Kevin Abstract contra la heterosexualidad del hip hop

[Kevin Abstract. Brockhampton. Los Angeles. Heterosexualidad. Homosexualidad. Clifford Ian Simpson. Rap. Hip Hop. Texas. Machismo. Tyler The Creator]

por Santiago Miranda

I don’t fuck with no white boys, less that n**** Shawn Mendes

Tiene la cara y el cuerpo pintados de azul y está manejando un carrito de golf por las calles de un suburbio de Los Ángeles. La cámara lo sigue mientras sus compañeros de Brockhampton, el mega grupo de rap que creó a sus diecinueve años, sueltan rimas sobre el agente Cody Banks, las palomas de Prince y la novia blanca de Lionel Ritchie.  Los versos ácidos son acompañados por una música pesada y saturada, imágenes de bebés gigantes y de una cabeza flotante asándose en un horno que se mezclan con las expresiones desopilantes de estos pitufos despintados, todo lo que termina por formar el combo explosivo de alto impacto al que definen como boyband.

Va un minuto del video Star” y hasta aquí todo bien: los espectadores de las videoreacciones (el nuevo fenómeno que invade Youtube y que hoy dicta el ritmo del hype con el que se consume la música) no se inmutan. Les gusta, convence. Hasta ahora todo lo que vieron y escucharon es pura hard shit de la new school: bases duras, tipos descarados, barras irreverentes y visuales que alternan entre la experimentación y lo bizarro, bien podría ser un nuevo Odd Future.

Pero ahí llega nuestro héroe azul, con sus pequeñas rastas y sus dientes en triple fila, listo para interrumpir su tranquilidad. Solo basta una rima:

“Heath Ledger with some dreads / I just gave my nigga head”

Las reacciones son instantáneas, algunas escandalosas. Nuestro narrador dice que le acaba de hacer sexo oral a su novio ¿Cómo iba pasar desapercibida tal referencia? ¿Cómo vas a decir eso en el rap man, si esto es un juego de hombres, de egos masculinos? ¿Cómo no alterarse si en los casi cincuenta años de movimiento nadie había rapeado algo así? ¿Cómo? Y nuestro troll abre los ojos como quien sabe que está diciendo algo imposible, que no debe pronunciarse, pero lo hace igual. Con ese simple juego de palabras el sistema colapsó: la heteronorma del hip-hop fue hackeada.

“Empty, empty home”: Problema americano

Texas es tradicionalmente una de las grandes cunas del conservadurismo estadounidense, escenario de una sociedad pacata, orgullosa de sus universidades cristianas, sus equipos de fútbol americano (los Cowboys de Dallas y los Houston Texans) y sus compañías petroleras. Allí, en la ciudad de Corpus Christi, sobre la avenida Brockhampton, se crío Clifford Ian Simpson.

Los detalles sobre su infancia y entorno familiar son poco claros: informaciones cruzadas de wikis, blogs y fandoms insisten en que nunca conoció a su padre; que en realidad sí, pero lo veía muy poco; que su familia era mormona; que la relación con su madre era tan mala que no sabía ni cuál era su trabajo (Simpson confirmó este último dato en una entrevista para The Guardian en la que terminó por corroborar los grises de su pasado: “La gente piensa que miento cuando digo esto, pero en realidad no estoy seguro”). Lo cierto es que la familia fue el primer espacio en el que Ian no pudo encajar, donde su sexualidad fue rechazada por primera vez. Con su historial conservador y racista, el clima sureño tampoco se prestó especialmente cálido para un joven gay afroamericano, y lo mismo se repitió y extendió en la escuela para terminar por condenar su identidad y orientación sexual al ostracismo hasta sus últimos años de secundario. En la misma entrevista para el diario británico declaró: “Vivir en el sur es ser criado alrededor de personas a las que se les enseña que esto es malo e inaceptable, lo que hace que tampoco vos lo terminés por aceptar. Pero no los puedo culpar por cómo me criaron, ellos también nacieron allí.

Como cualquier niño, con pocos años de edad el pequeño Ian volcó su atención al cine y la televisión en busca de referentes. No encontró mucho que lo representara (a pesar de la ilusión progresista del paso del milenio, en la primera década del 2000 no abundaron personalidades afroamericanas y queer), pero halló una primera pista en Will Smith, quien solía interpretar héroes suburbanos que se convirtieron en la primera obsesión de Simpson (“Cada vez que veía a un tipo negro y cool, quería ser como él”). Cuando descubrió que Smith tenía una previa carrera como rapero, decidió pasarse de Hancock al hip-hop, en una época en el que el género marcaba su transición pop de la mano de discos como 808&Heartbreak de Kanye West y con la aparición de nuevos personajes vulnerables, honestos y raros como Kid Cudi, que rompían con el estereotipo tradicional del rapero duro y áspero del ghetto. Pero no fue hasta años después, en pleno inicio de su adolescencia, que Ian encontró a un grupo de artistas que le hablaban a él: Odd Future. El colectivo liderado por Tyler The Creator era un conjunto diverso de weirdos radicales y pendejos descocados que le dedicaban sus rimas a los excluidos, a aquellos que eran rechazados y llamados raros, nerds y maricas. Además, el grupo se autoproducía y encargaba de todo su espectro creativo, incluida la producción y dirección de los videos musicales. Era todo lo que Ian estaba buscando: una salida, una ventana en la que visualizar un futuro dominado por marginados y outcasts en el que podía ser protagonista, combinando su pasión por el cine y la música.

Con todas estas influencias, Clifford Ian Simpson decidió a los doce años convertirse en Kevin Abstract y se dispuso a armar su propia agrupación. BROCKHAMPTON nació de un posteo en el foro de fans de Kanye West KanyeToThe.com, realizado por Abstract bajo el nombre y foto de perfil de Harry Styles. El texto rezaba: Anybody wanna make a band? Quienes respondieron que sí se sumaron a un proyecto musical en génesis, llamado en un principio AliveSinceForever (Vivos Desde Siempre) y formado por Kevin y los pocos amigos que tenía en la Woodlands High School de Texas. Tras graduarse, los catorce miembros definitivos se instalaron a doscientos ochenta kilómetros del establecimiento educativo, en una pequeña casa de San Marcos y en 2015 cambiaron el nombre del grupo de forma definitiva. Inspirado tanto en la banda de Tyler como en la Factory de Warhol, Brockhampton se desarrolló como una incubadora de outsiders y freaks millennials, una boyband como One Direction pero de raperos que se oponía a los preconceptos del pop y también a todo lo que un colectivo de rap debía ser, definido por la revista Complex como un conjunto “gay, negro, blanco, hazlo-tu-mismo, ambicioso e inclusivo de popstars en ciernes”.

Que la boyband fuese llamada como la avenida donde se crío Kevin no se trató de una elección al azar. Las canciones de Abstract y Brockhampton repiten constantemente conceptos asociados a la falta de hogar (tan así que a principios de este año Abstract volvió a Corpus Christi para filmar una especie de performance abierta en la que ejercitó en una caminadora por diez horas frente a su antigua casa y rodeado por una multitud de fans). Lo americano, como la idea que engloba el modelo de vida moderna y sus instituciones, aparece como una obsesión que se reitera de forma permanente en los títulos de los discos, videos y letras de la banda: es el representante de la familia, la escuela, la iglesia, la ciudad, todos los lugares e instituciones donde su identidad fue sistemáticamente denegada. Y ante la imposibilidad de formar parte, de ser american, la alternativa. Con lo que tomó del cine (especialmente el coming-of-age, la road movie y las comedias y dramas adolescentes, todos géneros que consisten en el descubrimiento y formación de personal de los protagonistas) y el hip-hop, como movimiento que surgió como expresión de una comunidad marginada y excluida del sueño americano, las creaciones de Abstract son manifiestos personales de esa posición de imposibilidad, inmediatamente conmovedoras, desde la furia cruda y saturada que provoca Brockhampton hasta los pasajes pop e introspectivos de su carrera solista. Incluso su último álbum Arizona Baby, que él mismo revela haber hecho a las apuradas con el único fin de cumplir un contrato con la discográfica, tiene la misma impronta íntima y cautivante de discos como Blonde de Frank Ocean: esa soledad que esconde la búsqueda de un lugar de pertenencia, que terminó por encontrar en sus compañeros de banda. 

This is a gay event only, go home

Todos los viernes en su nueva casa de Los Ángeles, Kevin Abstract, de veintidós años recién cumplidos, recibe a un montón de artistas reconocidos de la localidad para hacer terapia de grupo en su cocina. Tras el éxito explosivo de la trilogía de albums Saturation en 2017, la vida de los miembros de Brockhampton sufrió un giro brusco, un ascenso veloz y vertiginoso hacia la fama con sus correspondientes altibajos. Así la terapia grupal funciona como una forma de apoyo para asimilar la intensa realidad en el mundo de las estrellas y las pesadillas. Entre los invitados también se encuentra el ídolo confeso de Abstract, el actor Shia LaBeouf, de quien dice no solo admira su carrera profesional (una de sus películas favoritas es “American Honey”), sino que le sirvió como un ejemplo muy valioso para enfrentar su actual vida como popstar. De hecho, uno de los protagonistas de sus videos (todos los videoclips tanto solistas como de Brockhampton son ideados y dirigidos por Abstract) lleva el apellido de Shia y juega de amante de Helmet Boy, el personaje interpretado por Kevin. Caracterizado con un casco, Helmet Boy es la versión de Abstract de aquel héroe suburbano con el que estaba obsesionado de niño, el tipo cool con el que fantaseaba a falta de modelos que lo representaran.

Sobre esta cuestión puntual habló recientemente con el premiado actor y dramaturgo queer Jeremy O. Harris (hoy se destaca también como consultor de la genial serie de drama teen Euphoria, que bien podría estar musicalizada por Brockhampton), quien lo entrevistó para la nota de tapa de la revista GQ online del junio pasado por la celebración del mes del Orgullo LGTBI+. En la entrevista O.Harris le preguntó a Kevin si de chico había tenido alguna inspiración queer, a lo que respondió:  “No tuve ese tipo de inspiraciones porque fui programado para creer que no era eso”. Lo cierto es que, si bien Abstract pudo encontrar en Will Smith, Kanye y Cudi un primer escape a esa programación, en las pasarelas del Hip-Hop no desfilaban raperos gay, el modelo de hombre que allí se construía era otro: rudo, mujeriego y siempre heterosexual. Si el movimiento había levantado desde sus inicios la bandera de la diversidad, la unión y el respeto desde la pluralidad cultural del ghetto, con los años y la industrialización del género la escena se transformó rápidamente en escenario de competencia entre egos masculinos y machos, reforzando esa imagen también para la audiencia. Mujeres como Missy Elliot, Queen Latifah y Lauryn Hill fueron quienes disputaron en los noventa ese espacio, pero la irrupción abierta de otras identidades sexuales en la escena del rap no se dio recién hasta los últimos años y con resistencia. En el caso de Odd Future, por ejemplo, las presencias de Frank Ocean y Sidney marcaron un hito que muchas veces fue desestimado con la excusa de que no eran “cien por ciento raperos” (En el año 2013 Snoop Dogg, referente del rap de la vieja guardia, le dijo a NME: “Frank Ocean no es rapero, es un cantante. Y ser gay es aceptable en el mundo del canto, pero no sé si alguna vez lo será en el rap porque es un género muy masculino”). 

La música de Abstract nace de esa ausencia, de la necesidad de una de una voz popular, de un nuevo héroe que rompa con la cadena de invisibilización que ha dominado a la cultura; un estandarte que se puede resumir con el diálogo que establece consigo mismo en uno de sus versos en “Junky” de Brockhampton:

“Why you always rap about being gay?
‘Cause not enough niggas rap and be gay”

Las expresiones y los rostros alterados de las videoreacciones ante sus rimas son una foto perfecta de una actualidad en ruptura. Desde su propia individualidad, Kevin Abstract está quebrando con el modelo de rapper y de hombre en la escena en un momento en el que el Hip-Hop es el fenómeno musical más popular del mundo, junto a otros jóvenes artistas como Taylor Bennett, Lil Nas X y Cupcakke a quienes acompaña un público cada vez mayor. En todo caso, sus letras, canciones y videos son la bandera de arribo de una nueva generación: la llegada de una identidad que existe, respira y quiere rapear.

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