Centrofoward: ojalá esto fuese sobre fútbol, cariño

[Borderline. Roberto Arlt. Chris Kraus. Amo a dick. Trastorno límite de la personalidad. Marsha Linehan]

“Ya no tengo ni encuentro palabras con las que pedir misericordia. Baldía y fea como una rodilla desnuda es mi alma. Busco un poema que no encuentro, el poema de un cuerpo a quien la desesperación pobló súbitamente en su carne, de mil bocas grandiosas, de dos mil labios gritadores. A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos, pero yo estoy aquí solo, agarrado por mi tierra de miseria como con nueve pernos”.
Roberto Arlt, El juguete rabioso

“Date cueta Dick(…) ser mujer significa estar atrapada en lo puramente psicológico. Por muy desapasionada o ancha que sea la visión del mundo que formula una mujer, si esa visión incluye su experiencia y sus emociones, el telescopio se gira hacia ella. La emoción da tal terror que el mundo se niega a creer que una pueda buscarla cómo disciplina, cómo forma. Querido Dick, quiero hacer que el mundo sea más interesante que mis problemas. Por consiguiente, mis problemas tienen que volverse sociales”.
Chris Kraus, Amo a Dick

por María José Fontao (@jofontao)

Acto 1: El alma al aire

La cámara se aleja lentamente sobre una chica que camina por las calles mojadas de Córdoba. Es una de Fincher, usa sombrero y se siente sola. Está atrapada entre la angustia de volver a casa a pensar qué hacer consigo misma o sentarse a tomar un sixpack de cervezas en medio del parque, absorbida por la oscuridad, a la espera de que algo le pase, a la espera de que algo tremendo le pase. Está medicada hace meses: paroxetina, risperidona y clonazepam son sus mejores amigos desde que inició el auspicio de su derrota, el dulce sabor de la derrota que la deleita. Porque sí, lector, para algunos la derrota es un espacio de creación, es un lugar llamado hogar, es un lugar en el que ella se siente a gusto: su lugar.

¿Sabe usted lo que es sentir nada? ¿Sabe usted lo que es el vacío? Aproxime su cabeza al monitor, a eso nos vamos a adentrar como en una jungla a faconazos. De vez en cuando lanzaremos el cuchillo al suelo en señal de bronca, porque la existencia no es fácil y perdimos el rumbo.

Pido paciencia y tolerancia, vos que estás del otro lado quizás leyendo entre líneas, te invito a leerme de forma completa, puesto que lo que voy a narrar lejos de ser una ficción- ojalá así lo fuese- es más que real. Bah, ¿qué mierda es lo real sino una ficción en nuestras cabezas? Somos nuestra propia novela. A mi Joseph Campbell sí me agrada. Retomando, lo real, lo que está afuera no es lo narrado, lo narrado es la forma en que percibimos lo vivido. Las emociones son dialécticas, son la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos y hablamos del mundo que nos rodea. Ahora, qué pasa cuando por un desvarío nace un ser hipersensible, que no sabe hablarse de otra forma que no sea dicotómicamente. Este es un ensayo sobre la amiga de una amiga- mejor dicho- es un ensayo que aborda un trastorno mental: el trastorno límite de personalidad o borderline. Espero estar a la altura para no caer del lado apologético de la cuestión, no quiero invitar a nadie a formar parte, más bien exhibir una problemática, exhibir una forma de vida. 

Yo soy la camara, yo soy el nervio óptico. La escritura para mí, lejos de ser un acto académico, siempre se me presentó cómo un cable a tierra. Por eso pido, y cuando pido convocó al amor y la paciencia, sobretodo a la comprensión. Yo no estoy sentada un lunes a las 4:58 para relatar una forma de vida que vale la pena. Siempre pensé que estrellarme contra la escritura es una forma de entender ciertos aspectos de la vida.

Nuestra chica continúa su paseo, su leve descenso por los distintos círculos del infierno. Puede decir que no entiende qué pasó en los años que ha vivido hasta el momento, como se le desgrano la plastilina entre las manos. Ya no tiene con qué jugar, tocó fondo, más bien, tocó el vacío. 

Acto 2: Esto no es cool. PERIOD. 

Las enfermedades mentales, a pesar de no ser materiales y poco glamorosas como una verruga, son tan reales como la pobreza y son muy poco estéticas. A pesar de eso, sí existe una estética de la enfermedad mental. Podemos verlo en nuestros ídolos, contemplarlo en la moda Emo de los dosmil: todxs estamos leyendo abzurdah y fantaseando con la depresión, queríamos decir que “estabas mal”, llorar y andar con el rímel corrido y vivir todo de manera dramática porque era glamoroso, lo sé. Ahora me pregunto, ¿hay épica en la enfermedad?¿Hay épica en un trastorno?¿Está bueno decir tengo depresión con tanta levedad?¿Qué es estar deprimido? Y finalmente, ¿qué mierda es sentir?

El día que mi madre fue diagnosticada con cáncer me di cuenta de la falta de respeto, la falta de realidad que existía en todas las películas que abordan la enfermedad como tema. Todo parecía tan atroz cuando en realidad la enfermedad era mundana: ni tan dramática, ni tan profunda. Mi mamá es sobreviviente- o superviviente- pero no hubo épica en su historia, fue sólo un trozo de vida que se le arrebató. 

El trastorno límite de personalidad no es algo que le pertenece enteramente al sujeto, más bien es una fusión de distintas dimensiones de lo real, lo subjetivo y lo objetivo chocan y provocan el trueno sin el aviso previo del relámpago. Sí, es posible nacer hipersensible y eso trasciende llorar con el final de Cinema Paradiso o cualquier película para llorar, es contemplar la vida de otra manera, narrarla de otra forma. La hipersensibilidad es no tolerar la violencia ni en sus más mínimas expresiones: un grito, una burla, un cinturón blanco – sí, hasta la violencia a nivel estético-. Es no saber digerir esta sociedad compuesta de cínicos y sujetos adictos al sarcasmo. Está sociedad dura y corrompida por el capitalismo. Es saberse vivo en un mundo donde tu manera de vivir no sólo no es potable sino que además no va a generar jamás riquezas. Ser hipersensible, en estos términos, no es una debilidad, sino una forma de vida posible. Nuestro mundo, el mundo de hoy, y sobretodo la juventud, no está preparada aún para esta sensibilidad: ni la paternidad ni las escuelas están listas para tratar con esta forma de existir. Entonces como el fuego y la pólvora, cuando se encuentra un sujeto de esta índole con la sociedad todo explota, el problema es que el mundo sigue girando y la bomba sólo estalla de un lado de la cancha: en este caso del lado individual. Por eso, generar herramientas cognitivas que ayuden a digerir a la sociedad son vitales. 

Los pacientes borderline suelen tener síntomas variados dependiendo de la persona, es subjetivo, lo más común son los episodios suicidas o autodestructivos, hay una cierta falta de control y varios comportamientos de riesgo, depresión, ansiedad, aislamiento social, enojo irracional. No hay un medicamento específico para el trastorno sino que la medicación va a depender de los síntomas y de si hay alguna comorbilidad como ansiedad generalizada, depresión o trastorno bipolar. La gran mayoría de los pacientes mejora y se recupera con el paso de los años. No hay un periodo exacto. Son algunos años. El tratamiento debe ser siempre una combinación entre la medicación y diversas terapias psicológicas: se llama trastorno de la personalidad límite porque en la década del 50 los psiquiatras pensaban que estaba justo en el límite entre la psicosis y la neurosis.

Marsha Linehan, psicóloga y paciente bordeline recuperada, dió con el mejor tratamiento hallado al momento: la terapia dialéctica conductual. Una terapia que aborda no sólo al paciente cómo individuo sino que le otorga herramientas para enfrentarse a su entorno social que muchas veces forma parte de la terapia. Se concentra mucho en la forma en que los pacientes hablan el mundo (Marsha comprendió lo valioso en su forma de nombrar lo que sentía). No intentó callar el dolor, ni el llanto de sus pacientes, les otorgó el equilibrio a través de la validación, es decir, “si queres llorar, llora, querida: te entiendo, el mundo a veces es un lugar horrible”. La solución, entonces, no es anular la manera en la que siente exponencialmente el paciente, sino dejarlo sentir cómo ya lo hace y darle las herramientas para enfrentar el huracán social en el que tiene que vivir. Marsha crea un camino, un sendero para esta forma de vida cancelada por el resto de la psicología. Se atrevió a trabajar con pacientes suicidas, darle valor a sus sentimientos, porque ella misma estuvo absorta en el vacío. Entonces la solución no constituye la anulación de los sentimientos sino la expresión de los mismos. 

Acto 3: Nena cásate con el arte

“ Lets see how brave you are”
Tori Amos, Yes Anastasia

Está chica que camina las calles de nuestra ciudad está sedienta de experiencias, sedienta de extraños. Ha conocido en los últimos tiempos gracias a sus impulsos muchas cosas buenas, como toparse con un lugar para su escritura, pero también se ha topado con los lugares más oscuros: abusos emocionales, físicos y demás. 

El trastorno límite de la personalidad hace que piense-narre de manera binaria, no hay gris. Los impulsos son algo que se le atragantan en el pecho y son envolventes, con ella y las personas que la rodean. Ella es una mujer seductora, peligrosa, grosera con apariencia ruda cuando en realidad es simplemente un gatito en un descampado buscando amor. Son personas que tienden a ensuciar sus relaciones, volverlas tóxicas, porque son adictas a aferrarse al otro, porque eso y sólo eso hace que evite mirarse al espejo y verse sola consigo misma. Es manipuladora, tiene secretos, lleva en su cuerpo las marcas de todas las cosas y los golpes que le han dado, es una persona que encuentra la salvación en la autolesión que se enceguece y se deja llevar por el caos que promete la destrucción. El sentimiento de vacío es crónico y busca ser llenado con cualquier cosa que esté a su alcance: alcohol, amigos, libros, películas. Todo de manera inestable y compulsiva, como buscar en un cajón el DNI que perdiste. La muerte, estrictamente la muerte, aparece como salida, porque de la desesperación y del vacío sólo se escapa de esa manera. Los impulsos le traicionan su visión del mundo. 

Por otro lado, nuestra joven siente y vive el mundo con una sensibilidad alejada a cualquier forma de ver. Es sensible, sí, pero eso no significa llorar por todo, significa que sabe contemplar y ver la naturaleza hacerse y ser de forma continua. Sabe que detrás de la mirada de una persona hay algo oculto, algo más. Sabe que más allá siempre hay algo que leer: en el cielo, en las nubes, en las películas de García Ferré. 

El trastorno tristemente no tiene cura. Creo que por eso en mi anterior ensayo pedí por un mundo que nos dé lugar a los que estamos arruinados. Creo que por ella hay que pedir un mundo menos violento y más empático, personas que cuiden y se dejen cuidar. 

En Inocencia interrumpida al final Winona no se deja llevar por la locura, se centra en sí misma. Winona se sube a un taxi, enciende un cigarrillo y va a su nueva vida sabiendo que va a tener que vivir con un problema toda su vida: ella misma. Se aleja de Angelina Jolie, ella no quiere estar atada a una cama y estar muerta por dentro. 

Nuestra protagonista tuvo que volver  a vivir con sus viejos para estar custodiada por el amor. Hace unos días fue diagnosticada. Constantemente se pregunta a sí misma qué mierda significa esa etiqueta y si acaso eso la define o en alguna instancia la incapacita. Está bien enterada de que es la forma en que vivió hasta el momento en que todo estalló en su cara: el terror a estar sola junto a un blister de pastillas. Entendió por qué sostuvo tantas relaciones horribles por el miedo al abandono. Comprendió porque la belleza se le presenta como imperativo del que está siempre sedienta. Aprendió que necesita ayuda, porque entre sus secretos se encuentra el más oscuro: aquel impulso que la invita a ser capaz de poner su vida en riesgo con tal de sentir algo, no importa si aquello es malo o hace daño y deja secuelas irremediables.

Ella vive como a la salida de una fiesta con mal sonidista, por momentos en sus oídos sólo escucha el piiiiii irritante que le dice, que la llama, que la convoca a la destrucción masiva de ese cuerpo que habita. Habita los bordes. Vio un video donde una señora con la cara poco acomodada explica que todos somos en esta vida trapecistas: andamos por la vida caminando sobre un alambre con un bastón en la mano haciendo equilibrio. Ella no lo tiene, y vive cayéndose a los costados: euforia o tristeza absoluta son los estados que conoce este ser. El tema es que si continúa así un día ese cuerpo, esa mano, no va a agarrar la soga y va a caer literalmente a la nada. Literalmente la depresión sin épica. Ella es un 9 sin límite, vive provocando falta – offside. Siempre está pasando la línea, corre más rápido que la pelota-mundo y pasa por encima la defensa-Otro, emocionalmente hablando. Corre más fuerte, siente más fuerte y la viven cancelando, sacandole roja. Ocasionando escenas como cuando Winona toca fondo por haberse tragado un blíster de pastillas con vodka. 

Acá está ella, intentando aferrarse a la pradera, a lo que es: el lugar en el que nació.

Camina por los pasillos fríos de su casa paterna. Ya no busca nada. Abandonó la idea de realizar su tesis este año, al menos por ahora, y de tener novio. Tantos otros deseos. Sólo quiere arreglarse y aprender a vivir con su sensibilidad y enseñarle a los demás que el amor y la empatía son importantes. En fin, este ensayo no tiene conclusión alguna. Como dice Chris Kraus en Amo a Dick: ninguna mujer es una isla. Y yo y esta joven no lo somos. Él único material de escritura que tenemos somos nosotras y nuestra experiencia, y ahí en ese punto diminuto, al momento, se encuentra nuestra resurrección. 

“<<Serás muy valiente>> me dijiste ese fin de semana <<pero no eres sabia>>. Pero Dick, si la sabiduría es silencio, ya es hora de hacerse la tonta.
—Chris Kraus, Amo a Dick

P.D.: dejen de sacarnos roja, no es una falta llorar. 

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