Ella es la que escribe mientras está escrita: una lectura sobre Las primas de Aurora Venturini

[Escritura. Vida. Literatura. Las primas. Aurora Venturini. Roberto Appratto. Diseño de interiores. Gilles Deleuze. Crítica y clínica. Yuna. Betina. Normalidad. Sexualidad]

por María José Fontao (@jofontao)

INMANENCIA: 1. adj. Fil. Que es inherente a algún ser o va unido de un modo inseparable a su esencia aunque racionalmente pueda distinguirse de ella

 

“(…)ella está escrita en forma continua
ella es la que está escrita en forma
es escrita es escrita es escrita
ella es la forma en que está escrita
ella es la forma de la escrita de la manera que
está escrita, linda, delgada, una modelo de la escrita
es la que se escribe mientras está escrita
no se puede más que escribir la escrita, la cálida,
la escrita escribe lo que la deja escrita(..)”
Roberto Appratto, Diseño de interiores 

 

 

Cómo acercarnos a la literatura sino a través de la escritura. La escritura de la escritura, una escritura que en su práctica muestran los mecanismos que se desenvuelven en la acción. Dónde se muestra la falta. Lengua, literatura, vida, forman parte del mismo caleidoscopio, y me permiten ver el mundo, sentir el mundo, estar en el mundo. Sostener, en última instancia, mi vida. 

Venturini, la autora de la novela de la que quiero hablar, es la mujer que quiero ser – además de Bowie– : docente, escritora, traductora y amiga de un montón de sujetos importantes del mundo de la cultura. Un personaje extraño y olvidado en la historia de la literatura argentina que gracias a su última reedición comienza a emerger entre las voces que hablan los textos nuevamente, como una inminencia, una mujer importante, una mujer capaz de escribir sobre los márgenes de la literatura lo difícil y extraño -lo ominoso que compone ser mujer y habitar lo femenino-. La extrañeza que surge en el cuerpo que quiere ser hablado y se encuentra ante la imposibilidad de la herramienta del lenguaje, el cuerpo que quiere devenir esencia y nunca logra hallarse de manera acabada. 

Una vez en un taller docente escuché que sólo podemos aprender aquello que pasa a través del cuerpo: la experiencia. Yo en su momento no me animé, pero ahora lo digo: creo que somos – soy – textos. Suena zonzo. Pero es la forma en la que me narro y narro el mundo, las cosas que leo. Pero dónde está, dónde se encuentra esa delgada línea entre lo que narro y lo que soy. Dónde, el límite entre lo que me permite enunciar el lenguaje, lo que yo narro y mi vida. Gilles Deleuze en su libro Crítica y clínica (1993) desarrolla las relaciones de copertenencia e interdependencia que existe entre los conceptos: lengua, literatura y vida; pone en crisis el concepto de literatura, ya que como tal ésta no se pertenece a sí misma. Deleuze no comprende a la literatura en términos de régimen, sino como lo que realmente es. Se desborda en sí sólo a través de la escritura práctica que saca a la lengua de los caminos marcados y la hace delirar, la disloca:  la literatura se sale del surco de la literatura y emerge la liberación de la vida allí dónde se hallaba encerrada.

En resumen: la literatura necesita de una vida y de una escritura que logre hacer delirar y dislocar la lengua para lograr un acontecimiento en el orden del sentido. Un acontecimiento que emerge con el fin de fracturar – deconstruir- cierto estado de los cuerpos. Es sólo este acontecimiento, el que parte de la unión vida-literatura (comprendida en términos de escritura) y lengua, el capaz de des-realizar un estado de mundo, el que parte de la diferencia que es completa potencia, variación continua, el fin: potencias de mutación continua que logran permitir la existencia de otras formas de lo vivo fuera de lo institucionalizado en términos de “vida”

En la obra de Venturini, Las primas, se palpa, se ve, estamos ante la potencia de una vida como actualización de un devenir menor en la voz de la protagonista: Yuna. Desde el inicio de la lectura la narradora nos presenta el proceso de escritura de la obra como parte íntegra de la narración. Comprendemos a la narradora/protagonista como un devenir mujer, porque a pesar de que biológicamente lo es, nunca es mujer completamente -como se comprende el ser mujer dentro de lo que es narrable como lo “femenino”-. Ella vive en esa zona de vecindad con lo completamente mujer, lo completamente “normal” (institucionalizado cómo tal). Marcada tanto por su contexto familiar como por la dislalia que porta desde nacimiento, Yuna nos narra su historia y la de los personajes que la rodean desde un punto de vista infantil, ingenuo, juicioso y que en determinados puntos se disloca y adopta un tono siniestro y cruel.

“(…) seguía arrastrando el alma que cada día notaba más larga y con lamparones grises deduje que pronto caería y con Betina moriría. Pero a mí no me importaba porque me daba asco.” 

Yuna es un narrador que escribe pero que, a su vez, le cuesta escribir. Es una persona que escribe y en su misma escritura habla del proceso de escritura, como cuando nos avisa que ha consultado el diccionario en múltiples instancias. El deseo de escribir y ser escrita conviven con la incapacidad del lenguaje, se yuxtaponen en Yuna al contarnos que utiliza palabras que le “suenan lindas” pero que ignora su significado. Esta yuxtaposición hacen que el proceso de escritura sea descrito como consumidor de sus energías, desgaste intelectual, esfuerzo que hace y explícita en cada “descanso”. Su escritura se desprende de la norma, al mismo tiempo lo que dice se disloca del campo de lo decible sobre los minusválidos. Yuna crea una sintaxis, es una escritura que apartada de la lengua materna se constituye como una lengua extranjera, una lengua delirada, una lengua al margen. La narración es rápida, atestada de faltas de puntuación y repleta de enunciados que constituyen un indecible dentro de la sociedad contemporánea- una belleza. 

En Yuna lo que prevalece es la voz de la infancia, la ignorancia de aquellos que recién llegan al mundo y no saben cómo funciona su moral, no saben qué significa “ética”, qué es un contrato social. Lo significativo en la obra es el despliegue del saber ingenuo, nulo que porta ella sobre la sexualidad. Mujer siempre incompleta, Yuna sólo conoce el sexo a través de la religión y la observación testimonial de ciertos eventos. Se muestra a sí misma en su escritura como un sujeto que posee (o no) determinados conocimientos sobre lo real que no se corresponden con los conceptos que debería haber adoptado para la edad biológica que ella comunica en su relato. Yuna como individuo siente aberración por el acto sexual. No comprende el deseo sexual como algo digno de satisfacer, sino viceversa, el deseo sexual debe ser evadido y repudiado; como lo hace cuando se encuentra con el adolescente en la calle. Este detalle, no menor, es un carácter que la introduce en el umbral de diferencia que existe entre los dos mundos en los que se distancian el resto de los personajes: el campo de los monstruos y la esfera de la “normalidad” (normalidad comprendida como aquello que es institucionalizado como normal, claro). En ambas clases de personajes el deseo sexual es una constante, somos testigos de todas las parejas que se forman alrededor de ella: la pareja de católicos que abortan un bebé, la pareja que integran hacia el final el profesor de Yuna y su hermana Betina, y la más notable, la pareja de Petra con Cacho Carmelo

Es importante remarcar que desde un inicio en Yuna existe el loco afán de querer ser normal, de aparentar no tener la dislalia y esforzarse por huir de su casa y olvidar su entorno repleto de seres (que ella entiende) anormales. Esto es lo que desde un inicio la constituye un devenir en sí mismo: en el acontecer del relato hace un esfuerzo monstruoso por acercarse a lo institucionalizado como normal.

Yuna como devenir, es la vida entendida como Una vida. La potencia heterogenética, la diferencia hecha cuerpo en ella, que vive en la frontera, en el umbral que existe entre lo monstruoso y lo humano. Constituye Una vida ahí como una especie bisagra que se encuentra entre ambos mundos, dialoga con estos pero no se corresponde con ninguno de ellos. Si bien del mundo de los normales la distancia su invalidez, el retraso mental que se materializa en su forma de utilizar el lenguaje, su repudio hacia la sexualidad y su necesidad de reprimir y ahuyentar los deseos de esta clase se desmarca tanto del mundo de los “normales” tanto como el de los “anormales”

En voz de Appratto podría ser: Yuna está escrita, medianamente escrita, ella está escrita, pero ella está escrita antes de que sea escrita, ella está lindamente en su lugar escrita, ella en una de las páginas dice en las páginas donde está escrita, muchas veces escrita muy pacientemente, como para no dudar ella está escrita en forma continua, ella es la que está escrita en forma es escrita es escrita es escrita, ella es la forma en que está escrita ella es la forma de la escrita de la manera que está escrita, linda, delgada, una modelo de la escrita es la que se escribe mientras está escrita no se puede más que escribir la escrita, la cálida, la escrita escribe lo que la deja escrita es la que escribe, firme, segura de lo que escribe y deja un perfume en lo que escribe que va en negrita sobre el blanco escrito está en la negrita, negrita entra en el blanco, se mueve el blanco que la recibe de a poco, escrita en el espacio ese que va ahí donde entra en el papel de la escrita antes de perderse, en el trazo de la tenue, brillante de todas maneras es esa la que está escrita escrita, esa letra escrita con acento breve, nasal es ella, igual es la que queda así cuando no está escrita, suave, susurrando escrita*

 

*Apropiación de poema de Roberto Appratto, Diseño de interiores. 

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