El Chelsea tiene historia

por Georgina Zerega (@zeregag)

El hotel es un refugio desesperado pero animado para un montón de jóvenes con talento de todas las capas sociales. Guitarristas callejeros y bellezas drogadas con vestidos victorianos. Poetas heroinómanos, dramaturgos, cineastas arruinados y actores franceses. Todas las personas que pasan por aquí son alguien , aunque no sean nadie en el mundo exterior.

Patti Smith, 2010.

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Patti Smith and Bob Dylan in 1975, the year that they met. Source: Vanity Fair

Cuando la cadena de hoteles King and Grove se hizo cargo del Chelsea Hotel, en el medio de una polémica pelea entre grupos inmobiliarios que anhelaban desde hacía años la propiedad, los diarios de New York anunciaron el cierre de sus puertas al público. Probablemente para el común de la gente que salteó la noticia para llegar al crucigrama que traen al final los diarios o esas cosas que se suponen de entretenimiento -ahora parece que el diario tiene que divertir también, que pena que la realidad no se vea tan graciosa-, no fue de mayor importancia. Pero la verdad es que mucha, mucha gente no tenía ni tiene idea de que dicho hotel fue nido, refugio y hogar de creaciones y corrientes culturales que hasta el día de hoy siguen influenciándonos. Y mucha, mucha otra gente supo lo que significaba y quizás si existiera un botón de don’t like en la vida lo hubiesen apretado en ese momento.

Al cerrar las puertas del Chelsea se llevaron más de un siglo de historia. Con su compra multimillonaria también se vendieron los recuerdos de más de cien años de los mejores artistas que este mundo fue capaz de engendrar. Probablemente a aquellos que están vivos -y sobre todo a esos que sobrevivieron a las paredes de esa enorme construcción roja que todavía sigue en pie en el centro del barrio homónimo-  le queden esos recuerdos grabados en sus memorias hasta el día que mueran. Pero, ¿qué nos queda al resto? Además de una gran cantidad de obras que fueron nacidas por el Chelsea o en el Chelsea, nos quedan los rastros de una generación beat que fue formándose en los pasillos de un segundo piso que albergó a Ginsberg, Kerouac y Burroughs. Nos queda la historia del suicidio de Sid Vicious y del asesinato de su novia Nancy. Las fotos que Robert Mapplethorpe le sacó a Patti Smith con sus tiradores y sus sueños de algún día ser una gran artista. Los poemas y los cuentos que Dylan Thomas escribió antes de perderse entre vasos de whiskey en la 205. La letra que Leonard Cohen escribió tras pasar la noche con Janis Joplin en la 415, y también nos queda Chelsea Girls, la exitosa película que dirigió Andy Warhol, en la cima de su carrera.

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Coming soon Chelsea Hotel. The reopening will be in 2015.

No podrán quitarnos ni comprarnos jamás el reflejo de una cultura que nació allí, entre paredes incendiadas, locuras y seguramente muchas drogas, y que influenció nuestras maneras al grito de “We are the makers of manners” -Nosotros somos los creadores de modales, en español. Seguramente nos queden cientos de letras de canciones y covers modernos mal hechos, películas inclusive rodadas dentro del hotel, pilas de anécdotas que serán editadas y reeditadas múltiples veces, fotos y reproducciones de cuadros que solían decorar el lobby. Si, quizás esté exagerando un poco con decir que perdimos un siglo de la cultura neoyorquina que marcó las realidades de los artistas del mundo. Quizás este exagerando  porque después de todo estos señores multimillonarios que lo compraron en 2011 prometieron mantener su encanto original incluyendo las numerosas obras que cuelgan de sus paredes. Lo único que se sabe con seguridad es que hasta que no reabra sus puertas en el 2015 nada será absoluto; solo el hecho -y que debemos agradecer a la alcaldía de Nueva York– de que por siempre nos quedará, al menos, la posibilidad de admirar algún día la gran fachada del Chelsea Hotel.

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