Mientras avanzaba, ocasionalmente vislumbré breves destellos de Cyborgs*

*A propósito de una película de Jonas Mekas, Instagram y muchos planteos de la filosofía de la técnica, sobre todo los de los capos de Bernard Stiegler y Gilbert Simondon.

por Antonella Saavedra (@PezPost)

En el año 2001, el director Jonas Mekas lanzó una película llamada “As I was moving ahead occasionally I saw brief glimpses of beauty” (en español: “Mientras avanzaba ocasionalmente vislumbré breves destellos de belleza”). No me atrevo a traducir este título al alemán. Por la extensión del nombre vendría a ser el “Él Mató un Policía Motorizado” del cine. No obstante no es de la extensión del título de esta obra del director lituano de lo que cualquiera se quejaría teniendo en cuenta que el documental dura cinco horas (es decir 288 minutos) y va por capítulos. Es una obra de cine experimental que compila 40 años de grabaciones caseras de su vida familiar, un diario íntimo audiovisual. Lo único que se ve en esas cinco horas son momentos felices de vida hogareña: primeros pasos de sus hijos, cumpleaños, cenas, viajecitos al campo, picnics, días de lluvia, juegos infantiles, casamientos, envejecer, gatos, nenes tocando el violín. Es una oda imposible a la belleza diaria y probablemente una de las películas con concepto más simple y mensaje más esperanzador que he visto. Hasta marzo de este año podías encontrar la película completa en Youtube, hasta que el mismísimo Mekas hizo un reclamo de copyright y la sacaron del sitio.

1

Desde que descubrí que esto existía pasé tres meses usando esta película de momentos banales de la vida personal de un lituano, como soundtrack para limpiar el piso y cocinar en largas tardes de insoportables 40 grados en el verano cordobés. El director de teatro Mariano Pensotti la describe mejor que cualquiera: “La película avanza y al principio uno se aburre un poco porque no pasa gran cosa, al rato te relajás y el embole deja paso a un sopor agradable, narcótico, y para cuando llegás a la cuarta hora no podés creer lo que estás viviendo”. Toda una experiencia. Me enojé con Mekas por haberla sacado de Youtube, porque puede ser realmente adictiva. Además de cuando en cuando su voz en off con ese acento encantador irrumpe en las escenas haciendo comentarios como “Nunca he sido capaz, realmente, de descubrir en donde mi vida comienza y en donde acaba. Nunca, nunca he sido capaz de descubrirlo. De qué se trata todo esto, qué significa todo esto. Y cuando comienzo ahora a poner todos estos rollos de grabaciones juntos, a pegarlos juntos, la primera idea que tengo es unirlos cronológicamente. Pero luego me rindo. Y yo simplemente comienzo a unirlos por casualidad, como los encuentro en el estante. Porque yo sé a dónde realmente pertenece cada pieza de mi vida. Entonces hay que dejarlos ser, hay que dejarlos ir. Sólo por pura casualidad. Ese orden tiene cierta coherencia, hay alguna clase de orden en él, el cual no termino de comprender y nunca he comprendido. La vida a mi alrededor, la vida real. Las personas. Nunca las he comprendido, aún no las comprendo. Y no quiero entender.” Mekas tuvo en un principio, una vida bastante de mierda. En 1944, él y su hermano tenían un teatro en Lituania hasta que los tomaron como prisioneros los nazis y los pusieron en varios campos de trabajos forzados. Fueron ocho meses terribles. Terminó la guerra y huyeron a Estados Unidos. Jonas estudió filosofía y pidió plata prestada, se compró una cámara de 16 mm y empezó a hacer cine vanguardista, experimental. Se radicó en Nueva York.

El formato diario íntimo, bitácora diaria o crónica me atrae en demasía. A nuestra generación se la acusa constantemente de exhibicionista y es una acusación purista, injusta. Debería ser irrisoria. Más de uno documenta su existencia por medio de escritos breves en Facebook o Twitter, fotos y micro-videos en Instagram o Vine y los comparte. La vida puede ser pensada como la documentación permanente de información, data. En nuestros teléfonos y computadoras coexiste la múltiple realizabilidad de objetos digitales (esto es, programas) que a su vez son dispositivos retencionales de datos. Son extensiones de nuestra memoria. La rama de la filosofía que se centra en la técnica trabaja sobre la noción de que la escritura fue el primer gran dispositivo retencional de información. Hoy, esto trasciende. A nuestra memoria la extendemos con dispositivos (tal y como lo hizo Jonas Mekas) cada vez que tomamos una foto con Instagram, por ejemplo.

As_I_Was_Moving_Ahead_Occasionally_I_Saw_Brief_Glimpses_of_Beauty

¿Cómo individuos nos hipersincronizamos al someter nuestra individualidad al registro través de los mismos soportes que nos ofrece el mercado? Bernard Stiegler es un tipo que se encarga de abordar estas cuestiones, al igual que Gilbert Simondon. Me parece algo romántico pensar que cada ser único e irrepetible debe resguardar la subjetividad a como dé lugar. Nunca hay quien piensa a la subjetividad como a la virginidad femenina en su momento, lo más puro, preciado e incorruptible. Cada uno debe aferrarse a la rareza propia porque es lo último que queda. Como personas somos únicos e irrepetibles y no lo somos, a su vez. Tiene un poco de distopía pensar en la homogeneización total de todos los sujetos. Es sencillo perder la esperanza en la humanidad todos los días, basta con prender la televisión, abrir un diario o caminar dos cuadras por la ciudad. Quizás sea una ilusa, pero no creo que el mercado pueda quitarnos la subjetividad.

Retornando al tema de los dispositivos tecnológicos como extensiones de nuestra memoria, otra idea divertida la de que a raíz de los avances tecnológicos y la aparente imposibilidad de prescindencia de celulares, computadoras y tantos otros aparatos en la vida diaria, quien posea un smartphone o una computadora es una suerte de cyborg. La noción de cibernética proviene del griego Κυβερνήτης (kybernetes) o “arte de manejar un navío”, (por la idea de manipulación). Cyborg es un acrónimo del inglés “cibernético” y “organismo”.

El término “cyborg” se popularizó a partir de la publicación en los ’60 de “Cyborgs and Space”: un humano manipulado y mejorado para sobrevivir entornos extraterrestres, con un sistema homeostático automatizado y apto para la exploración espacial. Donna Haraway en esa misma década escribe “Manifiesto para cyborgs: ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX” o uno de los más brillantes y lúcidos de los manifiestos feministas a través de la metáfora del cyborg como una criatura en un mundo postgenérico.

cyborg-picture_1024x768_29418

Aún (e insisto en que ocurrirá) no somos los increíbles cyborgs pensados en la lisérgica década de los ’60, pero tenemos Instagram y memorias extensibles.

Por lo demás: la película de Jonas Mekas es tan larga como linda.

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>