El cuerpo que nos dejó el fin del mundo

[Fin del mundo. Pandemia. Coronavirus. Cuerpo. Planeta Tierra. D.Danowsky. E. Viveiros de Castro. Caja Negra]

por Belén Brollo (@belen___br)

A cualquiera que le preguntemos si puede pensar una imagen sobre el fin del mundo seguramente podrá hacerlo en pocos minutos sin grandes dificultades. No hace falta haber indagado mucho sobre el tema. En los últimos años las imágenes sobre el fin han minado la industria del entretenimiento. Algunxs autorxs incluso sugieren que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin de los grandes sistemas culturales de opresión arraigados a nuestra cultura como lo es el capitalismo.

Seguramente muchxs de ustedes ya escarbaron en sus memorias las imágenes que ordenan su interpretación del fin. Si no lo hicieron es un buen momento para hacerlo. Es muy posible que las imágenes que pensaron se edifiquen sobre la anulación de uno de los dos polos de la dualidad humanx-mundo y la redefinición de la parte que sobrevive. Si eso es así, hay dos posibilidades: la de un mundo-sin-nosotrxs, o bien la de nosotrxs-sin-mundo.

En la primera desaparece la humanidad a favor de una especie de paraíso edénico o nueva edad de oro para la vida, donde la naturaleza vuelve a su estado puro anterior y superior a la corrosiva especie humana. En la segunda lo que desaparece es el mundo, volviéndose un artificio desvitalizado que funciona como prolongación de una humanidad total transfigurada en una especie técnicamente magnificada.

En cualquiera de los dos casos el fin del mundo aún no sucede, va a suceder y será en forma de un cataclismo que será siempre bienvenido como un “feliz desastre” que pondrá fin al único problema del mundo: lxs humanxs. Y sólo después de que eso suceda podremos pensar en un mundo posible.

El cuerpo

Para la suerte de todxs la tierra no está hecha de un único sustrato. Está el nuestro pero también hay otros que fundamentan otras formas de existencia y relaciones entre el mundo y lo humano. Imaginarnos otrxs e imaginar un (fin del) mundo posible nos exige el dolor de hacernos la pregunta por la ontología: ¿qué es lo que existe? Pues es allí donde “…se halla el reservorio de toda diferencia, de todo dinamismo y por tanto de toda posibilidad de sentido” (Danowsky y Viveiros de castro)

Somos lxs humanxs que tienen al mundo, la especie que superó la animalidad y se distinguió de la naturaleza para poseerla a ella, la única especie con alma -en su sentido moderno de capacidades cognitivas y volitivas-. La última especie antes del fin (su fin). La ontología moderna se edifica en la dualidad humano-mundo donde lo humano se constituye en una anterioridad y superioridad trascendental respecto al mundo. El mundo es mundo desde que nosotrxs lo pensamos así.

Pero… ¿y si el mundo nos pensó antes? Con esto no quiero entrar en un delirio filosófico sino volvernos lo más empíricamente posible hacia otras ontologías. Los trabajos de Danowsky y Viveiros de Castro -los cuales inspiran gran parte de este ensayo- recurren a las mitocosmologías de los pueblos indígenas de la amazonia, y traducen para nosotrxs una propuesta de refundación ontológica de lo humano, del mundo y su relación.

La propuesta consiste en romper con la dualidad humanx-mundo en nombre de una humanidad primordial: todo al comienzo fue humano y tras una serie de accidentes evolutivos algunos fragmentos de esa “primigente” se transformó en los diferentes cuerpos que componen el cosmos actual mientras que otra parte permaneció idéntica a sí misma siendo hoy la humanidad histórica tal cual la conocemos. De este modo el pensamiento amerindio extiende las capacidades cognitivas o lo que Danowsky y Viveiros de Castro llaman “perspectiva” a todas las especies: el mundo siempre pensó. La humanidad no es algo que se tiene sino una condición respecto a otrx. Siempre dependiendo de quién nos mire seremos humano o jaguar: es el cuerpo el lugar e instrumento de diferenciación ontológica. Nadie duda del tipo de alma que tenga el otrx sino más bien del tipo de cuerpo que el otrx tenga.

Para las comunidades indígenas de la América olvidada por la historia de los blancos el fin del mundo no puede ser nunca la desaparición de la humanidad puesto que es lo único que hay y no va a llegar puesto que ya llegó. Los pueblos origniarios datan el fin del mundo el 12 de octubre de 1492 con el gran genocidio americano durante la conquista europea y el inicio del mundo moderno. El fin del mundo sucedió como una masacre pero también como una historia de sobrevivencia. Somos nosotros cuerpos híbridos, sobrevivientes y genocidas. El fin del mundo es ante todo una redeterminación de los cuerpos.

El desabastecimiento de recursos hídricos, la elevada mortalidad ambiental, el cambio climático, el fuego en los bosques nativos, los venenos y genes mutantes del agronegocio, del fracking, la megamineía, etc. El escenario es el de un nuevo proceso de transformación. Estamos viviendo el tiempo del fin. Otra vez. Los cuerpos híbridos se actualizan en nuevas relaciones de dominación y extracción. Somos agrotoxicos y también bosque nativo, somos máquinas y también plantas, somos sangre y también algoritmos, somos aditivos y también huerta, somos cemento y también compost. Y no por oposición sino por composición. ¿Cuál es nuestra historia de sobrevivencia? ¿Qué cuerpo nos dejó el fin?


Bibliografía:

D.Danowsky y E. Viveiros de Castro (2019) ¿Hay mundos por venir? Ensayo sobre los miedos y los fines. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>