#8 Así se ve todo desde acá

[Carta de amor. Amor. Mudanza. Presencia. Cuerpo. Deseo. Balcón. Sueño. Pesadilla]

Un día nos propusimos escribir cartas de amor, esta es la número 8.
NEC

Autor: Manuel Rivero (@_maneul)
Ilustración: Pablo Fourcade (@pablofourcade)

Una vez hace poco me dijiste que habías soñado que salíamos juntos al balcón y descubríamos que daba al mar.

No es que tenía vista al mar, el agua entraba directamente en el balcón, el océano estaba todo contenido en el rectángulo de baldosas grises que dan forma a ese anexo de tu departamento nuevo.

En donde vivías antes también había un balcón, era más chiquito y daba a un patio interno, amplio.  Se podía ver, en el espacio entre los edificios del frente, un pedazo de cielo y la pileta de natación que queda a la vuelta.

Es relajante ver nadar a la gente, con esos gorros apretados y las antiparras sobre los ojos. Accesorios que transforman las formas humanas en rasgos alienígenas, semi hundidos en el agua, emergiendo para respirar y volver a meterse en ese silencio que no se obtiene en la superficie.

Me gustaba el balcón. Ese cuadrado con el tamaño justo para la mesa y las dos sillas. El sonido lejano de los cuerpos que entraban y salían del agua, las bocinas ensordecidas por las paredes de alrededor. Fue un buen lugar para dejar de ser desconocidos, un espacio al cual me asomé las primeras mañanas en puntas de pie, mientras jugaba a adivinar cómo eras, en las cajas de tus discos, en tus plantas, en las latitas acomodadas de manera prolija sobre la mesa redonda. Todas esas cosas, mezclándose con tu piel, con el calor del verano, con todo lo nuevo que representaba tu presencia en mi vida.

Tuve miedo cuando te mudaste. Un miedo infundado, imbécil, a que el simple hecho de no verte en ese lugar asociado a vos significara el fin de algo, o el principio, un corte en la corriente, un cambio de frecuencia. Me acostumbro a lo estático de las cosas sin querer, un montón de gente dice que tiene que ver con la astrología, con que tengo la luna en x signo “y claro, y si” “es inevitable”. Prefiero no creerles. Elijo pensar que puedo escapar a mis formas de ser, romperme y reorganizar mis pedazos de otra manera. Eso también puede pasar.

Darle significado a las cosas no debería ser una excusa para ponerse nostálgico sin razón alguna. Este sillón es el mismo que rompimos una de esas veces que volvimos en pedo por la Belgrano vacía. Las plantas siguen vivas aunque te olvides de regarlas y las latitas siguen acomodadas sobre la mesa. Pero podrían no estar, podrían no ser lo que son, ni significar lo que significan. Este cuarto podría estar vacío y aun así tener algo tuyo. Tenes la capacidad de dejar tu presencia en las cosas que construyen lo cotidiano. De seguir estando a horas de haberte ido.

A veces cuando te vas y me quedo solo en tu cama siento que estás por volver del comedor a tirarte sobre mi espalda y saludarme con un beso al costado de la cara. Entonces me levanto y camino hasta tu balcón nuevo. Y aunque vea los autos pasando por abajo y los edificios creciendo al frente, no dejo de sentir ese mar que entra, nos moja los pies y nos transforma en los personajes de la historia que me vas a contar en voz baja cuando te despiertes.

 

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