Dame tetotas: pezones, más no pechugas

[Tetas. Sexopolítica. Heteronormatividad. Pezones. Tetillas. Patriarcado. Ni una Menos. Paul Preciado. Hombre polla. Occidente. Colectivo Laboria Cuboniks. Donna Haraway]

“Homero: Ah, casi se me olvida. cuando estuve en el tribunal pedí que cambiaran tu nombre
Marge: ¿Por cuál?
Homero: Pechugas Larou
Marge: ¡¿Pechugas Laroú?!
Homero: Úsalo dos semanas, si no quedas totalmente satisfecha puedes llamarte Sara Bustani
Marge: No quiero ser ni Pechugas Laroú ni Sara Bustani
Homero: Perfecto, Booby Curvas. Está dicho
Marge: Buenas noches, Homero
Homero: Dulce sueños, Booby”
Los Simpsons, temporada 13, capítulo 10

por Eugenia Mackinson

En el cuerpo, la materialización de una sexopolítica binominal desde siglo XVIII es clara: una lógica heteronormativa se proyecta. El cuerpo heterosexual, siguiendo a Preciado, es producto de una división de la propia masa donde a algunos órganos, en detrimento de otros, son territorializados en tal clave; “Occidente dibuja un tubo con dos orificios, una boca emisora de signos públicos y un ano impenetrable, y enrolla en torno a estos una subjetividad masculina y heterosexual que adquiere estatus de cuerpo social privilegiado”, una ficción culturalista que decanta en que “mientras que una mujer es un cuerpo, todo su cuerpo es materia sexualizable, un hombre es una polla, su materia sexualizable se reduce a su pene” . El cuerpo que marca la vestimenta de los otros, el del hombre-polla, una vez que oculta del ojo al ano y al pene –por las pacaterías propias que sustentan la idea de norma/desviación- oculta también el correlato posiciónal de éstos en el cuerpo feminizado, se oculta el ano, se oculta la concha pero ¿qué pasa con las tetas?

Consultada al respecto de su formación desde las ciencias biológicas, la Dra. Aguggia me comenta sobre las tetas que “en la gestación, digamos, en pleno desarrollo hasta los tres meses, el ser humano está programado para ser mujer, por ende tiene desarrolladas las mamas, digamos, que son las tetillas, que son los pezones que se después se diferencian a masculino (porque hay un gen SRY en el cromosoma Y que en vez de tetas hace que se desarrollen los órganos masculinos, los testículos). Entonces nacen sin ese tejido graso que son las mamas, que están preparadas para el amamantamiento cuando sos hembra y queda como el resabio, queda como la tetilla que hubiese sido teta, hubiese sido mama si se hubiese desarrollado mujer”.

“No más repetición sin futuro en la espiral del capitalismo,
no más sumisión a la monotonía del trabajo, sea productivo o reproductivo,
no más cosificación de lo natural como criterio de lo normal”
Colectivo Laboria Cuboniks[1]

Cuando se busca el correlato tetal dentro esta división naturalista del punto cero de nuestra enunciación a.k.a cuerpo, no se haya más que una tetilla deserotizada que puede pertenecer tanto al gordo tetas del grupo adolescente como al Tincho que deambula entre las góndolas del Disco de la Estrada pasando por el crossfiter que suda a pecho limpio y las del pecho viril que, corregidas a mamas peladas, canta Rabinovich en “Ya no te amo, Raúl”[2]. Sea quien sea el cuerpo que la ostente, la tetilla puede habitar tranquilamente el espacio público (como mucho de mal gusto, podrá decir una señora), la exhibición del pezón del cis chabón cis no corta ni pincha, a el van los “prohibido entrar con el torso desnudo”) pero la teta en Colón y Cañada, ¿violenta?

….                    posta, ¿violenta?

¿provoca?

Todo eso me quedé con ganas de decir en mi clase de pilates del día de la marcha de Ni una Menos. Ya había caído de entrada en que no conmulgaba con las opiniones de las allí presentes pero todo se hizo transparente cuando, hacia el final de la hora, la charla viró hacia las imágenes que se llegaban de la misma movilización en Buenos Aires, ”y yo las vi ahí, por la tele, a todas en tetas. Yo no se, para qué mostrar las tetas, eso es violencia” tiró una, las seis pilateras la avalaron, mientras que por lo bajo otra me tiraba “¿qué quieren lograr? eso es provocar” con cara de asquito y reprobación. Ante este público difícil llegué a esbozar un par palabras: heteronormativo, regulación, libertad del cuerpo que ilustré con reminicencias “es la teta, señora” que tira Francella cuando pide leche para su café en Un argentino en Nueva York, haciendo el gesto propio de la teta vista como una ubre, un medio de nutrición de los mamíferos para que la especie siga y, en algunas líneas, generen especímenes como los que estaban chivando la gota gorda conmigo esa tarde.

Todo bien con la libertad, pero hay límites”, opinó mi profesora y ovacionó el resto de las chiquis presentes. Entendí a Quino cuando dibuja a Libertad gritando dentro de su departamento “para que parezca más grande”, como dice y, a la vez, a la teta que grita en el espacio público para agrandarlo sabiéndose cercada entre la grasa, la leche y su prohibitiva sexualización. Si bien “la construcción de la libertad no involucra menos alienación, sino más; (…) No deberíamos admitir nada como fijo, permanente o ‘dado’ – ni las condiciones materiales ni las formas sociales” (Colectivo Laboria Cuboniks), chiques, me hubiese encantado decirles entre abdominal y posición de pilates. Si bien se la arquitectura y el género están entramados en los cuerpos que desandan el espacio empírico[3], este mismo espacio no por ser de concreto deja de ser plástico > y la teta ahí, a pezón pelado, lo amasa.

Sobre los ejercicios de verborragia pectoral es que van estas palabras, sobre los pezones en las tetitas, en las pechugas, los de las mamas peladas y las ubres, los senos y las lolas, los pechiiiiiiios (como tira un cuartetazo de antaño) y los pechos de miel del flaco que se hizo luz, dame tetotas de Luli Pop, los pezones que habitan sobre silicona y productos oleosos, los que son mercancía en Showmatch, en la Humberto Primo o en el consultorio de cualquier cirujano estético vs. las magras tetillas (no les conozco otro nombre) en el ágora de brea y “tres media por 100”.

El pecho a las balas        

Contextualizo lo siguiente en la línea de deconstrucción de la tecnosexualidad que hila a Paul Preciado, Donna Haraway[4] y el Colectivo Laboria Cuboniks. Paul sostiene que la sociedad de control, como régimen de subjetivación, se halla en un estado líquido (parafrasendo a la modernidad de Bauman[5]) en cuanto a que en ella “el cuerpo ya no habita los lugares disciplinarios, sino que está habitado por ellos, siendo su estructura biomolecular y orgánica el último resorte de estos sistemas de control”  básicamente el cuerpo como prótesis político técnica desde tecnologías micropolíticas, microprotésticas donde el cyborg como metáfora semiótica de Donna, como estrella del show de control en sociedades lisas, aparece también para descolocar la idea de naturaleza impoluta tras las mamas peladas.

Hackeada la idea de lo natural como lo inmaculado e impoluto opuesto a lo artificial, fronteras difusas comienzan a ser las de las dualidades básicas de la modernidad (aunque nunca fuimos modernos, como dijo Latour[6]). Como un golpe a las nociones esencialistas que definen a lo humano-no humano, sujeto-objeto y naturaleza-cultura ante formas estéticas que no profesan un culto binario, se proyecta lo queer, los hiperobjetos, el posthumanimo, el aceleracionismo, los estudios de la ciencia, la arqueología post-estructuralista, el materialismo especulativo, el xenofeminismo del Coletivo Laboria (hermosamente desarrollado por Helen Hester[7] en un libro homónimo), entre muchos gritos de batalla contra los resabios platónicos del mundo de las ideas llaman a voltear lo natural, lo fijo, lo dado. El ciberespacio nos ofrece esa posibilidad, claro…

CYBERFEMINIST MANIFESTO FOR THE 21ST CENTURY[8]

We are the modern cunt
positive anti reason
unbounded unleashed unforgiving
we see art with our cunt we make art with our cunt
we believe in jouissance madness holiness and poetry
we are the virus of the new world disorder
rupturing the symbolic from within
saboteurs of big daddy mainframe
the clitoris is a direct line to the matrix
VNS MATRIX
terminators of the moral codes
mercenaries of slime
go down on the altar of abjection
probing the visceral temple we speak in tongues
infiltrating disrupting disseminating
corrupting the discourse
we are the future cunt.

… pero también lo hace la teta en el espacio público, no por ser teta (porque no es esencia) sino porque esa areola devuelve al escena todas las formas que asume en lo privado de los chats de wasap, o en los chimes de la vecina, bajo la manta de la mujer que amamanta o bajo la remera de la trabajadora sexual o bajo el sol de una playa. El pezón engordado, amordazado por el corpiño, grita y se para de manos en la vía pública ante todos los discursos que lo vedan, desenmascarando un centro de placer aceptado y aclamado por los tetófilos everywhere (placenteras sus tetas y tetillas también) y a la vez que de recomendado uso por la Asociación Argentina de Pediatría. Reconectándose con el cuerpo que lo arranca de ahí, luchando por estar sólo por el hecho de quererlo, ¿por qué tenemos que luchar por acceder de a partes?

Parece que el pezón en público directo o indirecto, ya que varias plataformas sociales también lo denuncian, es una suerte de provocación similar al culo de William Wallace y sus acólitos en Braveheart, lo mismo que la pseudo quitada de camisa de Correa ante la sublevación de milicias en el Ecuador del 2010. Ahí donde el macho alfa pelo en el pecho engrosa su poder al mostrar su casi teta o su culo, la teta parece que lo pierde, tal vez por cruzar la barrera que alguna vez debieron cruzaron los tobillos, las muñecas y las piernas.

Pezón tecno político, pezón de lucha, cuerpo abierto. Construir nuestro cuerpo parece una tarea de legos, de a poquito, de a partecitas donde las tetas que recorren cada marcha, o alimentan a cada pibe, o se prestan cada noche deben aprender a usufructuarles a los guardianes de la moral cochina que tapa un pedacito de visibilización. Me cuesta entender que el asombro sea por las tetas y no por todas las situaciones que empujaron a nuestros pechos a tomar frío en la calle.

Pezones al lado de las heladeras, que se noten y que corten con esa llanura del push up and long live the titis, ¡mamu! que atrás de cada teta hay un espacio que ocupar.

 


[1] Colectivo Laboria Cuboniks (2015) “Xenofeminismo: Una política por la alienación”. Disponible en: http://www.laboriacuboniks.net/20150903-xf_layout_web_ES.pdf

[2] Les Luthiers, “Ya no te amo, Raúl”. Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=XfN1FSC1mBY .

[3] De mis favoritos > Preciado, B.(s/d) “Basura y género. Mear/cagar. Masculino/femenido”, diponible en: http://www.iztacala.unam.mx/errancia/v0/PDFS/POLIETICAS%20DEL%20CUERPO%201%20BASURA%20Y%20GENERO.pdf

[4] Haraway, D. (1984) El manifiesto cyborg. El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en circuito integrado. Diponible en: https://xenero.webs.uvigo.es/profesorado/beatriz_suarez/ciborg.pdf

[5] Bauman, Z. (20003 [2003]) Modernidad líquida. México DF: Fondo de Cultura Económica.

[6] Latour, B. (2007 [1991]) Nunca fuimos modernos. Ensayos de antropología simétrica. Buenos Aires: Siglo XXi Editores.

[7] Hester, H. (2018) Xenofeminismo. Tecnologías de género y políticas de reproducción. Buenos Aires: Caja Negra.

[8] Manifesto VNS Matrix 1991, Adelaide & Sydney, Australia. Disponible en: http://www.sterneck.net/cyber/vns-matrix/index.php .

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