El día que la ternura hizo trap

[Ternura. Trap. Duki. Stich. Bhavi. Margarita Mattoni . Netflix. Generación. Centenniall. Modern Family]

(Y, lo mejor es cuando)
(Cuando haces los temas con amor, guacho)
(Sin pensar en nada, sí)
—Bhavi, Hijo Único 

Y me dijeron que te vieron llorando cuanto toque en un escenario
Y me dijeron que mamá lloro cuando yo salí en el diario
—Duki, Piensa en mi

por Tomas Garzón (@garzonloza)

Iba a empezar este ensayo diciendo que el Duko tiene un peluche de Stich para hacer énfasis en ese afán posesivo que pareciera tan idiosincrático del trap, pero no estaría siendo del todo coherente. En primera instancia podría decir que realmente el trap demuestra con creces que son ciertos objetos los que comportan la realización personal y, en ese sentido, se encarnan en ellos las virtudes más necesarias. Pareciera que la manifestación más pura del capitalismo requiere obsesivamente de esas pulsiones.

Pero el trap no es eso, y lo demuestra cada vez más. Aprendió mucho. Aprendimos mucho en estos últimos meses, y así como los objetos característicos del trap parecían erguirse insondablemente como los bastiones de una nueva sociedad descarnada, un día amanecimos y estábamos recluidos, nuestros anhelos destrozados, la guita inexistente. Cada vez un poco más. Un día un sacudón de repente. Bueno, el trap es una máquina que se disfraza de cosas, es capitalismo puro, un negocio atrás del otro, y había que crear un objeto nuevo.  Y en ese lugar se desnudó hasta tal punto que descubrió lo más certero, lo más necesario, lo que atraviesa a una sociedad y lo que el futuro necesita, ahora más que nunca: volver al hogar. Este es un ensayo acerca de la emancipación, pero no es un ensayo de la independencia; es un ensayo sobre la imperiosa necesidad del mundo y un par de películas icónicas. Voy a hablar de sonrisas y de semiejes y capaz que de payasos. Pero no me interesa hablar tanto, soy más bien un dadaísta ironizando. A veces lloro. Ayer lloré, escuchen esto:

Voy a seguir hustleando por mis sueños
Cielo o infierno, no hay punto medio
Fumo para matar los nervios
Hago música como remedio
Peleo conmigo mismo para matar el ego
Su peor enemigo siempre fue su miedo
Marco la jugada, salgo ileso del juego
Para mí no existe el “no, no puedo”
Yo sigo ganando, le doy vuelta el tablero
Sigo multiplicando, tengo más de siete cero’
Yo pongo los billete’ y ustede’ ponen pero’, ja
Y se hacen seguir llamando “raperos”
A ello’ le’ molesta que yo diga lo que quiero
Viva como quiero (Ey), haga lo que quiero
Ustede’ no estaban cuando no había dinero
Y las promesa’ que teníamo’ se prendían fuego
Shout-out pa’ Modo Diablo, shout-out pa’ lo’ Bardero$
Shout-out pa’ to’a la gente que sabe que la quiero
Siempre facturando de enero a enero
Dándole la vuelta al mundo entero

Me dio su corazón para que me aleje de los gramos

Duki escribe cada vez con más tranquilidad. En fin, lo importante es que traslada el foco; ya no estamos hablando únicamente de la banalidad espontánea y el éxtasis barato, estamos hablando de hacernos cargo de lo que nos pasó. De despertarse y estar solos en pleno centro de Córdoba, seguramente con una pila de apuntes para rendir, o teniendo que clavarnos ocho horas en algún laburo que nos deja los mangos necesarios para poder comer de lunes a viernes y lavar la ropa en casa de papá. Hay objetivos ahí, hay necesidades que estamos poniendo sobre la mesa y asumiendo.  Y el trap aprende de a poquito a mantenerse sobrio y entenderlo. Definitivamente una cuarentena de un año ayudó. Las ganas que tenemos de sudar alevosamente en un recital. Bueno, los artistas tenían que seguir cobrando. Y cuando existe una industria a disposición y los mecanismos necesarios para mantener cierta hegemonía popular, podemos. La industria puede. Duki puede, porque lo necesita. Allí surge imperiosamente el objeto que nos hemos dado en analizar: el trap no habla de la fiesta, el trap habla de la sangre. De cuánto hay que hacer para asegurarnos de que la sangre siga corriendo por las venas, de que a pesar del pesimismo generalizado y las pocas ganas de hacer todo, nos levantemos, sonriamos y sepamos. Porque sabemos. Porque a pesar de que el mundo sigue en silencio estamos vivos y, quizá, estar en silencio nos ayudó a entender cuanto hay que agradecernos por eso.

Entonces, el trap pretende honrar la vida, sí, y lo hizo desde siempre. Hay algo medio naif en el trap, no habla bien pero dice mucho. No hay muchas intenciones prometedoras, crea objetos rudimentarios pero conmueve. Esa quizá sea la demostración cabal de nuestro derrotero: la inocencia juvenil trasladada a lo grosero del mundo. En primera instancia había algo ahí, un afán superador ejercido por adolescentes de entre 16 y 19 años. Eso paulatinamente fue desapareciendo, pero las ganas no. Duki tiene un peluche de Stich. Bhavi escribe un disco y la premisa es simple: Hay que comerse la peli, pero que la peli no te coma a vos. Los pies en la tierra y la mente en el cielo. Volar, pero no volarse. Tirarse a la pileta, drogarse, alcanzar el éxtasis. Pero anclarse. Reconocer el objeto como una manipulación posible, como la extensión moldeada de una necesidad identitaria, no como la máquina usufructuaria que crea y que destruye, que dispone, por ella misma. Somos nosotros los autores.

Y me doy cuenta de otra cosa. De a poquito surge eso, no, una revalorización de la inocencia que dice mucho. Margarita Mattoni escribe MARGARITA como un manifiesto identitario que aunque reniega de muchas cosas se hace cargo de algo: la ternura. Requerimos de objetos en los cuales disponer necesidades, eso no es esencialmente trapper, eso es humano. Y hay algo de  humano en lo actual, en lo que nos toca ahora: la música hecha a escondidas en una pieza, las clases por zoom, las obras de arte que vende Bhavi y que son solamente tokens flotando en ningún lugar, eso tiene algo de enternecedor y de sano. Somos la generación, y me sale de vuelta decir generación, porque soy como un payaso que se golpea a sí mismo con un martillo, que hace de la vida un experimento eterno, que es un juego pero que al mismo tiempo es la vida. Somos los que usamos disfraces en lugar de trajes, o trajes de disfraz. Porque tenemos la capacidad de ponerle nombres aún a cosas que no existen, que sobrevuelan la estratósfera y son más bien inútiles, hasta que de repente tenemos la necesidad de independizarnos y sabemos hacer diseño gráfico. Porque demostramos que todo esto es un cuentito, porque somos un cuentito y lo hacemos todos los días y llega la noche y estamos tan cansados como todos, pero no seríamos capaces de echárselo en cara a nadie, ¿en que nos convierte eso? En humanos, en humanos presumiblemente devotos de Jesucristo o seguidores de Milei. Bueno eso tampoco es tan importante. Los Les Luthiers insultan un poco así, entre family friendly y sofisticados, pero tirando chistes machistas tanto como tu desees. El mundo necesitaba esto. Un atracón de ternura en momentos de crisis. Una inspiración larga y profunda como cuando éramos chicos y nos metíamos a la pileta en verano hasta lo más hondo y teníamos que salir rápido y el sol era nuestra bocanada. Esa tibieza en la cara.

Te doy una peli, no es por Netflix

El mundo está hecho de anhelos. El capitalismo está hecho de anhelos, podríamos decir incluso. Pero el anhelo sobrevive, perdura. Es lo que nos hace despertar cada mañana y saber que somos nosotros. Que estamos acá. Somos la virtualidad pura, porque todo lo que queremos, todo lo que necesitamos, está acá adentro. Todo lo ponemos nosotros. Somos la generación que se dio cuenta de eso. Somos la generación que se dio cuenta que nos necesitamos a nosotros mismos, y en ese movimiento, la generación que mimó el anhelo, lo dispuso, lo distribuyó y lo hizo ternura. Nos dimos cuenta de lo elemental, del principio. De eso que es suave como una pluma y arrebatador como una tempestad, y es todo lo que puede ser, contenido, adentro. Creador. Somos la generación que se dio cuenta de que el mundo necesita mamás.

Me prometí ser un poco menos centennial pero no me sale. Hoy vine a hablar de la ternura. Porque existe y cada vez es más grande. Porque en un rinconcito del mundo existen personas que se despiertan todos los días y tratan de respirar y ese esfuerzo, tan solo ese esfuerzo, es como decir Eureka y mirar una foto de cuando éramos niños, aunque ahora nos toque ser viejitos sonrientes. Sonreímos. Eso somos. El rinconcito, todo el tiempo, desplegado. Ni siquiera la acción de, el efecto. La eternidad, particular, altisonante, estrambótica y conflictuada de un espasmo muscular que surge ante la comprensión de la suavidad. Somos la sonrisa.

Tiré de tres, mami te tumbé la grada
Tengo todo, antes no tenía nada
Usando ropa que a mi hermano le sobraba
Ahora compro lo que quiero, la cosa está cara
—Duki, Ticket

Cuando crezca, quiero tener hijos. Bueno, primero quiero un esposo perfecto. Alguien que se preocupe por mí. Y luego haremos un bebé, lo que es fácil. Vos solamente ponés huevos y renacuajos en un vaso, y la mujer tiene que tomárselo. Entonces, la mujer y el hombre se besan, y saltan a la cama. Después de un año, ella hace pis y sale un bebé.
—Lily, de 7 años, a sus primos [Extraído de Modern Family]

 


Recursos

Juicy J, Hustling & Grinding (Junto a Duki y Reylovesu, editado a pocas horas del cumpleaños número 25 de Duki)  https://www.youtube.com/watch?v=NFrU6L8OxVk&t=77s

Bhavi, Cinema (Full Album) https://www.youtube.com/playlist?list=PLquVWlxXHshpWExgEgjFeSEKC-EYSCLD5

Margarita Mattoni, MARGARITA (Full Album) https://www.youtube.com/playlist?list=PLEg8vUFJFX-XwlCjIBWRPRY6wCRcBwEXD

Cristopher Lloyd y Steven Levitan, Modern Family.

Duki, Ticket https://youtu.be/DCHgxB7cNjA

Sticky M.A. & Steve Lean, Piensa en mi ft. Duki https://youtu.be/_HFF7vJYkZc

Eich, Sexy feat Khea & Duki https://youtu.be/cYY35THWxl0

Bandido, Duki, Rei, Tiago PZK, No Me Conocen (Remix) https://www.youtube.com/watch?v=4T0C-UuwQaQ

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