Entre la complicidad que nos une: animé y culturas queer

[Anime. Queer. Identidad. Los caballeros del zodíaco. Shun. Andrómeda. Saint Seya. Ann Cvetkovich.  Jack Halberstan. Ranma 1/2. Tokyo Revengers.  gender-bender. Hanagaki Takemichi]

por Sasha S. Hilas  (@palido.fuego)

Hace unas semanas me topé con un meme en donde se mostraba la cara de Shun, caballero de Andrómeda (Los caballeros del zodíaco) y una frase que decía “¿qué te pasa salame, nunca viste un hombre hermoso?”. Me pareció magnífico por muchos motivos. Uno de ellos es que vi reivindicado a Shun como una masculinidad posible, en lugar de como una masculinidad fallida, que era el aura con el que estaba rodeado en los 90 cuando personas como yo, de herencia occidental, veíamos el animé. Andrógeno, dependiente, femenino en su performance y jugando con la frontera entre la amistad y el amor con sus compañeros de lucha, era mi personaje favorito.

En un ensayo anterior “El animé como refugio: un archivo disidente” sugerí que algunos animés transmitidos entre los 90 y los 2000 cuentan con representaciones de sexualidades y géneros antinormativos, y que por esto podrían ser incluidos dentro de un archivo de sentimientos queer, siguiendo a la teórica Ann Cvetkovich. Si tuviera que describir a la curiosidad como una sensación, diría que se siente como un cosquilleo que te hace saltar del asiento. Este ensayo es una tentativa, una exploración, un intento de desarrollar algunas ideas a las que llegué impulsado por una curiosidad, en torno a ciertos elementos del manga-animé (algunos de ellos ya clásicos) en vínculo con algunas culturas queer, sobre todo aquellas que se reivindican fuera de las normas binarias del género, que practican una sexualidad y un género fluido.

Pensar al ras. Otras matrices teóricas para curiosidades inapropiables.

Usando la famosa frase “poner las cartas sobre la mesa”, aclaro que mi principal inspiración teórica es un autor trans llamado Jack Halberstan, que usa el concepto de baja teoría para referirse a un modo de recuperación de determinados materiales que son dejados de lado por la alta teoría. En sus palabras, se propone “una especie de modelo teórico que vuela bajo el radar, que es un ensamblaje de textos excéntricos y ejemplos y que rechaza confirmar las jerarquías del saber que mantienen arriba a la alta teoría” (Halberstam, 2018: 27). Con esta poderosa y contrahegemónica herramienta teórica Halberstam se propone explorar el arte queer del fracaso: aquellas prácticas, imágenes, relatos, formas de vida, de amor, de parentesco y de sexo que fracasan en seguir la heteronormatividad y modos neoliberales de acumular riqueza como normas dominantes. Al contrario, habitan alternativas que sin ser muy optimistas asumen el fracaso no como punto muerto, sino como lugar desde y con el cual vivir de otra manera. En otras palabras, mientras que “el éxito de una sociedad heteronormativa y capitalista equivale muy a menudo a formas específicas de madurez reproductiva combinadas con la acumulación de riqueza”, puede ser que “fracasar, perder, olvidar, desmontar, deshacer, no llegar a ser, no saber puede ofrecernos formas más creativas, más cooperativas, más sorprendentes, de estar en el mundo” (Halberstam, 2018: 14). Es un esfuerzo teórico por desordenar y desmontar el binomio éxito/fracaso.

Como resultado, para nuestras vidas queer, sentirse incómodx, torpe, inquietx, fuera de lugar, rarx, poco normal o fracasadx, no parece ser tan deprimente. Y como propone esta lectura, antes de aislarnos por nuestra rareza, la experiencia de ser y sentirnos antinormativxs nos acerca a otrxs tantxs fracasadxs y rarxs que, como unx, descubren en lxs demás formas diferentes y extrañas (queer/cuir) de vivir. Nos dice Halberstan “este es un libro sobre fracasar bien, sobre fracasar a menudo, y sobre aprender -en palabras de Samuel Beckett- a cómo fracasar mejor” (2018: 35).

Así como el autor toma para su repertorio materiales antinormativos, entre otros, películas infantiles, yo propongo por mi parte recoger algunos animés que entiendo tienen un valor significativo para quienes no nos sentimos cómodxs en sillón de la norma[1].

Particularidades: Shun, Ranma y los buenos muchachos de Tokyo Revengers.

En este punto hago la siguiente advertencia: aquí se mezclarán culturas otakus con sentimientos queer, se traerán a la discusión el gender-bender con sus idas y vueltas entre géneros, se husmeará dentro de animés heteronormativos encontrando quizá algunos amores gays, se intentará encontrar dentro de las narrativas dominantes aquellos matices queer escondidos en pequeños gestos, pensamientos y palabras apenas dichas.

Dentro de los diferentes elementos presentes en los shōnen, encontramos algunos que tuercen los relatos cis-hereronormativos. En otras palabras, presentan una apariencia harto heteronormativa pero, si unx afina la vista, las cosas no son de esa manera, al menos no estrictamente. Y respecto al género, los roles se invierten y bifurcan. Siguiendo a val flores, la sexualidad y el género aparecen como “una malla abierta de posibilidades” (flores, 2017: 36). Los más llamativos para mí, si tengo que elegir algunos, son Saint Seiya, Ranma ½ y uno que está en emisión actualmente llamado Tokyo Manji Revengers. En general, estos animes me parecen especialmente destacables por varios motivos. Por un lado, presentan otras masculinidades que escapan a las representaciones más cis-heteronormativas. Por otro lado, presentan modos de ser valiosos para aquellas personas queer que preferimos vivir un género fluido y una sexualidad indefinida, entendida como práctica, en contraposición a la afirmación de una identidad unívoca.

En apariencia tremendamente cis-heteronormativos, estos ejemplos reúnen un conjunto de sentimientos, modulaciones de la tristeza, la ira, la felicidad, el amor, la compañía, y el dolor, dentro de diferentes vidas queer.  En el caso de Saint Seiya, tomo a uno de los protagonistas, Shun de Andromeda. Tiene un aspecto frágil y delicado y su performance corporal es femenina. Por otra parte, es extremadamente tímido, detesta pelear, y siempre es señalado por su hermano como dependiente y débil (aunque a lo largo de la trama cambia de opinión). Para quienes veíamos el animé, representaba un ser andrógino que podía gustarle a los personajes femeninos del programa por coquetear con sus compañeros de lucha. Shun parecía escapar todo el tiempo de las representaciones hegemónicas de la masculinidad asociadas a la fuerza y a la temeridad como valentía. Si miramos el animé desde una perspectiva heteronormativa, su personalidad y sus rasgos finos, en el medio de un guion que pone a un grupo de adolescentes a solucionar los problemas a los golpes, hacen de Shun una aparente masculinidad fallida, en lugar de una masculinidad posible, entre lo masculino y lo femenino, entre la heterosexualidad y la salida de ella.

Por otra parte, en Ranma ½ el protagonista Ranma Saotome es un adolescente que cayó en uno de los estanques encantados de Jusenkyo y como consecuencia, cada vez que lo toca el agua fría se convierte en mujer, volviendo a ser un hombre por medio del contacto con el agua caliente. No es el único personaje que manifiesta esta metamorfosis, ya que muchos han ido a entrenar al mismo sitio y cayeron en alguno de los estanques convirtiéndose en diferentes animales. Ranma se promete volver a Jusenkyo para revertir su condición. Mientras tanto, los intereses románticos de los personajes fluctúan, de manera que no siempre se tratan de sentimientos heterosexuales aun cuando ellos así lo crean. Además, los intereses de algunos personajes nos muestran caminos que se alejan de la monogamia, como el que experimenta Takewaki Kuno al amar a Akane y a la versión femenina de Ranma; o el mismo Ranma, quien en un principio no puede decidir entre Akane y su amiga de la infancia Ukyo, que a su vez aparece en múltiples episodios ocupando la posición ambigua de un chico. A medida que la trama avanza, Ranma quiere revertir su condición para dejar de ser “un hombre a medias” no solo por él, sino por Akane, de quien se enamora. Lo interesante es que la mayoría de los momentos de tensión sexual entre ellxs ocurren cuando Ranma es mujer. La trama tuerce ligeramente un vínculo heterosexual para mostrarnos una relación lésbica, o al menos una que no es estrictamente heterosexual. Aunque Ranma no se siente a gusto con su condición, podemos observar que aprende a convivir con ella, hasta el punto que comprende que Akane más que amarlo a pesar de sus metamorfosis, lo hace justamente por ellas.

Por último, traigo a colación el animé Tokyo Manji Revengers, que trata de diversos grupos de pandillas en Tokio, las rivalidades entre ellas, y la búsqueda desesperada del protagonista por salvar a alguien en su presente, viajando al pasado para cambiar la historia. El protagonista, Hanagaki Takemichi, es el clásico adolescente perdedor que quiere ser un héroe, o al menos, un tipo rudo que forme la pandilla más poderosa de Tokio. Sin embargo, no es muy astuto, y tampoco pelea bien, o es muy fuerte. A él le queda depender de sus amigxs para lograr sus objetivos. En esta historia, el compañerismo es la llave para resolver cualquier situación. Lo interesante de este animé es la manera de presentar masculinidades en apariencia muy hegemónicas, harto heterosexuales, y sin embargo darle siempre un matiz homoerótico a las relaciones entre los personajes.

Mientras en Saint Seiya y Tokyo Manji Revengers vemos modelos de masculinidad otros, plagados de matices queer, en Ranma ½  vemos a lxs protagonistas y a sus compañerxs de aventuras desarrollar una sexualidad y una identidad de género a partir de la experimentación, las prácticas y, en una palabra, la puerta de la posibilidad siempre abierta. El manga y el animé están plagados de guiños a sexualidades antinormativas, aunque el relato presente vínculos heterosexuales entre personas cis. Ensayo una pequeña hipótesis: así como la cultura japonesa tiene sus propias culturas machistas, distintas a las occidentales, también tiene sus propios modos de entender la sexualidad y el género. Herederos de otras tradiciones, profundamente vinculadas con prácticas sintoístas, budistas, taoístas y confucionistas, lo masculino y femenino son modos de ser, antes que identidades fijas y determinadas. Creo que esa es la razón por la cual en el manga-animé abunda el elemento gender-bender, el ecchi como forma lúdica de experimentar el sexo y el erotismo, y los personajes muchas veces son varones y mujeres que presentan modos muy fluidos de la feminidad y de la masculinidad, y sexualidades emparentadas a la bisexualidad.

Catalogar estas modulaciones sexuales y de género sería en algún punto imposible, como así también inconveniente: la virtud de estos animes radica, justamente, en que no se tratan de materiales de experiencia lesbiana, gay, trans o bisexual, exclusivamente; al contrario, lo interesante está en cómo, a pesar de la apariencia cis-heteronormativa que tienen, saben mostrarnos los momentos entre estas experiencias, como si rehuyera las definiciones.

Un elogio a lo particular

Aunque estos animes no se propongan explícitamente interrumpir los modos normativos de ser heterosexual, estas ficciones sí saben, tomando a Didi-Huberman, criticar ese mundo de sentido. Son un lugar amigable en el cual las normas cis-heterosexuales fracasan, como nosotrxs fracasamos en seguirlas. Si nos comprometemos con el relato que trato de brindar, para las infancias y adolescencias queer el animé se volvió un manual “sobre fracasar bien, sobre fracasar a menudo, y sobre aprender (…) a cómo fracasar mejor” (Halberstam, 2018: 35).

Este tema que he propuesto aquí intenta ser como aquella maleza que crece al costado del camino. Discreta pero potente, insiste en permanecer. Proponer una vinculación entre ciertos materiales del manga-animé y ciertas culturas queer implica tratar con elementos que se resbalan, que son difíciles de asir. Implica estar atentxs a lo particular, a las pequeñas señales, a los brillos sutiles que se revelan en la oscuridad. Implica, por último, hacer un abordaje teórico diferente al usual. Contrario a la tradición más occidental, mi intención teórica no fue “arrojar luz” sino, como suele decir Ianina Moretti[2], “acostumbrar la vista” a la penumbra. De cierto modo, hago mío el proyecto de Junichirō Tanizaki en su ensayo El elogio de la sombra: abandonar la vía de las delimitaciones claras y distintas, para poder observar el juego de claroscuros y la yuxtaposición de los elementos, “y para ver cuál puede ser el resultado, voy a apagar mi lámpara eléctrica” (Tanizaki, 2020: 92).


[1] La teórica feminista Sara Ahmed toma la comodidad y el confort como puntos de partida para reflexionar en torno a las normas. La normatividad es siempre cómoda para aquellos cuerpos que pueden habitarla, en donde la sensación de confort, de estar a gusto en un espacio, vuelve difícil de distinguir los límites entre unx y el mundo. En contraposición, enfrentarse a los conforts heterosexuales trae aparejada la incomodidad y la desorientación.

[2] Agradezco a la teórica feminista Ianina Moretti la esclarecedora metáfora “acostumbrar la vista”, que permite orientar la reflexión de un modo más adecuado. En lugar de la luz de la razón, el pensamiento debe moverse a ras de los objetos sobre y con los que se propone indagar. Muchas veces esto implica resignar luminosidad, resignar convertir el mundo a la imagen del conocimiento ya preconcebido; lo que “se gana”, si hay algo aquí para ganar, es una nueva veta, un camino que se bifurca, una apertura. La alegría de encontrar algo que no estábamos buscando.


Bibliografía

flores, v. (2017). Interruqciones. Córdoba: Asentamiento Fernseh.

Halberstam, J. (2018). El arte queer del fracaso. Madrid-Barcelona: Egales.

Tanizaki, J. (2020). El elogio de la sombra. Siruela: Madrid.

Animés

Ranma ½ (1989) de Rumiko Takahashi, Studio DEEN.

Saint Seiya (1886-1889) de Masami Kurumada, Toei Animation.

Tokyo Manji Revengers (2021-presente) de Ken Wakui, Liden Films.

 

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