Argenbars: por una generación del hip-hop

Por Santiago Miranda

En ENSAYOS

[Argenbars. Hip hop. Córdoba. Santoz. Golden Boyz. Sinescritura. Plaza. Paulo Londra. Duki. El quinto escalón. Buenos muchachos. Who’s Sneaky]

por Santiago Miranda (@santi.miranda98)
Fotos de Manuel Rivero (@__maneul)

Pocas sensaciones se asemejan a aquella que produce la de sentir que algo está pasando. Es difícil de explicar, porque se trata más bien de una percepción: más allá de las acciones que invoca tiene que ver con la capacidad de reconocer que en ellas hay un sentido, que existe un vínculo que hace que se apoyen una en la otra como si fueran átomos que se encadenan para formar una molécula. Una especie de química que genera en sus participantes la adrenalina inevitable de la creación, la de ser testigos de algo en construcción. Y en ocasiones, ese algo tiene además la suerte de plasmarse en un evento, un suceso que logra concentrar la energía de todos sus eslabones en una misma fotografía, para ponerlo de evidencia delante de tus ojos y, si estás dispuesto, a que entre derecho a tus oídos.

Vamos chicos, cuentenme su historia

El viernes 29 de octubre de 2021 quedará marcado en la historia del hip-hop local como el día en que se celebró en Córdoba la primera edición de Argenbars, festival que convocó a una porción significativa del público rapero de la ciudad con una grilla nacional de primera línea que esquivó a una cartelera centrada únicamente en artistas originarios de la Capital Federal. Desde la asistencia local de Juli L, 67bpm, Killimet, Roman YG, Santoz, Dj Tedos y el grupo de baile Da Squad hasta la llegada de la movida rosarina encabezada por Brapis y los Golden Boyz, además de las presencias sureñas de Sacro, oriundo de Cipolletti, y Frane en representación de las tierras fueguinas[1] , la programación del line-up hizo que el título del festival adquiera una connotación federal en una propuesta cuyo subtexto pudo leerse de la siguiente manera: las barras argentinas no son propiedad exclusiva de la urbe porteña.

Más allá de algunos percances de horario ocurridos debido a la agenda de Club Paraguay [2], el evento se ejecutó con éxito, alimentado por un crescendo constante de emociones en el que no hubo descanso y que hizo de los infortunios una anécdota menor ante el éxtasis permanente que significó como fecha, un clímax vislumbrado en la piel de cualquiera de los que asistimos al concierto y que se basó en un simple dato, mas no menor: la posibilidad como espectador de poder disfrutar de todos esos artistas en un mismo escenario. Acontecimiento prácticamente inédito en lo que refiere a la historia reciente del rap en la ciudad y que expone a un mayor alcance su existencia, haciendo de conector en una locación donde las acciones se están dando con mayor nivel y frecuencia.

Es cierto que es demasiado pronto para hablar de una escena ya formada y asentada, incluso a nivel nacional, pero el hecho de que suceden cosas que sustentan una inminente gestación es innegable. 

En el libro “Esto es una escena”, el periodista Juan Manuel Pairone diagnosticó durante la primera mitad de la década pasada la presencia de una nueva música joven en la ciudad asociada a los espectros del pop y el rock, que escapaba principalmente a dos cuestiones bases de la matriz cultural: “por un lado, intenta ver más allá de ese imán simbólico que es la ciudad de Buenos Aires y sus alrededores; y luego, se contrapone a una lógica centralista que deja poco lugar para expresiones provinciales alejadas de de su rol en el catálogo de músicas folklóricas argentinas [3].

Pairone realizó este análisis en el momento previo en el que el llamado indie-pop despegó nacionalmente, impulsado por manifestaciones como la que se estaba dando en Córdoba y en otras ciudades del país como Mar del Plata y Mendoza. La autogestión, el uso de las nuevas tecnologías y plataformas digitales para la producción y difusión de proyectos, la formación de colectivos y sellos discográficos independientes como Discos del Bosque y la constitución de un circuito de shows propio que conectara esas expresiones y que tuvo como epicentro estratégico al festival La Nueva Generación (que de hecho, al igual que el Argenbars, celebró su primera edición en Club Paraguay, solo que en su antigua ubicación en el Abasto), fueron características concretas que aportaron al impulso que estaba viviendo la música cordobesa. Pero quizás el mayor acierto de Pairone tuvo que ver con la decisión de nombrar a todo esto como una escena y de entenderla no como un espacio que se constituye de un día para el otro, sino como algo en constante construcción: un fenómeno de complejo dinamismo, con oscilaciones y altibajos producidos desde diversos campos, pero que siempre guarda una potencia en su interior.

El hip-hop como expresión cultural de orígenes socio históricos propios tiene rasgos y formas bien diferenciadas de aquellas que el pop y el indie manifestaron localmente, pero esa potencia de escena puede servir como antecedente para pensar el contexto de ebullición artística que vive el rap cordobés en la actualidad. Esto es: pasan cosas.

Dos hechos que se dieron el fin de semana contiguo al festival sirven como ejemplos para validar esta afirmación: el mismo sábado, Mecha y Larrix, dos MCs de batalla curtidos en las rondas de freestyle en la Sinescritura, llevaron el escudo de Córdoba sellado en sus rimas a la Final Nacional de Redbull Batalla de los Gallos, el evento anual por excelencia en el ámbito de las competencias de freestyle en español. Mientras tanto, al día siguiente el rapper Lian Wisdom lanzó Diggin The Knowledge, álbum debut que funcionó también como la presentación discográfica de su grupo, la MDC (Mentes Distintas Crew), pibes criados en las mismas plazas que reunieron sus energías en raps y beats para colaborar en un disco cuya calidad y valor como manifiesto de una cultura joven definitivamente merece revisión. 

Estas son solo dos referencias. Semana a semana se van sumando nuevos acontecimientos en Córdoba: ya sea el lanzamiento de un disco, un single, un video, presentaciones en clubes y bares, o la realización de talleres y competencias, desde distintos frentes todos parecen desarrollarse hacia un horizonte en común y empiezan a exigir la necesidad de ser registrados como tales, en el intento de no quedarse en episodios aislados. 

Por eso, en un momento en el que el tiempo y el espacio se sonríen en complicidad, la aparición de un evento como Argenbars funciona como un puntapié de avance claro en esa dirección, la de un reconocimiento de todo lo que pasa y todo lo que puede llegar a venir: la estampa de una generación en movimiento.

Distintas vidas nos llevaron al mismo parque

Hay un episodio que suele repetirse en muchas de las crónicas escritas en Argentina sobre rap en los últimos años. Entre el prontuario de anécdotas virales que dejó El Quinto Escalón, aquella que invoca la vez en que Paulo Londra y Duki se enfrentaron en duelo sobre el cemento de la Plaza Rivadavia ha sido utilizada una y otra vez para representar el éxito que ambos lograron a posteriori como parte de dos de las manifestaciones culturales que más popularidad han alcanzado en la última década. En primer lugar, las batallas de freestyle, que a partir de fenómenos como El Quinto (tan de plaza como de Youtube), lograron convertirse en uno de los nuevos entertainments favoritos de la juventud argentina, atravesando un proceso de profesionalización de tipo deportiva patentada en competencias como la liga argentina de freestyle (la FMS, que además hoy cuenta en sus filas con tres cordobeses: Mecha, Larrix y Naista). En segundo lugar, el trap, punta de lanza de un nuevo boom musical que traspasó las fronteras del país, pero cuya etiqueta con el tiempo comenzó a tambalear para referirse no sólo al género que encarna originalmente sino a cualquier música que incluyera rap, y que al integrar nuevas identidades artísticas está siendo actualmente reemplazada por lo urbano

Paulo y Duki fueron las primeras figuras reconocibles del enlace explosivo entre ambos fenómenos, al cual luego se sumaron muchos de los nombres que hoy encabezan las playlists de lo más escuchados no solo en el país, sino también siendo exportados hacia el resto del mundo. Sin embargo, si bien todavía se sostienen ciertas conexiones, el enlace que mantienen estos fenómenos (especialmente el trap) con el hip-hop de plaza está algo desdibujado e incluso se los ve algunas veces más ligado al mundo del entretenimiento virtual y a celebridades de Twitch y Youtube. Para un público general, el rap quedó asociado a estas dos variantes y no al background donde se cultivaron, una imagen en la que también se hizo presente la intervención de marcas atentas a vislumbrar una nueva tendencia en la juventud. Un producto que ejemplifica este desfase es Días de Gallos, serie de HBO que cuenta en su elenco con figuras del circuito como Ecko, Klan y Roma, pero que da con una ficción que refleja extremadamente poco -y mal- la cultura rapera de la plaza.

Otro punto en tanto a la llamada “revolución de la música urbana” es que se ha mantenido hasta el día hoy como un fenómeno casi netamente centrado en Buenos Aires. En ese sentido, el caso de Paulo es paradigmático. Alguien al que se lo recuerda más por su participación en el Quinto (evento al que asistió una sola vez), que por su extenso paso por las plazas cordobesas, prácticamente desconocido a nivel público. Y si bien es cierto que el rumbo que persiguió en su música lejos estuvo del hip-hop, es llamativo que su relación con cualquier tipo de escena en la ciudad de donde es originario y desde donde propulsó su carrera sea considerado inexistente: Londra es tomado como un fenómeno aislado, hecho por sí mismo y desatado de un contexto localizado (caso similar ocurre con Nicki Nicole y Rosario).

A pesar de esto, resulta innegable admitir que a la par del trap y el freestyle, el hip-hop argentino ganó un espacio de visibilidad más abarcativo, marcando ciertos movimientos claves en el campo cultural, como la aparición de un medio como Damn! en la programación de Vorterix y de figuras populares como Acru, artista que lleva las raíces raperas hacia un público cada vez más amplio. Por sobre todo, el rap instaló finalmente su existencia dentro del imaginario popular argentino y alimentó la curiosidad de un potencial público joven por el elemento crucial que lo atraviesa: la rima.

La rima rapeada en nuestro país tiene antecedentes que nos llevan incluso hasta la década del ochenta y más claramente a los noventa con formaciones como el Sindicato Argentino de Hip-hop. [4] Aún así es importante aclarar que seguimos hablando de un nicho. El hip-hop no es un movimiento fácilmente permeable y desde sus inicios se caracteriza por una serie de valores planteados que forman parte de su esencia, fundamentalmente underground. Esto no quiere decir que sea cerrado. Por todo lo contrario: desde la variedad de expresiones que lo integran hasta la evolución que ha tenido en su tierra madre; de convertirse en una manifestación de las poblaciones marginadas del Bronx a un estilo musical de influencia mundial, el hip-hop es uno de los fenómenos culturales más dinámicos de las últimas cuatro décadas a nivel internacional, provocando réplicas a lo largo de todo el globo. Basta con mirar a España para observar una escena que tiene años de construcción, quizás la referencia más antigua en el habla hispana. En Latinoamérica, que es un territorio que convoca a una inmensidad de culturas, el hip-hop es aún relativamente joven, pero ya alcanzado sus picos de madurez, especialmente en países como México, Chile, Venezuela y en la última década también en Argentina, con el surgimiento de megagrupos como La Conección Real, que elevaron al movimiento local a nuevas alturas. 

En Córdoba el rap tampoco es una novedad, o en todo caso sí para quienes nunca se acercaron voluntariamente a él. Los primeros antecedentes del rap en la ciudad remiten al paso del milenio, con el surgimiento de agrupaciones como Locotes, figuras como DJ Jeez y eventos como Conexión Hip-hop. Dentro de un ecosistema cien por cien under, gestado a la par de la cultura skate, el graffiti y el baile, emergió una cartelera de proyectos que vivió renovaciones de la mano de artistas como Noal Crew, Carballo, Deivbeat, Lucmonbas, Zuliani y Las Hienas, por nombrar algunas de las piezas que comenzaron a constituir una idea de rap cordobés y que incluso lo siguen haciendo hasta la fecha.[5]

Entre esos esfuerzos también se destaca el nacimiento de Sinescritura, competencia de freestyle que sostiene su funcionamiento desde la década pasada hasta la actualidad. La Sines logró mantener su identidad a través del paso de postas entre generaciones de organizadores y participantes, consagrándose como uno de los núcleos más importantes del hip-hop de la ciudad, por donde desfilaron los personajes más significativos en lo que refiere al movimiento en los últimos años. Y por significativo me refiero, por ejemplo, a una figura como Santoz

Escribo para vivir y lo grabo porque es fácil

A pesar de provenir de Buenos Aires, Santoz es una de las caras más relevantes -sino la más- del hip-hop de Córdoba desde por lo menos 2017. Radicado en la ciudad desde mediados de la década, el rapper, beatmaker, productor y diseñador se convirtió en el eje a través del cual giraron una gigantesca parte de las producciones musicales realizadas en los últimos años. A partir de ‘Interestelar’ (2017), un disco debut que se sumó a la discografía selecta de proyectos nacionales de una nueva camada curtida durante los 2010’s que encontraron difusión y alcance principalmente vía Youtube (una lista que podríamos decir arranca con Writing Classics de T&K/Uzetaele), Santoz asentó un nombre que luego alimentó con un portfolio artístico cuya cantidad de trabajos es abrumadora.  

Tras armar su estudio y elaborar conexiones en compes como la Sines (primero como asistente y competidor ocasional, luego como premio para los ganadores de cada jornada otorgando un beat y sesión de estudio de recompensa), la firma de Santoz comenzó a figurar en las grabaciones de la mayoría de los y las MCs emergentes de la ciudad, al punto de convertirse en un yeite repetido en cada lanzamiento a nivel local. Con un estilo de producción distintivo, que se fundó en acompañar al desarrollo de la identidad de cada artista, su laburo aportó un salto de calidad para el rap de la ciudad, a la vez de ofrecer la posibilidad de grabar de forma profesional a muchos rappers jovenes, especialmente a aquellos provenientes de la plaza, solidificando el enlace entre el freestyle y la música. 

En ese sentido, su laburo ha sido superador. En primera instancia, porque lo ha hecho en miras de representar una idea de rap nacional por fuera de la urbe que lo vio criarse, algo que resume muy bien en una de sus líneas: “Mi misión es hacer que sepan que el rap de la argentina no solo gira en torno al obelisco”. Esto no solo a nivel individual, sino fundamentalmente de manera colectiva. Además de ser el beatmaker más solicitado de la zona, Santoz se unió a los esfuerzos grupales por darle una identidad sólida a los proyectos de Córdoba. El más resonante: Who’s Sneaky, un sello independiente formado junto a sus compañeros Killimet, Roman Yougareth, J1 y Fak, una convocatoria ecléctica de rappers reunidos bajo un propuesta integral en la que Santoz oficia de arquitecto sonoro, además de completarse con otras fichas clave como Tobias Bergese, encargado de las visuales. Así, la puesta del colectivo busca ser de una profesionalización global, apuntando a construir un perfil a la altura de cualquier producto musical de calidad. Y si bien sostiene las raíces, también se anima encarar una postura estética que escapa a quedarse en las formas tradicionales del rap y apuesta por la apertura hacia nuevos sonidos y estilos. Un manifiesto de esta visión fue el proyecto Laguna, realizado como preludio a la gestación de Sneaky: una película protagonizada por cuatro MCs que desfilan bajo el lente, cada uno encarnando canciones en las que conviven elementos tan disímiles como el R&B, el trap y el boombap clásico.

Pero por detrás de estos actores, se esconden también las condiciones que permiten el desenvolvimiento de un panorama de este tipo. En primer lugar, la actualidad tecnológica y los recursos digitales se presentan como el gran factor contextual: desde la posibilidad de difusión de proyectos artísticos a través de redes y su publicación en plataformas de escucha gratuitas, hasta la facilitación de herramientas de grabación caseras, estas ya son circunstancias mucho más favorables a las que se daban hace solo una década. La rusticidad con la que se veía obligada a manejar la producción de hip-hop local al margen de la industria de los grandes estudios contrasta con un presente donde la autogestión goza de otras oportunidades. 

De ahí también la importancia de la formación de espacios independientes que potencien el esfuerzo colectivo. Además de Who’s Sneaky, destaca un sello como Pvtavida Records, fundado por el pionero local Baltazar Ferrero, que en sus filas no solo cuenta con artistas de experiencia como el propio Ferrero y Astal, sino que conviven con una líneas más jóvenes en las que se paran Mostro y Alan, Fruta Cruda Klan y Buenos Muchachos. Estos últimos publicaron un EP debut llamado ‘Verano del ‘17, un testimonio que refleja de gran manera la dinámica que atraviesa a esta juventud: dos pibes encontrados como hermanos en torno al rap compartiendo un verano en las calles de Córdoba, ese universo en común por donde navegan unas rimas cargadas con una musicalidad tan local como cultoras del legado de Biggie

Ahí yace otra cuestión: en un género como el hip-hop, donde la transmisión de conocimientos es fundamental, la accesibilidad de información que provee la red permite que el diggin’ deje de ser una cuestión exclusiva de unos pocos para convertirse en una actividad disponible para cualquiera. La posibilidad de poder acercarse y escuchar obras de rap provenientes de cualquier tiempo y parte del mundo brinda una bandeja de data mucho más abierta y amplia, dispuesta también a combinarse con otras fuentes estéticas.

Es así que los Buenos Muchachos son capaces de referenciar tanto a Cristopher Wallace como a Bam Bam Miranda en su repertorio.

Otro aspecto de este ecosistema de datas enlazadas es que también permite a sus partícipes estar en contacto permanente con la actividad del resto, lo que es generador de un clima de contagio donde es visible la predisposición colectiva de impulsarse los unos a los otros. Esto se nota especialmente en el mundo de las batallas de freestyle, donde a pesar de la competitividad se vive un ambiente de fraternidad y apoyo mutuo. Las compes se han convertido en verdaderos semilleros de MCs que se reúnen en torno a su necesidad de expresión como motor en común. Basta con observar la convocatoria de la Gold Rhymes, el evento de plaza por excelencia en la actualidad en la ciudad (también conocido por sus allegados como la Mejor Compe del Mundo). 

En esa realización también se distingue una capacidad organizativa cada vez mayor, otro elemento clave para el desarrollo de la movida. En ese aspecto han influido la aparición de ciertos medios de comunicación dedicados a su cobertura y difusión, caso de Córdoba Clandestina, Uniendo Plazas y Freestyle Cordobés con un trabajo orientado hacia la comunicación en redes como principal vía. O Explicit Hip-hop (del que soy parte) con una pata tanto en las producciones locales como internacionales. A su vez, Youtube se ha convertido en el espacio virtual por antonomasia, en el que no solo se publican discos, videoclips, entrevistas y registros en vivo, sino en el que ha ganado impulso la sesión -ya sea compartiendo un cypher, freestyle o canción- como formato de presentación de artistas (dos medios que han fortalecido este recurso han sido Trap & Roll y CBArte Studios). Así nacieron propuestas enteramente dedicadas a este tipo de producciones como Koloco, que enfatizan la puesta en escena de propuestas sonoras divergentes junto a la performance propia de la producción en vivo. 

Y este es un último punto importante: el vivo. Las actuaciones son un aspecto fundamental no solo para la construcción de un circuito, sino para el propio crecimiento artístico de quienes involucra. Sobre el escenario se da lugar a la manifestación final de la música, reflejada en la interacción real entre performer y público, en la que pueden ocurrir movimientos interesantísimos. Una efeméride que sirve de ejemplo fue la presentación en vivo de Seiseis, disco debut de J-1, en Ecos del Guernica. Un álbum cien por cien cargado de sonidos electrónicos, de pulso trapero y futurista, J-1 tuvo la valentía de trasladar la pieza en vivo hacia un formato totalmente distinto: junto a un trío de base instrumental de rock (guitarra, bajo y batería) transformaron todas las canciones del LP para ser tocadas con la potencia de una banda a puro powerchords y de una voz elevándose hacia las alturas de un cantante de metal que suelta barras con autotune. Una apuesta rupturista para los cánones incluso actuales del rap y que exclama desde sus adentros: “En Córdoba esto también puede pasar”. 

El puente está hecho

Y es así que finalmente regresamos al motivo que nos convoca. Como acontecimiento, el Argenbars invita a revisar todo lo que sucede por detrás de él y al hacerlo también asenta la idea de que otras ciudades del país pueden estar viviendo experiencias paralelas. Su concepción se basa en conectar puntos, de ahí su proyección a extenderse como fecha por fuera de Córdoba, con dos ediciones a la espera en San Justo y Rosario. De hecho, la ciudad santafesina fue de las que primero hizo notar su presencia raperística a nivel nacional. De ello asume gran responsabilidad el colectivo Golden Boyz (GBZ), que con su genial trilogía de discos lanzados entre 2019 y 2020 (en orden de salida: ‘Spectacular Raps’ de Varoner, ‘Gennesys’ de Troubless y ‘Majestic Soul’ de Sirio todos bajo la producción del genial Irivrte) se convirtieron en la fuerza grupal más reconocida del país, sin la necesidad de radicarse en Buenos Aires. Mismo caso representa Brapis, un MC que hoy tranquilamente puede posicionarse en la élite de mejores raperos a nivel Sudamérica. 

Con esto en mente, la noción de que puede desarrollarse una escena de hip-hop por fuera de Buenos Aires comienza a plantearse como una realidad posible. Más allá de que estos son todavía unos primeros pasos y que de frente hay una matriz cultural con una historia muy arraigada en su porteño centrismo, los personajes están y las acciones también. La canción “Santa Rosa”, por ejemplo, se lanzó como la consagración del enlace entre las fuerzas de Córdoba y Rosario, patentado por los versos combinados de las tribus Who ‘s Sneaky y GBZ. Solidificando ese puente, sobre el cierre del track Santoz llega para dar el remate faltante: “Sobran hechos en el game falta reconocerlos”. 

Outro

Este ha sido un simple intento de difundir y ordenar esas evidencias. Pero en el fondo, es también un testimonio sobre la necesidad de explicar algo que en su esencia no puedo poner en palabras. La manera en la que el hip-hop y la música son capaces de atravesarnos es digna de un estudio de tipo físico. Desde que escucho rap en castellano,y más aún rap de mi ciudad, tengo la sensación de estar en presencia de una potencia que antes desconocía y que se traduce en una especie de adrenalina que pocas veces he sentido, pero que cada vez que me acerco a una presentación en vivo o a una competencia vislumbro con casi total certeza en el resto de los rostros que componen esos paisajes. 

Siempre pensé en quienes rapean como cazadores de ideas. Es algo que especialmente noto en las rondas de freestyle, esa habilidad de disponer del lenguaje para traducir lo que está sucediendo en una línea estructurada de sentido. Es como si sobre la plaza se alzará el zeitgeist de una generación y quienes rapean pudieran subir para bajarlo sobre algo tan concreto y a la vez instantáneo como lo es una rima. Y lo que esa rima significa: la inercia del discurso siendo derribado y recreado en un solo momento; el frenesí expresivo en movimiento, provocador de un efecto tan inmediato como imborrable; y finalmente la capacidad de domarlo para ser plasmado en una pieza, de hacer de lo efímero algo eterno.  

Hay una idea sobre el tiempo que ronda y se repite en las barras de muchos de los nombres que conforman esta generación, que tiene que ver con su finitud. Porque el futuro espera, pero la muerte avanzaremarca Brapis y es curioso: la edad promedio de estos pibes y pibas no supera los veinticinco años (una porción significativa de hecho, no llega a los veinte, a la vez que se renuevan y suman edades más primerizas a la movida), pero la noción de que las cosas terminan, así como los minutos de un cypher o de una canción, subyace como un tópico inherente en su narrativa. Las razones probablemente sean diversas, pero lo cierto es que esa condición también parece ser uno de los factores que vitaliza su música: si esto se acaba, no hay tiempo que perder. Esa conexión forma parte del espíritu y la sangre de esta juventud. El darlo todo, bajo la claridad de saber que si se domina el lenguaje también se puede resignificar el tiempo.

Esa parece ser la energía que recorre las miradas cómplices de quienes nos calzamos los auriculares y sobre los destellos de un sample bombeado por los golpes de una caja escuchamos lo siguiente:

“Este es mi génesis, mi culto, mis hechos
el resultado de rimar con tanta mierda en el pecho
de tantas noches en vigilia mirando hacia el techo
no se me van a escapar los 20 sin un disco de rap hecho”


Ante esto, lo único que queda no es otra cosa que agitar la cabeza
a la espera de que la próxima rima nos sacuda para llevarnos hacia el infinito. Word. 

 


Nota de autor con playlist:

Como toda esta publicación, la siguiente playlist es un recorte personal, acotado y por sobre todas las cosas incompleto, que de ninguna manera busca ser una referencia definitiva y acabada del hip-hop local. Intentar tal cosa resultaría un ejercicio imposible, demasiado arbitrario y además un esfuerzo que caducará rápidamente al intentar reflejar un fenómeno que está en pleno movimiento, que crece y se reconstruye día a día. Por eso, demás está decir que en la lista faltan títulos y nombres. Justamente, la idea que la atraviesa es la de ser un simple puntapié que genere las ganas de no quedarse con eso e ir en busca de más. Dicho esto, la selección está conformada por canciones de artistas y discos mencionados a lo largo del texto, pensada para acompañar la lectura y sus referencias, y finalmente como un llamado a la curiosidad y al descubrimiento para quienes por primera vez se encuentran con la idea de rap en nuestra región. Espero que sirva. 

https://spoti.fi/3drCSGF 


[1] El resto de la grilla lo completaron Soui Uno y Mir Nicolás, artistas, esta vez sí, originarios de Buenos Aires

[2] A pesar de haber sido ejecutado prolijamente y sin demora entre performances, el ajustado horario al cual estaba sujeto el evento en el establecimiento hizo que algunas presentaciones se vieran recortadas. Entre ellas la de Santoz, que tuvo la amabilidad de prestar un segmento de su show para que DJ Tedos, anfitrión de todo el festival, pudiera lucirse en las bandejas. Por otro lado, el número de cierre encabezado por los Golden Boyz fue detenido en el tramo final de su setlist. Sin embargo, pudieron tener su revancha a las pocas semanas durante una fecha extendida en Ecos del Guernica.

[3]Pairone, Juan Manuel. ”Esto es una escena: discos cordobeses emergentes y diferentes formas de escribir sobre música”. Publicado por El Servicio Postal (Córdoba, 2016).

[4] Recomiendo esta nota escrita por Ariel Pukacz para Rolling Stone, que me resultó una muy buena fuente de consulta para revisar la historia del rap en Argentina previo a la llegada de este milenio. El link de lectura, acá.

[5] A pesar de llevar más de una década de existencia, así como no sobra archivo respecto a la historia del rap argentino, lo mismo sucede con el rap de la ciudad. Incluso con la abundancia de información que hay en Internet, es difícil encontrar material que sirva de documentación bibliográfica del movimiento. Aún así, los hay. Entre ellos, destaco los canales de Youtube de CórdobaRap y OrgulloCriollo como fuentes audiovisuales con bastante material encima.