Política argentina punto jotapege

por Ignacio Martin (@ignamartin94)

O .Jpeg, o .Gif, o .Bmp o simplemente .doc. La extensión del archivo poco importa porque la realidad muestra que entre memes, You Tube y campañas políticas más vacías de argumento que discusión con Pablo Vilouta [1] las cosas han cambiado. Se viene la “Política Siglo XXI” en Argentina y aunque van a seguir ganando los mismos, el análisis se diluye.

Pelear día tras día contra la miseria humana es ahora posible gracias a los seres humanos magnánimos y altamente inteligentes que inventaron Internet. Dentro de “Internet”, una persona se puede quedar atascada viendo un mismo video decenas de veces y disfrutarlo más con cada repetición, puede compartir en cinco redes sociales distintas una imagen o más bien puede jactarse de su cercanía con tal o cual candidato retuiteándolo a mansalva: esa libertad tiene precio, aunque todavía no sepamos bien cuánto.

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En las redes sociales (principalmente en la tercera en discordia a nivel nacional después de Facebook y Taringa [2], Twitter) tuiteros indignados tuitean su lucha contra la indignidad. Contratuiteros contraindignados  tuitean en contra de esos que luchan contra la indignidad porque resulta que esa es su dignidad. Es la nueva versión del cruce de acusaciones políticas en tiempos de verborragia fácil y de tecnología al alcance de la mano. No difieren mucho de los ya antiguos “carpetazos” donde el grado de información verosímil no llegaba nunca a los dos dígitos. Es decir, acusaciones sin mucho fundamento, que en el país de las acusaciones-sin-mucho-fundamento que se convierten en “verdades”, son moneda corriente dentro de la red social del pajarito [3].

¿Debate? Bien, gracias. TN busca organizar uno (con los tres candidatos principales, Scioli, Macri y Massa -como si Stolbitzer, Del Caño y Rodríguez Saa no compitieran más-) con más ganas que suerte, ya que la posibilidad de que el ex piloto no asista es inminente. Ahora sí, el hecho de juntarlos en una misma pantalla, a la misma hora, por el mismo canal, es noticia. Un hecho que debería ser harto posible, harto continuo y obligatorio, se convierte en noticia: ¡en una buena noticia! Las redes se convierten en el espacio preferido para aquellos candidatos y sus correligionarios que a capa y espada defienden a tres posibles presidentes que nunca leyeron un libro en sus vidas [4], las tres personas que agrupan alrededor del 88% de los votos a nivel nacional. Y no solo por ellos: alrededor de mil cuentas falsas rodean a José Manuel De La Sota, que retuitean cada cosa que el ex pre-candidato dice en su cuenta. Acá también la mayoría parece “legitimar”, no vale nada una declaración contundente con 10 retuits frente a una frase cualquiera que tiene 350.

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En 1969 Richard Nixon supo decir que: “Confíen plenamente en su productor de televisión, déjenlo que les ponga maquillaje aunque odien eso, dejen que les diga cómo sentarse, cuáles son nuestros mejores ángulos o qué hacer con nuestro cabello. A mí me desanima, detesto hacer todo eso, pero habiendo sido derrotado una vez por no hacerlo, nunca volví a cometer el mismo error”. Justamente, hacia 1960, el personaje principal del caso Watergate perdía la presidencia yanqui ante un John F. Kennedy que lucía atlético, reluciente y maquillado frente a cámara durante el primer debate televisado de la historia. Todos saben que la imagen gris de Nixon le jugó una muy mala pasada, por lo que ya en esos tiempos se hablaba o avizoraba al menos una predominancia de la imagen por sobre el discurso.

Mientras tanto, estaría bueno analizar el impacto en el electorado de esta “publicidad” vía redes, negada de ideología o, a veces, plagada de esta. Uno de los casos que ilustra esta posición es el del MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores) que mostraba en uno de sus spots a un Carlos Menem pariendo (¿?) a dos “gemelos”: Scioli y Macri. Previo al típico discurso reutilizado y vuelto a utilizar por parte de sus candidatos que invita a “no votar a los candidatos del ajuste” o “son todos la misma derecha de los 90`s, votanos como alternativa por izquierda”. La troska dupla Bodart-Ripoll no llegó ni siquiera a los 100.000 votos a nivel nacional.

Esta apelación a la “imaginación” y la “creatividad” no es nueva entre los candidatos puramente testimoniales que tiene la izquierda nacional. Plaza Miserere en You Tube hace gala de su habilidad con el paquete de edición de Adobe para hacer campaña en favor de Jorge Altamira. Y aunque este quedó eliminado en la interna del FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores) ante Nicolás Del Caño, que previo a las PASO presentó su propio videojuego en el cual vencía a (otra vez) “los candidatos del ajuste”.

Por ello, nadie sabe a ciencia cierta si estos intentos por mostrarse y hacerse ver como personas “votables y potables” de alguna manera suma (o resta) puntos en un escrutinio final. Como tampoco nadie sabe si un meme de Los Simpsons con la cara de Macri encima del rostro de Bob Patiño pianta votos o no. La política argentina parece un chiste de “amarillo” [5] continuo. Las redes, internet en sí mismo, parecen quitarle seriedad a todo eso que rodea la democracia argentina. Y lo más interesante, es que esta democracia, o mejor dicho, los personajes que la componen, se apoyan constantemente en esta falta de seriedad. ¿De qué sirve, hoy, septiembre de 2015, una discusión sobre la ley de hidrocarburos con Joaquín Morales Solá? La política “de antes” cambió. Se va con Cristina Fernández de Kirchner, quizás, su último exponente. No sé si esto es bueno o malo, simplemente es: el baile de Macri al son de Tan Biónica, Massa cayéndose en sus afiches, Scioli robándole a la revista Bitcoin en otra imagen de campaña. Y los ejemplos son muchos, los colores también, las ideas, no tanto.

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El lado “pop” de la política argentina cada vez gana más lugar. No se salva casi nadie y, los que se salvan, caen en el ostracismo. Pierden lugar entre esas ideas que parecen sumar y que no suman a la vez. Una buena administración de estos recursos puede cambiar una elección, sí. Estos recursos valen por sí solos, probablemente no. Los memes, videos bizarros, afiches robados, twitts indignados se conllevan de maravilla con la falta de exposición, la falta de debate y la falta de confrontación. Es que la exposición periodística, el debate y la confrontación de ideas son lugares peligrosos, principalmente para tres candidatos que nunca, y lo vuelvo a repetir, leyeron un mísero libro en sus vidas.

Faltan unos meses para saber quién va a gobernar la Argentina durante, al menos o como máximo, cuatro años más. Lo único seguro, es que esa persona deberá tener la misma capacidad de gestión frente a un ministerio, un manejo presupuestario, o un teclado qwerty.

***

[1] Panelista y ¿periodista? del poco escuchable Intratables que sale todas las noches por canal América. Entre él y Diego Brancatelli (el operador kirchnerista dentro del programa) no hacen uno. Es más constructivo políticamente ver un Atlanta-Acassuso en diferido que prestarles atención a estos tipos (?).
[2] Es motivo de otra nota analizar el fenómeno de Taringa, una red social argentina completamente excluyente y con un imaginario cultural único e introspectivo que no “admite” nuevos miembros fuera de su lenguaje propio y particular.
[3] No son particulares de algún partido político, aunque algunos lo ejerciten más seguido.
[4] http://www.politicargentina.com/notas/201504/5245-biografias-candidatos-presidenciales.html
[5] No por Macri y el PRO precisamente, aunque contribuyen bastante a esas mentes brillantes que relacionan todo con la serie animada de FOX.

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