El virus llegó a la educación

[Coronavirus. Educación. Covid-19. Pandemia. Escuelas. Conspiración. Estados Unidos. China. Potencias. Inteligencia artificial. 5G. Internet de las cosas. Oligarquía Financiera Transnacional]

por Alejandro Floriani (@aleflorinai6)

En estos días han proliferado distintas teorías conspirativas acerca del origen del COVID-19. Teorías que van desde las más irrisorias, como la surgida en la capital del cuarteto y el fernet, que atribuyen el origen del virus en la sopa de murciélago consumida por un sujeto de nacionalidad china llamado “Ke Kulia”; hasta teorías geopolíticas como las impulsadas por el imperialismo norteamericano que adjudican el nacimiento de la pandemia a una falla en un laboratorio de armas biológicas en la ciudad de Wuhan.

Pero -¡por favor!- quién pensaría que esta pandemia está enmarcada en una lucha intercapitalista global, que tiene como principales contrincantes a Proyectos Políticos Estratégicos[1], comandados por una secreta Oligarquía Financiera Transnacional[2], representadas en Estados Nación como China y Estados Unidos, y que encima libren una batalla campal y multidimensional en torno a la apropiación del conocimiento estratégico, siendo éste la Inteligencia Artificial (IA), el 5G o el Internet de las Cosas (IoT), la bio y nanotecnología, y que se disputen así la gobernanza global a través de sus supra organismos internacionales como la OTAN, la OMS, el FMI, el BM, etc. y se definan así el nuevo orden mundial. ¿Puede alguien ser tan estúpido de creerse semejante barbaridad?

La cuestión principal es que sucede. Somos muchos los estúpidos y las estúpidas que consumimos información a través de nuestros dispositivos móviles (o en palabras de Hernán Vanoli plataformas de extracción de datos[3]), conectados 24/7/365, y no solo como meros espectadores de las batallas por quién logra imponer en el territorio virtual su sentido común, que en este caso no sería más que creer en una u otra teoría conspirativa, sino también como actores protagonistas en donde escogemos uno u otro  bando. ¡Por supuesto! qué obviedad tan grande estoy diciendo.  Cómo no identificarse con una u otra postura. Es decir, somos argentinos, en nuestra naturaleza habita ese instinto primitivo y divino que nos hace identificarnos con ser de River o de Boca, y así rápidamente adherimos a tal o cual hashtag para dar la batalla virtual como soldados de un ejército comandado por esa Oligarquía Financiera Transnacional que concentra la riqueza mundial y se debate el nuevo orden planetario.

Estarán los que alientan por las consignas de China o de Boca, perdón… digo, de Estados Unidos, que discutirán para ver quién es la mitad más uno del mundo. Pero estarán también los que alienten orgullosamente por la buenas y sobrias consignas de la Rusia Imperial, con su disciplina y su orden inquebrantable ¡oh sí! paladar negro para los amantes del buen fútbol. Los DT, ocultos bajo las sombras, definirán su estrategia y reverán sus tácticas en el juego de la vida y el fútbol se convertirá así en el opio de los pueblos.

No, esperá, se me vino un deja vu del 78’. Bueno como sea, se pone maravilloso el relato, más aún, cuando los hinchas y jugadores de todo el mundo se dan cuenta de la farsa y deciden unirse, organizarse y luchar por sus propias consignas e intereses que distan mucho de los intereses de las potencias mundiales y recuperan así el espíritu y el sentido de jugársela por una causa justa.

Una teoría conspirativa desde el campo de la Educación

Pero bueno, basta ya de tanto relato, si quieren saber cómo termina vayan y jueguen que ustedes son los protagonistas. Nosotros somos educadores y venimos a proponer una teoría conspirativa desde el campo de la educación. Toda teoría tiene su fundamento, y la nuestra encuentra sus bases en el hecho de que las instituciones educativas tal cual las conocemos hoy en día, al igual que el resto de las instituciones tradicionales, que nacieron con la revolución industrial y alcanzaron su máximo apogeo en el siglo XIX (como lo son la Familia, la Iglesia y el Estado) están obsoletas. ¿A qué nos referimos con obsoletas? A que no cumplen más su función: la de organizar, mediar y legitimar a los individuos de la sociedad en relación a un orden establecido. Esto implica crisis, agonía e incomodidad para docentes, estudiantes y padres. Implica molestia, hastío y aburrimiento. Implica cambio, transición y revolución.

En nuestro terreno de juego (el campo específico de la educación) sabemos que a partir de los años 80 y producto de la crisis mundial de los Estados-Nación se lleva adelante en nuestro país, como en otros países latinoamericanos, un proceso de descentralización educativa que marca tres niveles claros e influyen en las políticas educativas: un primer nivel subnacional, representado por los actores locales que forman parte del proceso educativo; un segundo nivel nacional representado por el cada vez más débil Estado Nación y que pierde capacidad de control y regulación sobre las políticas educativas; y un tercer nivel supranacional, representado por organismos como la ONU, el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, que comienzan a influir con mayor fuerza sobre las políticas educativas que afectan al primer nivel. Pasando de esta forma de una matriz Estado-Céntrica a una matriz Mercado-Céntrica con una ideología fuertemente neoliberal para pensar y planificar la educación (Sironi, 2016)[4].

Vale aclarar que el Estado Nación, a pesar de haber iniciado su descomposición, sigue ocupando un rol fundamental en garantizar y legitimar la relación entre actores locales y globales, tal como lo reza la declaración de la Conferencia Regional de Educación Superior 2018: “Es imprescindible que los Estados asuman el compromiso irrenunciable de regular y evaluar a las instituciones y carreras, de gestión pública y privada…”[5] bla, bla, bla.

Pero como lo indica en el inicio de la misma declaración, “los vertiginosos cambios que se producen en la región y en el mundo en crisis nos convocan a luchar por un cambio radical…”. Esta transición ya ha comenzado, un nuevo modelo educativo se viene gestando desde hace ya algunas décadas: ¿y adivinen qué? Este virus ha venido a confirmarnos que es tiempo de cambiar nuestra forma de pensar los vínculos de enseñanza y aprendizaje; cambiar nuestra forma de diagramar y habitar las instituciones educativas. En este corto tiempo que llevamos de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en Argentina, en donde desapareció la mediación cuerpo a cuerpo, estudiantes han defendido sus tesis virtualmente; niños y niñas han sido educados a través de programas televisivos promovidos por el mismísimo Ministerio de Educación; docentes han dictado sus teorías a través de una pantalla y la bibliografía se ofrece gratuitamente y en forma digital; las aulas fueron reemplazadas por el espacio virtual; los trabajos y debates grupales se han desarrollado con mayor interacción y participación que antes; los equipos de investigadores han seguido sus estudios y desarrollos; profesionales han ejercido pantalla mediante; se han creado plataformas web de acceso libre y gratuito sin la necesidad de conectarse a internet; se han desarrollado campañas estudiantiles por el libre acceso a redes de conexiones móviles; y más, todo sin la necesidad de que los humanos interactúen cuerpo a cuerpo.

El mundo está cambiando y es inevitable que así sea. Asistimos al derrumbe de la educación tradicional que como dijimos organizaba, mediaba y legitimaba un status quo. Un orden establecido que por cierto consideramos injusto, ya que, y para mencionar alguna cifra, actualmente en el mundo existen más de 758 millones de personas jóvenes y adultas que ven vulnerado su derecho a saber leer y escribir; y unos 260 millones de niños y niñas que no asisten aun a la escuela primaria ni secundaria.

Cambio: entra el humanismo sale el mercantilismo

Este es un partido que, como el anterior, está en juego. En el nuevo orden mundial, que se está configurando in vivo, hay un espacio y una forma que ocupará la educación. ¿Pero hacia qué educación estamos yendo? ¿Qué consignas estamos defendiendo como educadores y educandos? ¿Para qué equipo estamos jugando y cuál es la camiseta que elegimos?

Todas esas preguntas hacen eco en nuestras mentes iluminadas por las pantallas. ¿Y si nos animamos como educadores y educandos a pensar y definir las consignas de la educación del futuro? ¿Será una educación que se sirva de las herramientas que nos ofrece la tecnología de punta para unirnos en fuertes lazos cooperativos y afectivos que potencien el vínculo de aprendizaje que estableceremos cuerpo a cuerpo? ¿O será una educación utilizada para aislarnos, atomatizarnos e individualizarnos? ¿Será una educación contextualizada local y regionalmente, y que partiendo de dar respuesta a nuestras problemáticas pueda interactuar en grandes redes globales para compartir y democratizar su conocimiento? ¿o será una educación descontextualizada, que olvide su compromiso con las necesidades y demandas que su comunidad le plantee, y resuelva solo necesidades y demandas de las corporaciones que la financian? ¿Será una educación que tenga acceso y relación con el conocimiento estratégico para ser utilizado en pos del desarrollo de la humanidad? ¿o será una mera fuente proveedora de datos e información para ser utilizados por intereses mercantilistas?

El otro equipo está preparado, elaboró su estrategia y planeó sus tácticas. Viene realizando pruebas de entrenamiento a través de inversiones millonarias por parte de sus organismos supranacionales, como el Banco Mundial, en la educación de países emergentes, financiando las escuelas del futuro y la capacitación de sus jugadores[6]. Conoce bien contra quién se enfrenta, y teme también por ello.

Una oportunidad abismal se presenta ante nosotros en este momento bisagra de la historia donde el mundo tal cual lo conocemos se dispone a cambiar para siempre. ¿Seremos capaces los educadores y educandos del campo popular de resignificar nuestro habitar en las instituciones educativas? ¿Podremos, los actores locales, construir los grados de organización y conciencia necesaria para elaborar un proyecto educativo acorde a las demandas y necesidades de la época?  ¿Quiénes son esos actores que participan o podrían participar de la construcción de ese proyecto? ¿Quiénes juegan del otro lado? ¿Qué forma adquirirán los dispositivos educativos que nos permitan esa organización? ¿Qué lugar ocupará la emocionalidad? ¿Cuáles van a ser las instancias globales que nos permitirán articular y canalizar todas estas iniciativas?

Todas estas preguntas, y más, son las que nos planteamos. Todas estas respuestas y más, son las que como educadores y educandos tenemos que animarnos a responder. Este momento histórico de transición hacia un nuevo orden mundial (que se debate en ser: colectivo, cooperativo, solidario y humano; o lo contrario: individual, fragmentado, egoísta e inhumano) nos lo exige.


[1]Caciabué, M. (2019). Geopolítica del capitalismo contemporáneo y la puja entre proyectos estratégicos. En Caciabue, M. y Arkonada, K. (Ed) Más allá de los monstruos. Río Cuarto, Argentina. UniRio.

[2]Gimenez, P.. (2019) Reflexiones sobre el nuevo escenario argentino. En Caciabue, M. y Arkonada, K. (Ed) Más allá de los monstruos. Río Cuarto, Argentina. UniRio.

[3] Vanoli, H. (2019) El amor por la literatura en tiempos de algoritmos. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Siglo XXI.

[4] Sironi, M. (2018). La agenda educativa del Banco Mundial en Argentina y Brasil y la cuestión de los niveles subnacionales del Estado. Notas sobre un posible abordaje teórico-metodológico entre la educación comparada y el institucionalismo de la ciencia política. Journal of Supranational Policies of Education, nº 4, pp. 100-120.

[5] Declaración de la Conferencia Regional de Educación Superior 2018, Córdoba, Argentina.

[6] Estrategia mundial de educación del GBM. https://www.bancomundial.org/es/topic/education/overview#2 (30/03/2020)

 

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