La potencia de la indeterminación: reflexiones sobre la identidad

[Identidad. Oposición. Yuderkys Espinosa Miñoso. Miguel Misse. Trans. Hombre. Mujer. Género. Kurt. Glee. Norma. Performance. Judith Butler]

por Consti Dominguez

(Spoiler alert: esta nota no es sobre COVID19)

¿Se pueden habilitar formas de definir una identidad sin caer en oposiciones, dicotomías y reducciones? Probablemente no. ¿Necesitamos definirnos porque lo que no se nombra no existe? Puede que sí. Con esa contradicción asumida que no vamos a resolver, empezamos.

Quiero referirme a la incomodidad que puede generar en ciertas ocasiones una etiqueta, una determinada identidad de la que probablemente hemos elegido muy poco. Con incomodidad estoy pensando, por ejemplo, en todas las veces que evito un pronombre al nombrarme. Estoy pensando también en lo que dice Yuderkys Espinosa Miñoso cuando explica que las preguntas que rodean sus teorías le surgen en gran parte por “esa cantidad de mujeres que no encajan en el término, que no se sienten como tales, pero que tienen que amarrarse a él”.

Espinosa Miñoso piensa en mujeres, pero podríamos animarnos a llevarlo aún más lejos. Miguel Misse, sociólogo trans español, dice que es la misma incomodidad que sienten los cuerpos trans, pero que no es exclusiva de esos cuerpos, sino que en mayor o menor medida la tenemos todxs. Para el autor, la transición es sólo una de las formas posibles de sobrellevar esa sensación de molestia generada por un sistema binario opresivo y excluyente (no se trata aquí de igualar o comparar padecimientos, sino más bien de reconocer la raíz del problema.) ¿Nunca te preguntaste hasta qué punto “sos” eso que toda la vida venís “siendo”? En ese gerundio tan amado y tan odiado puede aparecer una de las primeras claves: pensarnos en un devenir y no en una esencia.

Oposiciones, marcos y normas

Para empezar a indagar en prácticas que descompriman el peso de la identidad, voy a traer a colación a un personaje al que seguro todxs amamos: Kurt de Glee (no voy a negar ni afirmar que mi productividad durante la cuarentena pasó por volver a ver esta serie). En uno de los primeros capítulos se propone un duelo de equipos y Kurt se rehúsa a formar grupo con los varones pero el profesor no le permite ser parte del equipo de las mujeres. Kurt se ve en una especie de limbo al no pertenecer a ninguno de los dos bandos. Claramente, la incomodidad que siente Kurt va más allá de su homosexualidad, ya que pronto aparecerá otro personaje homosexual (al que también amaremos) que no sufrirá ni de cerca los mismos dilemas que sí acongojan a nuestro unicornio favorito (Podría haber usado a Ali de Transparent para ejemplificar con un personaje mucho más complejo y de una serie no adolescente, pero el corazón quiere lo que el corazón quiere.) ¿Qué moraleja nos deja Kurt? Algo que todxs sabemos pero que a veces nos olvidamos: las prácticas que escapan del binarismo identitario han existido y existen desde siempre, esas prácticas que surgen del deseo o la necesidad de dejar entrar un poco de aire a la caja en la que quieren meternos (o nos metemos).

Antes de retomar la problemática de la identidad y a riesgo de caer en un enredo, voy a hacer un paréntesis. La separación entre teoría y práctica es sin duda otro de los grandes dualismos que tanto mal han hecho a nuestra forma de conocer, pero cabe decir que en la cotidianeidad suele ser complejo encontrar o entender sus cruces. También es válido reconocer que, para muchxs, cuando actuamos desde la intuición y el sentido común tenemos experiencias más abiertas a la creatividad que cuando empezamos a leer y analizar y nos damos cuenta que venimos faltando a una gran cantidad de normas básicas (cosa que me puede estar sucediendo, porque a diferencia de toda persona que haya estudiado filosofía, no es tan sencillo divagar sobre las preguntas que nos atormentan). Quería decir esto para hacer una salvedad: en este caso, en mi experiencia personal, leer, estudiar y analizar las críticas a la “identidad” me ha generado formas más creativas de pensarme y de habitar mi cotidianidad. Entender que hasta hoy nuestro sistema de clasificación nos define de manera opositora y que aferrarnos a esa identidad no hará más que reforzar ese sistema me ha costado más de un dolor de cabeza. Pero también me ha traído más de una sensación de alivio. Y por eso esta nota, con todo el enrosque que eso implica.

Les propongo un ejercicio que a mí me costó mucho asimilar. Pensemos un instante en la norma: ¿nos imaginamos personas habilitadas y personas excluidas de ella? Bueno, lo que diría Judith Butler es que no hay nada fuera de la norma. Parece simple, pero quienes venimos de una tradición de prácticas de “inclusión” nos quedamos un poco en jaque. ¿Inclusión de quiénes? Pero sobre todo ¿inclusión a dónde? Estamos acostumbradxs a pensar en términos de exclusión/inclusión (o estás afuera o estás adentro) pero si revisamos estas concepciones podemos decir que aunque estemos desafiando a una norma, probablemente nos alcanzará otra versión de la misma. Son las normas las que constituyen a los sujetos, estamos atravesados por normas pero no de manera estable ni inequívoca: “Los planes normativos se ven interrumpidos recí­procamente los unos por los otros, se hacen y desha­cen según operaciones más amplias de poder.”(Butler, 2010:17) Si pensamos nuevamente en Glee y en la típica escuela que todas las series yankees parecen compartir, existen múltiples planos normativos, como por ejemplo el mandato ser popular que a su vez convive con el de ser heterosexual o el de ser productivos dentro de la institución escolar. También podemos reconocer planos normativos en aquello que en primera instancia pareciera estar fuera de la norma y para esto se puede citar a la figura de Puck, el pibe malo que no cumple con los mandatos escolares pero debe mantener su imagen de tipo rudo cueste lo que cueste. Las normas conviven entre sí, se deshacen y rehacen siguiendo los hilos del poder.

Para Butler, los “planes normativos” se manifiestan en marcos: “El marco que pretende contener, vehicular y deter­minar lo que se ve (y a veces, durante un buen período de tiempo, consigue justo lo que pretende) depende de las condiciones de reproducibilidad en cuanto a su éxi­to.” (Butler, 2010: 26) Me imagino una fila de seres humanos pasando por una “prueba de personalidad”, al estilo entrevista de call center, para que al finalizar, enmarquen tu foto con la descripción: “es mujer”. Pero la clave para el éxito de ese marco, para su aceptación total en la sociedad, es que se reproduce en el tiempo. Esa persona enmarcada como “Mujer” sale de esa entrevista y va a otra donde nuevamente vuelve a ser enmarcada como “Mujer”. Y así, hasta que no cabe ninguna duda. Pero es justamente en esta reproducción del marco donde hay pequeños intersticios que quizás dejen entrar luz. Pero si esa persona llega un día a una entrevista y ahora tiene las piernas peludas, el marco negociará y dirá “Mujer” a la nueva imagen que está sentada al frente, para garantizar su reproducción y su existencia (esto suponiendo que el marco fuera tan fácil de convencer, pero en realidad podemos suponer que es un poco más testarudo y abrirle la cabeza lleva más tiempo o más piernas peludas).

¿Podemos proponer nuevas formas de mirarnos?

Podríamos hacernos varias preguntas: ¿qué tiene de “esencial” ser mujer? ¿Qué condiciones hay que cumplir para cada marco? ¿Hasta qué punto podemos negociar con los marcos? Ningún marco es estable, sino que se reproducen y se reiteran, y es en esa reiteración que encuentran la aceptación que tienen hoy, pero es también allí que se vuelven vulnerables. Retomando el ejercicio anterior, decíamos que no hay nada por fuera de la norma, porque todo aquello que queda por fuera de, por ejemplo, “Mujer”, empieza a generar sus propios marcos, lo que Butler llama “versiones minoritarias de la norma”.

Ahora bien, podríamos decir que para tener existencias más libres deberíamos ampliar las características que la norma acepta en los sujetos enmarcados en “Mujer”; o incluso generar nuevos marcos de sujetos, pero en el fondo el problema seguiría existiendo. Nos hemos acostumbrado a lo que este modelo de sociedad nos propone: o sos una cosa o sos la otra. O sos hombre o sos mujer, oriental u occidental, kuka que no se baña o cheta del nordelta, y podría seguir eternamente con las dicotomías.

La identidad como la conocemos necesita siempre de un otro para funcionar, y esto a su vez requiere reducir toda el recorrido de un sujeto a una de sus características. ¿O es que sólo somos nuestra marca de género o raza? ¿No somos también amigxs, hijxs, peronistas, zurdos, adictxs a la tecnología, fans de los gatos? De ese conjunto de relaciones que somos puede surgir una potencia mucho mayor, mucho más interesante que conformarnos con andar pidiéndole al sistema que “incluya” cada vez más características en su concepción de sujeto ¡Porque siempre se definirá con un otro!

Es decir, no busquemos que de pronto Kurt tenga un lugar en las formas ya existentes de reconocimiento, que Kurt se vuelva lo aceptado en contraposición de un otro inaceptable: busquemos modificar de lleno nuestra forma de entendernos. Y eso quizás podemos empezar a hacerlo si hablamos más de prácticas y menos de identidades, si pensamos más en sujetos maleables y cambiantes y menos en sujetos cerrados y definibles.

¿Con qué pronombre nombrarme? No sé. ¿Importa? Claro que sí. ¿La indeterminación puede ser también una forma de existencia? Yo estoy acá, me contesta unx amigx con los mismos dilemas. Esta manera de ver el tema puede complejizarse si pensamos que a su vez tenemos que organizarnos para la reivindicación de derechos colectivos, pero no es la intención plantear aquí una nueva dicotomía: identidad sí/identidad no. Continuaremos en nuestras prácticas juntándonos, organizándonos entre quienes tengamos objetivos políticos similares. Lo hacemos así, porque así lo elegimos, no hay una esencia que nos une pero si hay una historia de lucha y un deseo de encontrarnos en pos de generar existencias más libres. El objetivo, después de todo, es buscar esos cruces entre la teoría y la práctica que nos permitan formular nuevas preguntas.

Por último, cabe aclarar que estas reflexiones teóricas me han servido a mí para encontrar una mayor comodidad en la incomodidad, para gestionar mis propias contradicciones como sujeto, pero puede suceder de pronto que no sirvan a nadie más (después de todo, el sistema de representación se cae junto con el de identidad). Citando nuevamente a Miguel Misse, la gestión de la incomodidad que nos genera el sistema binario tiene múltiples salidas. La cuestión quizás sea animarnos a probar hoy una y mañana otra, total ¿quién puede decir que hay pasos incorrectos cuando no sabemos a dónde vamos?

 


Bibliografía

Espinosa Miñoso, Yuderkys (2007) “Escritos de una lesbiana oscura, reflexiones críticas sobre feminismo y política de identidad en América Latina”. Buenos Aires-Lima: en la frontera.

Misse, Miquel (2018) “A la conquista del cuerpo equivocado”. España: Editorial Egales.

Butler, Judith (2010) “Marcos de guerra, las vidas lloradas”. Barcelona-Buenos Aires-México: Editorial Paidos.

Butler, Judith (2006) “Vida precaria, el poder del duelo y la violencia”. Barcelona-Buenos Aires-México: Editorial  Paidos.

Haraway, Donna (1995) “Ciencia, cyborgs y mujeres, la reinvención de la naturaleza.” Madrid, Ediciones Cátedra.

 

 

 

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