Promising young woman: feminismo, venganza y justicia

[Promising young woman. Emerald Fenell. Feminismo. Venganza. Violación. Justicia. Carey Mulligan. Cassie. Patricia Regueros Ríos. Violeta Asiego. Derechos Humanos. Código Penal]

por Jero Maina (@jeromaina)

*Esta nota está pensada para leer después de haber visto la película. Está llenísima de spoilers, y eso no en todos los casos afecta pero en este caso sí. Por mi parte, vi PYW sin saber absolutamente nada sobre la trama y es una experiencia que recomiendo fuertemente. Después vengan y lean.

Fuck her! es la línea de diálogo inaugural de Promising young woman, el primer largometraje bajo la dirección de Emerald Fenell (más conocida como Camila Parker por los fans de The Crown). Fuck her, en inglés, tiene dos posibles acepciones: “que se vaya a la mierda” y “cogetelá”. La línea se inscribe en una conversación intrascendente para la narrativa de la película, pero funciona a modo de aviso y de síntesis perfecta del sistema de creencias contra el que la protagonista va a asumir, de un modo muy particular, una lucha descarnada. Fuck her! Cogetelá y que se vaya a la mierda, cogetelá y que aprenda, cogetelá para dejar en claro cuáles son las matrices que organizan este juego de poder.

¿Hermosa venganza?

Promising young woman es titulada para los países de habla hispana como Hermosa venganza. La idea de venganza es una de las primeras que aparece al buscar información, análisis y entrevistas alrededor del film.

El personaje de Carey Mulligan se nos presenta como una mujer borracha y abandonada en una noche cualquiera de un boliche cualquiera. Un caso tipo que comentan de manera típica un grupo de amigos típico (el mismo grupo del fuck her!). Empieza la secuencia típica: ¿cómo estás – a dónde vas – te acompaño a tu casa – querés subir a la mía? Todo ocurre de manera demasiado (desafortunadamente) típica.

Y entonces, tac.

La mirada de Cassie se abre como un arma que se carga a punto de disparar. Un what are you doing? frente al chico que avanza sobre su entrepierna, ya repetido varias veces pero con un tono ahora distinto. No está borracha, está sobria y presente. Inequívocamente presente. La mirada de Cassie se clava en la de él, la cara de él se desfigura. Asistimos a la transfiguración momentánea y definitiva de la matriz. Escribe el nombre en un cuaderno, dibuja un palito que se suma a cientos de otros en una especie de Death Note feminista, materialización de la búsqueda de una justicia poética contra el hombre que actúa impune.

Poco a poco, descubrimos las motivaciones de Cassie en una herida personal profunda: la muerte de su amiga de la infancia luego de una violación en el campus de la universidad cometida por un estudiante popular, presenciada y celebrada por otros, desestimada por compañerxs y por la institución (un caso, de nuevo, típico, como retrata el documental de 2014 The Hunting Ground).

A partir del reencuentro con un ex-compañero que trae todas esas memorias universitarias, Cassie ajusta su objetivo contra los personajes puntuales de la historia de Nina: la amiga que niega, la decana que desestima, el abogado que defiende, el hombre que abusa.

Si esta historia atrapa y funciona, es, entre muchos otros factores, porque genera una fuerte empatía entre espectador y protagonista. La base de la empatía en cualquier narración se podría expresar más o menos así: “si yo fuera esta persona en esta situación, haría exactamente lo mismo”. En su libro “El guión”, Robert McKee la describe de la siguiente manera: “En las profundidades del protagonista el público reconoce cierta humanidad compartida. (…) Hay algo en el personaje que nos toca la fibra sensible. En ese momento de reconocimiento, el público repentina e instintivamente quiere que el protagonista alcance su deseo, sea cual sea” (2011: 178). Si la historia logra generar esto, tiene al espectador cautivo. No importa que el protagonista actúe de manera extraña, ilegal, moral o éticamente dudosa, si comprendemos las bases que motivan su acción, indefectiblemente nos sentiremos inclinados a apoyarlo.

En Promising young woman, el mecanismo de la empatía adquiere un tinte especial: el relato nos lleva repetidas veces a creer que Cassie hizo algo que en verdad no hizo, genera en nosotros una profunda comprensión (no necesariamente a nivel racional, quizás después con mente fría se generarían cuestionamientos, pero en ese momento, en el cuerpo, estamos con ella), e inmediatamente después, cuando ya nos tiene atrapados, revela la verdad. Cassie no mata a los hombres que anota en su Death Note, ni siquiera los ataca a nivel físico; Cassie no expuso a la hija de la decana a ninguna situación de peligro; Cassie no le pagó al hombre del bar para que abuse de Madisson. Ay, pero si lo hubiera hecho… hubiésemos estado (aunque sea momentáneamente) con ella.

El personaje evoluciona en el relato a través de capas cuidadosamente dispuestas, veladas y desveladas a ritmo justo para el espectador. Fenell juega incesantemente con el engaño pequeño, construye pistas anticipando la deducción (errada) del que está al otro lado de la pantalla, dibuja sectores sin salida del laberinto y configura con estos mecanismos un personaje imprevisible, complejo y multi-dimensional.

En este punto se encuentra una de las grandes riquezas de Promising Young woman, un aporte puntual y significativo a ciertos debates dentro del feminismo. El peso de la venganza y el peso de la justicia se balancean de un modo nuevo y peculiar en el personaje de Cassie. Cassie no se venga. Promising young woman no es la historia de una venganza.

¡Que te den tu merecido!

Si buscamos en el diccionario, encontramos la siguiente definición: “Satisfacción que se toma del agravio o daño recibidos”. Profundizando un poco más, aparecen algunos atributos que serían característicos del acto de vengar: la venganza es una reprimenda ante un acto que es percibido como malo o dañino; supone una compensación por dicho daño, pero su objetivo último no es el de hacer justicia, sino el de liberar la tensión, el odio y el rencor acumulados en la persona afectada. Para el psicólogo Luis Muiño, es casi imposible medir el efecto de una venganza para que esta sea proporcionada; suele afectar a víctimas inocentes y generar culpabilidad en quien la comete; e iguala emocionalmente al vengador y al destinatario. “Los justicieros más presentes en el imaginario colectivo comparten numerosos rasgos con los psicópatas: narcisismo, carencia de empatía, frialdad emocional, maquiavelismo”, explica Muiño parafraseando al psicólogo Gordon Finley.

A lo largo del film, Cassie tiene numerosas veces la opción de llevar su “venganza” al máximo, y es ese el material con el que Fenell juega constantemente, vendiéndonos a nosotros mismos el papel de vengadores. El personaje se bifurca: una protagonista desquiciada con sed de venganza haría todo aquello que la pista falsa nos hace creer, pero en el caso de Cassie hay una cordura analítica que actúa de manera tajante. No necesita que nadie abuse de Madisson o de la hija de la decana, sino llevar la creencia hasta el límite necesario para que ellas tomen real conciencia de la potencialidad del daño, para que modifiquen en consecuencia su interpretación de la historia de Nina. Lo que busca no es tanto impartir sufrimiento como acomodar la matriz.

Esta lógica alcanza su punto cúlmine en el climax: Cassie frente a frente con Al Monroe, esposado a la cama, a su merced. Fenell juega con la fantasía más típica de vengaza sexual contra el abusador: la castración. Alimenta el deseo más básico en el espectador: ¡sí!, ¡que sufra!, ¡que le corte la pija!, ¡que le dé su merecido! Pero, ¿cuál es “el merecido” en el caso de Al? ¿Cómo se desenvolvería la historia si Cassie lo castrara y escapara después?

En vez de eso, Al se suelta, forcejean, la mata. ¿Hasta qué punto iba a llegar Cassie para sembrar en él un cambio de conciencia restropectiva? ¿O era precisamente este desenlace, y no otro, el que planeaba, a modo de justiciera que se inmola al llegar al final del camino?

Una nueva justicia

En una extensa nota sobre justicia feminista, la periodista Patricia Regueros Ríos explica que ésta trasciende el Código Penal y la administración formal de la justicia, al buscar procurar una responsabilidad individual. Y cita a la investigadora en derechos humanos Violeta Asiego: “La justicia feminista, a mi juicio, no es la justicia penal sino que es la justicia en la que se busca la verdad, la justicia, la reparación y la recuperación de las víctimas desde una lógica de Derechos Humanos, lo que supone la necesidad de un cambio cultural a la hora de afrontar las diferencias entre los conflictos”.

En la misma nota, Amaia Zufía, firmante de la ponencia La justicia feminista a debate (V Jornadas Feministas de Euskal Herria, 2019), se explaya de la siguiente manera: “Justicia feminista es una invitación a hacerse cargo, a no tener una actitud pasiva, a ser parte activa del proceso y, a la vez, que eso se pueda traducir en un proceso de reparación. También se trata de dar una respuesta compleja, no es cuestión de dar con la persona que ha causado el daño sino qué contexto ha permitido que se dé eso y cómo se interviene en este contexto. Es pasar de pensar en un castigo a ver qué tipo de cambios hay que hacer para que no se repita”.

Promising young woman sienta una interpretación fuerte, desde el campo de la producción cultural, a este respecto. Todas las acciones de Cassie apuntan hacia un mismo sentido, no se agotan (ni comienzan) con el enfrentamiento con Al, porque no tienen como propósito la venganza hacia el individuo como monstruo, sino el ataque de un sistema en el que estas y otras acciones se inscriben como funcionales y normales. Al final, más allá del regocijo (que es el principal arma de marketing de la venganza y que se disuelve en un instante como una gota de vapor), ¿qué efectos positivos tendría un posible camino descarnado (y posiblemente más épico) del héroe, basado en un se-lo-merece, en la modificación real del sistema?


Bibliografía

Amondaray, M. (2021). Emerald Fennell: de interpretar a Camilla en The Crown a dirigir una película que aspira al Oscar. La Nación.

Definición.De (2013). Definición de venganza. Definición.de.

Muiño, L. (2016). Las raíces de la venganza. Muy Interesante.

Reguero, P. (2020). Qué es y cómo se hace justicia feminista. El Salto.

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