Perón no escribió la marcha

 [Perón. Eva Duarte. Raúl Alejandro Apold. Secretario de prensa. Marcha peronista. 17 de octubre. Argentina Sono Film. Festival de cine de Mar del Plata]

por Virginia Marcela Gorosito (@virgorosito__)

Raúl Alejandro Apold es un nombre que seguro no te suena. Es normal, es lo que él quería. Y lo que él quería habitualmente pasaba: por eso llegó a ser el Secretario de Prensa de las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón. Monje negro, cerebro oculto, cineasta y autor del hit “todos unidos triunfaremos”, ese verso cantado y re cantado hasta el cansancio en unidades básicas, comprendía bien la combinación necesaria de la política con el espectáculo y los  mensajes contenedores.

No es la intención de este ensayo desdibujar la capacidad del ex-presidente, aunque en dos de los títulos de las obras citadas se usa la palabra inventor esto remite al fenómeno comunicacional y la aceptación de complementariedad con la estrategia del conductor. Hay dos hechos que explican la conformación del animal político que fue Perón: sus viajes por todo el país –como parte del ejercito– lo que le permitió conocer los problemas derivados de la pobreza estructural de las provincias y también su viaje a Europa (si sos peronista pasa al siguiente párrafo) que le permitió conectarse con el populismo ejercido por Mussolini y la doctrina nazi.

Personalmente la imagen de su Secretario de Prensa me fascinaba. Trabajé por un tiempo en comunicación política, y en ese mundo (en el que te ves escribiendo guiones que luego la población consume de emisores infinitamente más relevantes que vos) te das cuenta de lo mágico que son las construcciones. Un día en la casa del golfito del ex presidente Carlos Saúl Menem, mientras esperábamos la luz para grabar un spot, le pregunté si había conocido a Raúl Alejandro. Había leído que cada persona que lo conoció se niega a dar testimonios y quería mi propia experiencia.

Recibí una evasiva muy incómoda del ex presidente, algo como que no se acordaba o no habían compartido mucho, pero con una visible cara de incomodidad. Eso sólo logró darle más vida al mito en mí, porque como dice su única biografía “Apold es el secreto mejor guardado del peronismo”

Y yo quería descubrirlo.

No me cuentes la peli…

Aunque todos los medios de comunicación tuvieron una fuerza de impacto mayor en sus inicios, la imagen en movimiento marca un antes y después. Pensemos: la gráfica produjo un gran impacto por ser la primera forma masiva de difusión, pero queda mucho a completar por el lector ante un escrito; la radio trae consigo muchos más elementos capaces de aportar emociones y connotar más allá de lo expuesto de manera explícita, pero seguimos sin ver, el mundo de la imagen sigue quedando a libre imaginación de quien recibe el mensaje.

El cine, la televisión, los spots y el mundo audiovisual en general traen consigo un paquete completo, en el que la recepción de los mensajes es cada vez más pasiva por parte de la audiencia. El espacio para completar nunca desaparece, ya que sabemos que todos los consumos están mediados incluso por nuestras experiencias anteriores y posteriores a la exposición al mensaje, pero sí es cierto que ya muchos más elementos vienen dados.

Raúl Alejandro Apold era un visionario -me interpela el nivel de admiración a alguien conocido como el Goebbels de Perón, pero no puedo ocultarlo- que integró el estudio cinematográfico Argentina Sono Films donde llegó a ser Secretario de Prensa. La versión de Primera Plana indica que durante el Festival de Cine de Mar del Plata de 1954 él y Mirtha Legrand se mostraron inseparables, lo que no cuesta hilar con el excelente tratamiento por parte de la prensa que le permitió a la diva de los almuerzos consagrarse como figura intachable durante los 40 y los 50.

Sin prejuicios sobre los métodos, Apold aplicó todo el brillo de la industria del espectáculo a la comunicación del partido y sus líderes. Hay algo de vanguardia que se vuelve necesario resaltar, ya que la comunicación política suele sufrir de la misma enfermedad que el ámbito partidario al esperar que algo sea promovido y explotado por la esfera social antes de apropiarlo. No fue su caso, y el destino le recompensó el coraje convirtiéndolo en el productor de la primera emisión de televisión Nacional en la que transmitió un discurso de Eva Duarte.

Pequeños films como antecedentes de la gacetilla audiovisual eran reproducidos antes de las películas de la época. Todo muy connecting the dots foward en la vida del joven estratega de la comunicación. Y todo también puntadas con hilo, ya que estos noticiarios exponían los viajes del Presidente en el exterior y eran consumidos por público extranjero, pudiendo vislumbrar una vez más la delicadeza de una mano con buen pulso para la geopolítica.

Todo ficción

El 17 de octubre, el renunciamiento histórico de Eva y la hora de su muerte. La marcha peronista. Según la periodista Silvia Mercado es todo una creación del poder sin límites de un Apold en su apogeo. Es muy difícil, debe serlo, para alguien con convicción procesarlo, pero es posible. Ciertamente lo es.

Revisemos, antes de correr en círculos y chocarnos las  cabezas unos contra otros, el concepto de hiperrealidad de Jean Baudrillard. El sociólogo francés en su ensayo “Cultura y simulacro” propone la existencia de imaginarios que se presentan como realidades hasta modificar las mismas. Hay una referencia muy elocuente a “El hacedor” de Borges al inicio de “La precesión de los simulacros” en la que El Imperio busca un mapa tan exacto del territorio que termina creando uno del mismo tamaño. Inútil y colosal, los jirones enmohecidos del mapa cubren la extensión de todo el terreno. “El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa lo que preceda al territorio y el que lo engendre”, explica.

Hace también una rica distinción entre simulación y simulacro. El simulacro es asimilable a una obra de teatro, ha de ser verosímil e iremos al teatro dispuestos a dejarnos envolver en la trama: como receptores formamos parte del ritual de una forma transparente, en la que sabemos que aquello está preparado. Incluso si viéramos una foto o una grabación difícilmente lo confundiríamos con una escena de la realidad: son muchos los elementos de la creación para notar que se trata de una ficción montada como tal.

La simulación aniquila la realidad. El autor marca la diferencia con la utopía y señala con crudeza este acto, “la simulación parte del principio de equivalencia, de la negación radical del signo como valor, parte del signo como reversión y eliminación de toda referencia”.

Y no se trata sólo de la tesis de una peronista crítica con el régimen. Mariano Plotkin estudia la dimensión simbólica del peronismo, como él mismo la llama, y realiza una exhaustiva revisión del 17 de octubre en la que concluye que la jornada fue realmente distinta al relato oficial que termina constituyéndose como el mito fundacional de un partido que sigue marcando una praxis partidaria bien asimilada por todo el arco político nacional en base a esa mística.

El 17 de octubre no existió, no en los términos que se festeja anualmente como una masiva reunión espontánea de trabajadores pidiendo la liberación del general Perón. La versión oficial cuenta que Juan Domingo fue llevado a la isla Martin García por los militares que habían dado un golpe de estado a principios de octubre de 1945.

Desde el día 14 se registró movimiento en los locales de la CGT, pero no todos los dirigentes coincidían en llamar a huelga para pedir la libertad de Perón, había quienes sostenían que era mejor informarse por la comunicación oficial del actual presidente Farrell antes de accionar (¿no era la política el arte de los hechos consumados? Perdón, me fui, sigo). Finalmente la movilización y paro de actividades se declara para el día 18 de octubre con varias consignas entre las que estaba el levantamiento de Estado de Sitio y libertad a todos los presos políticos.

Los trabajadores no esperaron hasta el día pactado y comenzaron a movilizarse el 17. Esta es la parte que no queda clara ¿son convocados?, ¿son movilizados por el sentimiento? ¿hay una mezcla de convicciones y situación estructural – las distancias– que los hace planificar el gran día con antelación?. Hay una versión bastante romántica y poco avalada por historiadores que cuenta que fue María Eva Duarte la que recorrió la ciudad pidiendo ayuda para el general. Sabiendo de entretelones tan inverosímiles como ciertos, yo voto por esta historia de amor.

No voy a ser quien marque como incorrectos los actos de violencia provenientes de un pueblo trabajador históricamente vapuleado, pero existieron. Incluso un grupo de obreros llegó a ingresar a Casa Rosada y fueron reprimidos. Hubo, más allá de cualquier orquestación, una llama real en el pecho del pueblo que bien sabe aprovechar los estallidos puntuales para canalizar la injusticia histórica a la que somos sometidos.

Para Plotkin el 17 de octubre es un ritual de refuerzo, en la medida que se tiende a “reforzar la validez de los mecanismos sociales de clasificación existentes, dejando en claro el lugar de cada uno en el espacio social”. Este autor es sumamente crítico con los aspectos románticos de la doctrina que señalan la plaza como el espacio de idilio entre el general y su pueblo: expresa que ese día se dejó claro que Perón era parte del pueblo, pero que estaba muy por encima de ellos. 

Los hechos sobre este día tienen demasiadas versiones disímiles en cuanto al número de manifestantes, el control de la situación y el significado de los hechos. Los festejos oficiales –por parte del Estado para una fecha partidaria– se iniciaron al año siguiente con Perón como primer mandatario.

¿Pero cuál fue el rol de Raúl Alejandro Apold en este hecho histórico? El vínculo de este con el entonces Presidente se remontaba a dos años atrás cuando el periodista trabajó en el ministerio a su cargo, por lo que puede haber intervenido en el lobby necesario para la liberación y posterior discurso; pero es sin dudas su atinada decisión de comenzar inmediatamente a mitificar el hecho (aumentar cifras de movilización, idealizar la actitud de los obreros, borrar los hilos políticos) la que planta la semilla de un partido histórico.

El renunciamiento

Se dice que le podría haber presentado a Eva Duarte. Apold instó a los actores que conocía de Argentina Sono Film a agremiarse y los llevó a las dependencias del Ministerio de Trabajo que ocupaba Juan Domingo antes de su ascenso. 

Puede asegurarse en cambio que fue quien decidió la hora de muerte que figuraría en su acta de defunción. Originalmente el fallecimiento sucedió a las 20:23, pero él lo cambió a las 20:25 por considerarlo más recordable además de atribuirle el latiguillo de “paso a la inmortalidad”. También contrató a un camarógrafo de la 20th Century Fox para filmar su funeral, lo que desembocó en el documental “Y la Argentina detuvo su corazón”.

Sobre el renunciamiento Silvia Mercado explica que fue todo una puesta en escena. “Se usó para que Perón no fuera obligado a poner otro candidato a vicepresidente, como se le exigía. Él quería a Quijano, que ya estaba muy enfermo y terminó muriendo poco tiempo después. Así se distrajo a la opinión pública”.

Considero, y luego de tanto elogio puedo criticar algo, que con su inagotable poder, grupos de medios y aceitadas relaciones con el ambiente artístico, Apold fue extremadamente descarado en el uso de Eva. La apodó Jefa Espiritual de la Nación pero no supo defenderla de quienes la llamaron bataclana. Perón tampoco hizo nada. 

Marchando

Sobre la marcha peronista existen varias versiones. Una dice que la escribió el ministro de Educación Oscar Ivanissevich, yo pongo mis expectativas en Apold por la fascinación de la joven que un día fui, pero realmente no hay fuentes que permitan atribuirla a más que “anónimo”.

¿Es necesario que esa sinfonía hipnotizante haya provenido de él? Imaginemos por un minuto que no, aún así la carga simbólica del peronismo sigue siendo sin dudas del cineasta.

Hay un dato que me resultó perturbador al leer su biografía: no se conoce la fecha de su muerte, un dato básico en este tipo de relatos. Raúl Alejandro Apold murió sin el brillo que adornó toda su vida, y de alguna forma se encargó de que no sepamos cómo.


Bibliografía

Baudrillard, Jean. “Cultura y simulacro”

Ben Plotkin, Mariano. “El día que se inventó el peronismo”

Ben Plotkin, Mariano. “Mañana es San Perón”.

Insaurralde, Gustavo. “Exportando imaginarios. Rituales políticos en las visitas de estado del presidente Perón vistos desde la óptica de los noticiarios cinematográficos”. 

Mercado, Silvia. “El inventor del peronismo”.

https://www.lavoz.com.ar/suplementos/temas/raul-apold-secreto-mejor-guardado-peronismo/

https://web.archive.org/web/20131116084613/http://www.elpais.com.uy/opinion/goebbels-peron.html

 

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