Ensayo sobre V

por @fgvidela

Es raro estar en la situación donde uno mismo analiza algo que escribió poco tiempo después de hacerlo. El ejemplo contrario podría ser el de Aldous Huxley que escribe el prólogo de Un Mundo Feliz, diciendo que de tener que escribirlo al momento del prólogo, no lo haría. Casi un mes después de escribir estas cuatro oraciones, llegó a mí la posibilidad de extenderlo, pero creo que es lo mejor que hice y por eso decidí ensayar sobre esto. Lo que muchos podrían considerar una berretada de alguien enamorado, simplemente lo llamo “lo que más placer me da releer”.

Antes de que lo lean, debo orientarlos en tiempo y espacio. 10 de octubre. Emocionalmente afectado por el show de Damon Albarn, en esos días mis sentimientos eran extremos, blanco o negro. Desde hace unos meses, encuentro a una chica con la cual curso una materia, que llamaremos la chica que me gusta o V, demasiado hermosa. Como soy yo, nunca le hablé. Sé su nombre por verlo anotado en su Código Civil. Es todo lo que me gusta. He llegado a idealizarla al punto de ponerla en un pedestal inalcanzable por mí de donde no la puedo bajar. Es un arma de doble filo porque cualquier pensamiento puede ser un disparador a una sensación de bienestar rara o a irse a dormir después de llorar mucho.

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Ese 10 de octubre, buscando dejar de gustar de ella, escribí lo siguiente:

“Podría decirte que sos tan linda como una película de Wes Anderson y atrapante como una de Quentin Tarantino aunque me gustaría decírtelo a los ojos, bajo la oscuridad de la luna, así no ves cómo me sonrojo por culpa de mi estúpido amor, mi tonta vergüenza, mi calma ansiedad y mi necesario nerviosismo.

Podría desearte que no seas como la Sofia Coppola actriz pero si como la directora, haciendo todo más duradero, más bello y más simple; más puro, más emocional y más crudo; quiero verte con tomas largas, de muchos minutos, de minutos que no estén bajo las leyes del tiempo, que creen las suyas; sólo con tanto tiempo voy a poder contar tantas pecas.

Podría imaginarte sin tus anteojos rectangulares que combinan con tu pelo, que me confunde por su forma de brillar con la falta de luz que ilumina; sin tu camisa celeste, con un botón sin abrochar, que resalta tu palidez donde bailan tus pecas de similares colores y formas; sin tu cárdigan de distintas tramas que parece hecho especialmente para vos, dudo que a otra chica le quede como a vos; sin tu voz, que suena siempre igual pero cada día le encuentro alguna nueva particularidad.

Podría seguirte escribiendo, aunque carezca de sentido, no sé que podría pasar si llegás a leer esto, en el plano de las múltiples posibilidades, todo puede pasar y me deja con una intranquilidad que sólo cuatro oraciones pueden retratar.”

Siempre evité ser mi propio cliché, lo que odiaba ser, lo que no quería ser, pero escribir sentimientos es interesante. Arranqué de una forma que no buscaba, de alguna forma inspirada en el Soneto 18 de Shakespeare, no fue intencional. Se dio. La comparación es inevitable. Shakespeare escribió pensando en Martha Jones, acompañante del Doctor, en un viaje a la Inglaterra renacentista, que empieza con el famoso “Shall I compare thee to a summer’s day?

Usé a Wes Anderson y Tarantino por sus obvias características que se repiten a lo largo de todas sus películas. Wes tiene una sutilidad en su modo de filmar que hace todo lindo para el ojo y atrapa desde la estética, mientras Tarantino nos engancha desde sus icónicos personajes e interesantes tramas, con quizás una toma característica, la toma del baúl (que puede no requerir un baúl). No conocer a V hace que sea atrapante a mi ojo, mi falta de conocimiento de ella y bien podría ser un tesoro o una caja de Pandora; su lindura es propia de una película, a cara lavada es más bella que muchas otras que conozco (sin desmerecer a todas las chicas que me han gustado, que conozca o no). Otro cliché espantoso que usé es “bajo la oscuridad de la luna”, me faltaron las estrellas pero no lo puse por cuestiones de dignidad que no encuentro. Si hablamos de lugares usados por escritores de todas las épocas, estar iluminado por la luna es uno de ellos, aunque solo ilumina de tenerla de frente. Estando en esa situación, me sonrojaría más de lo que creo que soy capaz, mucho más que eso. La yuxtaposición de adjetivos y sustantivos que no deberían ir juntos, le da importancia a cada sentimiento que aparece reflejado en ese enrojecimiento, es una mezcla inevitable.

Sería feo llegar a conocerla y descubrir que es como la Sofia Coppola actriz.

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Considero a las películas de El Padrino, obras de arte de Francis Ford pero utilizar a su hija, en un papel importante en la tercera película de la trilogía, después de que Winona Ryder no pudiera ser el papel que le tocó a Sofia Coppola. No por nada ganó dos premios a peor actriz por su espantoso desempeño en ella. El cierre de El Padrino III es indigno para lo que fueron las anteriores dos. El papel de Sofia Coppola hace que vea la película con bronca y enojo. Bellamente se redime en sus direcciones de películas. Tomemos Somewhere y Lost In Translation. Son perfectas de punta a punta. Esos planos largos sencillos, sin mucha decoración, la sutilidad de los movimientos para llevar la atención de un lado al otro de la habitación sin desviarse, así me quedé esta mañana (3 de noviembre) mientras la tenía delante mío, atándose el pelo. 15 segundos que fueron 120. Miraba como sus manos se movían en círculos con el pelo entre sus dedos para formar un rodete. La magia terminó con ella poniéndose sus lentes.

Sus lentes se amalgaman perfectamente con su pelo. Los lentes son de una especie de color raro, a la vez que son traslúcidos, son de una mezcla de marrón y rojo. No puedo definir un color que desconozco. Es un bordó que no quiso ser bordó, un rojo que no quiso ser rojo y un marrón que no quiso ser marrón. Su pelo es así, ni uno ni otro, la luz hace que su pelo opaco brille misteriosamente. Siempre la imagino con la misma camisa, como la de hoy: celeste, puños arremangados, no es un celeste cálido, es más bien frío, y siempre combinado con un cárdigan. Retazos de tela que hacen un cárdigan único, especial para ella. Cualquier otra parecería tonta con una combinación semejante. Todo adornado por cientos de pecas, imposibles de contar pero que con muchas ganas intentaría hacer. No hay más palabras para esos detalles que hacen a las chicas más lindas.

Para este momento, de seguir leyendo, creerán que estoy obsesionado o loco por ella aunque yo lo llamaría idealización.

Careció de sentido escribir eso. No es un poema, son cuatro oraciones en cuatro párrafos donde busqué deshechizarme sin obtener el resultado querido – sacando la posibilidad de que le hable y todo, mágicamente ande sobre ruedas para siempre. No la imagino llegando a leer esto aunque, y me tomo la molestia de preguntarle a cualquier mujer que lo lea e incluso hombre: “¿Quién tendría una respuesta positiva ante todas esas palabras sin conocer al que lo escribió e incluso sabiendo que no intercambiaron palabra alguna?”

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Teorizando en el plano de las múltiples posibilidades, todo puede pasar y no debería ocupar mi mente en las cosas que no pasan, porque lo he hecho mucho y es terrible para la salud mental – si se quiere gozar de ella. Es feo torturarse con el famoso “overthinking” o pensar de más todo lo sucedido, lo que sucede y sucederá. Me destaco en ese campo. Esto me deja intranquilo, incómodo, expectante ante la nada y en algunos momentos, a estados casi catatónicos donde solo digo incoherencias.

Para los que muchos catalogan al amor como un sentimiento puro y bello, creo que es algo inevitable que sólo logrará matarme de alguna u otra forma.

Pero qué linda forma de morir.

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