Charly García, Borges y la épica del pobre pibe

[Charly García. Jorge Luis Borges. Ernesto Sábato. Seminare. Humildad. Pobre Pibe. Amor. Seducción. Two English poems. Beatriz Biblioni]

por Federico Frittelli (@fedefrittelli)

Pocas cosas en la vida deben ser más satisfactorias que hacerse el humilde. Hay alguna frase perdida en el Túnel, de Sábato, que dice “es muy fácil ser humilde siendo grande”. Es decir, y a riesgo de explicar el chiste, es muy fácil fingir tener menos valor del que uno tiene cuando todo el mundo sabe el valor que uno tiene. La humildad en esos casos funciona más como una figura retórica mediante la cual capto el beneplácito de los inferiores, de la plebe, de quien supuestamente me siento un igual, ya que no me doy cuenta muy bien qué es lo que me diferencia y me eleva por sobre ellos. El tipo común, entonces, ve en mí algo así como un producto suyo, como una obra de su propia admiración: ese hombre o mujer, piensa, es como yo en todo sentido, pero nosotros, los tipos comunes, nos hemos dado cuenta de su valor y lo hemos elevado a nuestro capricho como modelo, como genio, como tótem. Así el grande descubrió la forma de suturar la brecha entre él y el resto, y evitar que la distancia se convierta en rencor. Ya lo sabemos secretamente todos: la humildad es mentir.

Ahora bien, la verdadera humildad es desesperante. La que pasa por el cuerpo, la que se siente al enfrentar situaciones críticas, no es para nada una figura retórica y no depende en absoluto de los demás. La humildad genuina es angustia, se percibe como una falta de capacidad, de talento, de merecimiento. A duras penas se reconoce públicamente, más bien su reconocimiento tiene el status de la confesión, desgarradora y privada, de un secreto bien guardado.

Quizás el momento más penoso para sentir la humildad en carne propia es durante el juego de la seducción y del amor. En ambos casos, la humildad se experimenta a niveles existenciales, prácticamente ontológicos sobre uno mismo: todo lo que soy y fui no es suficiente para otro u otra. Es tan simple como eso. No alcanzo, y basta. No hay discusión posible porque no es un juego racional.

Pero, entonces, una vez que la humildad aparece y está justificada, una vez que verdaderamente siento que no alcanzo, ¿game over? ¿Se acabó ahí el chamuyo, la relación, la seducción? Casi siempre sí, a menos que uno sea Charly García o Jorge Luis Borges.

Te doy pan, quieres sal

Probablemente la canción que en Argentina instaura y produce la épica del pobre pibe sea Seminare, compuesta por el mejor músico y letrista que dio esta porción del mundo.  Seminare funciona porque el yo poético se sabe humilde pero, en su humildad, reagrupa sus fortalezas y concreta una defensa. No se deja derrotar por el pesimismo ni se resigna. Incluso ataca a su vez a ese gran fantasma que siempre serán Los Otros Contendientes, figuras multiformes cuyas siluetas desconocidas y perfectas  pueden hacer temblar la confianza del pobre pibe aun sin tener una existencia física y real, aun cuando casi siempre su perfección solo reside en la mente de quien los conjura con su miedo e inseguridades.

Charly García, que no era ningún pobre pibe cuando escribió Seminare, le regala a todos los pobres pibes del país dos versos con los que defenderse de allí y para siempre de Los Otros Contendientes, dos versos para usar de escudo y de espada:

Esas motos que van a mil,
Sólo el viento te harán sentir

Nada más, nada más.

El alcance de la metáfora no es muy amplio ni su sentido muy violento, es su simpleza la que termina siendo efectiva. Comparar a Los Otros con motos que van a mil, símbolo de lo cool intrascendente, del lujo como vulgaridad inútil, de la aventura como despropósito; en fin, de la superficie, de lo que apenas raspa, lo que es ajeno a todo lo que de verdad importa. Por contraste, y sin decirlo, todos los valores positivos que se oponen a esas motos que van a mil se ubican del lado del pobre pibe, el que se brinda entero, el incomprendido.

Sobornarte con derrota

La relación entre Borges, la humildad y las mujeres sería muy interesante de analizar, pero requeriría una nota entera solo para empezar a introducirla[1]. Por lo tanto, nos vamos a reducir aquí a un par de versos del poema doble Two English poems.

La pose humilde en este poema consiste en una operación calculada: si bien él sabe que es insuficiente para su amada, y que ella debe de alguna forma terminar por enterarse de esto, no presenta sus fallas como errores que debe compensar sino como sus virtudes. Le brinda a su pretendida uno tras otro sus insuficiencias como si de ofrendas se tratara. La amargura del hombre que miró largamente a la luna solitaria, su oscuridad, sus incertezas, la lealtad de un hombre que nunca ha sido leal. Se trata, entonces, de estetizar las propias miserias, lo que está tan lejos de mentir como de decir la verdad.

I can give you my loneliness, my darkness, the hunger of my heart; I am trying
to bribe you with uncertainty, with danger, with defeat.

La épica del pobre pibe toma, en Borges, algo de madurez. El pobre pibe se arma de trucos y trampas con los que exponer su falta como sobra, como don. Sin embargo, junto con Seminare¸ nos encontramos con que no sabemos qué pasó. ¿Pudo la chica de Seminare olvidar su mente frente al pibe? ¿Aceptó los regalos irrisorios la destinataria de los dos poemas ingleses[2]? No lo sabemos porque el tiempo de los poemas es el tiempo de la súplica o del cortejo, en caso de que no se trate en definitiva siempre de lo mismo.

Para darles este mamarracho

Quizás porque no estructuro bien los ensayos es que voy a usar de cierre un tema que Charly compuso mucho antes que Seminare y muchísimo después que el poema de Borges, por lo que temporalmente no tiene ningún sentido, pero si lo tiene narrativamente y es eso a lo que apunto.

Quizás porqué es el poema de la victoria final del pobre pibe. Un pobre pibe que se revela humilde incluso en la grandeza y en el triunfo (pero, ¿humilde de verdad? ¿o finge un poco ya?). El esquema de la canción es simple: enumero todo lo que no soy, pero sugiero mediante la anáfora del título que todo eso que no soy es la razón por la cual triunfé. Por lo tanto, no-ser-nada, no poder definirme bien como nada valioso me coloca, paradójicamente, por sobre todos aquellos que si son alguien:

Quizás porque no soy nada de eso
es que hoy estás aquí en mi lecho.

Yo no soy nadie y sin embargo estás conmigo, acá y ahora. Eso tiene que valer algo. ¿Por qué, entonces? ¿Por qué ignorar todo lo que no soy y estar acá conmigo en mi lecho, cuando podrías estar con esas motos que van a mil, con hombres que no miren amargamente la luna y tengan cosas para ofrecerte además de derrotas?

Será entonces porque ni la seducción ni el amor son totalmente un juego de suma cero ni de correspondencias exactas; porque nadie sabe bien qué quiere el otro o la otra ni que ve en uno; porque uno no controla los efectos que tiene en los demás ni los que los demás tienen uno; porque ni siquiera uno sabe bien qué quiere pero si sabe exactamente la intensidad con la que lo quiere; porque Los Otros Contendientes son, seguro, a su vez pobres pibes y pobres pibas para sí mismos.

En fin, será porque no habrá que pensarlo tanto. Ahora solo te pido una cosa antes de dejarte quién sabe hasta cuando: ponete un tema de Charly y cantalo en voz alta pero, por favor, no te muevas mientras yo termino estas palabras.


[1] En una nota de hace algunos años toqué, un poco, el mismo punto en una comparación entre las formas con que Cortázar y Borges narraban el amor. Pueden leerla por acá: https://nadieescool.com/borges-vs-cortazar-el-round-del-amor/

[2] El poema está dedicado a Beatriz Biblioni.

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