¡Coronados de gloria, vivamos!

por Lucas Peretti  (@lucperetti)

El presentador lo anuncia en inglés, primero, y luego en portugués. La cámara se desliza instantáneamente hacia la ubicación del primer -y al mismo tiempo último- jugador en la fila perfectamente diseñada para la ocasión. Todos se incorporan y enderezan sus espaldas. Reconocen un punto fijo en la tribuna que tienen de frente y hacia allí dirigen sus miradas los 62 segundos que se extiende la canción.

Los once titulares que van a disputar el partido más importante de sus vidas intentan esquivar el ojo de la cámara que los lleva a millones de hogares en todo el planeta. Todos parecen ignorarla y piensan en nada, ponen su mente en blanco. El camarógrafo comienza su travelling: el primero en romper la simetría es Marcos Rojo, quien mira para ambos costados y se busca en la pantalla, luego llega el turno de Mascherano y su suspiro le infla el pecho también a quienes están prendidos a la transmisión cientos de kilómetros al sur.

Cuando arriba al último centímetro de la alineación argentina se detiene y enfoca al capitán: el planeta futbolero clava sus frenos en la mirada de Messi y casi ni percibe que, detrás del jugador, aparece extendida – como si se tratara de un mensaje subliminal – una bandera amarilla con la leyenda FIFA. Luego aparecen un puñado de hinchas saltando y filmando e, inmediatamente, la templanza del comandante Sabella, que alcanza a morderse la lengua sin quitar sus ojos del césped. Suenan los últimos acordes y los elegidos saben que todo está a punto de acabar. Zabaleta arenga, los once niños vestidos de amarillo no sueltan sus manos y Neuer, el arquero rival, se despega de su línea para aplaudir.


¿Quién se niega?

La entonación de los himnos nacionales antecede a la mayoría de los encuentros en las competencias internacionales en cada deporte. En el caso de los Juegos Olímpicos, ésta además se produce en la ceremonia de entrega de medallas, donde son escuchados aquellos himnos de los países cuyos atletas aparecen en el podio.

La vinculación entre estas canciones y el deporte es un tema recurrente en el transcurso de grandes eventos. No sólo el periodismo local ha invertido mucha tinta para averiguar por qué Lionel Messi decidía no cantar y, casi instantáneamente, llegaba la comparación con la selección argentina de rugby y la elección de sus jugadores de gritar. En otros países el tema ha tenido un tratamiento similar: los periodistas franceses se han encargado de culpar a Benzema por negarse a entonar Le Marselleise, los británicos al galés Ryan Giggs por hacer lo propio con el himno inglés God save the queen y los ejemplos podrían continuar.

El fútbol trasciende mucho más que cualquier otro deporte en el mundo, y más aún en nuestro país. Así, pareciera que cualquier gesto de los jugadores durante esos segundos puede tomar una gran repercusión. No obstante, la canción se escucha en todos los demás deportes que compiten internacionalmente.

“Antes, yo el himno lo cantaba por dentro, movía la boca pero no lo soltaba”, opina Luciano De Cecco, emblema de la selección argentina de voleibol. “Ahora, Julio (Velasco, entrenador del combinado nacional) nos pidió que lo cantemos para hacer la unión del equipo” y finaliza al agregar que “en la previa de un partido importante, cada uno se concentra como mejor le parezca”.

Yamila Nizetich es la capitana del combinado femenino de voleibol y explica que el momento que más la marca como jugadora de selección es el del himno. “No conozco a ninguna que no le guste cantar. Nosotras nos abrazamos, nos damos la mano, hay otras que se tocan el corazón, no sé de nadie que esté negado a cantarlo”. Además, no recuerda conflictos entre equipos en los instantes en los que suenan las canciones: “Es un momento que se respeta en cualquier parte del mundo en que estés”.

Contando conflictos

Pocos autores se han encargado de cuestionar el hecho en sí, que parece ya naturalizado. Es decir: ¿es necesario que los himnos se canten en la previa de una competencia deportiva?

El deporte no es sólo deporte y todos los saben. Es competencia y rivalidad, sino no podría existir. Es felicidad para los vencedores y decepción para el resto. Para los participantes, es sacrificio permanente y dedicación de casi toda una vida para formar parte de una élite. Para los auspiciantes, es mercado, ganancias astronómicas y especulación. Para los espectadores, es admiración y esperanzas.

Y como también es política, es conflicto. Existen numerosos ejemplos a lo largo de la historia de partidos entre países que mantenían o habían mantenido alguna disputa y, en tales casos, la cuestión de la nacionalidad resultó imposible de ser evadida.

En marzo de 2013, se enfrentaron en el marco de las eliminatorias europeas para el mundial de Brasil las selecciones de dos países que estuvieron en guerra durante la década de 1990: Croacia y Bosnia. Si uno se detiene en el momento de los himnos, reconoce rápidamente que allí se estableció un peligroso borde entre nacionalidad y deporte, y entonces lo que para todos debía ser un enfrentamiento deportivo resultó cargado de connotaciones mucho más profundas.


Además, también son frecuentes las equivocaciones por parte de los organizadores, que fallan en el momento de presentar la canción nacional de algún vencedor. En reiteradas ocasiones han equivocado el himno español actual con el franquista o el que se cantaba durante la República.

La mayoría de estos episodios han pasado a la historia como anécdotas curiosas, pero en otras ocasiones los representantes de los países que fueron víctimas de los errores han elevado quejas y exigido rectificaciones públicas al argumentar que sus símbolos patrios habían sido agredidos.

Un caso reciente sucedió en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde si bien no hubo errores en los himnos, sí se produjo confusión respecto a banderas. La organización presentó la insignia de Corea del Sur en lugar de Corea del Norte – Estados enfrentados históricamente – en la antesala de un partido de fútbol femenino y todo resultó un escándalo.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=KJm_KdpooTU]


Nacionalismo mundial

“Están formados los dos equipos y veo que el equipo contrario canta el himno y cuando nos toca a nosotros cantar el himno están callados o se escucha el coro de la hinchada con el ‘oh’. Y yo decía por dentro ‘pero hay letra, ¿por qué no la cantamos?‘. Las palabras pertenecen a Alberto Harón, cantante catamarqueño, y dan inicio a un video que ya pasó las 40 mil visitas en Youtube.

Con ruido mediático y en las redes sociales, la campaña Cantemos el Himno se abrió paso en los meses previos y durante el mundial pasado. La iniciativa buscó dar a conocer una versión con letra de la introducción de la canción, cuyo origen era confuso, pero que circulaba en determinadas provincias del país, principalmente en Catamarca.

Uno de los investigadores y participantes de la campaña, Martín Kaen, reconoce que el impacto no hubiera sido el mismo en caso de haber escogido otra fecha para el lanzamiento. Explica que la misma introducción cantada estaba incluida en un disco que salió a la luz durante el Bicentenario, pero no fue tan difundida. “Todo fue gracias al mundial. Nosotros no tuvimos agentes de prensa que nos hicieran conexiones”, sostiene.

Frente a las críticas que podrían surgir con respecto a la necesidad de presentar las canciones nacionales en el deporte, el concepto de nacionalismo banal llega para poner algo de claridad. Fue creado por el autor inglés Michael Billig, quien sostiene que en las sociedades contemporáneas continúan existiendo mecanismos que refuerzan actitudes y percepciones nacionalistas, pero que son cada vez más sutiles.

Este nacionalismo es banal, pero no en sentido peyorativo, sino como sinónimo de cotidiano. Billing pareciera decirnos que se encuentra no sólo en el desfile del 25 de mayo, sino que hoy aparece detrás de cada noticiero televisivo, de cada obra cultural y también -quizá fundamentalmente- en los mundiales de fútbol. Pero no nos habla sobre los conflictos o malentendidos que podrían ser evitados tan sólo siendo menos estricto con el protocolo. siendo menos estrictos con el protocolo.

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>