Masturbación: una forma de empoderamiento personal

[Masturbación. Poder. Sexo. Michel Foucault. Cecilia Ce. Sexo ATR. Teresa De Lauretis. Normalidad. Paul Preciado. Sexopolítica. Agente de control. Autoestimulación]

por Belén Pretto

A veces no necesito ver porno, tengo la mente lo suficientemente sucia. Puedo decir que conozco mi cuerpo a la perfección. Me preparo, pienso, me mojo, me toco, vibro entre sensaciones y estimulaciones. Me imagino con alguien, pero a veces no necesito a nadie. Masturbarse no siempre significa tener ganas de sexo.

Acostada o sentada. Recorro con mis manos todo mi cuerpo, mis dedos se posan en mi boca, los cargo de saliva y los llevo directo a mi clítoris. Se resbalan entre movimientos y gemidos, mientras miro y me muerdo los labios. Se pone cada vez más grande y empiezo a vibrar por dentro. Siento la suavidad como una seda húmeda, caliente. Me penetro, suavemente con mis dedos. Juego un rato ahí y lo combino otra vez con mi clítoris. Si me concentro y me relajo al máximo, el orgasmo puede ser muy intenso. Puedo retardarlo, siento que estoy por llegar pero espero. Vuelvo a estimularme, respiro, me concentro.

La autoestimulación todavía sigue siendo tabú en el 2020. En términos generales, las mujeres que se masturban conocen bien su propio cuerpo o están en pleno descubrimiento. Pero hay un alto porcentaje de mujeres que todavía no lo hace. Uno de los motivos es la falta de educación sexual desde el placer que recibimos cuando estamos en la pubertad. Todavía tengo algunos recuerdos borrosos de esa clase en sexto grado del colegio parroquial al que asistí: cómo nacen los bebés, la penetración, la heterosexualidad, el amor, evitar enfermedades y no mucho más que eso. Muy poca información sobre el clítoris, la única parte del cuerpo que “no tiene otra función más que dar placer”, como nos dice la psicóloga y sexóloga Cecilia Ce, en su libro Sexo ATR.

No hablé de masturbación con mis amigas en la primaria y tampoco en la secundaria: se daba por sentado que es algo que “no se hace”, porque nos daba mucha vergüenza admitirlo. Yo sí lo hacía, y lo experimenté por primera vez en la pubertad aunque sé que muchas llegan recién en la adultez. Por lo general, la pornografía modela gran parte de nuestro imaginario sexual cuando la consumimos en edad de desarrollo, que es justamente cuando nos construímos sexualmente. “Aprendemos por modelaje, aprendemos de lo que vemos más que de lo que nos dicen”, apunta la autora de Sexo ATR.

Sin embargo, la masturbación fue un tema más recurrente en la universidad. Ahí mismo también descubrí que muchas chicas de mi edad no se habían masturbado jamás. Y muchas de ellas no lograban tener orgasmos durante actos sexuales. Y la verdad es que una cosa conduce a la otra. Cecilia Ce recibe muchas consultas de chicas de más de 20 años que no logran acabar, algunas ni siquiera pueden excitarse y eso desencadena en frustración. “Mucha gente espera que le pase algo mágicamente sin saber cómo llegar a eso”, dice en una entrevista para Infobae. Por eso, insisto: hay que tocarse, conocerse, disfrutarse, permitirse el deseo y olvidarse de las estructuras socioculturales que intentan definir normativamente nuestra sexualidad.

Por ejemplo, la eyaculación femenina o squirting es más común en la pornografía que en la vida real. Investigué cómo hacer para lograrlo y después de varios intentos me salió. Es cuestión de entrenamiento: la clave está en relajarse (la respiración también ayuda) y tener en cuenta algunas cuestiones concretas para llegar al estímulo adecuado. Indagando un poco por internet, algunos artículos o videos pueden servir de ayuda para internarlo. De todos modos el squirting no es excluyente para tener un orgasmo y no vale la pena autoexigirse demasiado. Tampoco es necesaria la penetración. La influencia de las representaciones de la pornografía nos suelen generar frustraciones porque claramente no se ajustan a los parámetros de la vida real.

De sexopolítica y géneros

¿Por qué la masturbación femenina siempre fue tabú incluso entre nosotras mismas? Foucault nos dice que los dispositivos de la sexualidad son una construcción socio-histórica producto de la modernidad, basados en un conjunto de técnicas y disciplinas que conducen los efectos del poder en una compleja red dinámica, dispersa, discursiva y no discursiva que produce saberes en un determinado contexto que incide en los cuerpo y produce sujetos (Foucault, 1976). Las conductas y normas de la sexualidad operan de manera diferenciada y opuesta según lo femenino/masculino, así como también desde un lugar psíquico-cultural donde se produce el placer y el deseo.

Las instituciones educativas mencionan la penetración heterosexual como la única manera de concebir el sexo. Lo que está fuera de la norma es visto como lo abyecto, lo anormal. Crecemos dentro de un paradigma social-cultural donde las conductas son atravesadas por todo lo que aprehendemos en materia de educación (en el colegio, en la familia, en la pornografía), construyendo así nuestra identidad sexual.

La teórica Teresa De Lauretis (siguiendo la línea foucaltiana) dice que la representación del ideal de la sexualidad es una construcción social histórica a partir de la cual se producen cuerpos-sujetos con determinadas normas. Por un lado, la sexualidad masculina, considerada activa, fuerte, fácilmente estimulada por imágenes, objetos y fantasías; y la femenina, definida como pasiva, disciplinada, reproductiva y en respuesta a la sexualidad del varón (De Lauretis, 1986).

Así están construidos los parámetros de normatividad sexual. Hay distinción de géneros, y eso afecta en gran medida las maneras de concebir la sexualidad tanto para los sujetos masculinos como femeninos. La realidad es que cada uno tiene su propia manera de construir su sexualidad basado en experiencias de la vida cotidiana.

Por otra parte, Paul Preciado apunta que la sexopolítica es una manera de ejercer poder desde el sexo (prácticas sexuales, deseo, códigos de masculinidad y feminidad, identidades sexuales y de género, etc.) haciendo de los discursos sobre el sexo y de las tecnologías de normalización de identidades sexuales un “agente de control sobre la vida” (Preciado, 2005).

Definitivamente la normativa del género y de la sexualidad influye demasiado en la búsqueda del deseo y en la manera en que nos construimos sexualmente. Nadie nos enseña cómo sentir placer, algunas lo fuimos descubriendo por nuestra propia iniciativa. Existen dispositivos y tecnologías que gestionan el placer y las identidades sexuales. Desde la niñez vivimos rodeadas de tabúes y estructuras que moldean incluso algo tan íntimo como el placer propio, se nos atribuyen roles de género e indicaciones respecto a lo que debemos hacer y a lo que tenemos prohibido en materia sexual.

Para terminar, además de masturbarme y jugar un buen rato con mi clítoris, en este ensayo quería resaltar lo importante que es la masturbación para nuestra vida sexual. El primer paso para tomar la posta de nuestra propia sexualidad es el autoconocimiento, algo que tuvimos prohibido y censurado culturalmente durante años en la historia de la humanidad. Es clave, también, entender que para tener un orgasmo no necesitamos exclusivamente un pene ni un elemento fálico. Conmigo misma me alcanza. La masturbación es una forma de empoderamiento personal.


Bibliografía

Gall, Noe. Mattio, Eduardo. (2017) Biopolítica y dispositivo de la sexualidad: una revisión de las críticas feministas. Boletín Onteaikén N 24.

Hernández, Cyntia Cerón. (2016). La configuración y significados del placer sexual y erótico en mujeres universitarias de la Ciudad de México. Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro), (22), 73-102. https://doi.org/10.1590/1984-6487.sess.2016.22.04.a

Barriga, Silvero. (2013) La sexualidad como producto cultural. Perspectiva histórica y psicosocial.

Sousa Dias, G. (23 de mayo de 2020) Sexo A Todo Ritmo: la sexóloga del medio millón de seguidores. Infobae. Recuperado de: https://www.infobae.com/

 

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>