Liberación, orgullo, y alianzas

[Día del orgullo. Políticas. Heteronorma. Trans. Trava. Bisexual. Lesbiana. Gay. Wayar. Estado. Neoliberalismo. Stonewall. Frente de liberación homosexual]

por Alexis Ravera (@AlexxRavera)

Si me dieran a elegir volveria a ser trans y bisexual. O torta, o puto o trava… si le preguntan a muchxs compañerxs. Por lo que sucede más allá de las perdidas y los duelos, o tal vez en la perdida y los duelos y los fracasos. Desde las ruinas [1]. Por todo lo que encontré al no poder ser hetero, al no poder ser cis, al no poder encajar en la normalidad. Y no es que solo aprendí sobre otros o sobre nuevos usos de los placeres sino también el hecho de que ahora tengo certezas (o incertezas que quiero habitar) sobre mi cuerpo, sobre quien soy, sobre cómo ser con otrxs, sobre cómo amar y ser amado, sobre cómo desear y ser deseado. Y tengo también certezas sobre lo que es la injusticia y sentirse pequeño y puedo tender lazos desde allí, alianzas políticas desde la solidaridad con otrxs que nunca serán ciudadanxs plenos en este neoliberalismo.

Hay dos nociones que unx se encuentra al dejar el mundo heterocis sobre quienes vinieron antes y disputaron el reparto de los sentidos colectivamente: el orgullo y la liberación. La liberación, en tanto liberación sexual, es el término en el origen rastreable a Stonewall, o si queremos algo más local, al Frente de Liberación Homosexual: “amar y vivir en un país liberado”. La  idea de liberación iba y va de la mano de un proyecto antiimperialista- e incluso anticapitalista [2]. La liberación, con la vuelta a la democracia, pierde primacía para dar lugar a la noción del orgullo, que en última instancia corre el riesgo de convertirse en un significante vacío a utilizar con meros fines mercantiles (por ejemplo, marcas sin ningún interés en agendas LGBT+ o acciones concretas en pos de la comunidad con los colores del arcoíris en días como hoy).

¿Podemos hoy conjugar el orgullo y la liberación sexual? ¿Por qué nuevas formas de comunidad estamos apostando? ¿Qué alianzas estamos construyendo o son factibles de construir desde la existencia desviada/disidente? ¿Podemos empezar a pensar desde la multiplicidad y las multitudes, desde todxs lxs que de alguna forma somos lxs otrxs en estados neoliberales?

Partiendo de una noción de orgullo individual a una de orgullo colectivo, a entender que mi liberación va de la mano de la liberación de otros que fracasan en los proyectos de vidas estandares de la casa, la familia, los hijos, el trabajo de ocho horas. Lo más interesante de la existencia desviada no tiene nada que ver en sí mismo con la construcción de unx en tanto puto, trava, torta, trans, bi; sino con los puentes que se pueden tejer en tanto unx es puto, trava, torta, trans, bi.

Estudios recientes hablan de que es muchísimo más probable que personas LGBT+ participen en movimientos de liberacion de distintos tipos (sexuales y reproductivos, feminismo, veganismo, entre otros) que las personas heterocis. Mi conjetura es que se debe a aquello que nos deja el exilio de la heteronorma, de la cisnorma, que nos permite apelar a nuevas nociones de humanidad, a un ser-con-otrxs. A saber:

Usos del cuerpo

No ser hetero/cis significa que unx entiende que los usos del cuerpo están regulados, que hay usos más legítimos que otros, y que debe al menos reflexionar un poco sobre autonomía y autodeterminación corporal para ejercer el placer, el deseo, los afectos y la construcción de unx y de unx con lxs otrxs. Lo que lleva a discusiones interesantes sobre cuidado, a construcciones éticas a partir de cuestionamientos morales. El movimiento LGBT+ tiene una historia de alianzas con otros movimientos que hablan de autonomía y autodeterminación, por ejemplo, el del derecho al aborto o la militancia gorda.

Éticas

El uso, la construcción del cuerpo y las prácticas con el cuerpo fuera de la hegemonía suelen llevar colectivamente a la construcción de éticas vinculares, afectivas y sexuales. Un gran ejemplo de esto es la organización comunitaria LGBT+ ante la crisis del sida, cómo ante el abandono estatal se activaron mecanismos colectivos para mantenernos vivxs desde los afectos, desde la difusión e implementación de prácticas sexuales seguras.

Todo el tiempo hay una circulación de información y discusiones sobre prácticas de cuidado: cómo tener sexo seguro, cómo hablar e implementar el consentimiento, qué hacemos con los abusos. Hay espacios para la reflexión constante sobre vincularse que lleva incluso a proponer y habitar modelos alternos a la monogamia. Se discute también sobre éticas de consumo, sobre el uso que hace el capitalismo de nuestras identidades o sobre el consumo de animales no humanos.

Esto explica el solapamiento en nuestras comunidades con el BDSM, vínculos sexo-afectivos abiertos/libres o poliamor, el vegetarianismo/veganismo, el anticapitalismo.

Alianzas e interseccionalidad

En definitiva, estar en el mundo en cuerpos no hegemónicos o con prácticas no hegemónicas puede llevar a la interseccionalidad con otros movimientos: de neurodiversidad, de diversidad funcional, gordos, racializados, ecologistas, animalistas. Cuestionar el reparto de lo político en una dimensión lleva a una comprensión de otras tensiones. Ahí los desafíos y las apuestas solidarias, el comprender que frente a un enemigo más grande, a un sistema de opresiones que busca nuestro exterminio, la única respuesta son las alianzas multitudinarias con otrxs tan otrxs como nosotrxs.

Otra humanidad es posible.

Estamos en eso.


[1]     https://www.uni-tv.com.ar/programas/ver/ruinas

[2]     https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-4250-2015-11-06.html

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