#6 No te muestres que el rebaño tiene hambre

[Cartas de amor. Pétalos. Gin. Amor. Hambre. Cuerpo]

Un día nos propusimos escribir cartas de amor, esta es la número 6.
NEC

Autor: Gaspar Roulet (@rowletg)
Ilustración: No me jodan (@_no.mejodan)

Me gustaría que tuviéramos la capacidad de tirar de nuestros pétalos hasta arrancarlos y que no quede nada. Que formen una pila como cúmulos de hojas desordenadas por el implacable viento de Agosto. Hasta no ser más que seres en estado primitivo, despojados de todo, como semillas enterradas en el suelo infértil donde decís que echaste raíces.

Dame flores mientras respire y organizame un desfile cuando me rodeen margaritas. Como cuando eras un árbol plantado al lado de la corriente y dabas frutos en temporada, cuando tus hojas no se marchitaban.

Ahora corto el pasto para anticiparme a las serpientes, uso ambas patas cuando como. Jota de todos los palos, maestro de ninguno. Lo nuestro son solo movimientos, no vamos a la misma velocidad. ¿Qué carrera corrés? Llorá ríos, nada hasta la costa y talá un arbol.

A esta altura es un ramo de declaraciones que entiende que entender es la mitad. La verborragia nerviosa que anticipa la acción gestada desde que amaneció. Una carta que se ubica en medio de un momento pintoresco en el que se lee balanceando un vaso que contiene la promesa de elación.

¿Cuánto gin hay ahí? El suficiente para llenar una pecera, para no recordar que debajo de las vides no hace falta silbar, que no tiene sentido mirar al cielo.

Pero cuidado, que no te haga mostrarte, el rebaño tiene hambre.

Supongo que al final hay montañas que no podemos mover y sin embargo lo intentamos. Hay lugares que siempre son nuestro hogar aunque no lo queramos. Una oración que surca la noche e ilumina la oscuridad.

Pero la verdad hace que el cielo se despeje. Mientras la luz crece el paisaje se completa. ¿Y si no nos gusta lo que vemos? ¿y si la luz lo derrite todo? Hay que continuar de una gota a la vez mientras el brillo nos rodea.

Las cartas reales se sellan con cera y esta quema.

Saco la sal de mis poros y la deposito en mis heridas. La pecera está llena. Los peces que nadan cerca de la superficie piden, no tan discretamente, ser atrapados por las redes que les tiran.

 

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