Marriage story: abrazar la imperfección

[Marriage story. Amor. Matrimonio. Egoismo. Harriet Cholmondeley. John George Lambton. Romanticismo. Gretna Green. Fall in love. Enamorarse. Noah Baumbach. Nicole. Charlie]

por Gaspar Roulet (@rouletgaspar)

John George Lambton fue el primer Conde de Durham (Inglaterra). Por supuesto, nacer en una familia noble a fines del siglo XVIII le deparaba ser una persona con una inmensa fortuna y una prometedora carrera política. Por otro lado, Harriet Cholmondeley era la hija bastarda de George Cholmondeley, quien también pertenecía a la nobleza (pero de una ciudad distinta). Su condición de “ilegítima” le valió un destrato absoluto durante su vida (lógico en cuanto a los lineamientos culturales de la época y lo que pertenecer a la realeza significa, pero aún así injustificable). Pero ni John ni Harriet son recordados por las circunstancias de sus respectivos nacimientos, sino por un hecho muy particular: en 1812 se conocieron por circunstancias del destino y decidieron escapar hacia Gretna Green (un pequeño pueblito de Escocia) con un único objetivo: casarse.

Esto que a priori puede parecer irrelevante, no lo es: ¿cómo va a casarse un noble con una bastarda? ¿Qué veía el Conde en ella? (la pregunta inversa obviamente no se hacía: se asumía que ella lo quería por la plata).

Lo cierto es que en ese hecho consolidaron la primera gran transgresión del romanticismo. Su casamiento, basado en el amor antes que en la seguridad económica y la conveniencia política, movilizó a la sociedad europea y Gretna Green se convirtió en el lugar ideal para las bodas de aquellas parejas que no contaban con la bendición de sus padres o bien estaban compuestas por menores de edad.

Fade to black.

Fade in.

¿Amor? ¿Qué sabés del amor?

Desde aquel entonces el mundo siguió girando y nos encontramos hoy ante la nueva película de Noah Baumbach, donde Nicole (Scarlett Johansson) emerge de la oscuridad para mirar al horizonte mientras que Charlie (Adam Driver) nos cuenta las razones por las cuales la ama. Acompañando su narración, vemos un montaje que la tiene a ella como protagonista.

“Me estanco en mis manías y ella sabe cuándo presionarme y cuándo dejarme en paz” / “Le cuesta guardar este calcetín, cerrar tal puerta, lavar aquel plato, pero lo intenta por mí” / “Siempre sabe qué hacer en situaciones familiares de mierda”.

Al concluir, vemos que Nicole en realidad no miraba al horizonte sino a Charlie, que está dirigiendo una obra de teatro en la cual ella es parte. A partir de este punto, comienza el proceso narrativo inverso: las razones por las que ella lo ama a él.

“Ninguna opinión ajena ni ningún obstáculo le impiden lograr lo que quiere” / “Es extremadamente prolijo, y confío en él para mantener el orden” / “Adora ser papá, adora todo lo que debería odiar, como los berrinches”.

Pero no estamos ante una película que llena la pantalla de personajes con cara de que están teniendo una O.D. de serotonina, dopamina y noradrenalina. Eso es fácil para los ojos, esto no. Es puramente coyuntural, el rubor es reemplazado por la sangre de la ira. Es el fracaso del amor puesto en pantalla grande, la desmitificación de aquella institución antes sagrada y ahora altamente cuestionada: el matrimonio.

Luego de que Nicole se va con Henry (el hijo de la pareja) a Los Ángeles (su ciudad natal), todo empieza a caer en picada en la vida de Charlie: ella toma finalmente la decisión de divorciarse.

Mook Chivalry

En los videojuegos y películas se suelen presentar variantes de una misma situación: el/la protagonista principal se ve rodeada de enemigos. ¿Cómo va a salir de ésta? Fácil: el Efecto Stormtrooper. Este refiere a aquellos momentos donde los antagonistas superan en número, artillería y armadura a los protagonistas pero no hacen uso de esta ventaja, sino todo lo contrario: atacan de a uno, tienen mala puntería y repiten patrones de movimiento, como dándole pistas a nuestros héroes de cuál es el camino a seguir para llegar al éxito.

Sería muy simple (y violento) que Charlie manipulara o amenazara a Nicole para que vuelva a New York o que ella simplemente no respondiera sus llamadas, no le abriera la puerta y lo borrara de su vida completamente mientras consolida su vínculo con Henry en Los Ángeles. Pero acá es donde entra el Efecto Stormtrooper de la vida real: no actuamos en base a nuestros intereses personales todo el tiempo (si bien siempre nos gustaría que nuestra propia vida fuera fabulosa) sino que a través de nuestros esquemas de valores y creencias desarrollamos una moral que nos pone límites. Todos tenemos distintas nociones del bien y el mal, algo bueno para mí puede ser algo malo para vos, pero esa es la línea que guía el comportamiento y acomoda ante diversas circunstancias, cerrando el camino que se nos presenta más fácil.

Pero Charlie y Nicole no se odian, sino que descubrieron que su relación ya no funciona y es ese aglomerado de recuerdos de momentos mejores lo que hace que siempre busquen un final con buenos términos, son sus concepciones del amor y del bien y del mal su obstáculo autoimpuesto e inevitable.

De todos modos (y como lo dicta la guía del buen guión) los conflictos de los personajes no deben ser únicamente internos sino externos. Además de sus análisis sobre sí mismos y lo que la relación significó, tanto la abogada de Nicole como el abogado de Charlie pretenden usar todo dato, por más pequeño que sea, para inclinar la balanza en favor de sus respectivos clientes. La pareja se enfrenta entonces a algo que no puede controlar, sus propios compases morales son atacados al pedirles detalles de su vida cotidiana para usarlos en contra de la persona que aman.

Ahí se produce el pasaje del amor a la guerra, se pasa de los obstáculos autoimpuestos a la lucha con uñas y dientes. Nicole se tropieza en una escalera y se le adjudica un potencial alcoholismo. Charlie tiene una gran relación con su suegra y se casó en Los Ángeles, lo que sirve de argumento para probar una vida (no real) en California y separarlo de su hijo.

De todos modos, la película hace un gran trabajo en llevarte para donde más le convenga: cuando escuchás las razones de Nicole pensás que Charlie es un desconsiderado que nunca le dio cabida para mudarse juntos a Los Ángeles donde ella tiene a toda su familia. Dos escenas después y estás del lado de él, porque tiene una vida en New York de la que no puede desprenderse y eso le impediría ver a Henry.

Pero, si bien el divorcio es el principal motor de la trama, no es su tópico central. No se trata de contar la secuencia de pasos hacia la ruptura legal, la película busca hacer emerger otros cuestionamientos: ¿cómo funciona el amor? ¿Qué acuerdos implica? ¿Qué se resigna?

Ego y distorsión

Nunca se amó de la misma manera. Es que, independientemente de las reacciones químicas y sus manifestaciones en el cuerpo, no deja de estar moldeado por la cultura y el contexto. El amor es político y tiene espíritu de época.

Al ser una película que toma escenario en la actualidad, Charlie y Nicole son atravesados por la cotidianeidad occidental del siglo XXI. Altamente marcados por las tendencias individualistas, ambos quieren alcanzar la realización personal, pero el problema es que sus objetivos son opuestos.

Por un lado, Charlie quiere continuar con su compañía de teatro en New York, donde se posiciona como un director emergente que promete mucho. Por el otro, Nicole quiere desprenderse de la figura de su esposo (que tal como se dice en las inscripciones que leen al principio se enfoca mucho en sus objetivos) y probar suerte en Los Ángeles, el lugar donde creció y donde vive su familia.

Es a partir de esta lucha de egos que todo empieza a desmoronarse a nivel colectivo pero, también, a nivel individual: Nicole señala que Charlie es alguien que se viste bien, que nunca parece ridículo, lo cual es extraño en un hombre. Con el correr de la película, vemos cómo él empieza a desaliñarse. Fruto del estrés de la situación, las camisas mal abrochadas, las mangas dobladas y el pelo alborotado aparecen cada vez más como parte de su vida. Además, vemos cómo en su nueva casa en Los Ángeles (que alquila para visitar a Henry) los juguetes están en el piso y las puertas de la alacena nunca son abiertas al primer intento. Charlie realiza un sutil pero constante pasaje del orden al desorden a tal punto que para la última escena es alguien completamente distinto.

 

Por el lado de Nicole, el camino parece ser el inverso: al principio es Charlie quien se perfila como la figura dominante en la crianza de Henry, pero ella va ganando terreno desde la llegada a Los Ángeles y termina haciendo que el niño la prefiera a ella por sobre él, cosa que no sucedía al principio. Después, ella termina teniendo éxito en el juicio y en cada pequeña disputa con Charlie cuando antes ella misma se había presentado como una persona que fracasa seguido. Pero la belleza también está en el detalle y es que, desde su llegada a California, nunca vuelve a dejar abierta la puerta de la alacena.

Obviamente, los cambios que van atravesando impactan cada vez más en sus encuentros (ahora únicamente motivados por la existencia de Henry) y todo estalla en la nueva casa de Charlie.

“Estás tan consumido por tu propio egoísmo que ya no te das cuenta lo que es y no es egoísta” le dice ella a él. Pero Charlie responde “Todos los días me despierto y espero que hayas muerto (…) espero que te enfermes y que después te atropelle un auto y mueras”.

Todo termina ¿bien? ¿mal? Charlie continúa su vida en New York y Nicole comienza una nueva relación en Los Ángeles donde convive con su madre, su hermana, y Henry, luego de haber ganado el juicio. Pero en una de sus visitas Charlie descubre a su hijo leyendo el listado de cosas que Nicole amaba de él. Al ayudarlo, él acompaña la lectura y rompe en llanto, sin saber que ella los observa desde la puerta, también con lágrimas en los ojos.

Trou Normand

Un año después del casamiento de John Lambton y Harriet Cholmondeley, Jane Austen publicó Orgullo y Prejuicio (y si bien no hay pruebas fehacientes de que tenga algo que ver con la historia de John y Harriet, por conveniencia de la narración te propongo que asumas que sí). En el libro, la autora explora y critica el romanticismo a través de la historia de Elizabeth y Mr. Darcy. Nuevamente, un hombre de la high society inglesa busca casarse con una pueblerina cualquiera. De todos modos (y siendo controversial para la época) ella lo rechaza a pesar de las múltiples ventajas que le representaría ese matrimonio en términos prácticos (entre ellas la posibilidad de asegurar económicamente a su familia).

Eventualmente, luego de idas y vueltas terminan casándose, pero eso no significa que Austen plantee un retorno a (ni legitime) los matrimonios por conveniencia. Por el contrario, ella plantea un balance: el matrimonio debe ser equilibrado a través de ambas cosas, tanto el amor como la seguridad económica. Casarse con motivos únicamente sentimentales o monetarios es inviable.

Pero ya pasó mucho tiempo desde 1815 y la practicidad, pasó el free love de los sesenta y si hacemos un salto de 201 años (me hubiera gustado que fueran 200 pero el destino no lo quiso) nos encontramos con que en 2016 Portugal se quedó con el primer puesto a nivel mundial en cantidad de divorcios respecto al total de población. Googleando aparecen varios factores a la hora de decidir separarse legalmente, como lo son la pérdida de identidad individual, la falta de una visión compartida del éxito o la existencia de un desacuerdo respecto a las finanzas, en fin, todo se puede resumir en una oración: no se cumplieron las expectativas

Esto implica dos cosas: la primera es que, evidentemente, al comenzar una relación hay una serie de ideales que se generan. Pueden ser cualquier cosa, no hay una receta, depende del vínculo que se establece, las cosas que nos gustan y lo que queremos ser tanto a nivel personal como en pareja. Pero, por otro lado, también significa que en esta travesía que el amor atraviesa en cada sociedad a nivel global, pasando de la conveniencia estratégica a la primacía del sentimiento, al balance de Jane Austen, al free love, a lo que sea que implique ahora, siempre las personas tuvieron esperanzas de que ese era el modo correcto de encarar las cosas, pero ¿hay un modo correcto de hacerlo?

El “falling in love” y el “enamorarse” no se distinguen nada más por la fonética y por el lenguaje. Implican cosas completamente distintas que reflejan las vivencias de sociedades diversas. Traducido, el primero sería “caer en el amor”. Esto es espontáneo, no hay una receta, pasa. Señala al amor como una otredad que se mantiene expectante a la espera de que cuando nos demos cuenta de que estamos ahí ya sea tarde, hayamos caído y tengamos que ver qué hacer. El segundo es distinto, “enamorarse” es procedimental, una serie de etapas que van desde un mínimo a un máximo, la confirmación sucesiva de una atracción que va in crescendo.

Sea como sea, aparentemente la mayoría de las veces termina en lo mismo: tal como les pasa a Charlie y Nicole, las expectativas iniciales no se alcanzan, y eso está bien. Lo ideal es justamente eso, ideal, utópico. Entonces antes de que todo se desinfle (porque lo hará) es fundamental abrazar lo inevitable del fracaso, asumir que la perfección es irreal y que todo es una gran y caótica ambivalencia, donde lo que nos queda es rescatar eso que sí logramos (a pesar de que no sea ese “todo” anhelado). Es mirar eso que tenemos como un triunfo aún a sabiendas de que está compuesto por incontables derrotas. A fin de cuentas, John Lambton y Harriet Cholmondeley sólo estuvieron casados tres años.

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>