Divinas vs Populares: el concepto de belleza

[Divinas. Populares. Belleza. Patito Feo. Adolescencia. Televisión. Darío Z. Platón. Aristóteles. Espíritu de época. Hegemonía. Heteropatriarcado]

“Nadie pasa de esta esquina, aquí mandan las divinas, porque somos gasolina, gasolina de verdad”
Las divinas

por Melanie Priscila (@kitanawuins )

Así cantaba (como muestra la cita que inicia esta nota) un hit preadolescente allá por el 2007 en el marco de una novela infanto-juvenil, marcando explícitamente la división que todos hemos vivido por vez primera entre los 10 y los 18 años (en el mejor de los casos): la inclusión o exclusión del concepto de belleza.

En esta tira había dos grupos principales: Las Divinas y Las Populares. Las primeras lideradas por una quinceañera que cumplía con todos los mandatos de la belleza hegemónica heteropatriarcal, que presumía un carácter del infierno y una capacidad de seducción infinita. Del otro lado, la líder era una adolescente lookeada con todas las cosas que nos enseñan a rechazar: anteojos, trenzas infantiles, aparatos; pero en este caso, ella tenía un “corazón de oro”, quería que todos fueran felices y era la niña más dulce de la comarca. Todo esto nos parecía lo más natural del mundo cuando debería ser, por lo menos, llamativo. Lo que nos lleva a pensar en dos cosas principales: qué es la belleza y por qué se la piensa en términos encorsetados y mercantiles.

Siguiendo a Darío Z y sus explicaciones filosóficas, podemos decir que además de valorar a las cosas como verdaderas o falsas, buenas o malas, las cosas también se nos presentan como bellas o feas. La belleza en estos tiempos deja de tener que ver estrictamente con el arte (como era para los antiguos) y se vuelve, en esta sociedad hiperconsumista, un criterio estructural.  Nuestra existencia se ha estetizado.

Es demasiado
normal que en la adolescencia una comience a tener otra relación con su cuerpo,
y que las prioridades cambien también en relación a ser aceptadxs y gustarle a
otrxs. En ese cambio (que además es revolución de hormonas y sentimientos)
abrazamos los parámetros de belleza que impone la cultura imperante y, en ese
abrazo, a veces nos ahogamos. Ojo, que los cánones de belleza comienzan a
afectarnos en la pubertad pero no nos abandonan en la juventud (por no querer
asumir esta adultez que duele). Esas directivas de cómo debe ser nuestro
cuerpo, nuestra vestimenta, nuestra forma de hablar, no es algo que fluya
naturalmente en la mayoría de los casos y, como ya sabemos, querer calzar una
zapatilla 37 cuando calzamos 39, siempre duele.

En
la antigüedad se definió a la belleza como la proporción entre las partes, por
eso siempre estuvo ligada a la armonía y la simetría. Si esto es así, entonces
la podemos medir objetivamente. Sin embargo, hoy consideramos más bella a una
modelo que a un cuadro artístico.  La
belleza no está en las cosas pero tampoco depende de cada uno. Es un consenso
de criterios según la época y la cultura. 
Esto es el relativismo estético.

Para Sócrates, todo es hermoso «si sirve a un fin» o propósito. Platón y Aristóteles asocian la belleza con el bien y la verdad «La belleza es el esplendor de la verdad», decía Platón, pero ¿cuál es la verdad con tantas visiones diferentes?

Así mismo, quiénes militamos el feminismo desde hace bastante, siempre hemos tenido recaudos al utilizar el concepto de belleza para que no sea propiedad absoluta de estereotipos casi inalcanzables y a veces enfermizos. Pero estamos viviendo también una nueva ola interna que nos descoloca: el miedo a la palabra “hermoso”.

Más que una batalla ganada del feminismo, el miedo a utilizar calificativos como “bella, hermosa, linda” es otra arista patriarcal que nos sigue acorralando aún en el lenguaje.

¿Por
qué debería dejar de decirle a una amiga que es hermosa si así la veo? Hable de
su belleza física, intelectual, emocional o todas juntas. No, me niego a que
nos quiten palabras.

No voy a dejar que nos hagan creer que la palabra “hermosa” significa sólo lo que ellxs quieren, lo que imponen. Las palabras son hermosas, las personas son hermosas. Y usar las palabras para describirlas, es algo hermoso.

La belleza, en el inconsciente colectivo, puede referir a un ideal, a una perfección. A causa de su identificación con las mujeres, mucho del descrédito de la belleza es un resultado de su inflexión de género. Asociar mujer con frágil, lo frágil con algo despreciable, y belleza con mujer. Por ende, la belleza se vuelve un atributo que, en una nueva configuración feminista, por momentos se torna algo negativo.

Nieztche sostuvo que una estética de la existencia supone un ejercicio de creatividad permanente, en un mundo sin verdades absolutas nos estamos recreando todo el tiempo a nosotros mismos, experimentando lo diferente, y así crecemos. La creatividad y la ausencia de verdad absoluta, nos dan luz verde para usar “hermosa” en cada momento que queramos, con quién queramos y todas las veces que se nos de la gana. Recreemos lo impuesto, lo recortemos y armemos nuestras propias verdades, que bien las necesitamos.

Por
un lado es cierto que con la estetización de la existencia, la belleza parece
haberse vuelto más superficial, más funcional a la sociedad de consumo, pero
también lo es el hecho de que hay nuevas posibilidades para reinventar la vida
de manera más creativa.

Asociar la belleza con cosas
que nos hacen sentir bien, que hacen bien, puede ser clave para ayudarnos a
construir sociedades que constrarresten la cultura de la violencia y el terror.
Despertar el gusto por lo bello de las cosas, aunque sea subjetivamente, puede
ser el comienzo. La belleza como un aspecto amable de la realidad, como
proyecto, como discurso y como modo de vida.

La belleza de la mano del
espíritu en un sentido griego antiguo, una dimensión inmaterial que nos ayuda a
comprender realidades superiores como los valores. La belleza como una
herramienta para la trasformación social.

«Bienaventurado el que vuela sobre la vida, y comprende sin esfuerzo el lenguaje de las flores y de las cosas mudas» (Baudelaire)

Nadie
pasa de esta esquina sin repensar la belleza en términos de verdades nunca
absolutas. La estética en su creatividad nos invita a ver lo hermoso de formas
múltiples, diversas y revoltosas. Es cierto que a veces pensamos que una
palabra no nos contiene, que no encajamos, que es un molde en el que estamos
más que incómodos. Y me incluyo.

Pero
hoy estoy en feminista positiva y les digo: a la mierda el mercado y el miedo,
prendamos fuego esos moldes y reinventemos nuestras palabras.

Somos
gente que siente con sangre caliente, que quiere hacerse oir.

Porque
somos gasolina.

Gasolina
de verdad. 

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>