Reflexiones inútiles: my own private crisis de los 25

[Crisis de los 25. Cumpleaños. Inestabilidad laboral. Economía. Destino. Profesión. Pasado. Presente Futuro. Noah Baumbach. Coming of age. Adultez. Infancia. Adolescencia]

por Manuel Rivero (@_maneul)

El domingo cumplí 25 años. No tengo un título y mi estabilidad laboral se balancea al borde de un abismo. Me gustan muchas cosas, pero ninguna lo suficiente como para dejar todas las otras para apostarle todo a un solo color. No me considero perdido, pero tampoco sé bien a dónde estoy yendo. No quiero trabajar 12 horas en una oficina haciendo cosas que no me gustan. Tampoco quiero llegar a los 45 vistiéndome como un skater sin un lugar para vivir

Cuando uno se encuentra dentro del porcentaje afortunado de la población que no tiene que preocuparse por una comida o un techo es fácil debatir con uno mismo cuestiones como los propósitos, la idea del éxito, el sentido de la vida, etc. En este nivel de discusión, las edades que terminan en cinco tienen el poder único de dividir una década en dos, de obligarte a revisar los cajones sin ordenar del enorme armario que es la cabeza. De subrayar en rojo las preguntas sin responder y reagruparlas esperando que en esos espacios en blanco que faltan rellenar se oculte el secreto que todavía no descubriste para pavimentar la segunda etapa de ese conjunto de diez años en una ruta que lleve a hacia algún lado.

No soy de los que planifican mucho o saben responder esas preguntas del tipo: ¿dónde te ves en X años? De más chico siempre me gustó ver el futuro como una película que están pasando en otro lado y en la que en algún momento voy a aparecer actuando del protagonista. Como si el tiempo se dividiera en estadios que se mantienen iguales, en pausa, pase lo que pase, etapas que están ahí esperando que las vivamos. Leyéndome mientras lo escribo supongo que creía en el destino de una manera no tan explícitamente mística.

Supongo que, en algún punto luego de la carrera desenfrenada de años en los que pasas de ser un adolescente en edad de ir a la secundaria a un adolescente en edad de ir la universidad, es inevitable darte cuenta que eso que te dijeron siempre tus padres, tus amigos más grandes o cualquier otra persona que hayas considerado en su momento un viejo choto adquiere un poco más de definición: tu futuro depende muchísimo de lo que haces con tu presente, lo que hiciste con tu pasado y lo que tenes pensado hacer en las próximas semanas. De repente tu futuro se parece más a las dos manos de Morfeo de Matrix extendidas con una pastilla de un color en cada una y lo que decidas va a ser una piedra más en la estructura que te va a encerrar y mantener para lo que reste de la vida.

(Adelante, elegí, estoy segura de que perderás)

La última canción

Al final no somos parte de nada ni cómplices de nadie por haber nacido en 1996 y ser rata de fuego en el horóscopo chino. Es algo que en realidad siempre supimos, leímos, escuchamos y vimos vivir a otros. Pero en algún punto, hasta no ver a un amigo teniendo hijos, un conocido suicidándose, o alguien consagrándose en lo que le gusta, uno vive en una burbuja en la que las decisiones parecen solo parte de una etapa que vamos a dejar atrás todos juntos. Sin que te des cuenta los caminos de las personas con las que te relacionas o te relacionaste avanzan cada uno para su lado y todos crecen o deciden a conciencia no hacerlo nunca.

De repente empezas a ver las cosas que vivís como anécdotas que sabes que vas a contar dentro de cuarenta años cuando recuerdes con nostalgia “Los buenos viejos tiempos”. Ya nadie te marca que estás haciendo las cosas mal, sos un tipo grande que puede darse cuenta solo. Y aunque no tengas sentido de pertenencia a tu generación es inevitable compararse con la persona de tu edad que acaba de recibirse, el que ya grabó tres discos o el que tiene el trabajo que ama. Y si te identificas con eso entonces quizás te preguntas qué es lo que construiste hasta ahora, con tu “cuarto de vida”, y qué es lo que vas a construir para lo que viene. Ahora que ya-sos-grande.

Las películas Coming-of-Age en las cuales por lo general un adolescente de preparatoria se enfrenta a problemas sobre su vocación y su manera de relacionarse con sus pares ya no me hablan a mí. Se supone que atravesé esos problemas hace tiempo. Las sitcoms con protagonistas treintañeros con títulos, departamentos, deudas y problemas del mundo un poco más “adulto” tampoco. Todavía no tengo los recursos para auto generarme esas crisis. Ahora le encuentro más sentido a las películas de Noah Baumbach y sus personajes crecidos, imperfectos, feos, sin talento. Personajes viejos para una sociedad que ve con buenos ojos la confusión que genera el sin sentido del mundo solo si estás dentro de un rango etario especifico.

 

La crisis de los 25 aparece nombrada en medios como Vice, Clarín o Cosmopolitan más o menos como lo que vengo mencionando: un problema de nenes de clase de media estancados en el estrés de no poder tomar decisiones a largo o a corto plazo. Una revisión exhaustiva de tus expectativas de tu yo del pasado para con tu edad actual y la correspondiente desilusión al ver los resultados fallidos de esas expectativas. Esta revisión trae además la presión de saber que todavía (según el parámetro mediante el cual clasificamos las etapas de la vida según la cantidad de velas que soplamos) sos joven y seguís teniendo tiempo para decidir y disfrutar, pero ese tiempo está a punto de acabarse porque los 30 están a punto de doblar la esquina y después los 35 y después los 40 y más tarde ese espacio gris al que arrojamos a la gente que, como Abraham Simpson, ya no “está en la onda”. Bajo este criterio, si no disfrutás en este momento de la vida te vas a arrepentir, pero ojo con disfrutar de más, porque podés afectar la casita blanca con el Golden moviendo la cola en la puerta y las vacaciones en Gesell que te esperan allá en el tiempo que todavía no existe.

Es un sentimiento ambiguo. Me hace acordar a esas personas que a las 04:50 de la mañana en las fiestas de electrónica agarran a su grupo de amigos y les gritan “bailense todo este tema porque es el último de la noche”. Quizás sin saber la hora bailas más relajado, quizás el último tema es un fiasco y ya lo cargaste de expectativas solo porque es el último. Quizás si nadie dice nada podemos seguir bailando hasta que nos cansemos.

What’s my age again?

Tanto me aterrorizaron los 25 con su llegada inminente que me ocupé de entrevistar cuanto treintañero me crucé para preguntarle si a mi edad ya sabía que quería hacer de su historia. Y oh-sorpresa claro que la respuesta fue negativa. Los cumpleaños son solo una ventana que se abre hacia una incertidumbre que en realidad siempre está ahí y que probablemente siga estando. Lo importante supongo es agarrar el volante del auto y decidir en base a lo que uno siente. Ser genuino con el reflejo que nos mira todas las mañanas. Hacer que la edad sea solo un numero depende solamente de nosotros. Y si no podemos meternos en ninguna de las estructuras que el mundo nos ofrece como puertitas que dan a un gran vacío, entonces construyamos la nuestra.

El domingo cumplí 25 años. El lunes anterior me llamaron para ofrecerme un trabajo full time de algo que sé hacer pero que no me gusta demasiado. Les dije que no sabía si agarrarlo porque en este momento estaba haciendo varias cosas.  Me ofrecieron dos años de trabajo y me preguntaron cuanta plata necesitaba para relegar esas cosas un rato. Les agradecí la oportunidad y me quedé en mi inestabilidad. No les dije que no porque quiero seguir mi sueño, o porque descubrí cual es mi vocación como en el giro final de una película esperanzadora. Sigo sin tener la más mínima idea donde están esas respuestas. Pero quiero darme el tiempo de averiguarlo. Quizás a los 50 este viviendo con mis padres de vuelta, quizás sea exitoso o quizás simplemente feliz. Ojalá que como sea que se den las cosas (o haga que se den las cosas) no esté pensando en todo esto a la hora de soplar las velas.

No creo que esta catarsis desordenada tenga algún sentido para los que saben lo que les gusta y le ponen toda su energía a ello. Ni a los que planifican su próximo movimiento en un calendario ordenado de sus días, ni a los que su vida con problemas serios no le da el tiempo al pedo suficiente como para ponerse a sobre pensar tanto un cumpleaños. Espero llegar a una parte de los demás, a los que no saben bien qué hacer, a los que todavía no se decidieron, a los que en este contexto en el que el mundo pierde a cada minuto un poco más de sentido todavía siguen buscando algo que los haga sentir vivos. No tengo ninguna respuesta. Ustedes tampoco. Dejemos de boludear y pongámonos a buscarlas, pero disfrutemos en el camino.

Sigamos bailando sin mirar la hora.

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