Dragon Ball Super: machismo y sexualidades otras en el animé

 [Dragon Ball Super. Cancelación. Cartoon Network. Anime. Sexualidad. Machismo. Ranma 1/2. Naruto. Maestro Roshi. Puar.  Ministerio de la Mujer, Políticas de Género y Diversidad Sexual]

por Sasha S. Hilas  (@palido.fuego)

La figura del “viejo verde” en la cultura del manga/animé es bien conocida. Se trata de ancianos varones y heterosexuales que tienen deseo sexual por “mujeres” jóvenes. En la mayoría de los shōnen [1]  suelen ocupar una posición de poder como la de maestros en algún arte marcial, y ejercer una extraña forma de autoridad; y digo extraña porque son constantemente desautorizados por sus discípulos, y ridiculizados cuando tienen comportamientos o pensamientos pervertidos; son fuertemente reprendidos por otros personajes pertenecientes a la trama, como en el caso del Maestro Happosai en el clásico animé Ranma ½, quien es disminuido verbal y físicamente cada vez que toca a una mujer, la mayoría de las veces la versión femenina de Ranma.

El caso del Maestro Roshi

Dragon Ball Super es un programa de animé emitido por el canal Cartoon Network que fue retirado de la programación tras mostrar un episodio donde el Maestro Roshi, el “viejo verde”, le pide a Puar (un personaje que puede cambiar de forma) que se transforme en una mujer joven para superar su punto débil de cara al Torneo de la Fuerza: los pensamientos pervertidos. Otro personaje que también puede metamorfosearse (Oolong) cuenta la fea situación que pasó con el Maestro Roshi después de aceptar “ayudarlo”. Puar se transforma y vemos al Maestro intentar deshacerse de sus ataduras y tocarlo, aparentemente sin conseguirlo y siendo golpeado por Puar en varias oportunidades. Esta secuencia ocurre bajo la mirada de dos discípulos de Roshi que a pesar de no sentirse cómodos con la escena no intervienen. El Ministerio de la Mujer, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Argentina señaló que esta escena contiene violencia simbólica de género, y muestra una escena inapropiada para menores de edad en un horario que se encuentra protegido por la ley. En el documento puede leerse “[Esta escena] reproducía el ejercicio de violencia sexual por parte de un mayor hacia una menor, en un contexto de aceptación social, en el que se naturalizaba la vulneración de una niña”. El Ministerio pedía que el capítulo llevara la advertencia de contenido delicado. De la reunión entre CN, Warner Media y el Ministerio resultó la decisión del canal de televisión de retirar no solo el episodio sino el programa completo para una revisión exhaustiva.

El caso me parece problemático por varios motivos. Encuentro al menos tres puntos complejos. El primero y más evidente es que la acusación presupone que no se puede establecer una distinción clara entre la ficción y la realidad, y que por lo tanto seguir reproduciendo determinadas ficciones contribuye o sostiene ciertas prácticas sociales en la vida real. Este tipo de apreciación desdibuja la línea entre la ficción y la realidad, solapa los dos registros. El segundo se trata de lo que para mí es una infantilización de lxs niñxs, donde aparecen como un papel en blanco en el cual escribir contenidos sin que medie la distancia y la reflexión. Este tipo de representación está inscripta dentro de una mentalidad adultocéntrica de la cual el propio progresismo muchas veces intenta despegarse. El tercero es el Estado como instrumento observador y regulador de los medios que mira de cierta manera y evalúa los contenidos respecto a ciertos criterios, según los cuales habrá determinados contenidos rotulados como delicados y otros que no lo serán, esta vez de la mano de un Ministerio que se supone vanguardia en materia de género y diversidad en una administración rotulada como progresista. Estos tres puntos son líneas que me parecen interesantes para pensar el caso. Pero me atrevo a proponer un cuarto punto, referido a lo que para mí tuvo siempre un carácter resbaloso, difícil de aprehender. Se trata de los tipos de sexualidades, o más bien representaciones de las sexualidades que circulan en esos shonen que podríamos catalogar como machistas. Arriesgo  una hipótesis: creo que hay algo allí que no se reduce a la típica performance machista y heteronormativa y que podríamos nombrar provisoriamente como una sexualidad otra.

Tres viejos pervertidos: pensando en torno a lo particular.

Más arriba comentaba la escena de Dragon Ball Super que despertó polémica, en la cual vemos al Maestro Roshi tener actitudes abusivas sobre Puar. Si bien la lectura general es que un viejo verde abusa de una menor, me parece interesante torcer este relato, pensar otros caminos. Puar es un ser no-humano, de aspecto gatuno, aparentemente de género masculino y una edad no especificada, que a pesar de su aspecto infantil acompaña a sus compañeros en difíciles combates y batallas. Lo que parece ser una escena de abuso sexual entre un viejo y una joven se pone más complejo. Parece tratarse de una escena de juego de roles (en la cual Puar no quiere estar, ya que acepta solo por coacción) entre seres de diferente especie pero de un mismo género, en el marco de los días previos a un torneo.

Ranma Saotome del animé Ranma ½ es un adolescente que cada vez que lo toca el agua fría se convierte en mujer. Por una desafortunada caída en uno de los estanques encantados de Jusenkyo mientras entrenaba artes marciales con su padre, se ha vuelto un ser que cambia su género dependiendo la temperatura del agua, convirtiéndose en mujer con el agua fría, y volviendo a ser un hombre con el agua caliente. Es entrenado por su padre, Genma Saotome, y por el maestro de su padre, el Maestro Happosai, un anciano minúsculo, fuerte y ridículo, que tiene una fuerte inclinación hacia los comportamientos atrevidos hacia las mujeres jóvenes. Pero por quien tiene una mayor afición es por el hijo de su discípulo, Ranma. Así, el Maestro Happosai lo convierte en mujer en múltiples ocasiones para poder pellizcarle las nalgas o presionar su cabeza contra su pecho femenino. A través del cambio de género, asistimos a una escena de acoso de un viejo pervertido hacia un joven estudiante. 

Naruto Uzumaki es el protagonista del animé Naruto. Cuenta con varios maestros, de entre los cuales está Jiraiya-sensei, un legendario Sannin que es llamado por Naruto “Ero-sennin” o “sabio pervertido” en español. Jiraiya tiene debilidad por las mujeres “hermosas y de grandes curvas”, y lo vemos calentarse por Naruto cuando este utiliza su jutsu-sexy para transformarse en una joven desnuda. Otra vez la escena entre viejos pervertidos y jóvenes mujeres toma una forma extrañamente homoerótica.

¿Qué hay de potente en el gender bender?

Estos personajes obscenos y las escenas que suscitan están representados bajo un humor ridículo, muchas veces por las mismas reprimendas (más físicas que verbales) al grito de “viejo pervertido, no le enseñes eso a los niños”. En los mismos animés encontramos la manifestación de comportamientos reprochables y la respuesta a dichos comportamientos, en ficciones que son atravesadas por versiones más clásicas del machismo pero también por guines afectivos raros e incómodos habilitados por el cambio de género de los discípulos, en una mezcla de shōnen, ecchi [2] y gender bender [3]. Creo que simplificar estas escenas dejándonos llevar por nuestras apreciaciones más moralistas nos impide ver vetas, bifurcaciones, y guiones afectivos antinormativos. Como aclaración, quiero decir que esto no implica defender como intocables aquellas escenas y tramas en los animés que expongan situaciones de abuso. No estoy intentando conservar la figura del viejo verde frente a cualquier crítica. Más bien, me propongo pensar, en medio de mi incomodidad por aquellas escenas y personajes, qué más hay y qué puedo hacer con aquello que me incomoda.

A través del gender bender, los sentimientos e intereses sexuales de los personajes cambian y fluctúan, de manera que no siempre se tratan de sentimientos y deseos heterosexuales aun cuando ellos así lo crean. Las escenas entre viejos verdes y sus discípulos transformistas revelan sexualidades difusas y deseos inapropiables. Creo que la pregunta principal que quiero exponer aquí es qué hacemos con aquellas representaciones que nos incomodan. Porque efectivamente, la representación de lo que podríamos rotular como un abuso sexual en el episodio de DBS es una representación que incomoda y desagrada. Me pregunto si efectivamente el sentimiento de desagrado es algo que queremos y debemos evitar, y si queremos y debemos utilizar los mecanismos de observación del Estado para evitar que estas representaciones lleguen a “nuestros hogares” y puedan servir de “mal ejemplo” para “nuestrxs niñxs”. Frente a lo inapropiable, frente a lo desagradable, en la relación que existe entre nosotrxs y las ficciones incómodas hay una potencia que me arriesgo a decir, puede ser interesante recoger. Creo que el matiz queer del gender bender puede ser una veta.

 


 [1] Shōnen es una demografía del manga y el animé definida especialmente por la acción, las peleas, y el camino del héroe por superarse. También hace referencia al público adolescente al que está dirigido (la palabra quiere decir literalmente “chico” en japonés). La versión femenina de este género es shōjo.

[2] Ecchi es un concepto utilizado para señalar connotaciones sexuales en el manga y el animé. Al contrario del hentai, el ecchi se trata de insinuaciones, donde la sexualidad aparece en su faceta más lúdica.

[3]Gender bender es otro concepto del manga y del animé que se aplica a aquellos personajes que por motivos o circunstancias específicas pueden o deben cambiar de género. Puede tratarse de transformaciones físicas a disfraces.

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