Filtros de Instagram: estética, performance y salud mental

[Filtros. Instagram. Selfies. Influencers. Salud Mental. Depresión. Ansiedad. Queer. Autopercepcion. Belleza. Hegemonía. Norma] 

por Belén Pretto (@belpretto)

El pasado 1 de julio, Noruega aprobó una nueva ley que obliga a influencers y anunciantes a incluir una etiqueta en las imágenes que hayan sido retocadas. Según explicó el gobierno noruego, el objetivo de la normativa es “reducir entre los jóvenes la presión por cómo debe lucir su cuerpo”.

“Entre otras cosas, se introduce el deber de marcar la publicidad retocada o manipulada de otra manera cuando esto significa que el cuerpo de la persona en los anuncios se desvía de la realidad en términos de forma corporal, tamaño o piel”, agregan en su página de web oficial. A partir de ahora, en Noruega habrá que reconocer que la imagen de anuncios y publicidades no es natural, en caso de tener retoques o filtros, lo que debería incentivar a muchos influencers a que dejen de modificar sus selfies.

No es el primer país en impulsar sanciones por este motivo. En Reino Unido, el organismo de control Advertising Standards Authority (ASA) amonestó a dos influencers que utilizaron filtros con efectos de bronceado en su piel para promocionar una crema precisamente autobronceante. La autoridad regulatoria entiende que la estrategia utilizada por las influencers está basada en un engaño, porque el resultado que se muestra sobre el producto no es real. 

Instagram: una plataforma de ansiedad y depresión

Esta noticia abrió una serie de debates en las redes y en los medios acerca del uso excesivo de filtros que “mejoran” los aspectos de nuestra cara, particularmente en Instagram, la red social más usada para difundir nuestra propia imagen. Ya es reconocida desde hace tiempo por ser la plataforma que más ansiedad y depresión genera entre los jóvenes y adolescentes. 

Un estudio que realizó la Royal Society of Public Health y la Universidad de Cambridge en 1.500 jóvenes de entre 14 y 24 años, reveló que esta red social afecta al autoestima debido a la gran exposición de imágenes corporales. También genera otras consecuencias negativas que no vienen al caso para este ensayo (como insomnio, miedo a quedar afuera de eventos sociales, etc.). El estudio muestra también que los estándares hegemónicos de belleza recaen en mayor medida sobre mujeres y niñas. O sea, es también una cuestión de género.

Los filtros de Instagram que más se utilizan actualmente tienden a afinar la nariz, ensanchar los labios, borrar arrugas, ojeras y líneas de expresión, entre otras cosas. Como bien describe la periodista Jia Torentino en The New Yorker, crean “un tipo de rostro cyborgiano” con rasgos comunes. 

La psicóloga española Laura Palomares, directora de Avance Psicólogos, explicó a ‘Cosmopolitan’ que “cualquier filtro que transforme nuestro físico, buscando un ideal de belleza o exigencia de perfección, es potencialmente peligroso para nuestra autoestima, ya que genera la exigencia de cumplir un tipo de ideal, marcado en una aplicación, que está alejado de nuestra verdadera imagen e incluso de la realidad. Esto puede generar inseguridades, complejos y rechazo hacia el propio físico, además de una distorsión de nuestra propia identidad”

Esto implica que las personas comiencen a “buscar la aceptación de los demás en función de unos ideales que, además, están distorsionados y que pueden generar lo que los psicólogos denominamos dismorfofobia”, agregó la psicóloga. Además, estudios revelaron que las redes sociales y sus filtros incentivan el incremento de cirugías estéticas. La Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética, para poner un ejemplo, remarcó que el 10,5% de los pacientes se somete a cirugías por la influencia de las redes sociales, mientras que un 4,99% lo hace por alguna celebridad y su deseo de parecerse más a ella. 

El máximo inconveniente en toda esta cuestión no es la cirugía estética en sí ni la utilización de filtros, sino la ansiedad, depresión y bajo autoestima que todo esto desencadena en muchas personas jóvenes, presionadas para alcanzar un canon de belleza imposible. El foco debería estar puesto ahí y la decisión de mostrar etiquetas cuando se realizan retoques en fotografías podría ser un buen paso para ayudar a disminuir las cifras de estas patologías psicológicas. Aunque, claro está, no es la solución definitiva. 

Todxs somos una performance

En las últimas semanas, algunos medios, influencers y personas cuya opinión suele ser relevante, criticaron la utilización de los filtros de Instagram porque consideran que es nocivo “reproducir imágenes que no son reales”. Aparte del problema en torno a la salud mental que mencioné anteriormente, apareció un nuevo factor en el discurso antifiltros: tenemos que volver a mostrarnos tal cual somos y de forma natural.

Hay filtros muy exagerados que modifican demasiado el rostro, pero hay otros más sutiles que borra imperfecciones en la piel y agrega color a los labios y mejillas. Cumplen prácticamente una función muy parecida al maquillaje, que por lo general muchas personas, en especial mujeres, usamos a diario. 

Las redes sociales siempre sirvieron para exponer nuestra identidad y para construirnos estéticamente de la manera que creamos conveniente para sentirnos cómodxs con nosotrxs mismxs. Y también es esa la filosofía que se sostiene desde sectores del feminismo: publicar lo que tengamos ganas y de la manera que queramos aparece como un derecho adquirido.

Siguiendo algunos conceptos queer, nuestro cuerpo e identidad son una performance: desde lo estético, pasando por lo gestual, hasta nuestros gustos, pensamientos y la personalidad. Nuestra supuesta imagen al natural ya no existe como tal, pero desde mucho antes de la existencia de las redes sociales y sus respectivos filtros. El maquillaje, la ropa, ir al gimnasio para que crezcan los músculos, teñirse o cortarse el pelo, usar aritos: son herramientas que usamos para construir nuestros perfiles y estilos.

El lugar en el que se inscriben nuestros cuerpos es cultural, no natural. Y aunque es cierto que hay presiones estéticas que sufrimos a diario como consecuencia de las redes sociales y de la publicidad, también hay que reconocer que las cirugías y los filtros son parte del deseo de construir nuestra propia estética como una performance, y de mostrar públicamente la imagen que deseen.

En el 2017, la doctora en género y activista feminista Noe Gall habló sobre las cirugías estéticas en mujeres en un informe que realizó la periodista Florencia Gordillo para La Voz. “Ningún cuerpo es natural de antemano, es decir, uno nace y va haciéndose un cuerpo. Ponerse tetas socialmente, es una forma de juzgar a la mujer porque no aceptó su cuerpo tal como era. Son pocos los discursos donde aparecen respuestas como ‘lo hizo para sentirse bella'”, aseguró. 

“Creo que operarse constituye identidad: es cómo querés que sea tu cuerpo y cómo querés ser leída, porque una también se construye con la mirada del otro. El activismo y la teoría trans nos dejó una enseñanza a las feministas y a las post feministas: nadie nace con un cuerpo sino que se va construyendo y cada quien acepta sus propios riesgos. Cada una hace lo que quiere con su cuerpo. Y eso es el feminismo”, agregó Gall [1].

El problema de los filtros y el photoshop en la publicidad es que impacta negativamente en otras personas a través de depresión y ansiedad por sentir que “no se encaja” en esos parámetros hegemónicos. 

Lo nocivo en esta cuestión es la reproducción de la belleza blanca, pura y normativa y la asimilación de rostros cyborgianos. En eso deberíamos reflexionar y dejar de utilizarlos para frenar esta oleada de trastornos mentales en la juventud. Pero apuntar contra todos los filtros porque “reproduce imágenes irreales” me parece un tanto exagerado. La idea de “mostrarnos al natural” es imposible de cumplir.

No hay que descuidar los patrones y exigencias que recaen sobre las mujeres a diario en redes sociales, y que son alimentados por figuras famosas. Exijamos más transparencia y medidas que ayuden a identificar imágenes que se muestran como reales cuando no lo son, más aún si de vender productos se trata y muchísimo más si representa un peligro para la salud mental. Prestemos atención a las cifras de depresión y ansiedad, como consecuencia directa de la imposibilidad de seguir los patrones de belleza hegemónica. Ese tiene que ser el parámetro para que las autoridades actúen en consecuencia e intervengan con normativas que ayuden a disminuir esas cifras y contribuir al bienestar de la salud mental de la juventud.

Pero también prestemos atención a los discursos de naturalidad. ¿Es realmente posible hoy mostrarnos completamente al natural tanto en el plano virtual como en el físico? La teoría queer nos dice que nuestra identidad, incluyendo la imagen estética, es una construcción y que somos producto de una intervención que realizamos sobre nosotrxs mismos. Con filtro y sin filtro. Entonces juzgar a alguien porque no se muestra “tal cual es” también puede llegar a ser un problema.

La clave quizás esté en identificar si hacemos lo que realmente queremos libremente o si hacemos lo que nos dicen por un mandato social que nos obliga a seguir una corriente hegemónica y termina por provocar daño en nuestra salud mental. 


 [ 1]¿Qué nos enseñó el activismo trans?

En el plano de la diversidad sexual y de géneros, la vestimenta, las operaciones estéticas y la hormonización en transiciones forman parte de los procesos de constitución de identidades, de acuerdo a un deseo interno de cada persona. En Argentina se sancionó en el año 2012 la Ley 26.743 de Identidad de Género, que garantiza el derecho a tener la identidad sexual autopercibida en el DNI y, además, “acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa”


 

Gordillo, Florencia. (14 de mayo de 2017). “Por qué las mujeres se ponen siliconas: la delgada línea entre estética e identidad”. Recuperado de: lavoz.com.ar

Cortés, Irene. (4 de junio de 2021). “¿Pueden los ‘influencers’ ser sancionados por usar filtros en Instagram?”. Recuperado de: elconfidencial.com

“Las redes sociales influyen cada vez más en los tratamientos estéticos que demandan los jóvenes” (6 de diciembre de 2012). Recuperado de: abc.es

Salas, Javier. (21 de mayo de 2017). “Instagram: la peor red social para la salud mental de los adolescentes”. Recuperado de: elpais.com

Grant, Kirsty. (7 de julio de 2021). “Qué busca la nueva ley de Noruega que obliga a los influencers a confesar que retocaron sus fotos”. Recuperado de: bbc.com

 

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