Líneas de fuga contra la información

[Coronavirus. Posverdad. Fake news. Whatsapp. Pandemia. Infodemia. Información. Poder. Arte. Sensibilidad]

Sueño, deseo, arte: lugares de abrazo y de resonancia, lugares de lucha
—Gilles Deleuze

por Belen Pretto

Hay otros virus que se han vuelto altamente poderosos: las fake news y las noticias sensacionalistas. Un despliegue de emociones difíciles de contener es la posverdad latiendo con más fuerza y en el centro de la escena. La posverdad, ¿se acuerdan de esa palabra? La RAE la agregó al diccionario en el año 2017 y responde a una “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. 

Exactamente eso es lo que está pasando ahora mismo en el grupo de WhatsApp de nuestra familia, o en la casilla de chats de muchos de nuestros conocidos, quienes mantienen (y reproducen) un grado de paranoia considerable y un nivel alto de estrés y ansiedad. Encerrados. En cuarentena total. Cual búnker equipado con municiones en una película de zombies. Con la sensación de vivir dentro de una ficción, se gesta entre nosotros un morbo implícito por el caos.

Días atrás recibí por WhatsApp un mensaje reenviado que tenía indicaciones sobre cómo desinfectar mis zapatos porque “parece que el virus puede vivir hasta 9 días en el asfalto” y la información estaba científicamente confirmada por “uno de mis amigos médicos de Milán que me llamó anoche”. Además me pedían encarecidamente que lo difundiera porque “no lo harán en la televisión”. En muchos casos, se suele depositar mayor confianza en un usuario anónimo que tiene amigos que saben cosas que en los medios autorizados.

Lo preocupante no son sólo las fake news sino también la información que es verídica pero tiene cierto grado de distorsión o exageración. Ya me parece demasiado ver por TV los cadáveres que los hospitales de Ecuador dejan en la calle como para también tener que recibir esos videos por redes sociales.

El caudal de información que corre en tiempos de coronavirus es tal, que incluso a algunos medios de gran llegada se les escapa la difusión de noticias sin revisión de fuentes ni chequeo científico. El exceso de comunicación desencadena un contingente de opinión pública sesgada por emociones y sentimientos abrumantes que generan pánico excesivo e innecesario. La sobreinformación y la opinión reproducen códigos establecidos que modelan de manera homogénea las maneras de sentir, ver, oír y decir.

Los mass media ya no son los únicos que están legitimados socialmente para informar al mundo sobre lo que pasa, sino que ahora se imponen también los social media, quienes con una diversidad de plataformas y formatos gozan prácticamente de la misma credibilidad (o incluso más). Muchas veces avalamos de forma consciente o inconsciente información que confirma lo que ya pensamos, y nos dejamos llevar fácilmente por la efervescencia de las emociones que nos provocan ese tipo de noticias.

Lo cierto es que existen ciertos estratos de poder que se las ingenian para poner a circular contenidos que refuerzan discursos hegemónicos dentro del campo social atravesado por la tecnología. Ese mismo poder, que según Foucault “se encuentra disperso en el tejido social guiando y direccionando la capacidad de acción” controla cada ámbito de nuestra vida cotidiana, y se ejerce en la medida misma en que nos reconocemos como sujetos libres. Los social media tienen una inmensa capacidad de expansión dentro de la red y todos nos sentimos libres de tomar o no lo que vemos. Esa infodemia es la que dificulta la existencia de una regulación más estricta en internet. Son demasiados los contenidos que circulan por día, y no importa mucho la veracidad de los hechos, sino más bien el aporte novedoso y sensacionalista que despierte en nosotros emociones y morbo. Mucho morbo.

El teórico francés Gilles Deleuze, contemporáneo a Foucault, desarrolla similares conceptos respecto al poder. Para él, los centros de poder ejercen un control social que, bajo un sistema de cifrado individual “marcan o prohíben el acceso a la información”. Ese cifrado representa una contraseña que identifica a cada individuo, estableciéndose bancos de datos que circulan, se compran y se venden, y se trafican por medio de la tecnología y del marketing, que es para Deleuze la herramienta predilecta de control social

El eterno sueño de la fuga

Por supuesto que en toda relación de poder también surgen fracturas, desviaciones, resistencias o líneas de fuga. La resistencia a ese poder no puede darse si no nos libramos a nosotros mismos de lo que estamos hechos. Debemos lograr deconstruirnos creando nuevas formas de existencia que confronten las fuerzas de poder, y escapar aunque sea por un momento de ese control.

Las líneas de fuga son “algo” que arrastra nuestra naturaleza, tanto espiritual como físicamente. Si pensamos en imposiciones de órdenes o regímenes que controlan indirectamente a la sociedad, entonces esta teoría de líneas de fuga sería que siempre hay situaciones, lugares, experiencias, etc. por donde todo se escapa en contextos de contaminación comunicacional.

Deleuze habla del arte (entre otras alternativas) como resistencia ante los moldes establecidos por sectores hegemónicos que condicionan la opinión pública y nuestros procesos cognitivos. El arte crea sensaciones resistiendo a la información. Se escabulle y gambetea la opinión, y cuestiona los códigos discursivos que ella misma reproduce.

El arte genera literalmente sensaciones en el organismo, un accionar de fuerzas que nos movilizan biológicamente. Recorre las ondas nerviosas liberando el alma cautiva y confundida. Hoy es más necesario que nunca sentir la libertad sobre nuestros cuerpos, adoptar un fluir espasmódico que incomoda, molesta, escapa al paradigma social hegemónico y homogeneizante.

El arte es una disciplina que actúa sobre el devenir de la humanidad, el devenir como acontecimiento presente que atormenta, aparece de manera inoportuna y sorpresiva. El arte es capaz de hacerse cargo de ese devenir, aprehender del acontecimiento y transformarlo en una alteridad con clave estética. Para Deleuze, “el arte toma un trozo del caos en un marco, para formar un caos compuesto que se vuelve sensible”.

Hagamos arte, rindamos culto a la creación de nuevos sentires. Desestabilicemos los discursos establecidos, llamemos al caos y lo afrontemos. Hagámonos cargo de los acontecimientos. Resistamos ante la opinión y la sobreinformación con arte. Enfrentemos los discursos y creemos nuevas maneras de percibir. Nos apropiemos de las armas del caos y las usemos contra la opinión sesgada y abrumante. Consumamos arte, hoy más que nunca.


BIBLIOGRAFIA:

https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-71812012000100003 Arte y Resistencia Política (una fuga a través de Deleuze). Marilé Di Filippo.

¿Qué es la filosofía?, Gilles Deleuze (año).

El Antiedipo, Gilles Deleuze y Félix Guattari (1972)

 

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