#5 Deseo poder besarme en alguna cuadra oscura sin el corazón en el cuello

[Cartas de amor. Amor. Ocean Vuong. Night sky with exit wounds. Varones. Mujeres. Trans. Deseo. Niñez]

Un día nos propusimos escribir cartas de amor, esta es la número 5.
NEC

“the boy who finds you
beautiful only because you’re not
a mirror because you don’t have
enough faces to abandon you’ve come
this far to be no one”
Ocean Vuong, Night sky with exit wounds

 

Autor: Alexis Ravera (@AlexxRavera)
Ilustración: Maca Torres ( @macattores)

Podría estar con un hombre distinto cada semana.

No aprendí sobre el deseo en los murmullos de niñxs en el pasillo de la escuela, en los cantitos molestos. Mientras jugaban a la botellita yo miraba desde una sombra.

El primero no sabía mi nombre. Ese nombre era mi nombre pero no es el de ahora.

La primera desandaba el tomarme de la mano por los señores que se daban vuelta a mirarnos. Córdoba, la de las campanas. Yo rogaba que no se arrepintiera mientras mis dedos subían por su pierna.

Mi ex me dijo que ojalá escribiera mucho por todo lo que no había escrito estando con ella.

Esta no es una genealogía del deseo. Capaz una carta tímida a la búsqueda de encuentro. Las personas trans necesitamos poemas a nosotrxs mismxs. Cartas de ruptura y cartas de amor en una sola. Sé es con otrxs. Felizmente. Lamentablemente.

Los hombres siempre se acurrucan bajo mis caricias, al final. Te tocan distinto, cuando piensan que sos mujer, te tocan distinto, cuando piensan que sos varón. Pero siempre se acurrucan.

Aprendí a hacer mimos en mis veintes. En mi familia inmigrante el amor es una panza llena; los golpes, necesarios. Creía que contraía deudas infinitas, antes, luego de las caricias. A lo mejor están ahí y aún no las pague.

Somos toscos huyendo de las soledades.

A veces observo adolescentes de lejos y los envidio. La soltura del cuerpo. Los besos ruidosos en las esquinas. Los abrazos inestables. Los hombres nunca me dan besos cuando me voy de sus casas y me subo a algún taxi. Que van a pensar lxs vecinxs. Una vez tuve un ataque de pánico en un colectivo cuando nos gritaron que-están-haciendo-delante-de-mis-hijos.

No debe existir un “encontrar el amor en el super” para gente como yo.

Y no hay que malentender, esto no es un lamento, disfruto haber destruido el templo que mi cuerpo era y haber hecho y luchado esto que soy, disfruto de que el espejo ya no me pese con los ¿y si pudiera lo distinto? Los manifiestos ya los escribieron. Me queda la pizca de resquemor con que las narrativas son más largas. Con no poder apelar a la simpleza. Con no animarme a pedirle el número al chico lindo del kiosco de aquella esquina. Con que se sorprendan de mis anhelos prósperos. Mal que mal sigo deseando el poder besarme en alguna cuadra oscura sin el corazón en el cuello, los sentidos bien abiertos. Es que solo he sabido del reconocerme en otros cuerpos. Qué bien y qué mal.

 

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