#3 Sentado en la habitación del pánico

Por Sasha Hilas

En CARTAS DE AMOR

[Cartas de amor. Libros. Literatura. Biblioteca. Amor. Theodorós Kallifatídis. Kafka. Walter Benjamin]

Un día nos propusimos escribir cartas de amor, esta es la número 3.
NEC

“Quizá esa fuera, finalmente, la importancia de la escritura. La responsabilidad por mi mundo”.
Theodorós Kallifatídis

Autor: Sasha S. Hilas  (@palido.fuego)
Ilustración: Vikinga Dg (@vikinga.dg)

No tengo la intención de ponerme cursi, pero sí quiero decirte que me salvaste la vida muchas veces. Empezaste a aparecer en mi vida cuando tenía apenas 10 años; eras tan pequeño como un estante, pero lo suficientemente fuerte como para mantenerme a flote en aquellos años tan difíciles. En la habitación del fondo, pasando la puerta de madera oscura, vivimos entre el inconfundible olor de la soledad. Mi impresión en aquellos años fue que también deambulaban por la habitación los antiguos fantasmas de la casa. Como para exorcizar, mientras el patio del fondo se llenó de peces en el estanque y en el patio interno proliferaron las plantas, tuviste que dejar de ser un pequeño estante y volverte, poco a poco, una biblioteca. Para cuando me di cuenta ya eras una biblioteca madura, plagada de murmullos en muchísimos idiomas. Representabas para mí el momento cumbre, entre trágico y magnífico, de la caída de la Torre de Babel. Nos independizamos juntos, si es que la independencia llega alguna vez, y aprendiste a convivir con la multiplicidad de lenguas y temas que podríamos decir conforman “mi gusto literario”. De entre todos los murmullos que te habitan, una voz en particular es mi favorita. Suena tímida pero “clara y distinta”. Entre Kallifatídis y Mekas está Kafka. Dentro tuyo, como una parte estructural de tu anatomía, está una de las sensibilidades más extrañas e incomprendidas, está mi escritor favorito. Dentro tuyo está también mi primera lectura, los libros que me regalaron las personas que me quisieron y que quise.

Y mientras te escribo esto pienso que algo de bueno tienen que tener los libros para que alguien se lleve su biblioteca entera en cajas de madera, de un lado a otro en el exilio, como hizo Walter Benjamin. Algo de verdadero tiene que tener este amor que me empuja a escribirte.

Es de noche y, sentado aquí en el sillón de “la habitación del pánico”, me conecto con todo lo que está a mi alrededor. Tu presencia siempre a mi diestra. Acompañándome en silencio, sos el hilo rojo que sostiene la memoria de mi vida. Tengo para mí que aún viviremos juntos muchos años más.

Te agradezco que me hagas sentir acompañado en los momentos solitarios del pensamiento y del corazón. Espero que nunca lo sepas.