Disney es una máquina de asesinar princesas

Quiero que mi mundo sea divertido. Sin padres, sin reglas, nada.
Nadie podrá pararme.
Nadie podrá conmigo.
Justin Bieber

por Pablo Durio (@PabloDurio)

Demi Lovato no puede soltar. Y es una lástima.

Si un ser humano corriente googlea en una computadora corriente con una conexión a internet corriente la palabra soltar, el buscador más importante del mundo le arroja catorce millones quinientos mil resultados en cero punto ocho segundos (14.500.000-0.38 segundos) y en ninguno se menciona a Demi Lovato e, insisto, es una lástima.

Llegados a este punto el lector se preguntará por qué Demi Lovato no puede soltar y por qué finalmente esto nos importa tanto como para decir que es una verdadera lástima y, ahora mismo, la respuesta es simple: Demi Lovato no puede soltar porque nadie deja a las princesas coger en paz.

Fin de la nota.

Pictures-Of-Demi-Lovato1

No, mentira.

En el comienzo del videoclip original de la canción Let it Go (versión ultrapop-fracasada) Demi Lovato canta sentada en el suelo, apoyada en el marco de la puerta de una mansión gigante y abandonada, vestida de espantapájaros negro con los ojos delineados y dice mirando a la pared del frente (no hay mejor forma de reflexionar que mirar paredes (?): “let it go, let it go, cant hold you back any more”. Lo dice con cara de circunstancia, lo dice lamentándose del hecho de que la hayan retenido hasta acá, hasta ahora, hasta esa edad, lo dice al borde del estallido de rebeldía, lo dice con el corazón congelado que empieza a entender el hielo como la conservación de su belleza estructural que el tiempo y el mundo del espectáculo le robará para siempre, o lo dice con cara de hace-días-que-no-voy-al-baño, da igual. Lo importante es que Demi Lovato sufre. Y mucho. Y es una lástima. Porque Demi Lovato no puede soltar.

Desde su versión original en la película Frozen [1] la canción Let it Go ha fracasado en su esperado lanzamiento a manos de Demetria Devonne Lovato, ha preocupado a los ejecutivos de la Disney, ha resurgido como el príncipe despojado de su anatomía de sapo gracias al éxito inesperado de la versión original interpretada por Idina Menzel, gracias al Oscar a Mejor Canción Original, y se ha convertido en el puesto número uno del ranking de lo más escuchado en Corea del Sur y en “platino” en Australia, Canadá, Japón, el Reino Unido y los Estados Unidos. Sin embargo, hoy Let It Go es una canción insoportable repetida hasta el cansancio con ansias de ser un himno de liberación generacional que llevó a su autora de pasear por todos los programas con la frente alta agradeciendo a su público a pasear por los programas con la frente baja pidiéndole perdón a su público [2]. Pero ahí sigue Demi Lovato cantando que “Dejalo ir, dejalo ir, no pueden retenerte más. Dejalo ir, dejalo ir, me di vuelta y di un portazo”.

(Las autoridades de esta *prestigiosa* publicación le recomiendan no darle play al video. Usted sabrá, nosotros no nos hacemos cargo)

 

Lo que Demi Lovato no puede soltar es la estructura de la maquinaria aniquila princesas conocida popularmente como Disney, maquinaria que le consiguió la fama y la paseó por los flashes y las alfombras rojas y las luces de neón y los faros incandescentes de un reino tan espectacular como obsceno y trágico y le consiguió contratos y se quedó con millonarias regalías y le prometió una Madonna y le entregó una Britney. Demi Lovato persiguió durante mucho tiempo el estereotipo de la clásica-celebridad-norteamericana antes de notar que los tiempos habían cambiado y que ahora Madonna al lado de Lady Gaga era una señora mayor muy seria y reina de un imperio en decadencia; que ahora Charlie Sheen y Robert Downey Jr. eran los reyes del escenario desacralizado y cubierto de excesos; que Ryan Gosling se instagrameaba a sí mismo para reflotar al otrora angelito al que se le pasó la fecha de vencimiento Macaulay Culkin [3]; que todo había empezado con Jakie Coogan[4]; que Michael Jackson había sido el tiro de gracia de un Imperio en ruinas, un niño torturado amante de las drogas cuya obsesión y escándalos le prohibieron ser libre y cuya biología le dio un color que el imperio al que honraba detestaba.

Demi Lovato 2013

Demi Lovato fue un nena Barney. Y una chica Disney. Le dieron su propia serie. Le dieron películas que la volvieron una de las nuevas diez celebridades elegidas por Entertainment Weekly en el 2008. Le dieron un novio recauchutado a lo pop también estrella y frontman de los Jonas Brothers (Joe “estoy demasiado cerca que las dos cejas se transformen en una” Jonas). Le dieron una carrera musical. La hicieron salir de gira con los Jonas Brother. Y cuando ella se fragmentó como un cristal que estalla víctima de un trastorno bipolar, de un trastorno alimenticio, de una crisis nerviosa que derivó en asma, de una adicción a las drogas y al alcohol, le soltaron la mano. Le sacaron la serie: corrieron a un lado el cadáver recién podrido de Lovato y siguieron adelante con una reversión del show sin ella en el protagónico, como una sombra difusa negada al aire, como un nombre que ya nadie quiere recordar, como recuerdo proscripto. Y más tarde hicieron en un capítulo de la serie disney Shake It Up un chiste sobre los desórdenes alimenticios que llevó a Demi Lovato a declarar: “Me parece irónico como una compañía como Disney pueda perder a una de sus actrices por la presión de un desorden alimentario, y aún se atreven a hacer un chiste al respecto”. Irónico. Let-it-go.

La diferencia entre todas sus estrellas y Disney (Disney como metáfora perfecta y apta para todo público del showbusiness) es que Disney sigue perteneciendo al pasado, a las luces enceguecedoras de la idea de celebridad como pureza y encanto, como trofeo intocable de una nación pujante, como un producto inmaculado pensado para agradar, para encantar, para sonreír y saludar. Pero los tiempo cambiaron, Walt. Y el nuevo símbolo de la magia de roedores caída en desgracia no es sólo la admisión pública de haber cometido o cometer ciertas <<ilegalidades>>, si no que es más bien una actitud radical que viene anunciar que la mentira no existe y que ahora las celebridades horrorizaran a los porteros y a las señoras de su casa con actitudes -oh, sí- humanas. Las rehabilitaciones y las fotos en Instagram, los arrestos públicos y los videos de Facebook, las cuentas hackeadas y los videos prohibidos que se filtran vienen a desmentir (y a confirmar) todas las ilusiones que se tenían sobre las estrellas. Así Demi Lovato admite haber consumido drogas y alcohol y haber sufrido millones de crisis por la exposición y haber dejado de comer y ahora posa para revistas mientras muestra sus curvas comunes y corrientes. Así James Franco se burla del James Franco celebridad y se sienta en los Oscars sin creer que los Oscars sean realmente importantes. Así Robert Downey Jr. vuelve del olvido para protagonizar Iron Man y hacer del protagónico en películas de superhéroes algo muy parecido a lo cool (tranquilos, Nadie es Cool).

o-DEMI-LOVATO-570

Y -atención- la Industria y el (ex) imperio lo saben. Es por eso que ahora se miran sorprendidos las erecciones que les generan las ganancias de sus productos promocionados con escándalos televisivos y celebridades rotas, pero sin dejar de sentirse horrorizados por haber perdido por un momento el control (miren el cadáver exquisito de Lindsay Lohan) y haber olvidado que los príncipes y las princesas -¡en tu cara Disney!- también cogen.

demi-lovato-nude-pics-12

***

[1] Frozen: película animada estadounidense producida por Walt Disney Animation Studios y ganadora de 2 premios Oscar por Mejor Película Animada y Mejor Canción Original por Let It Go. Estrenada el 27 de noviembre de 2013. Según IMDb un 7,7.( Esta nota al pie es muy oficial y correcta ya que el autor de esta nota “no tuvo tiempo” de ver la película)
[2] Siguiendo a The Hollywood Reporter: “Cuando se estrenó Frozen me decían con entusiasmo que los niños se sabían todas las canciones, ahora me dicen con resignación que las siguen escuchando” dice Jennifer Lee, una de las directoras de la película y agrega: “Antes les agradecía los elogios, ahora les pido perdón”. No hay de qué. Disculpas aceptadas, Jenni.
[3] Foto de Ryan. <3

M3FwXL22NEs7lmduo

[4] Jackie Coogan es mejor conocido como el nene de Chaplin. Comenzó su carrera como actor en el cine mudo y también fue pionero en demandar a sus padres por haberse quedado y gastado todo su dinero.

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>