La canción está en buenas manos

Por Francisco Flores Zega

Desde que la grabación y reproducción de música se hizo posible, la canción tomó una entidad gigante en la vida cotidiana de las personas, muchas de ellas llegando a convertirse en leitmotiv del día a día de muchos nosotros. Porque, ¿quién no ha tenido un tema pegado a su cabeza en el lapso que dura entre que sale el sol y se esconde? ¿Quién no ha entrado en estado de goce total al dejarse llevar por la melodía y armonía de los temas que van saltando desde un playlist? Así encontramos que desde que la época moderna inventó eso llamado “pop”, hay una gran cantidad de próceres en el arte de escribir canciones. Entre los grandes nombres que llenan la vitrina del salón de la fama de los songwriters hay uno que tal vez pasa desapercibido por no llegar a formar parte del mainstream hitero de los últimos años, pero que sin dudas la tiene clara en lo que a escribir temazos se refiere.

Johnny Marr es el sujeto en cuestión y de quien vamos a hablar en esta reseña. Para el desapercibido (colgado), Marr fue el guitarrista y compositor de la legendaria banda de rock británico, The Smiths. De su mano salieron los riffs, armonías y melodías a las que luego su coequiper Morrissey adornaría con letras poderosas. La formula fue irresistible y durante cinco años dominaron la escena del rock pop de las Islas, al punto tal de ser considerados los “nuevos Beatles” por algunos sectores y se convirtieron en una de las bandas más influyentes de la historia. Post Smiths, y mientras su ex compañero iba convirtiéndose de a poco en icono y leyenda, Marr prefirió mantener un perfil bajo, continuando en el mundo de la música pero formando parte de proyectos más cercanos al círculo del indie como Electronic, Modest Mouse, The Cribs y The Healers, además de colaborar con bandas como Oasis y John Frusciante. Entrando así a un estado de artista de culto, valorado por toda la generación britpoper de los ‘90s y el revival post punk de comienzos del siglo XXI.

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Fue recién el año pasado que Marr decidió que era momento de mostrarle al mundo que podía bancarse llevar un proyecto donde él era la cara y atracción principal. Editó así su primer disco solista, llamado The Messenger, mostrando que la pluma seguía intacta. El disco lo llevó a dar un tour mundial donde fue consolidando su banda al punto tal que a finales del 2013 aseguró estar comenzando a preparar un nuevo disco.

Playland es el nombre de la segunda placa solista de Marr, recientemente salido esta semana a través de un streaming subido a su página y ya disponible en forma física y digital. Como ya había adelantado el propio músico, Playland es un disco en donde la fuerza de la banda en vivo toma mayor presencia. Si bien sigue la línea de su antecesor, este nuevo trabajo carga con un sonido post punk más notable, con bases rítmicas bien marcadas y de a momentos, pulsos acelerados como en “Playland” y “25 hours”. Pero al mismo tiempo queda demostrado nuevamente que Marr la tiene atada en lo que a escribir grandes canciones poperas se refiere. El laburo simple, pero minucioso y detallista a la hora de armar la arquitectura de los temas, y su sensibilidad como melodista están presentes  y siguen siendo su marca principal, sumándole una gran mejora en su rol como vocalista, que recuerda a Bernard Summer (New Order) y a David Gilmour. “Dynamo”, “The Trap”, “This Tension” y la inmensa “Candidate” muestran el lado que mejor le sale al guitarrista mancuniano, rozando un espíritu new wave que recuerda a New Order o a su proyecto pasado Electronic. Pero la canción que se lleva todas las luces sin dudas es “Easy Money”. Un riff dance punk letal, una melodía pegadiza, y una canción con destino de hit que lamentablemente no va a sonar en todas los boliches de la zona, pero que nosotros podemos instaurar como hit del verano en las fiestas que armemos. Lo interesante es como detrás de la mascara hitera de la canción, Marr se toma tiempo para criticar la mentalidad capitalista y de “hambre por dinero” que rodea al mundo y principalmente a su Britania Cameronista.

En conclusión, Playland cumple el rol de disco secuela, aunque puede que no llegue al nivel de su predecesor. Lo mismo deja claro que Marr volvió para quedarse y que el futuro augura grandes cosas para uno de los grandes artesanos de canciones que ha dado el mundo del rock. Nosotros, felices.

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