Dua Lipa: nostalgia, futuro y pop para divertirse

[Dua Lipa. Mark Fisher. Pop. Future Nostalgia. Simon Reynols. Retromania. Samples. Fedric Jameson. Futuro. Pasado. Presente]

por Francisca Mattoni (@fran.mattoni)

Una vez un buen amigo me dijo que la música para bailar era la única cosa que podía romper cualquier clase de barreras entre las personas, para encontrarnos todos juntos en un mismo lugar, simplemente disfrutando la música, el momento.

Y así fue cuando rompiendo las barreras que podía llegar a imponer una pandemia, Dua Lipa probó que un álbum de música pop podía encontrarnos bailando encerrados en nuestras casas, en nuestras propias fiestas privadas y exclusivas, sin importar la soledad virtual de los tiempos que nos atraviesan.

Future Nostalgia – el título del segundo álbum de estudio de la cantante inglesa- se denominó a sí mismo como “la nostalgia del futuro” haciendo algún tipo de referencia a que cuando seamos viejos probablemente pongamos ese álbum en el pedestal de lo que la música era y lo que debería ser, así cómo lo hacen algunos con Prince o Madonna.

Dame un poco del pasado y te voy a explicar cómo será el futuro

El esplendor de los años dorados de la música disco fue un momento clave en la construcción de la industria musical, del pop, de la fiesta, del baile. Es un momento en la historia de la música que salió tan bien que, según algunos críticos culturales, de alguna manera la seguimos reviviendo: sentimos nostalgia de esas mezclas musicales sin siquiera haberlas experimentado de primera mano.

Pero atención. Esto no es porque haya sido un evento que impactó tan profundo en nuestra cultura como para mantenernos ahí ad aeternum, sino que en ese momento de la historia se crearon muchas de las recetas melódicas o samples/muestras musicales que encontramos en cada canción que podemos denominar  -coloquialmente hablando- un hitazo.

Esto es lo que muchos críticos culturales denominarán como el “modo nostálgico”. Fedric Jameson lo llama un “apego formal a las técnicas y fórmulas del pasado en las expresiones culturales”; y a esto Mark Fisher lo retoma diciendo que a partir de 1980 deja de existir la innovación cultural y la dinámica empieza a ser repetitiva y anacrónica y, junto a Simon Reynolds, sostiene el concepto de Retromanía por el cual el arte actual se encuentra en una obsesión constante por “lo retro”.

Reynolds habla de esta decadencia de la cultura pop que se fue desgastando a lo largo de las décadas perdiendo esa “energía dinámica” que la volvía tan característica en su momento. En el siglo XXI nos encontramos con que el presente pop de nuestros días es invadido por el pasado, reproduciéndose a sí mismo en una época donde no puede ingresar a la cultura de la misma manera en la que lo hacía antes: “la época del reciclado”.

¿Esto quiere decir que en realidad no existe lo nuevo, sino que el pop es un remake constante de algo que se hizo casi 50 años atrás?

Probablemente sí. Y no hay que ser un genio para darse cuenta.

Mejor que la original  

En los años ´60s y ´70s la música disco nace de una mezcla extraña entre el rhythm and blues, el funk y el soul. ¿Qué son todos estas palabras? Conceptos, en inglés, acuñados en los barrios bajos de la ciudad de Nueva York que a fin de cuentas son una perfecta e inesperada combinación melódica para pasarla bien y bailar. El lugar de la música disco, y la primera discoteca por excelencia, fue un teatro de Broadway llamado “Studio 54”.

En Future Nostalgia, Dua Lipa explicita las influencias musicales que construyen su música y pone sobre la mesa su realidad, armada a base de samples de otras canciones y muchos lugares comunes de la influencia de la música pop a lo largo de los años. Lo interesante y fantástico es que el álbum no busca ser una obra de arte original sino que se muestra por lo que es la música pop: una copia literal del pasado.

Una de las canciones, Love Again, empieza con un sample de una canción de una banda de fines de los 90´s con claras influencias disco y el tour virtual para presentar el álbum- que se vendió a lo largo y ancho del mundo- se llamó “Studio 2054” como rememorando el viejo club de Nueva York.

No hay intento de ocultar la copia, la forma en la que la música pop se reinventa a sí misma y cómo es conducida como producto final. La batalla conceptual está ganada quizás para Fisher, Jameson y Reynolds, pero la cantante (y su discográfica) les dio la derecha y les dijo “¿Saben qué? No nos importa. Copiamos todo y eso nos va a garantizar quedar en la historia igual. Ser la nostalgia del futuro”.

Ahora bien, Dua Lipa saltó a la fama como cantante por dos cosas: su voz grave y bastante particular, y las letras de sus canciones. Como siempre las buenas letras no tienen que ver con ninguna destreza poética, sino con canciones siempre dirigidas a una ex pareja, las rupturas y la superación. El famoso “dance crying”.

Dua dijo que este disco lo hizo para que la gente pudiera distraerse de la realidad, divertirse y pasarla bien a pesar de lo que estaba pasando. En la revista Vogue sus palabras exactas son: “Quería que fuera un poco más fácil para mi levantarme de la cama y no pensar en las cosas negativas que están pasando en el mundo todo el tiempo”.

Quizás lo logró. La verdad, no sabemos si a ella le sigue costando mucho levantarse de la cama cada mañana. Lo que sí sabemos es que consiguió ser número uno por semanas en las listas y – en un arrebatado intento de hacer un análisis muy generalizado de sus reproducciones en Spotify, las ventas de su tour online y el Grammy a mejor álbum pop – creo que logró levantar de la cama a varias de miles de personas.

La originalidad y la innovación por la que tanto se lamentan los críticos de la cultura musical puede que no sea necesaria. Tenían razón, somos gente aburrida y nos gusta lo mismo de siempre. Es todo una copia, sí. Y para el terror de Fisher, la copia que se admite a sí misma como lo que es y se propone como lo que todo el mundo va a querer copiar en unos pocos años, es el futuro al que aspiramos. La clave está en la declaración de culpabilidad. No es que el consumo y el capitalismo nos llevan inconscientemente a consumir algo que no es para nada nuevo, sino que lo hacemos conscientes de encontrarnos entregados al infierno pop.

Probablemente a Mark Fisher no le hubiera gustado Dua Lipa ni un poco, pero si fuera él no hubiera dejado pasar un pequeño desafío a la hora de rediscutir la provocación directa de Future Nostalgia a sus conceptos, llegando a la conclusión de que todo está mal, la humanidad está perdida y la música – y el arte en general- solo sirven como un narcoléptico más, que estamos dispuestos a consumir de forma consciente para ignorar la horrorosa realidad que nos impone el capitalismo.

No te deprimas, el presente ya pasó de moda.

Pero abandonemos por un rato a los críticos culturales, a riesgo de entrar en un estado depresivo que nos obligue a escuchar música experimental ucraniana hasta querer ponerle un fin definitivo a nuestras vidas.

David Harvey, un geógrafo y teórico social, en su libro llamado “La condición de la postmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural”, habla sobre esta pérdida del sentido del futuro. La sociedad contemporánea está atravesada por cambios en las concepciones del espacio-tiempo, el cual se encuentra en constante estado de aceleración. Esto hace que todo sea volátil y de carácter efímero, provocando una falta de sentido de continuidad que despierta la necesidad de protegernos de los impactos y cambios del futuro, que cada vez son más rápidos e inesperados. Por eso recurrimos a lo estable para hacernos sentir más en control de las situaciones efímeras que nos impone la vida, la sociedad y nuestro mundo globalizado. Y qué más estable que algo que ya pasó.

Entonces puede ser que esa mezcla predecible sea lo que necesitamos escuchar para estabilizar un poco el acelerado avance de los cambios, la sobreinformación, las crisis de cada día y el hecho de que nada es para siempre.

El bajo que pega, la letra insulsa que emociona, el baile que nos lleva a donde queremos estar por un rato. No importa mucho si es una copia o no, quizás no sea una nostalgia constante y solo sea una sensación de bienestar y felicidad que nos gusta demasiado para querer abandonar. Ser funcionales a la máquina aplanadora de la industria cultural que nos arrastra al pasado, escuchar lo que nos pareció familiar entre los viejos cassettes de nuestros padres y sentir, por un segundo, que hay algo a lo que todavía podemos aferrarnos.

Future Nostalgia, titulándose de esta forma hace que sea posible pensar, no solo que la música nos lleve a un pasado más estable y seguro, sino la existencia posible de un futuro donde podamos aferrarnos a las cosas de nuestro presente. La nostalgia del futuro es la profecía autocumplida de un presente que – por más efímero y crítico que sea- tiene algo de sentido.

Como una fuerte defensora de la música pop quizás me niegue a dar la discusión de que en lo estático del arte se encuentra nuestra subordinación a vivir las vidas que nos termina imponiendo nuestro contexto capitalista, pero la verdad apuesto demasiado a que ese momento nos permita aferrarnos a algo, lo que sea.

Aunque suene como un estribillo pop que se repite una y otra vez.

Y, como dijo Alex Turner – otro músico inglés que tampoco era muy amigo de Fisher- prefiero culpar a los economistas.


Bibliografía

REYNOLDS, Simon. Retromanía. La adicción de la Cultura Pop sobre su propio pasado. 2010.

FISHER, Mark. Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos. 2013

HARVEY, David. La condición de la postmodernidad. Investigación sobre los orígenes del cambio cultural. Amorrortu Editores, Buenos Aires. 1990.  Cap 17. Pag 314 – 339.

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