos persigan, ni que nos prendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen.[iv] Los homosexuales queremos que nos cojan, y de paso sea dicho que “la revolución sexual solo será posible cuando los heterosexuales socialicen su culo.iii”

En el documental sobre el FLH realizado por el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA)[v] Sergio Pérez Álvarez, ex integrante del FLH, refiere a que el propósito final que proponía Néstor era tomar el espacio público. El discurso y la forma de vida homosexual ha sido silenciada, amordazada y golpeada; ocupar el espacio discursivo aparecería como una respuesta esencial para desmitificar lo que se ha construido en torno al “homosexual” y para comenzar a reivindicar el protagonismo de nuestra propia historia, no éramos ni el discurso patológico, ni el garrote de la policía.

El FLH realizaba su militancia a través de la producción teórica, del reparto de boletines y volantes, a partir de la realización de grafitis, de la organización de grupos de debate como la  Grupo de Política Sexual (GPS) junto con sectores del feminismo argentino, la articulación internacional con otras organizaciones como la Comunidad de Orgullo Gay de Costa Rica, el FLH México; y la participación en manifestaciones. Durante los años que estuvo el FLH intento cierta impugnación en el espacio público.

Fueron entrevistados por la Revista Así y por la Revista Panorama. En esta última, integrantes del frente comentaban un poco sobre el funcionamiento de la organización y afirmaban que era “similar a la de los grupos guerrilleros”, actuaban en la clandestinidad, evadiendo a la policía y sin conocerse entre todos los integrantes. A su vez comentaban sobre la solidaridad para sus pares discriminados que ingresaban al Frente, “cuando los nuevos miembros se integran a la organización, realizamos reuniones controladas por psicólogos en las cuales los problemas se debaten de la forma más sincera y abierta posible.[vi]

Tenían su propio periódico: la revista Somos. No tuvo muchas ediciones pero si la densidad suficiente como para plantear discusiones centrales y plurales sobre la sexualidad y la desmitificación de los cuerpos homosexuales. Esta publicación será, por ejemplo, discutida en la Universidad de Rio de Janeiro en 1976 por militantes homosexuales de habla portuguesa[vii]. A través de Somos el FLH agudizo su lucha, no solo contra los edictos policiales y las razias; sino también contra los médicos y los psiquiatras, a quienes ellos denominaban “policías blancos del sistema” que forman parte de la construcción de prejuicios sobre los cuerpos de las maricas.[viii]

Repartían volantes con formas de pera, tréboles y corazones, grafiteaban las siglas FLH, así hacían llegar al público consignas como “Tu cuerpo es tuyo y podes hacer con él lo que se te dé la gana“, “Nosotros lo único que pretendemos es que nos dejen amar libremente“, “Libertad a los homosexuales detenidos y demás presos políticos”, o “Homosexuales!!! de pie y a decir basta“. Para realizar estas jornadas tenían que tener cuidado, del gobierno de facto de la Revolución Argentina, de la policía y luego de la mirada de la Triple AAA. Ponían puntos de encuentro adonde entrar si venían policías, inventaban historias compartidas antes de salir en el caso que la policía los agarrara, otras veces los tiraban desde los edificios a la calle o en la calle misma y luego corrían. Después de realizar estas apariciones, los que a Néstor Perlonguer llamaba “los que no eran portadores de cara” (los que podían evitar ser reconocidos) eran mandados para juntar información sobre las opiniones de la gente. viii

Ya no había vuelta al closet, la militancia homosexual buscaba encontrar su lugar en los espacios de izquierda. Su lucha era revolucionaria, “en contraste con los viejos movimientos que buscaron la aceptación en Europa, el FLH expresó un nuevo clima en el que la interpretación radical de la homosexualidad fue un prisma para cuestionar al patriarcado y el capitalismo.vi” La agrupación busco aliados en los distintos frentes de lucha de su contemporaneidad: el peronismo, la izquierda y el feminismo.

“Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad – Libertad a los presos políticos. FLH” fue la consigna impresa en un cartel gigante con el cual las maricas militantes se presentaron a la asunción de Cámpora el 25 de mayo de 1973. Veían en el retorno de Perón la posibilidad de condiciones de vida más vivibles. La relación con los demás militantes del peronismo no fue fructífera. Cuentan los integrantes del FLH que en las manifestaciones el resto de los grupos mantenía una prudente distancia para no ser confundidos con ellos.

Cuando el peronismo sindical califico a la Juventud Peronista y Montoneros de homosexuales y drogadictos la izquierda peronista respondió bajo el sórdido y machista cantico “No somos putos, no somos faloperos, somos soldados de Evita y Montoneros”. Prosa que termino por separar cualquier tipo de asociación posible entre el FLH y el peronismo. El frente tampoco encontró lugar en los movimientos de izquierda por el socialismo, que repetían ciertos discursos de algunos de sus referentes como Fidel Castro en Cuba anunciando que “la revolución no necesita de peluqueros” y en la URSS el ya repetido “aquí no existe la homosexualidad”. Estas inclinaciones sexuales eran consideradas como la “decadencia burguesa” y no había espacios para ella en sus filas.

El único grupo con el que el FLH ha podido tener una comunicación productiva y una alianza fue con el movimiento feminista, quienes tampoco se encontraban al 100% en los tradicionales lugares de militancia. El arquetipo del revolucionario no era solo el trabajador, sino aquel que cumpliera con las condiciones de varón y heterosexual. Las mujeres militantes eran relegadas a las tareas más domésticas y apoyar desde ahí al proyecto de la revolución encabezada por los hombres. El FLH junto con la Unión Femenina Argentina (UFA), el Movimiento de Liberación Femenina (MLF) y algunas militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) conformaron la usina intelectual “Grupo de Política Sexual”.

Este grupo tenía la intención de difundir material teórico feminista cuya disponibilidad en aquellos tiempos no era muy alta, buscaban lograr un enlace entre la política y lo sexual. En conjunto estos grupos se aliaron y formaron la Comisión Coordinadora Contra la Ley de Anticonceptivos, que iba en consonancia con el plan económico del tercer peronismo. Para este proyecto económico era necesario aumentar las tasas de natalidad y disminuir la mortalidad. Esta ley promulgaba prohibir la venta de anticonceptivos, las feministas y los homosexuales se opusieron a tal control sobre los cuerpos.

El Caudillo era una revista de referencia de la Alianza Anticomunista Argentina, grupo parapolicial terrorista armado que estuvo activo durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón. En febrero de 1975 publicaron una nota bajo el título “Acabar con los homosexuales”.  “A los que ya son, proponemos que se los interne en campos de reeducación y trabajo, para que de esa manera cumplan con dos objetivos: estar lejos de la ciudad y compensarle a la Nación trabajando por la pérdida de un hombre útil. Hay que acabar con los homosexuales. Tenemos que crear brigadas callejeras que salgan a recorrer los barrios de las ciudades, que den caza a esos sujetos vestidos como mujeres, hablando como mujeres. Cortarles el pelo en la calle o raparlos y dejarlos atados a los árboles con leyendas exploratorias y didácticas”.

Los dados habían vuelto a ser lanzados y comenzaba a germinarse la represión, el secuestro y la desaparición de personas que se agudizaría los años siguientes. Aquellos fueron los últimos días del Frente de Liberación Homosexual, los grupos se fueron disgregando, muchos huyeron al exilio, la represión se agudizo junto con las razias. Un integrante del FLH, adolecente marginal, del cual nadie conoce el apellido pero si su nombre: Federico, “ducho en gritarle a la Policía en las marchas, apareció muerto en el Rio de la Plataiii. Meses después, el Ejército, la Armada y la Marina derrocan al gobierno de Isabel Perón e instaurarían la más cruenta dictadura militar de nuestra historia.

Años más tarde Néstor Perlongher dirá que el FLH fue un fracaso, el movimiento de la lucha feminista y el de las disidencias por la liberación sexual no tenían posibilidad de extenderse y consolidarse en un grupo de choque concreto para la impugnación del espacio público. La acción coercitiva del Estado impidió cualquier construcción de solidaridad y relego a los individuos a la vida individual y privada. La dictadura militar que devino en 1776 se cobró con la muerte de cientos de disidencias sexuales, las más vulnerables siendo las travestis. La represión y la persecución heteronormada se incrementó durante los años siguientes y los cuerpos de las trans y las maricas fueron territorios ensangrentados y vulnerados por el Estado.

Durante el tercer gobierno de Perón existieron las razias, los edictos y la represión de la disidencia sexual. Los espacios de encuentro homosexual y travesti continuaron siendo víctimas de la intromisión y persecución policial. Con el golpe de Estado del 76 el clima de represión para las maricas no cambiaría demasiado. Las parias fueron azotadas por la violencia pública a lo largo de la historia Argentina y continuaría incluso con el retorno de la democracia.

La llamada Brigada de la Moralidad se sostenía bajo la legitimidad de los edictos policiales sobre el “Escándalo público”. El 2h prohibía “exhibirse vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario”, el 2f “incitar u ofrecerse públicamente al acto carnal, sin distinción de sexos” y el 2i “encontrarse un sujeto conocido como pervertido en compañía de un menor de 18 años.” Las travestis y a los putos sufrieron la violencia y el hostigamiento de la policía a todas horas.

Durante el yire, los homosexuales eran víctimas del chantaje por parte de algunos policías quienes luego de tener relaciones sexuales en algún baño público o plaza “mostraban la “chapa” y pedían dinero para evitar la detención”viii, otros, además, les saqueaban la casa. La fascinación de los policías por el cuerpo de la disidencia sexual es una situación histórica que en Argentina se repite y se tradujo no solo en la detención y persecución, sino también en los actos de violación donde putos y travestis se veían forzadas a chuparles la pija y a la penetración carnal por parte de los oficiales y cadetes que tenían la responsabilidad de cuidar al pueblo.

Marzia Echenique, victima trans de la dictadura, cuenta para AJ+ Español: “Yo mi primer caída la tuve en el año 79, cuando tenía 16 años. Una vez que caes una vez, dos veces ya la policía ya te reconocía. Entonces ya no podías salir a caminar, ya no podáis salir a comprar la comida porque no sabías si ibas a volver”[ix]. Los periodos de tiempo que pasaban en la cárcel iban de 30, 60, e incluso 120 días de arresto y el ejercicio de la violencia se ejercía, incluso, en las propias comisarias.

Dentro de la cárcel las obligaban a tener sexo con los policías, y “a veces los mismos detenidos transaban y le pagaban a la policía para entrar y hacer cosas sexuales con nosotras” cuenta Carolina Boetti: primera mujer trans en recibir reconocimiento histórico, víctima del terrorismo de Estado hacia la comunidad travesti. “Nos ponían a todas contra la pared, nos desnudaban todas, nos manoseaban todas, por la nada, porque sabían que nosotros no teníamos nada. Pero era una cosa de todos los días, eran todas humillaciones que una llevaba en ese momento.”ix “Los Maricones” es un documental de Daniel Tortosa que registra y aborda la situación de violencia sobre la disidencia sexual durante la época de la dictadura. En uno de los relatos Romina cuenta: “mira en la situación que me veo, de un momento de ir a bailar, termino llorando atrás de un patrullero, viendo como violaban a mi mejor amiga.”[x]

Durante el Proceso de Reorganización Nacional liderado por las Fuerzas Armadas, bajo la bendición de la Iglesia, se constituyó en los homosexuales y travestis una doble situación de opresión: ambas como ciudadanos civiles y como disidencia sexual. Se afirma que al menos 400 personas desaparecidas por la Dictadura tenían una condición sexual marginada. Victimas de persecución, violencia y violaciones, la comunidad trans y homosexual argentina sufrieron el terrorismo de Estado de una manera particular que debe ser recordada y reconocida. Cuenta Marzia Echenique  que para ella “la reparación no existe, solo existe el reconocimiento de un error de Estado.” Y agrega que “lo más importante es la memoria.”

Fueron 30.400.

Memoria, Verdad y Justicia para nuestras compañeras trans, travesti


[i] Rapisardi, Flavio y Modarelli, Alejandro. (2001) Fiestas, baños y exilios. Los gays porteños en la última dictadura. Buenos Aires: Sudamericana.

[ii] Grupo Nuestro Mundo: Boletín editado por homosexuales de Buenos Aires. Año 3 – Número 4 Diciembre de 1970.

[iii] Bazán, O. (2016). Historia de la Homosexualidad en la Argentina (4 ed.). Buenos Aires: Marea.

[iv] Perlonguer, Néstor: “El sexo de las locas”, conferencia dictada en el Centro de Estudios y Asistencia Sexual (CEAS) publicado en el num. 28 de la revista El Porteño en su separata Cerdos y Peces (mayo 1984).

[v] “Frente de Liberación Homosexual” https://www.youtube.com/watch?v=y2v0eiemcHY

[vi] “Vida cotidiana. Homosexualidad: las voces clandestinas”, Panorama (24.8.1972), pp, 34-35.

[vii] Simonetto, P. (2017) Movimientos de liberación homosexual en América Latina. Aportes historiográficos desde una perspectiva comparada entre Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México (1967-1982). Bernal, Argentina: Universidad Nacional de Quilmes.

 [viii] Simonetto, P. (2017). Entre la injuria y la revolución: el Frente de Liberación Homosexual. Argentina,

1967-1976. Bernal, Argentina: Universidad Nacional de Quilmes.

[ix] “Victimas trans de la dictadura argentina” https://www.youtube.com/watch?v=YY8-SyNN7JI

[x] “Los Maricones” de Daniel Tortosa https://www.youtube.com/watch?v=L0kl1JCnDGY

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