Frank Ocean: entre lo romántico y lo estoico

[Frank Ocean. Thomas Chatterton. Arte. Romanticismo. Endless. Blond. Nostalgia Ultra. Naturaleza. Industria. Amor. Estoicismo]

por Gaspar Roulet (@RouletGaspar)

Un poeta inglés cae en una tumba vacía. Su amigo ríe y lo ayuda a la vez que exclama: “me alegro de estar presente en la resurrección de un genio”. Ambos continúan su paseo.

Tres días después, el mismo poeta cierra las puertas de su hogar en Brook Street. Con una botella de arsénico en la mano y una enorme frustración (quizás juvenil, quizás justificada) por no ser reconocido por su trabajo, sube al ático y destroza todos los escritos que están a su alcance. Acto seguido toma el arsénico y muere. Su nombre es Thomas Chatterton, tiene 17 años y su suicidio marcará un antes y un después en el vínculo (aún no forjado) entre el arte y el romanticismo.

Después de su muerte, pasó algo que es común incluso hasta el día de hoy: reconocimiento póstumo. No solo sus poemas pasaron a ser objeto de culto en Europa, sino que su propia historia sirvió para construir una figura clave en el movimiento romántico: la del incomprendido sensible y vulnerable dejado de lado por una sociedad que no supo reconocer su talento.

Primeros pasos

 En su desarrollo, el romanticismo encontró un gran espacio en la escritura y la música (y sí, en la pintura también, pero ahora no viene al caso). Su esencia proveniente del Sturm un Drag alemán apuntaba a priorizar la emoción por sobre la razón (generando descontento en el club de fans de la Ilustración). Así, la escritura en la música y en la literatura debía caracterizarse por “un caudal espontáneo de emociones poderosas” [1].

Pero, además de la primacía del sentimiento, hay otras características secundarias del romanticismo: una de ellas es la conexión entre persona y naturaleza, básicamente porque esta corriente se mostraba en oposición a la racionalización que impulsaba la primera Revolución Industrial. La mecanización de la vida y el contraste con lo natural (tanto en cuanto a la naturaleza como a la consideración de la existencia de un estadío de conciencia humana más ¿primitiva? previo a la explosión fabril) sería tópico central de muchas obras de mediados y fines del S. XVIII.

El problema es que lejos de producirse un retorno a esa naturaleza humana menos dependiente de la racionalidad y la dinámica de la fábrica, todo se acentuó. Las máquinas llegaron para quedarse y se volvieron parte del paisaje. Es la transformación del mundo en un híbrido tecno-natural.

El romanticismo moderno entonces se encuentra en un momento conflictivo: las discográficas y editoriales imponen ciertas pautas de escritura y composición a los artistas, limitando ese aspecto genuino y original que permite la traslación de la subjetividad al texto. Pero, más grave aún, la razón es el eje del funcionamiento social, encontrando su bandera en la burocracia.

Teniendo esto como base, ¿cómo se puede pensar en la libertad del sentir y expresar si todo parece pautado de antemano y absolutamente obligatorio? Incluso la lógica de la distribución y producción generan la necesidad de estar presente de manera constante para no quedar en el olvido, forzando la producción de arte bajo mandato. ¿Cómo puede haber lugar para la originalidad y la espontaneidad? O, peor aún, incluso si alguien pudiera despegarse de esta serie de reglas e instituciones, ¿sería posible triunfar o estaría destinado a lo underground siendo así incapaz de tener al arte como modo de subsistencia?. En el presente, lo indie puede ser lo más fiel a la originalidad del artista. Sin embargo, si lo consideramos así, sería imposible ser original, sincero y disruptivo dentro del mainstream, y lo cierto es que hay excepciones. Uno de los artistas que logran fusionar el sentimiento puro y el arte, lo natural y lo artificial, y lo mainstream y la libertad de creación es Frank Ocean.

Primitivo y artificial

Las alusiones a lo natural y al impacto humano en el mundo es algo que entra en juego constantemente en la discografía de Frank: desde la portada misma de Nostalgia, ultra, con el BMW E30 M3 que rompe con el verde de lo que se presume es un bosque, hasta al amor asociado a una fruta y a la niñez en el track Strawberry Swing (perteneciente al disco nombrado anteriormente). Esta última metáfora podría encajar perfectamente en Emile, de Rousseau, obra característica de los comienzos del romanticismo. En el libro, el autor plantea a la inocencia infantil como el punto perfecto de la consciencia humana, donde la espontaneidad y la honestidad son la norma, a contracara de la burocracia industrial.

Entonces en Nostalgia, ultra, la fusión naturaleza/industria es explícita en la imagen y en la semántica. Lo que hace esto posible es el sentimentalismo crudo de Frank Ocean, que a lo largo de los 14 tracks del mixtape evoca distintas formas de vivir el amor. Tanto desde la perspectiva infantil de Strawberry Swing: “cuando éramos niños pintábamos frutillas en una hamaca. Cada momento era precioso” (que de igual manera juega con la idea de que es la añoranza de un adulto consciente de que no puede regresar a esa etapa de su vida), como de maneras más primitivas en tracks como Nature Feels: “haciendo el amor debajo de las hojas de un cerezo. Niña, dime cómo se siente mi naturaleza”. Aunque la lógica del amor moderno (que ya está solo y moribundo en algún rincón de cada iglesia) también dice presente en American Wedding: “es una boda americana. No significan demasiado, pero estábamos tan enamorados”, donde a contracara de lo simplista y puro del romance de Strawberry Swing, la institucionalización del matrimonio y su sacralización llevan a la unión de un amor pasajero destinado a la ruptura. La pareja que antes se guiaba por el impulso del romance más primitivo e intenso pasa entonces a ser víctima de la racionalización burocrática y del divorcio: “bueno, podés quedarte con mi Mustang, eso es todo lo que tengo a mi nombre / pero por dios, no rompas mi corazón”.

Pero, como dije antes, este juego entre el amor, lo natural y lo artificial atraviesa, en mayor o menor medida, a todos sus trabajos (aunque quizás Channel Orange sea la excepción a la regla). A pesar de haber cinco años de distancia entre Nostalgia, ultra y Endless, las metáforas se mantienen en Wither (“esta noche te sostendré cerca mío, tan cerca que nos saldrán moretones. Espero que crezca un jardín donde bailamos esta tarde”), Slide on me (“si no estás en la calle no podés ver el cielo, yo estoy acá afuera, puedo ver el cielo y es un paraíso”) y Higgs (es todo nuevo para mí el tenerte cerca. Es todo nuevo para mí tenerte cerca de las higueras”).

Se establece entonces una noción romántica clásica que vincula lo puro del sentimiento a elementos primitivos como las frutas, los bosques y la niñez, a paisajes y contrastes típicos de la racionalización moderna como el divorcio y la rutina (en la alarma estridente de Strawberry Swing). Además, en línea con Rousseau, la racionalización aparece siempre como la amenaza a la espontaneidad del impulso. Algo que el autor desarrolla en Emile, al hablar de la niñez: “A pesar de que la memoria y la razón son facultades totalmente diferentes, tienen un vínculo. Antes de la edad de la razón, el niño recibe imágenes, no ideas; y esta es la diferencia entre ambas: las imágenes son solamente símbolo de objetos externos, mientras que las ideas son nociones sobre esos objetos determinadas por sus relaciones”[2].

¿Cómo puede ser que el éxtasis me deprima tanto?

 A pesar de todo lo anterior, la vinculación del sentimiento con el escrito y la música no sucede únicamente en términos positivos. Es que la contracara del romanticismo proviene del racionalismo, pero no es este particularmente: el retorno a lo primigenio en materia sentimental y racional (la vuelta al niño de Rousseau, por ponerlo de algún modo) implica ignorar aspectos centrales del funcionamiento cotidiano de las relaciones sociales, dictaminadas por las nuevas formas de vinculación amorosa así como también por la producción y dinámica del racionalismo industrial mismo. Estos elementos juegan un papel central en la idea del romance moderno, uno que encuentra legitimación y límites en ciertas prácticas burocráticas y a la vez es puesto cara a cara con una realidad fatalista: lo más probable es que no sea algo más que un sentimiento pasajero. El romance eventualmente morirá ante la rutina.

Frank, a pesar de tener líricas cercanas al romanticismo, también juega con esta última idea, sobre todo en sus dos últimos trabajos: Endless y Blond. En el primero se da de manera más notable en At your best: “hay momentos en los que descubro que querés alejarte de mí”. Por otro lado, en el segundo (discutiblemente su disco más exitoso) toma más centralidad ya que se trata de un disco de break-up. Así, Ivy (rompí tu corazón la semana pasada, probablemente te sientas mejor este fin de semana”), Self control (algunas veces lo vas a extrañar, los sonidos te harán llorar y algunas noches vas a bailar con lágrimas en tus ojos”) y Close to you (“voy a ser honesto, no estaba devastado, pero podrías haberme sostenido la mano durante esto”), abrieron paso a esa segunda fase, más triste, menos utópica.

Esta idea también se manifiesta en el arte visual de ambos discos: en el caso de Endless (que es una experiencia audiovisual sin una tapa oficial), muchos Franks construyen en conjunto una escalera en espiral. Tom Sachs (colaborador en el proyecto) reveló en una entrevista para Pitchfork[3] que ésta representa dos elementos centrales de la música (y que a la vez funciona como un pequeño homenaje al escultor rumano Constantin Brâncuși): el hecho de ver cada paso de su construcción evoca la transparencia y la complejidad detrás del arte de Frank señalando, en la siguiente frase, algo muy importante y que justifica todo lo argumentado hasta ahora: “Hay sonidos que no son musicales y sin embargo son utilizados para generar un ambiente”.

Por otro lado, en Blond todo comienza en la tapa, donde lo vemos a él tapándose la cara debajo de la ducha, y continúa en la serie de entregas de Boys don’t cry, donde se suman apoyos visuales que muestran más elementos que ayudan a interpretar sus trabajos, así como también poemas y ensayos.

Entonces lo que Frank comenzó a plantear en 2011 con un enfoque más idealista en Nostalgia, ultra, llegó a su impacto con una realidad triste en Blond. Muestra su pasaje de un coqueteo con un romanticismo “primitivo” a una mirada de la realidad con un poco más de tintes estoicos.

Esta faceta más madura va en un camino paralelo a la visión propuesta por Epicteto, la del humano “(…) enfermo pero feliz, sufriendo pero feliz, muriendo pero feliz (…)”[4]. No es un estoicismo puro, porque oscila entre la superación del evento traumático y el retorno a la sensación de ese sentimiento primigenio a pesar de la decepción. White ferrari (“me importás y siempre será así, esa era mi parte del trato”), Ivy (si pudiera ver a través de las paredes, podría ver que estás mintiendo. Si pudieras ver mis pensamientos verías nuestras caras”) y Nights (“me llamaste en una séance? Sos de mi vida pasada, espero que estés bien”) son la evidencia de esto.

Si el estoicismo incita a la creación de futuros imaginarios donde siempre sucede lo peor solamente con el único objetivo de mantenerse preparado para superar lo que sea que la vida depare, y el romanticismo mantiene la idea utópica del amor como esa combinación de negligencia, excitación y asombro constante, Frank Ocean se posiciona en el medio: la razón eventualmente alcanzará a la dopamina, llegará tras las bambalinas de lo asombroso para revelar sus millones de defectos, pero una vez que esto suceda no es obligatorio poner la vista únicamente en el futuro e intentar olvidar lo que existió, sino que está permitido volver a mirar atrás aunque sea para revivir mentalmente la fantasía de la perfección.


[1] Cita del prefacio de la segunda edición de “Lyrical Ballads”, de William Wordsworth. Extraída para probar un punto pero también por lo graciosa que me resulta la relación entre su apellido y su trabajo.

[2] A pesar de que esto está realmente en Emile, me tomé la libertad de traducirlo yo porque es más difícil encontrarlo en español.

[3] https://pitchfork.com/news/67699-tom-sachs-explains-frank-oceans-endless-stairway-to-heaven/

[4] Cita extraída de Historia de la filosofía occidental, de Russel Bertrand. Un libro que jamás leí.

 

 

 

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>