Daddy issues: de la pija de Luciano Castro a ya pasó su tiempo, Gómez Centurión

[Daddy issues. Pija. Luciano Castro. Debate presidencial. Elecciones 2019. Argentina. Sexualidad. Electra. Edipo. Xavier Dolan. Mommy. Patriarcado]

WerewolfCocoRosie[1]

por Eugenia Mackinson

A veces, cuando tengo estos lapsos, pienso en una escena[2] de La Grande Bellezza (Sorrentino, 2013). Es una gran fiesta careta en la que Carmelina, la artista invitada (trabajo infantil ad infinitum que se inaugura con un reto de su padre para que no juegue con los hijos del anfitrión) es una nena de 8 años que aparece en escena tras un paneo de cuerpos que se franelean al ritmo de Eurythmics reversionado por Loraine Bowen. Cesa la música con el primer plano de la piba mirándome y hay un lienzo blanco enfrentado a baldes de latex de diversos colores. La nena llorisquea, se queja, grita y va levantando baldes y tirándolos su contenido sobre el lienzo cual Pollock desquiciado, ante la atenta mirada de la clase media alta enfundada en diseñadores italianos que, sin pena ni gloria, ayuda a capitalizar los daddy/family/mummy/society/women/kids issues que se materializan en colores.

Los daddy issues son como la antípoda al complejo de Electra que Jung propuso, a su vez, como contrapartida al complejo de Edipo que tanto a ha dado de comer a investigaciones sociales. Definidos ambos mambos respecto a la hija y la figura paterna, ambos se suponen generados desde la más tierna infancia y proyectados en las relaciones heteronormadas que llevaríamos adelante como buenas chicas que somos. El tema es que ni somos todas chicas, ni somos todas hetero, ni somos todas y, hasta a veces, ni somos y ¿por qué? Porque sin un hombre que nos conduzca, nos plantean a la deriva, porque todes somos hijes del patriarcado y acá hay asuntos irresueltos.

Un año después, Xavier Dolan estrenó Mommy. En una Canadá de mentiritas, tipo la Gilead de Atwood o el mundo aterrador de Lanthimos en The Lobster, una ley permite la internación en un centro especial de aquellos hijes que, desviados del orden del deber ser, se califiquen como problemáticos. Esta línea inaugura 139 min. de película en la que Diane (la madre viuda) con ayuda de su vecina intentan educar al hijo de la primera, Steve, diagnosticado deb (Síndrome de Déficit de Atención con Hiperactividad) de quien obtiene la custodia post internación de éste en un hospital.

La peli está buena, toda entera pero- para mí – se resume en un pequeño fragmento que volví a recordar estas últimas semanas, junto a ese tema de CocoRosie (lanzado en 2007 en The Adventures of Ghosthorse and Stillborn) que le invito a escuchar y la escena de La Grande Bellezza.

La pija-mada

“Es el poder de follarla
El poder de hacerle un agujero en el cuerpo por el que borbotea la música
 como en burbujas muy ligeras. El poder de saber que hará cualquier cosa por tenerme entre sus piernas.
Ese es el poder que retiro de su sexo”
Paul Preciado, Testo Yonqui

Me llega un mensaje, “¿viste la pija de Luciano Castro? / está gratis en Twitter”; voy a pilates a la tarde (al mismo de las pibas que dicen que un pezón en la marcha NI UNA MENOS es provocador e incita a la violencia) y pregunta la profe (Marta le dice a Susana) ¿viste las fotos de Luciano Castro? Susana le dice que no y mientras Marta busca el celular y Susana los lentes, le dice “no no, dejá. No los vas a necesitar” se ríe, todas se ríen. Así como Carl=Negro / Lenny=Blanco, Voluntad=Violencia / Involuntario=SeMeMojaLaCotorra, así como la teta en el espacio público (por dioh, busquen vean los lactarios en Ezeiza[3]) genera incomodidades, la pija genera pasiones, pero ¡ojo! no cualquier pija, sino la pija wanna be.

La poronga aspiracional, esa que en el ex rubro 69 parecía un maxikiosco all night long 24×7 reales, es el sueño de grandilocuencia de cualquier dispositivo extractivo. Es grande, consistente y tosca, está ahí cual flota-flota esperando para jugar y, como boy scout también, siempre lista debe estar. No vi las fotos de Luciano Castro pero ese aplauso de concha de mis compañeras de pilates sí se pudo ver. Claro que no puedo saber que piensa cada una de las que conforman mi muestra pero las risitas cómplices hicieron comunidad, como el repudio pezonero en su momento. Se ve que tengo que gustar de pijas grandes, de esas que – por lo menos en el porno hétero sin vueltas cual pibe de pueblo vestido de Narrow – se muestran en su sostenida venosidad y que, según oí hace poco por la radio, te llevan la memoria del celular porque si te mandan la foto se te van los datos jajajaja.

Esta falocracia se vende y consume. Pelea de espadas cual pelea de dispositivos patriarcales, pater familis discutiendo en el prime time, con sus corbatas puntiagudas y sus trajes. De los 6 candidatos para presidente, los 6 piden que resolvamos nuestros daddy issues y abracemos el resultado de una elección entre 6 opciones, donde – y esto es preocupante- 3 candidates son el resabio de una derecha neoliberal y pacata cuyas recetas están siendo combatidas a fuego y protesta en el Cono Sur, a las que le se suma una izquierda oscurecida, un progressive peronism y el viejito Lavagna que, mi vido, tanto amor me da pero tan poca fuerza tiene.

Del primer debate al segundo, les candidates intentaron asegurar los votos de sus nichos. No es de sorprender que la derecha facha de Gómez Centurión y la pro-empresaria del showman Espert a la vez que la izquierda coreografiada de Nico del Caño hayan sido las únicas que trataron de esbozar una plataforma política propia de la visión arquitectónica de la política, pero ¿Blue Eyes y el dueño de Dylan? ¿Qué onda? Pegándose, pegándose, guerra de espadas en las que – como mucho- Alberto esbozó alguna idea vaga y Mauricio, bueno, hablo de corrido y eso es un lujo (ambos, igualmente, tratando de captar los votos del veiji Lavagna). La grieta, la apodaron, pero no sólo es eso, sino un ejercicio de poder pastoral que guía el modo agonal que asume la lucha por los votos, básicamente un síganme que no los voy a defraudar…

El tema es que alrededor de la mitad del padrón electoral se compone de personas entre 16 y 39 años[4], los millenials y centenials dentro de los cuales reside también el nicho de esta revista. Nosotres, entiéndase bien, en nuestras manitas está la definición de nuestro próximo padre-guía, nosotros que aún estamos entre el infante explotado y la norma burguesa del crédito a 20 años, entre medio de ansiedades, plazos académicos, precarización laboral, dibujitos que pasan por Isat y El Mató a Un Policía Motorizado sonando de fondo mientras tomamos Cynar con brishitos en la carita. ¿Alguno tiene ganas de quemar? ¿Quemar como en Ecuador, como en Bolivia, como en Chile? ¿Quemar como Sara Hebe? ¿Quemar como se quemó Quang Duc en las calles de Saigón? ¿A lo V de Vendetta quemar los bancos a los que les debemos intereses por comprar el Cynar de cada día?

Un analista shileno comentaba hoy que las calles chilenas no tienen desetabilizadores que buscaron hacer arder al gobierno, sino consumidores enojados y, en tal línea, me pregunto yo…. en esta elección ¿qué nos sacan y que nos venden? ¿qué esperan de nosotros por ser los que somos? “En un escenario de balotaje entre Mauricio Macri y Alberto Fernández [que ni ahí se va a dar], los segmentos más jóvenes tienden a inclinarse por el kirchnerismo y a medida que se avanza en la edad, el elector se vuelve más conservador y vota por el Gobierno” (cita extraída de la referencia de página 3). Nuestro corte etario nos cuantifica como grupo al que cualifica, a posteriori, a través de luchas micropolíticas y sociales, medioambientale, de salud y educación sexual, aunque – por supuesto – a ello no nos reduce, ¿por qué manutención nos vamos a dejar guíar?

De verdad, esta elección parece la vuelta de papi a casa, el que trae la plata, el que arregla los problemas, el que va a arreglar todo, al que vamos a seguir sin saber adónde porque, en un país de ciegos, el tuerto es rey. En nosotres queda la decisión de esperarlo como sus hijes o sus mujeres, para ser, una vez más, penetrados vulgarmente por un sistema electoral y estatal que compramos sin leer la letra chica, no porque no exista, sino porque no tenemos el aumento propicio para engancharla.

“Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger”, eso les debería hacer respondido a las fanáticas del exhibicionismo no-consensuado que van conmigo a pilates y después, a teta limpia, cruzar al barcito de enfrente donde los hombres juegan al ajedrez y donde también, según contaba una compañera que pretendía hacer su tesis ahí, las mujeres no están permitidas. Cruzar la cañada con mi teta pero tapada por la foto de la pija de Luciano y, mis otras partes, por las caras de nuestros candidates, a ver qué pasa… porque, como marca mi nuevo mantra, “mi posición sexual es yo arriba, y abajo el patriarcado”.


[1] https://www.youtube.com/watch?v=vCpAgKjE0kw

[2] https://www.youtube.com/watch?v=plG2KDit-Kc

[3] https://infocielo.com/nota/110924/el-lugar-para-pasar-tiempo-con-tu-bebe-en-el-aeropuerto-de-ezeiza-que-genero-repudio-en-las-redes/

[4] https://www.losandes.com.ar/article/view?slug=los-millennials-y-los-centennials-ya-son-la-mitad-de-los-votantes

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