Emma Watson y esa palabra que nos pone incómodos

por Georgina Zerega (@zeregag)

Es domingo en la ciudad de New York y Emma Watson se para frente a cientos de hombres muy serios -que nunca sabremos de dónde salen- que no parecen ser muy simpáticos y mucho menos si vas a hablar de eso que resulta tan molesto y que parece que hemos discutidos miles de veces y sí, ya les dimos el voto, ¿qué más quieren ahora?, piensan más de uno en ese auditorio. Feminismo; Emma Watson se enfrenta al público de la Organización de las Naciones Unidas a hablar del feminismo. ¿Y qué sabe la chica de Harry Potter del feminismo? ¿Qué puede decirnos Hermione del feminismo que no hayamos ya escuchado? ¿Qué es lo que sigue? ¿que el coloradito nos venga a hablar de la guerra en Medio Oriente?

Esta chica multimillonaria que se presenta como embajadora de buena voluntad de “ONU Mujeres” seguramente es un poco joven para pararse frente a los líderes mundiales y decirles que deben reconsiderar el papel de la mujer. Pero no es la primera vez, y seguramente no va a ser la última, que Emma Watson rompa con los moldes y burle las barreras etarias. Fue muchas veces la actriz más joven en salir en portadas de revistas de alcance mundial, la actriz más joven en ganar tantos premios cinematográficos, la actriz más joven en convertirse la cara de una marca de la talla de Lancôme. Ok, lo entendimos, es muy joven. Pero no hacen falta años para tener el valor de desenterrar una palabra con el peso -muchas veces más negativo que positivo- que tiene la palabra feminismo. Y eso quedó demostrado ese domingo en la Asamblea General de la ONU.

 

#HeForShe, esa es la propuesta de Emma. La equidad del hombre y de la mujer, la renuncia a la idea de que el odio por el hombre nos hace más feministas, y el respeto del hombre como el de la mujer, por sobre todas las cosas. Esa era la base de su discurso, y de su pedido. Esa pequeña actriz que vimos crecer a través de la saga un día se convirtió en mujer, y se dio cuenta que el mundo no era tan justo, y se animó a decir que esas causas que dábamos por perdidas no eran irrecuperables, y se animó a pensar que el feminismo no era tan malo y cuestionó a aquellos que no eran feministas. Un domingo, frente a cientos de personas, Emma se cargó esa mochila al hombro. Después de ese discurso, Watson automáticamente sufrió una amenaza de que sería la próxima en ser expuesta a través de fotos prohibidas -una tendencia que se puso de moda este último tiempo. Una vez más la misoginia y la cosificación de la mujer contraatacan.

A miles de kilómetros de New York, en el 2011 -tres años antes de las declaraciones de la niña Harry Potter– una columnista británica llamada Caitlin Moran -otra gran feminista contemporánea- escribe “Cómo ser mujer”, un libro que por más que parezca no es una lista de tips exitosos acerca de cómo ser una buena mujer, sino más bien un relato de los problemas que le trajo a esta escritora el hecho de pertenecer al sexo femenino. Entre anécdotas y partes de su historia personal, esta columnista pregona sus teorías feministas -como oponerse a la depilación íntima, los tacos altos y la delgadez extrema que promueve la industria- mientras lo va moldeando a gusto a veces inconscientemente y otras veces demasiado consciente.

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Lo que hace Moran en verdad es burlarse. De sí misma, del feminismo, de los hombres, de las desgracias, de su pasado. Usa el humor para decir cosas como “He decidido declararme en huelga con los zapatos de mujer. Me mantendré al margen del mundo de los zapatos femeninos hasta que los diseñadores fabriquen unos modelos con los que sea posible andar”. Tira su bronca contra las tensiones que sufren las figuras femeninas en el mundo de hoy, porque claro, todo lo que se haga en la vida pública será doblemente juzgado si se es mujer. Sin importar si se habla de moda, de físico o de dignidad. El libro está enmarcado en el primer mundo, sus historias pertenecen a la clase media inglesa, y todo lo que pase allí probablemente nunca pase aquí. Esta chica de primer mundo planteas causas lógicas, pero que no dejan de ser del mundo desarrollado.

“Cómo ser mujer” es un libro tan liberal, en el que Caitlin Moran denuncia injusticias a los gritos, acusa a los culpables y defiende las causas como hacía muchos años no se veía de una mujer, y lo hace de una forma tan determinante que cuando no lo hace parece que estuviera callando una barbaridad. Y a veces, no lo hace. Habla de la sexualidad con mucha libertad en algunas páginas, cuenta de la masturbación y la importancia que tuvo en su adolescencia, pero desprecia a las trabajadoras sexuales y a aquellas que trabajan explotando su sexualidad, como las strippers, y expresa su decepción por la aberrante actitud de ellas. Por otros momentos habla del aborto desde la experiencia personal, pero lo hace de manera tan negativa como cualquier extremo conservador. ¿Por qué Moran manipula el feminismo a su antojo? Porque en el fondo, el feminismo también la incomoda a ella.

 

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Desde hace ya un tiempo esa palabra incomoda a más de uno. Tanto se dijo, tanto se discutió, que en algún momento las mujeres cansaron y se volvieron machistas, porque era más fácil. Más de una lo dice a viva voz hoy. Cuando en realidad el feminismo es por definición “la creencia de que los hombres y las mujeres deberían tener iguales derechos y oportunidades”, como dijo Emma hace unos días atrás. ¿Qué mujer podría en su sano juicio estar en contra de esto? E inclusive, ¿qué hombre en su sano juicio podría negarle a una mujer los mismos derechos y las mismas oportunidades que goza él mismo? Llámelo feminismo, llámelo como Quilmes alguna vez lo llamo Igualismo, llámelo #HeForShe; pero no es más que la propuesta de algo que estamos buscando hace mucho y de algo que necesitamos mucho más. Porque las mujeres están cansadas de ser juzgadas con una vara especial, y los hombres no quieren más ser evaluados por su nivel de masculinidad. No existen los menos hombres ni los más hombres. Como tampoco nada nos hace más o menos mujeres. No queremos estar atrapados bajo el estigma de los estereotipos.

Y la pregunta acá es entonces: ¿cómo bajamos a nuestra realidad nacional y local este nuevo feminismo que asoma en el mundo? ¿Cómo discutimos el rol de la mujer en un país donde el último gran logro del feminismo fue aceptar y reconocer a Flor de la V -a quién por más aprecio que se le puede tener, no deja de ser lo que es- como parte del género? ¿Cómo lo hacemos en un país en el que todavía desaparecen cada día chicas, de las cuales muchas veces nunca sabremos cuál fue su destino? ¿Cómo le decimos a los padres de Melina Romero que a su hija se la comió el estereotipo? ¿Cómo hacemos para explicarle a los hijos de Paola Acosta la igualdad de género? ¿Cómo le explicamos a nuestros padres y a nuestros hijos que el mundo está reclamando un lugar equitativo para la mujer cuando en realidad nosotros en este rincón del mundo estamos viendo la cara más salvaje de la violencia -tantas veces de género- atacar a nuestras chicas? Porque todas ellas son nuestras chicas, y nosotros somos quiénes estamos dejando que desaparezcan, estamos dejando que sean golpeadas y asesinadas. Sí, en el mundo se discuten los derechos de la mujer, pero acá nos deberíamos replantear los derechos humanos. No los de ayer, ni los de mañana, mejor empecemos por el hoy.

Comentarios

One thought on “Emma Watson y esa palabra que nos pone incómodos”

  • Más allá de los nuevos o viejos feminismos y de la barbarie a nivel global que debemos soportar las mujeres, los estereotipos, las estigmatizaciones, los golpes, asesinatos, secuestros, los prostituyentes y el sistema que les da el visto bueno por pagar por acceder a lo más íntimo de un cuerpo ajeno, la vulneración de todo tipo de derechos, el “por algo será”, o “le encantaba salir de fiesta, se lo buscó” o las nenas lavan los platos mientras el nene juega con papi a la pelota, o las rubias son tontas y los novios engañan porque alguna perra los buscó etc etc etc, más allá de todo eso, hay por suerte muchas mujeres y hombres que salen a la calle todos diariamente a pelear por nuestro lugar en el mundo, de hecho, en unos días, en nuestro país, Salta si buscamos exactitud, hay un encuentro de mujeres donde visiones contrapuestas (militantes feministas y saboteadoras de la iglesia, entre otras yerbas) van a verse la cara y no precisamente en un ambiente tan apoltronado como la ONU…a quitarse el glamour y ajustarse la bombacha…pero en serio

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