Sintaxis de la presencia: bailar entre las cosas

[Palabras. Lenguaje. Cosas. Baile. Deleuze. Guattari. Crítica y Clínica. Barbi Recanati. Paula Trama. Sara Hebe. Kafka. Devenir. Las ligas menores]

por Eugenia Mackinson (@_emck__)

“Vemos y oímos a través de las palabras, entre las palabras” atina a decir Deleuze (1996: 10) en el prólogo de Crítica y Clínica, dejando traslucir la sutil diferencia a la que se abocará durante la obra. Lo que me gusta de Gilles, una de las muchas cosas que me gustan, es que en su escritura su devenir-escritor está acompañado y acompasado por su devenir-médico de la propia neurosis a la que su pluma lo empuja. Contra la función paternalista de la lengua, como se para de manos en la obra citada, es el cuerpo escriba el que recorre al lenguaje entre los intersticios de los signos que lo convocan, allí en el risco desde el que se ven sus bordes, en un movimiento agramatical que acontece en las visiones y audiciones que le dan forma a los personajes en la Historia contada a través de las palabras que para ello emplea, vemos y oímos a través de las palabras, entre ellas.

El delirio hace paisajes entre éstas, por fuera de su asignación, como la mala yerba que desborda los espacios cultivados…

“De todas las existencias imaginarias que prestamos a las plantas, a los animales y a las estrellas, quizá sea la mala hierba la que lleva una vida más sabia. Bien es verdad que la hierba no produce ni flores, ni portaaviones, ni Sermones de la Montaña (…) Pero, a fin de cuentas, la hierba tiene la última palabra (…) La hierba solo existe entre los grandes espacios no cultivados. Llena los vacíos. Crece entre y en medio de las otras cosas. La flor es bella, la berza útil, la adormidera nos hace enloquecer. Pero la hierba es desbordamiento, toda una lección de moral”
—Miller, en Deleuze y Guattari, Mil Mesetas

                                                                                                    …escribir es devenir, alcanzar una zona de vecindad a las formas que el Hombre impone; devenir es fugar, impulsar al componente que se sustrae de la propia formalización por la lengua madre but mama’s gonna keep you right here under her wing/she won’t let you fly, but she might let you sing, like Roger said. Entre el lenguaje, entre los signos dispersos en el espacio de esta hoja, entra a jugar la sintaxis como un cantito y un olor.

Abocado a perseguir una geografía en continua reinvención, la sintaxis – según el autor en Crítica y Clínica – se identifica con el conjunto de caminos indirectos que, para cada ocasión, son creados en pos de poner de manifiesto la vida en las cosas. Esta noción de vida, irreductible a una concepción meramente ética, metafísica o biopolítica de lo-vivo, se halla entre éstas demasiadas pocas cosas [siempre me gustó esa frase de Moretti] y, particularmente indica Deleuze en cuanto al ejercicio de la literatura, toma fuerza en el uso del impersonal que nace, como iniciativa de salud, de las fuerzas que acontecen en el escritor mientras pare al pueblo que, extranjero en los dominios de la lengua, es contingente a su falta, under her wing / she might let you sing.

El escritor oye y ve en las desviaciones del lenguaje, más no lo atraviesa; en sus intersticios planta su neurosis, esquizo esquivo, el devenir-escritor sólo puede territorializarse en los espacios en ausencia de la tinta que son los signos por los que transita. El escritor escribe por ese pueblo que en él es intención de vida, posibilidad de vida y creo yo que, fuera de la figura del escritor y de los acercamientos geertzianos a la cultura como un texto, que todes somos artistas en la sintaxis de la vida cotidiana. Los signos que hacen un texto, aún la más densa publicación de la Nature, no distan de las cosas que están sobre mi mesa, en cuanto dan forma a una literatura menor, hecha de tabaco para armar, un mentisan, una pelota de tenis, parlantes, una planta, varios cuadernos y así.

La literatura menor, adjetivante acuñado por Gilles junto a Guattari (luv-u Felix, luv-u) en su relectura de Kafka, no ubica a lo menor dentro un sistema de grados, sino en relación a la lengua madre. La obra kafkiana es menor porque la lengua en se escribe articula, en la inmediatez del acto de desterritorialización en la red política temporo-espacialmente contingente, a quien enuncia como mensajero de la voz colectiva de la minoría que de él y en él nace. Kafka no desconoce el valor de la coma, ni mucho menos del espacio pero en él más que signos, son movimientos de liberación.

Habiendo expuesto la ñoñada correspondiente, o por lo menos aclarado la potencia de la que la noción de sintaxis aquí empleada es deudora, me aventuro a pensar, más no decir, que aquello que Gilles entiende como sintaxis y, en una de sus tantas obras junto a Guattari – lo que enarbola como menor cuando corre entre cosas – en una suerte de realismo materialista – trasmuta en energía. Entiendo que en la noción de cosa y de energía la tela para cortar es digna de un depósito de Once pero, a modo de explicarla, prefiero desviar la cita académica y sólo hacer del eco entre los signos que no están, las existencias en que fugan.

Los días que no estás

Durante varios años le saqué fotos a mi mesa del comedor.; hoy viéndolas –  van desde el 2013 al 2020– noto el vacío en el que el eco de la vida de las cosas redunda y yo, como mucho, me vuelvo un murciélago que vuela en los vaivenes del recuerdo. En esa línea, la del entre entre el entre, embarque una investigación que me llevó años y que, a modo tesis de maestría pronta a rendir, me dio la excusa para intentar cartografiar la(s) sintaxis sensorial de un cementerio en mi pueblo natal, ah pero no hablemos de eso.

Como decía Durio en su newsletter sobre Harry Styles, “lo que más me gusta es similar a un peligroso estado de las cosas, o de sus cosas, para ser más preciso”. Revisando las fotos, revisando los apuntes de campo, revisando mis cosas encuentro siempre que son las mismas cosas a la vez que no lo son, la multiplicidad, es esquizo, el rizoma. Necesidad de contingencia es aquella que, explorada por Meillassoux en un ensayo que consulto usualmente con sol, es como podríamos llamarle a la inestabilidad de lo estable, a ese peligroso estado de las cosas que transcurre entre ellas y las embrolla a mis yos-más-que-yo-misma.

Aclarar el modo en que la sintaxis produce devenires y desvaríos apelando a las palabras no es por ello a ellas reductible, aunque para ello se use el prisma teórico anterior, basta con verla moverse a Anita Piñero en el video de Barbi Recanati y Paula Trama que le da nombre a este apartado. Anita no es diferente a Kafka ni a quien baila la ausencia que se presenta entre las cosas que cobran vida en ella. Claro que los pueblos que fundamos son diferentes, que tal vez ni se comuniquen aunque las dos bailemos entre los muebles y nos rayemos con lapicera los brazos, pero en ese baile la sintaxis se llama energía y el baile, enunciación colectiva. Devenir-bailarina en la ausencia, presentarle los respetos a los espacios vacíos en los que se agudiza la vista y el oído, deseo siempre de fragilidad temporal.

Aliarse a los objetos, cuando entre estos corre la existencia de una, implica sumergirse en el epicentro del terremoto del territorio existencial. La sintaxis de la presencia no requiere de la presencia del deseo, sino solo del deseo de la presencia y ahí es donde la literatura en Deleuze, los movimientos dentro de mi cementerio y los de cualquiera dentro de sus cosas, yace. La nostalgia del presente, título de un poema de Borges, es aquella aunada al deseo de estabilizarlo y, para esto, las cosas que nos rodean pareciera que a veces sirven de ancla y otras de fuga.

Ante sus murmullos, hay varias líneas de devenir: devenir-pirómana como Sara Hebe o devenir-durmiente like uno de los estados de la piba de Las Ligas Menores pero encuentro que, devolver, quemar, sacar, regalar, limpiar, ejecutar sobre las cosas no es ejercitar sobre el espacio vacío que las vuelve peligroso el estado de su presencia.

En un mar de cosas, baila tu ausencia el pueblo en el que devengo mientras escribo acá agarrándome de lo que las pibas cantan, enunciación colectiva que bajo ese sol tremendo de diciembre ni pretende acercarse Busqued pero que, sin embargo, está más cerca tuyo que ese libro que guardas entre tus cosas, entre las que – en la voz de María Gabriela dale play – oigo y veo en el silencio, como el Flaco, ni la prisa de la estación ni la estática, cuentan por qué[1]escucho mirando mi doble-data de Spotify, sintaxis de tu presencia que baile entre mis cosas.


[1]     Los Besos – Helados Verdes [ https://www.youtube.com/watch?v=r-Ra3lhHJFY&list=RDpj-iv_POULw&index=4&ab_channel=LosBesos]

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