Fullmetal Alchemist: Brotherhood. En busca del cuerpo perdido

[Fullmetal Alchemist: Brotherhood. Edward Elric. Alphonse Elric. Cuerpo. Máquina. Ciborg. Alma. Derrida. Steampunk. Donna Haraway] 

“—Con cuerpos así ¿somos personas?
—Si no los considerara personas, entonces, mi hermano tampoco lo sería. […] Mi hermano es humano. Ustedes también lo son. Por eso no quiero matarlos
—¿Hermano? Nosotros, como hermanos, robamos, destruimos y matamos desde que tenemos memoria. Que ahora nos traten como humanos por primera vez, luego de tener estos cuerpos… es comiquísimo”
Fullmetal Alchemist: Brotherhood (1×08, 2009)

 

por Lucas Rodriguez (@lvc4srod)

Los epígrafes como lo primero que vemos de un cuerpo. El inicio de una lectura: una cita. El respaldo de una red de textos que le otorgan carne y existencia: la posibilidad de ser leído.

El anime Fullmetal Alchemist: Brotherhood se estrenó en 2009. Edward y Alphonse Elric son dos hermanos que, abandonados por su padre, intentan revivir a su mamá cuando ella muere. Lo hacen por medio de la alquimia. Resulta que la primera ley de los alquimistas es no hacer transmutaciones humanas. Al romper la ley, los dos niños, que no logran devolverle la vida a su madre, son castigados. Edward, el mayor, pierde su pierna izquierda. Alphonse, el menor, pierde todo su cuerpo. Edward, entonces, aprovechando el momento de transformación/transmutación, ese momento de estar en el limbo, ofrece su brazo derecho, el que entonces también desaparece para poder unir el alma de su hermano a una armadura.

Cuerpo y ley

El cuerpo otorgado, el cuerpo cobrado como castigo por romper la ley que impide la transmutación humana. Por el exceso de querer crear a otro, con toda su particularidad de humano, el propio cuerpo es cobrado y desaparece como castigo, como culpa. Por eso también la historia de estos niños es la historia del héroe, del héroe que carga la culpa, la historia de una redención. La historia de una falta a la ley y una condena consecuente.

¿Por qué estos niños al intentar recuperar su madre son castigados y condicionados?

Se inaugura una voluntad de saber/poder en torno al cuerpo/verdad que guía todo el movimiento de búsqueda. La voluntad de hacer, de hacer para, la voluntad de recuperar se vuelve una voluntad de poder necesaria, vital e inmanente. El castigo de la ley es la cancelación del cuerpo propio y la resistencia es el viaje en su búsqueda.

Su crimen es atentar contra el círculo de la vida/muerte, cruzar un límite, cruzar la línea de lo humano. El atentado es contra la misma condición humana que una vez que muere no puede volver a ser. Es un castigo a la soberbia al mismo tiempo que una oda a lo inigualable: la condición humana no se puede crear ni replicar.

La Ley lleva en sí la fuerza de hacerse cumplir. Su aplicabilidad, en este caso, es el precio: el cuerpo de Alphonse. La ley funciona de manera retroactiva, por el castigo, su fuerza es el cobro que ejerce por haber sido rota. Es el peaje, que separa los caminos, que inaugura el viaje: es el límite cruzado que borra el límite entre Alphonse/humano de carne y hueso y Alphonse/armadura. Pero el precio no se paga por romperla, no es una multa por quebrantar la ley estrictamente, sino que es un monto a pagar por quebrantarla sin poseer los materiales necesarios: la transmutación humana no es siempre castigada, no para quien posee la materia prima clave, la piedra filosofal.

Derrida: la economía de la ley, la oikos-nomía, la ley de la casa, la ley de la distribución, la partición y repartición de la casa. La partición como ley. La ley castiga a quien la rompe sin poseer el capital con el que se la puede romper. La piedra filosofal es poderosa porque ignora la más elemental regla de la alquimia: el intercambio equivalente. En el mundo steampunk del animé es necesario entregar algo del mismo valor que lo que se está creando. La ley, ley de la partición, se aplica, castiga, a quien produce sin contar con el capital preciso para producir.

Resulta que por algunos capítulos la búsqueda del cuerpo se vuelve la búsqueda por el capital necesario, pero los adolescentes -uno con una pierna y un brazo de robot y el otro un alma pegada a una armadura-, descubren prontamente el secreto de la piedra filosofal y entonces deciden no usarla. Lo hacen por una decisión ética: resulta que las piedras filosofales están hechas de almas de distinta cantidad de personas que son sacrificadas para producirlas. La piedra filosofal no ignora la ley de intercambio porque ya que está hecha de humanos, vale y equivale para hacer lo humano. La piedra filosofal: por un lado el capital necesario, por otro, la explotación inaceptable.

Todos estos límites entre lo humano y lo no humano, lo humano deshumanizado y lo no humano humanizable, se siguen complejizando: el animé se encargará de mostrarnos que aún con una piedra filosofal es imposible crear vida. Porque vemos cuerpos creados por piedras filosofales, vemos transmutaciones humanas logradas: los homúnculos. Los homúnculos son seres corporales que al final no son entendidos como humanos. Son inmortales, se regeneran, son más productivos y resistentes. La transmutación humana, en tanto creación de alguien, parece ser posible, pero el resultado es ya no-humano o menos-que-humano. Lo humano es irrecreable e irreproducible.

Entonces, por un lado la transmutación humana que al fin era imposible y los homúnculos que transmutan cuerpos y almas pero nunca logran lo humano; y por el otro dos niños culpables/culpados en busca de sus cuerpos. El capital, en su círculo económico, se distribuye para aumentarse y siempre vuelve a su punto de partida, a sus primeros poseedores. Lo humano -la definición de lo que es humano- se vuelve materia y producto, ocupa todos los eslabones del capital y clausura: no puede (re)producirse. Todo lo otro que crea queda por fuera. Todo aquel cuerpo que se cree a partir de la potencia humana sacrificada es excluido a un ámbito de no-humano. Para el homúnculo, para el abyecto, esa zona de indiferenciación se vuelve potencia. Así la propuesta del ciborg parece venir a interrumpir la circulación económica de lo humano, la repartición del poder ser. Porque si lo humano circula como un capital, si lo humano se reparte como un bien, se repartirá restringidamente.

Alphonse y Edward nunca dejaron de entenderse como humanos, y por eso son los ciborgs del relato. A pesar de su corporeidad no-humana y su indecidibilidad, siempre se entendieron dentro del espectro de la humanidad, así ellos mismos, en su habitar el mundo, proponen y hacen que el espectro se amplíe. Ellos hacen que la ley de lo humano se desquicie. Porque en el transcurso del animé vemos movimientos de humanidad restaurada.

Cuerpo y don

Mejor, o más precisamente, de restitución del cuerpo de Alphonse y del brazo de Edward. En ellos vemos la resistencia de un cuerpo que in-humanizado se lee humano a pesar de la ley que lo deja por fuera.

Alphonse Elric era un niño rubio de ojos dorados que quiso revivir a su madre. Quiso restituirle a su mamá la vida perdida. Como castigo por hacerlo sin el capital preciso pierde su propio cuerpo. Su vida es tomada por la vida pedida y Edward entrega el brazo para recuperar el alma de Alphonse y ligarla a una armadura. La vida, y donde digamos alma vamos a entender fuerza vital (por cómo lo trabaja el animé) se separa del cuerpo y a pesar de eso necesita de otra cosa que lo contenga, que lo reciba. Como un recipiente. Como un sustituto. Un cuerpo indeseado pero necesario. Un cuerpo que no es el mío aunque lo es. Un cuerpo-otro en el que uno está.

Alphonse, la armadura andante, el niño de la armadura ¿Es él la marioneta? Llegará a preguntarse si no será él un puro invento de su hermano, una creación artificial, una marioneta al servicio del amo. Su precariedad corporal le hará rondar en esas preguntas. Pero no durarán muchos capítulos. Su motor es la necesidad de recuperar su cuerpo, y el deseo íntimamente ligado a la carne: va anotando en su libreta una lista de cosas que quiere comer cuando vuelva a tener un estómago. Alphonse Elric lleva la marca del límite en su cuerpo mismo, el umbral. La temporalidad de una humanidad que busca restituirse. El momento de la humanidad que parece restituirse justamente cuando recobra su cuerpo. Curioso movimiento, cuando son los niños deshumanizados lo que vuelven a producir algo humano. Sucederá sobre el final del anime, en la batalla decisiva, en el último conflicto que siempre dirime la suerte, entre aquellos no-humanos que quieren restringir la circulación de lo humano y entre aquellos humanos inhumanizados que luchan por volver a serlo.

Es un movimiento doble: Edward está atrapado y su brazo robótico, aquel con el que aún podría defenderse, destruido. Ante la eminencia de la muerte Alphonse entrega, propone el intercambio, devuelve la unión que une su alma a la armadura que le hace de cuerpo, por la restitución del brazo de su hermano para que pueda defenderse y sobreviva aunque le cueste la vida propia.

Entonces estamos hablando de esos momentos en los que se trata de poner el cuerpo. De entregar el cuerpo, de darlo. Ese momento de entregárselo al otro, de entregar la fuerza de uno para el otro, puede ser el instante de la ley, de la explotación y la plusvalía, pero también tiene la potencia de ser el momento que interrumpiendo la distribución diferencial de lo humano, lo restituye y lo amplía. El momento de la decisión en la que la fuerza del cuerpo se otorga hacia un otro no porque ese otro la explota sino porque se toma la decisión hacerlo. La decisión de la locura, olvidarse de uno mismo para entregarse. Si uno está dispuesto a dar la vida por otro, si lo que se entrega es la propia vida de uno. El cuerpo así entregado, se despliega en la pluralidad para agenciarse (en) la entrega.

Una vez vencido el enemigo, Edward, el alquimista de acero, el inteligente y el poderoso, va a hacer su sacrificio final. Habiendo atravesado ya muchas veces la puerta de la verdad, sabe qué es lo que tiene que ofrecer para recuperar el cuerpo de su hermano. Va a entregar, precisamente, la misma puerta de la verdad, el mismo umbral de su verdad: entrega su poder de alquimista. En pos del otro, para la recuperación del otro, Edward entrega todo lo que lo hace poderoso. ¿Todo lo contrario de la voluntad de poder? Edward entrega su poder y su poder-hacer para recuperar a su hermano. El lazo de hermandad. ¿Qué voluntad de tener, que oscura voluntad de ser, sostiene los lazos familiares? ¿Qué voluntad, capitalista y occidental, sostiene los agenciamientos familiares?

Nos vemos tentados a leer esos intercambios como dones, porque entregan lo in-entregable y es una entrega que al fenomenalizarse deja de ser entrega, aquí con toda la claridad de lo que al aparecer y ser dado (el cuerpo de Alphonse) se pierde, desaparece. La conexión de Alphonse con la armadura, todo lo que lo hacía su cuerpo temporalmente, se pierde al ser dado. Asistimos aquí a una curiosa fórmula de la marioneta: es preciso la pérdida total del cuerpo antes de recuperarlo. Es preciso que me deshaga de todo mi yo para empezar a ser yo: “¿Qué es lo otro dentro de mí (muerto o vivo, animado o inanimado), que quiero aniquilar para ser por fin yo mismo, único, soberano, propiamente, el que soy y lo que soy?” (Derrida: 2010, 230).

La posibilidad de que el cuerpo se instaure ya no solo como bien ni mercancía, ni como el capital preciso para producir, no como el cuerpo de y en disputa, sino el cuerpo como el espacio mismo que garantiza el intercambio y la circulación. Ya no solo lo que uno da, lo que uno intercambia, toma o pierde, sino también, el lugar mismo que hace posible la posibilidad del intercambio, y también, al ser el cuerpo siempre el cuerpo de uno mismo, el hogar, el espacio donde aparece la ley. Por eso también el cuerpo puede ser, y nos atrevemos a decir es, siempre está-siendo, tomado por fuerzas que lo ponen al servicio de agenciamientos económicos. Pero el cuerpo también puede proponer una resistencia inmanente, que es el buscarse a sí mismo, y es entonces cuando el cuerpo se da. Ya no es tomado sino que es dado. Cuando el cuerpo se da para el otro, para la restitución del otro, parece que podemos empezar a pensar el cuerpo como don.

Cyborgs y resistencia

Donna Haraway va a proponer un horizonte político y ético pensados desde la imagen del ciborg, dice: “Un ciborg es un organismo cibernético, un híbrido de máquina y organismo” (Haraway: 1984, 2).  Su manifiesto llama a una constitución subjetiva que subvierta los valores dominantes de masculinidad/humanidad. Pero no solo es una propuesta sino un análisis de cómo los mecanismos de lo ciborg ya están invadiendo la subjetividad del presente y los nuevos valores de dominación que también trae consigo. Si bien ella misma ha aceptado en una entrevista que su concepto del ciborg ha sido utilizado con fines muy diferentes y que su ciborg no existe realizado ni en vistas de realización posible, los hermanos Elric pueden ser pensados como ciborgs. Desmontan -lo ciborg y los ciborgs- algunas dicotomías: humano/animal, animal-humano/máquina y lo físico/no físico. En el capítulo uno de la cuarta temporada de Rick and Morty, un Rick holograma le dice a su nieto: “Hola. Soy un Rick de Detención y Prevención de Crisis generado por un chip que el Rick “real” insertó en tu columna vertebral. Real, entre comillas, porque llamar real a las entidades privilegiadamente densas es realmente holofóbico”. Más allá del chiste, lo que se leer e cómo en el siglo XXI la idea del “alma”, la fuerza vital, el ánima -lo que moviliza los cuerpos- aparece cada vez más disminuida y desvalorizada. El mismo personaje de Alphonse Elric se sostiene porque hay algo así como un alma que puede ser separada de su cuerpo y unida a una armadura.

Haraway propone que el ciborg se ubica “…precisamente donde la frontera de lo animal y lo humano es transgredida. Lejos de señalar una separación de los seres vivos entre ellos, los ciborgs señalan apretados acoplamientos inquietantes y placenteros.” (Haraway: 1984, 5). Alphonse Elric, ya lo vimos, no puede desprenderse de sus acoplamientos previos, no puede desprenderse de buscar lo familiar, la casa conocida. No podemos pasar por alto el idealismo de la posibilidad de recuperar el cuerpo original. Del cuerpo como un lugar original y orgánico al que es posible regresar. El cuerpo armadura es un cuerpo eficiente y eficaz: es fuerte, no necesita comer, no necesita dormir. Sin embargo, el cuerpo deseado, vulnerable, precario, se prefiere y se precisa frente a un cuerpo eficiente. La necesidad de sentir un abrazo es más fuerte que el beneficio de no necesitar comer. El cuerpo del humano-máquina no es deseable para los niños. Es un reemplazo temporal, pero justamente son sus dimensiones éticas e indiscernibles las que los vuelven a colocar en el espectro del ciborg. Porque mientras rechazan la máquina, propone una apertura de lo humano. Una humanidad irreductible: reclaman el valor, el valor de la vida y la necesidad de cuidar a cada ser vivo, rechazan la distribución diferencial.

Los límites y la diferencia entre lo humano y lo no humano no es tanta, y cuando es siempre es maquínica y capitalista. Podemos acceder a la dimensión política y ética de que un grupo, privilegiado, haga uso, usufructe las diferenciaciones entre humano/no humano para su propio beneficio. Y cuando decimos esto estamos hablando de racismo, de colonialismo, de especismo. Y que puede ser productivo pensarlo en términos de piedra filosofal: en términos de capital, de acumulación, de intercambio y de deuda. De acumulación del capital que produce lo humano para estrechar zonas de no-humanidad, zonas de guerra, de deshumanización.

Es allí donde el ciborg viene a proponer una interrupción en la circulación económica de lo humano. En su indecidibilidad, en proponer la superación y el devenir indiscernible como un valor política y éticamente positivo, atenta contra la distribución desigual del capital que produce lo humano y marca sus límites. Entonces es posible parafrasear a Derrida y preguntar: ¿qué es lo otro dentro de mí, inanimado o animado, humano o animal que debo aniquilar, que debo sacar para ser, por fin, humano, para volver a ser humano, y que ese movimiento no sea restrictivo sino de apertura? ¿Podemos llevar a lo humano fuera del orden del ser para entrar en universos heterogéneos de referencia? ¿Es posible pensar lo humano como algo que se abre? Quizás, el problema sea parecido al del don, y lo humano sea lo imposible, lo restricto, el capital irrefrenable; y el truco sea no pensar lo humano sino un pensar de manera humana, un agenciamiento plural de lo humano que advenga e interrumpa el intercambio.


Bilbliografía

DELEUZE, Gilles. Crítica y clínica. Anagrama, Barcelona, 1996.

DERRIDA, Jacques. Dar (el) tiempo. Paidós, Barcelona, 1995.

DERRIDA, Jacques. Aporías. Morir -esperarse (en) los «límites de la verdad». Paidós, Barcelona, 1998.

DERRIDA, Jaques. Fuerza de Ley. El «fundamento místico de la autoridad». TECNOS, Madrid, 2008.

DERRIDA, Jacques. Seminario La bestia y el soberano: volumen I 2001-2002. Manantial, Buenos Aires, 2010.

GUATTARI, Felix. El inconsciente maquínico y la revolución molecular y A propósito de las máquinas, en  ¿Qué es la ecosofía? Textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud. Cactus,Buenos Aires, 2015.

HARAWAY, Donna. Manifiesto Ciborg. El sueño irónico de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado. 1984.

HAYES, Erica (dir.). Rick and Morty 4×01: Edge of Tomorty: Rick die Rickpeat. Serie de T.V. Animación. New York, Rick and Morty LLC, GreenPortal Productions, 2019.

YASUHIRO, Irie (dir.). Fullmetal Alchemist: Brotherhood. Serie de T.V. Animación. BONES, Tokio, 2009/10.

 

 

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>