El regreso a las fortalezas de la soledad

por Gabriel Salgado (@gabiisalgado)

Para contextualizar, Superman es un héroe de historietas creado por Jerry Siegel y Joe Shuster que vio la luz en 1938 en el primer número de la revista Action Comics. El personaje de los cómics es un extraterrestre nacido en Kripton, enviado de bebé por sus padres en una nave segundos antes que el planeta explotara. La nave aterriza (obvio) en Kansas, Estados Unidos, más precisamente en la granja de la familia Kent, quienes lo adoptan y lo llaman Clark. Durante su infancia el pequeño alienígena descubre sus poderes y con el pasar del tiempo se transforma en Superman. Dotado de poderes sobrehumanos, es considerado el hombre más fuerte del mundo y por muchos el superhéroe más poderoso de todos y pelea contra supervillanos defendiendo Metrópolis, el país, el mundo, la galaxia y el universo entero. Sin embargo, toda fuerza tiene una debilidad, en este caso: la kriptonita. Y todo chico fuerte tiene su lado sensible, es por eso que el último hijo de Kripton tiene un escondite secreto: la Fortaleza de la Soledad.

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Este lugar se encuentra en un lugar alejado de su ciudad, entre montañas o escondido en el medio del hielo. Allí, Superman cuenta con todas las comodidades que cualquier escondite de héroe puede tener: laboratorio, robots, sala de trofeos, un zoológico, etcétera. Sin embargo, usa también la fortaleza como museo de recuerdos: todo lo sucedido durante su vida está registrado ahí en copias perfectas, guardado en cristales de memoria o representado en estatuas de cera. Como dice Umberto Eco en su ensayo Las fortalezas de la soledad, “la meticulosidad con que Superman conserva todas las reliquias de su pasado nos recuerda a las cámaras de maravillas o Wunderkammer.”

En tiempos de “modernidad liquida” la sociedad se maneja en un estado fluido y volátil, sin valores demasiado arraigados y vertiginosa rapidez de cambios. Sin embargo lo único que parece constante es la re-visión a modas y costumbres pasadas. No es por falta de producción de contenidos sino que las reglas que se aplican son que “lo viejo es lo nuevo” y “todo tiempo pasado fue mejor”.

La fórmula del éxito radica en una reedición de éxitos pasados, grandes regresos de bandas, remakes de viejas películas o adaptaciones de viejas obras: House of Cards es la readaptación de una serie de los ´80, con política actual, la plata de Netflix y tópicos del momento. No es extraño que la serie Héroes, que se emitió entre 2006 y 2010 vuelva con Heroes Reborn en días en que los superhéroes son los que más garpan (si bien en esa época ya había películas de Marvel/DC no estaba en auge el género). La franquicia “Jurassic park” y su nueva película Jurassic World que le bastó solamente agarrar al actor de moda Chris Patt (luego de un éxito de superhéroes, claro), una historia agotadísima en adaptaciones y una moda revisionista para ser la cuarta película de mayor recaudación de la historia. Músicos que festejan aniversarios de discos y realizan giras quizás recauden más plata que durante toda su carrera. El eterno deseo de los fans por la vuelta de bandas separadas.

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Este revisionismo excede a un grupo de nostálgicos que revuelven sus recuerdos, sus cajas de cómics, sus CDs antiguos, sus libros viejos. No solo consumimos lo de otras generaciones sino que también re-visamos las cosas de nuestra infancia. Buscamos conexiones en cosas que de chicos nos apasionaron como forma de desviar la atención a temas actuales sobre los que no estamos interesados o preferimos no pensar: crisis, corrupción, desamores, economía, política, inseguridad, blah. El uso del arte en todas sus expresiones es una de las formas más recurridas como válvula de escape para estos problemas: para enfrentarse a los problemas de la vida cotidiana recurrimos a la búsqueda de comodidad y del famoso “regreso a casa”. Entonces regresamos una y otra vez a nuestra niñez cuando los problemas existían pero eran ajenos. El regreso a la fortaleza de la soledad.

De ahí es desde donde los medios de comunicación masivos y los productores de contenidos parten para lograr hoy éxitos de ventas y taquilla. El éxito del cine de superhéroes puede recibir muchos análisis, entre ellos que es una cuestión de revisionismo.

Hoy la industria del cómic, propiamente dicho (las publicaciones semanales de cómics en revistas o versiones digitales), se encuentra en una crisis creativa. Ni siquiera el envión dado por las adaptaciones del cine logra reimpulsar la venta de revistas, por eso DC pidió una continuación de “El regreso del caballero oscuro”, obra de Frank Miller publicada a mediados de los ´80 de gran éxito. Mientras que Marvel planea un reinicio de todo adaptando el cine a los cómics, al inversa de lo que debería ser. Sin embargo la veta creativa en las adaptaciones al cine está en novelas gráficas y arcos argumentales viejos. Los relatos clásicos necesitan re-visionarse porque la necesidad de consumo de las nuevas generaciones es tal que excede a la capacidad de producción. Estos relatos son las que más interesan al público y mientras más fieles al original sean más adeptos logra. El público revisionista dilapida las libres adaptaciones y el aporte creativo (véase F4antastic -2015-). Sus fortalezas de la soledad son de una manera y no aceptan que alguien las modifique. Los directores de estas películas son por lo general revisionistas: toda una generación de personas que se criaron leyendo esos cómics son los que están a cargo de la parte creativa.

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Las modas y las tendencias son cíclicas y se retroalimentan del capitalismo consumista. Esta relación simbiótica produce que lo que más pague hoy sea re-visionar obras pasadas en busca del rédito económico, apelando a la mercantilización de los recuerdos. Quizás de acá a treinta años, cíclicamente vivamos otra época de revisión sobre lo que hoy ignoramos y son nuestras fortalezas de la soledad.

Quizás en un tiempo volvamos a revivir a los superhéroes.


 

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