El diablo viste a la moda: contra el concepto de antagonista

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por Jero Maina (@jeromaina)

El año pasado me crucé con un post que decía algo así como “El verdadero villano en El diablo viste a la moda es el novio de Andy, pero ustedes no están listos para esta conversación”. Me quedó picando en la cabeza. Al tiempo leí otra publicación muy similar, y buscando encontré que había toda una suerte de polémica en Facebook y Twitter, que había empezado en 2017 y que había llegado hasta a la propia guionista, en una entrevista que Entertainment Weekly tituló “The Devil Wears Prada screenwriter knows everyone hates Nate”. Polémica bastante fuera de contexto, considerando que habían pasado más de diez años del estreno de la película. Aunque:

  1. Twitter siempre está listo para iniciar una discusión fuera de contexto por lo que sea;
  2. hablar de El diablo viste a la moda nunca está realmente fuera de contexto.

En El diablo viste a la moda, Andy (Anne Hathaway) entra medio de rebote a Runway, una revista de moda prestigiosísima liderada por la ya legendaria Miranda Priestly (Meryl Streep). Si bien desde el comienzo le repiten que es un puesto por el que miles de chicas matarían, a ella no le interesa en absoluto: lo que quiere es ser una periodista “en serio”.

El personaje de Meryl Streep fue catapultado como una de las villanas más icónicas de este último tiempo; la jefa despiadada que lleva al extremo una serie de conductas que casi cualquier persona que haya trabajado en relación de dependencia conoce: llamar fuera de horario, pedir cosas que no corresponden al puesto, pedir cosas imposibles, pasar por alto los logros, detenerse neuróticamente en los errores. La mujer sin alma de pelo blanco que no se mueve ni un poco cuando sentencia Flowers? For spring? Groundbreaking.

No obstante, mientras el relato juega con la construcción prototípica de la villana a lo largo del desarrollo, presenta hacia el final un costado de vulnerabilidad que nos permite empatizar con Miranda y nos obliga a sacarla de esa categoría de malas y malos indiscutibles de los cuentos de hadas/superhéroes. Al fin de cuentas, Priestly también es una mujer que sufre (que, como explicita Andy en una escena, no sufriría igual si fuese un hombre en su mismo puesto).

Un poco de esta humanización y de la perspectiva de género que queda planteada, pero no profundizada, en la película (como una capa de sentido posible entre muchas otras), nace en estos últimos años una relectura que propone: el villano en esta historia es Nate (a veces se incluye también a los amigos de Andy, pero el foco siempre está puesto en el novio). Nate como novio tóxico, receloso ante el crecimiento profesional de Andy, que hace berrinche cuando ella prioriza un evento laboral en lugar de su cumpleaños. “Reflexionen: Si a tu pareja le molesta que empieces a tener éxito, ¿en serio es una buena pareja?”, concluye uno de los tantos posts al respecto.

Pero ¿quién es el villano?

Ya sea Nate o Miranda, la gente insiste en encontrar al villano que se interpone entre Andy y su deseo. Ese es, en fin, el lugar del antagonista en el relato. “El diseño clásico implica una historia construida alrededor de un protagonista activo que lucha principalmente contra fuerzas externas antagonistas en la persecución de su deseo (…) hasta un final cerrado de cambio absoluto e irreversible”, dice Robert McKee en su libro “El guión”. Truby John lo plantea de la siguiente manera: “Para encontrar al adversario apropiado, empecemos por el objetivo concreto de nuestro protagonista; todo aquel que quiere impedírselo es un adversario”.

Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de Andy en la historia? Desde un comienzo, la peli plantea que ella quiere ser una periodista-en-serio. Se muda a Nueva York para trabajar en algún medio de renombre, y el único hueco que encuentra es en una revista de moda que no tiene nada que ver con lo que busca. Llama la atención que decida quedarse en Runway, siendo tan evidentes las condiciones de trabajo y la locura no solo de Miranda sino de todos los que están bajo su mando (locura que Andy, completamente ajena al mundo de la moda, percibe bajo estos términos desde el primer momento). Sí, Runway se plantea como un “escalón” para conseguir lo que ella quiere, pero… ¿no es algo desproporcionado el precio a pagar, siendo que no hay una relación directa y segura entre este puesto y su trabajo ideal? ¿No podría seguir buscando por otros medios? Si lo que Andy quiere es hacer un periodismo más social, es totalmente libre de buscarlo en otro lado. No encontrará oposición en Nate (personaje secundario que nunca se opone a que ella trabaje, y que de hecho solo empieza a interferir cuando Runway se come el tiempo y la salud mental de Andy mucho más allá del marco laboral), ni tampoco en Miranda (poco le importaría que esta chica sosa y sin gracia no acepte el trabajo o renuncie después del primer día).

Entonces, la pregunta que surge es: ¿por qué se queda Andy en Runway, aceptando los maltratos de su jefa, presenciando el deterioro firme de sus relaciones personales? Lo que la protagonista busca no es el trabajo de sus sueños. Lo que busca es reconocimiento. Andy busca constantemente ser reconocida como una persona capaz, aunque ningún reconocimiento parece ser suficiente (es lo que le plantea el padre en una escena secundaria pero no ingenua: “solo intento entender por qué alguien que fue aceptada en Derecho en Stanford lo rechaza para ser periodista, y ahora ni siquiera estás haciendo eso”). Necesita reafirmar su identidad como alguien que hace las cosas bien, y que solo puede hacerlo a partir de una mirada externa. Entonces sí, Miranda funciona como una fuerza antagónica perfecta. “Parece que no importa cuánto lo intente, nunca puedo hacerlo bien”, reclama Andy a Nigel, luego de que él la inste a renunciar y ella se niegue. Nigel cataloga su actitud como un capricho infantil, y la empuja a esforzarse aún más. Andy se embarca fácilmente en el juego, no porque quiera crecer en Runway, tampoco porque realmente crea que es el camino hacia el trabajo que ella merece, sino simplemente porque ve el desafío en frente y necesita demostrar que puede.

En esto, Nate cumple la función de ser la conciencia externalizada de la Andy del pasado. En la entrevista con Entertainment Weekly, la guionista Aline Brosh McKenna explica que el novio de Andy fue el personaje más difícil de construir (en parte porque ocupa un rol que tradicionalmente se le ha asignado a la mujer, quien le reclama a su pareja que no está lo suficientemente en casa, que está siendo descuidada a nivel emocional, que el trabajo la está cambiando). “Yo creo que ahora la gente pone el foco en que él intenta restringir su ambición. Pero la ambición de Andy es ir hacia algo en lo que no cree realmente, por lo que él tiene un punto”. Los reclamos de Nate son los reclamos que la Andy del pasado le haría a la Andy del presente.

Un paréntesis con relectura de género

Cuando Andy dice que Miranda “es dura, pero que si fuese un hombre nadie se fijaría en nada salvo en lo bien que hace su trabajo”, se abre la posibilidad de sentido de que Miranda no debería ser más que un modelo a seguir (la misma posibilidad que ve en el desarrollo de Andy una carrera “exitosa”, y en Nate al villano que la restringe y que se molesta por su cumpleaños -¡su cumpleaños!- en lugar de entender que el trabajo es siempre lo más importante); pero también se abre una posibilidad de cuestionamiento a la concepción misma de éxito, concepción que tradicionalmente no se cuestiona cuando está encarnada en la figura del hombre. Así como no se juzgaría igual a Miranda si fuese un hombre, tampoco se juzgaría igual a Nate si fuese una mujer ofendida con su novio porque estuvo trabajando en lugar de estar con ella en un día especial. Juzgar a Nate como villano por su reacción ante el descuido que Andy hace de la relación (y de su propia salud emocional), es invertir los roles varón-mujer pero sostener la misma matriz que justifica destratos en los vínculos en pos de una supuesta carrera de éxito profesional; que, al final del camino (la imposiblemente más exitosa Miranda) tampoco resulta tan plena.

Esta oposición entre lo emocional-vincular y lo profesional-individual pone en el centro de la escena el concepto de éxito, y propone una fuerza antagónica un tanto distinta: el mismo concepto de éxito representado por la sociedad en su conjunto, como una especie de personaje fantasma colectivo que flota siempre por encima de los personajes.

Andy depende, en la configuración de su identidad, del reflejo que los demás le proveen. Cuando llega por primera vez a Runway, la frase que más se repite es “miles de chicas matarían por este trabajo”, lo que instala en ella la idea de que necesariamente debe tener el objetivo de conseguir el puesto y crecer en él. El personaje de Miranda es presentado por la reacción que genera en su entorno (todo lo que hacen los empleados cuando la escuchan llegar). En el último diálogo entre ella y Andy, Miranda sentencia: “No seas tonta, todo el mundo quiere ser como nosotras”.

Y es ahí, en ese momento, en el que Andy alcanza un nivel de comprensión que le da sentido a toda la historia. Decide renunciar a esa carrera, luego de haber alcanzado el desempeño perfecto por el que tanto trabajó (viaja a Paris, Miranda le dice que se ve reflejada en ella). Consigue creer: soy capaz / puedo hacerlo / no quiero hacerlo. El éxito social no se corresponde con su noción personal de éxito. Es el mismo movimiento que el de rechazar el haber sido aceptada en Stanford, pero esta vez más fuerte (por lo difícil que fue conquistar esa cima), más definitivo, más rotundo. El logro de Andy no es el de conseguir un trabajo en un medio más “serio”, ni tampoco reconciliarse con Nate. El film podría perfectamente terminar luego de que ella tira el celular en la fuente, y tendría el mismo sentido. Su verdadero logro es el de comprender que, aún pudiendo estar en el lugar en el que miles de chicas quisieran estar, prefiere no hacerlo.

Como en la vida real

Toda esta polémica twittera más de diez años después del estreno de una comedia popular me hace pensar en la manía neurótica que tenemos de intentar siempre corporizar las fuerzas antagónicas en un personaje determinado, para poder desplazar la culpa/responsabilidad del protagonista sobre su propio devenir. Claro que sería más fácil para Andy pensar que por culpa de Miranda o de Nate no puede sentirse bien profesionalmente o conquistar sus deseos, pero, de algún modo, tanto una como el otro colaboran en un proceso personal que la lleva a una transformación necesaria. Las fuerzas de antagonismo se vuelven complejas (Andy enfrenta obstáculos y conflictos inter-personales, pero no porque haya un malo que quiere hacerle la vida imposible). Como dice un comentario en el post de Facebook citado anteriormente, “son personajes que toman decisiones y se enfrentan a las consecuencias de ellas, sean positivas o negativas; obviamente las repercusiones son distintas, como en la vida real”.

 


Bibliografía

McKee, R. (2002). El guión. Barcelona: Alba.

Schwarts, D. (2017). The Devil Wears Prada screenwriter knows everyone hates Nate. Entertainment Weekly.

Torres, M. (2020). Rewatching ‘Devil wears Prada’, now I now know everyone is a bad employee. Huffpost.

Truby, J. (2007). Anatomía del guión. Barcelona: Alba.

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