Hola, soy Miguel y vengo a curar al mundo

por Abril Fernández

Michael Jackson es una figura. Punto. Su presencia marcó muchos momentos de la industria musical; revolucionó disciplinas como la danza o el audiovisual. Por su carisma y encanto, o bien gracias esos amigos productores y directores de cine que siempre parecían hacer magia gracias al flaquito, se convirtió en una estrella.

Su exigida carrera, desde muy jovencito él, lo hizo vivir un día a día muy bizarro para la mayoría de nosotros. Sólo basta imaginar una vida en la que muchas personas (en su mayoría asistentes personales, managers y otros satélites de Hollywood) se pelean por alcanzarte la gaseosa que querés tomar. Un former-child-star (1) que finalmente evoluciona en una bella y eficiente mariposa adulta. O al menos eso les hizo creer a todos. Existieron muchos Michael, con diferentes edades, diferentes voces, diferentes ropas y diferentes tonos de piel. Todos vividos y ejecutados por la misma mente. Hubo, por ejemplo, un Michael antes de los años 90 y otro muy distinto que salió escupido allá por los dosmiles.

Durante los 80, sin embargo, Michael realiza un videoclip y una canción a dúo con Paul McCartney. Los hits le salen tan fácil como los goles a Maradona en la misma época. Flaquito, de ojos brillantes y todavía demasiado ingenuo, se manda unas escenas súper divertidas con un Beatle. Por favor. Su alegría me resulta muy evidente cuando lo veo cantando con Paul.

paul and michael2

De Michael se dijeron muchas cosas. Se publicaron toneladas de papel prensa con su nombre y su imagen fue reproducida, ampliada, retocada, zoomeada, repetida y marcada con líneas redondas y rojas sobre las áreas polémicas. Se lo vio entrar y salir de su casorio, de su casa, de tribunales, de limusinas, de discotecas y de estudios de grabación. Pero en Say say say, este videoclip ochentoso dirigido por un señor Don Bob Giraldi, me parece que Michael aprovecha para tratar de mostrarse. Qué es lo que tiene verdaderamente en la cabeza.

Son muchas cosas para contar. Primero: Paul no es su único coprotagonista en el vídeoclip. Elige a Paul y a su esposa Linda, figura épica si las hay. Los elige a los dos, como si fueran unos padres blancos copados, ingleses y medio hippies. Unos padres soñados. A mi entender comparten demasiadas escenas cantando con las cabezas juntitas. El segundo punto es que él, Michael, no es un buen chico sino un farsante. Y farsantes son todos: PaulLindaMichael y un negro grandote que es el chofer. Se dedican a yirar en un rastrojero por unos pueblos de los años 20 o 30, vendiendo productos con propiedades inexistentes o improvisando un bodevil (2) cuando hace falta. Son lo que son en la vida real todos: actores, intérpretes, entretenedores. Bufones, estrellas, artistas. Eso sí: no olvidar que son una especie de Robin Hoods que donan las ganancias de sus estafas a los orfanatos. Cualquier similitud con la vida real de Michael es pura coincidencia.

Otra cuestión merece la historia de amor que Jackson, como el jovencito estrella que es, tiene que interpretar. Una noche cualquiera, mientras tira unos pasos en un bar, Michael se queda prendado de una flaca que encima tiene un tocado flapper (3) en su cabeza muy loco. Ella es negra como él. Jovencita. Todos pensamos: “Bueno ahora se van juntos mientras cae el sol”. No señor. Michael no sólo la deja plantada en la vereda a la salida del after, hace que Paul zafe la situación, y al Beatle no le queda otra que darle un ramo de flores de plástico a la flaca enamorada en el cordón de la vereda. Un papelón. Pero bueno, todos se saludan re piola y se termina el video. Si no, no se terminaba más.

Para mí que, aparte de demostrar que no quería crecer nunca y que quería donar a los desfavorecidos el dinero excesivo del que disponía (que hasta le parecía robado, malhabido), el video muestra claramente que a Michael le gusta el negro grandote que es el chofer, el cuarto miembro de la pandilla. Sólo basta con ver la química entre ellos en las primeras escenas, cuando hacen una pulseada haciéndose los que no se conocen. Michael parece pensar que ésa era su parte favorita del día.

 

¿Qué aconteció durante los años 90 que Michael salió tan transformado? Hizo lo que quiso, tal vez demasiado. Imagino que llega un momento en que demasiadas personas se han peleado por llevarte la gaseosa, y todo se vuelve confuso. Nunca fuiste una persona normal, así que por qué empezar a serlo ahora, se diría el flaquito. También creo que durante esos años, Michael fue libre de ser tan radical como quería, de pintarse todo lo que quería la piel y los cabellos, de probar todas las cositas nuevas que quería en sus performances. Me parece que la pasó bien. Sus ideas tomaron forma de cortos musicales demasiado avanzados para su tiempo. Jam, They don’t care about Us, Black or White: ¿a quién podría ocurrírsele semejante arcoiris sonoro y visual? Su perfección me pone la piel de gallina.

El Michael de los 90 hace algo muy loco, que no repite nunca más. Muestra su obra y su detrás de escena al mismo tiempo. Le gusta meter las tomas que salen “mal” en la favela, le gusta que se escuchen los tiros que sonaron de verdad. Aparece charlando con Michael Jordan mientras le enseña a bailar. Sus costosas producciones se reservan un espacio para lo espontáneo, lo casual o lo cotidiano para él. No todo lo que vemos es ficción.

jackson and jordan

Ingenuo o desencantado del mundo real, de su trabajo, de su suerte, de todo, Michael se las arregla para cumplir con su extraña misión: ser un farsante que nos entretiene. Ya no canta su Ou! finito sin acompañarlo de un Aaargh! ronco. De a poco se va convirtiendo en un desastre de imagen pública. Y mientras tanto, sigue tratando de explicar qué se siente ser Michael Jackson. Aunque todo sea sólo una impresión mía.

***

(1) Former child star: ex estrella infantil. Se usa para hablar de cantantes o actores/actrices que fueron conocidos desde muy corta edad.
(2) Bodevil: puesta en escena de tipo picaresca, generalmente ejecutada con acompañamiento musical, con números coreográficos o de entretenimiento.
(3) Flapper: estilo de vestir muy en boga durante los años ’20, especialmente en Europa y EEUU. Es usado en un principio por mujeres que frecuentan bares o cabarets, aunque luego evoluciona y da lugar a líneas más elegantes.

 

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