Romper con la conformidad de los sentidos: más sensorialidad y menos discurso

[Climax. Gaspar Noe. Netflix. Sentidos. Coherencia. LSD. Baile. Cuerpos. Discurso. Coherencia. Percepción]

por Daniela Winkler (@daniwinkler1)

Desagradable, morbosa, incomprensible y perturbadora, son algunos de los adjetivos que utilizan aquellos que han reconocido como desfavorable la experiencia de ver Climax. ¿Pero es necesariamente un aspecto negativo caracterizar de esa manera las sensaciones un tanto retorcidas que ocurren durante el transcurso de una película?

Climax, dirigida por Gaspar Noé y lanzada en el año 2018, se centra en un grupo de bailarines que se encuentran en su última noche de ensayos antes de una presentación importante. Esa noche realizan una fiesta donde toman sangría. Sin embargo, todo se descontrola cuando descubren que alguien puso LSD en la bebida.

Se trata de una película muy cuestionada por muchos que argumentan la falta de una trama central significativa o comprensible. Podría decirse que la película solo da cuenta de una serie de sucesos violentos que se desencadenan a partir de que los personajes toman la sangría. En este sentido, al no presentar un mensaje claro o evidente, el film se aleja de las estructuras convencionales del cine. Por lo tanto, si bien la historia que presenta interpela al espectador, las sensaciones vivenciadas a lo largo de su desarrollo cobran un papel clave.

La dificultad para interpretar los sentidos de la película es una cuestión interesante para pensar cuáles son las sensaciones que estamos acostumbrados a experimentar cuando vamos al cine y por qué salirnos de las mismas implica para muchos una experiencia incomprensible, en lugar de permitirnos vivenciar una experiencia reveladora que implique una mayor abstracción de los sentidos por medio del arte.

La industria cultural del cine

Es importante resaltar el papel de la industria cinematográfica en la actualidad capitalista. En este sentido, Adorno plantea: “El film no puede entenderse aisladamente como una forma artística ‘sui generis’, sino que debe serlo como el medio característico de la cultura de masas contemporánea que se sirve de las técnicas de reproducción mecánica” (p.13) El autor refiere a la cultura de masas como la amplia estandarización del gusto y de la calidad de recepción ya que todo arte se convierte en un entretenimiento, rompiendo con la autonomía estética.

Trasladando estas nociones, se puede decir que el cine se vuelve un generador de contenidos cada vez más al servicio de los intereses y gustos del público, manteniendo a las audiencias en un lugar de comodidad y de conformidad narrativa que se repite muchas veces carente de reflexividad. Asimismo, Riffo Pavón plantea una cuestión clave al respecto: “los filmes más que un reflejo de la sociedad, reproducen un ensueño que la sociedad o una parte de ella desea” (p.71). El autor plantea que el cine como industria cultural logró tener un gran alcance y repercusión en las sociedades. Esto permite identificar que los filmes son importantes transmisores de imaginarios compartidos públicamente en las salas de cine. Se trata de sueños artificiales elaborados orquestadamente que sitúan a los espectadores en lugares comunes coherentes y cohesionados.

 Es así que cobran importancia las múltiples variantes del cine ya sea independiente o de vanguardia, donde por lo general el director puede salirse de estas lógicas para dar lugar a proyectos quizás más originales o disruptivos.

Teniendo en cuenta esto y, tomando como ejemplo a Climax, a pesar de encontrarse en una plataforma mainstream como Netflix, la película se acerca más a estas últimas formas del cine que a los parámetros de la industria del cine comercial, principalmente por presentar formas narrativas donde la expresión corporal de los personajes, la danza, la música y los colores cobran un papel protagónico en la historia incluso por encima de los diálogos. Es así que la película ensancha las fronteras de los géneros incluyendo distintas disciplinas artísticas que dan forma a la misma a fines de expandir la visión, audición y demás sentidos de manera que el espectador se sienta interpelado de formas no convencionales.

La experiencia que provoca Climax y los recursos utilizados podrían llevarnos a un debate sobre el rol del cine dentro de las artes audiovisuales. En términos de Castoriadis el arte trata de “proporcionar una forma al caos, una forma aprensible para los humanos.” (p.7) Para lograr esto, el arte requiere de cierta libertad que le permita despegarse de la coerción de la experiencia. Sin embargo, esto podría ser cuestionado bajo las lógicas del capitalismo donde las películas se convierten en productos y la libertad del artista muchas veces es ilusoria.

Siguiendo esta idea, la libertad inherente del director de Climax para realizar la película se refleja claramente en el resultado de la misma. La posibilidad de improvisar en los bailes y diálogos, como bien explica Gaspar Noé en distintas entrevistas, da cuenta de la presencia indiscutible de una filosofía artística en la cual, los realizadores de la película, se desprenden de cualquier condicionamiento previo para crear una obra que surja de la propia necesidad y vocación del director, así como puede hacerlo un pintor, escultor o músico. Al mismo tiempo, esta característica es la que acerca a la cinta a un cine más experimental.

Para comprender mejor esta idea, se puede incursionar en las artes experimentales que se alejan del lenguaje audiovisual convencional mediante la incorporación de diversos recursos que generan nuevas experiencias.

Buscar la travesía sensorial

Clímax se aleja de las modalidades de narración a los cuales estamos habituados: a través de la incursión en distintos recursos artísticos, la película provoca una travesía sensorial en el espectador. Esto incluso podría compararse cualquier obra de arte que se encuentra a esperas de ser vivenciada por el público sin más complejidad.  Es así que la elección del plano secuencia en gran parte de la película, invita al espectador a mirar los hechos como si fuera un fantasma.

El film se presenta como una ventana transparente donde el público solo observa los hechos que se desencadenan por la presencia de LSD en la bebida de los personajes. Sin embargo, la película no se centra en el consumo, no realiza una crítica ni apología a las drogas, solo presenta este suceso como disparador para todo lo que ocurre después. A su vez, el espectador no puede predecir qué ocurrirá ya que los movimientos y acciones de los protagonistas no tienen ninguna motivación lógica. El espectador, solo vivencia, siente y observa lo que ocurre.

Kant dice que la vista, el oído y el tacto aportan conocimiento de objetos externos más que despertar la conciencia del órgano afectado. En la industria cultural del cine, el conocimiento al que apelan muchas películas a través de los sentidos se corresponde con los criterios que rigen en las sociedades y no brindan una amplia posibilidad de cuestionar sus significados. Incluso, existen ciertos hábitos de consumo y percepción que se repiten y que son evaluados a partir de estadísticas. Esto explica que, por ejemplo, en una comedia romántica, la historia generalmente está desarrollada en base a ciertas representaciones y concepciones que el director y demás productores consideran que sus públicos reconocerán a través de los sentidos y de esta manera interpretarán la lógica, el mensaje y sentido de la historia.

Claramente la opción de apelar al discurso o a lo sensorial en una película dependerá de la finalidad de la misma. En el caso de optar por lo segundo se puede interpelar a los sentidos de distintas maneras donde las más controversiales podrían ser aquellas que rompan con lo acostumbrado.

Esto puede ser aplicado sobre todo a la visión, cuya conformidad a lo largo de la historia se centró en lo bello y lo agradable, dando lugar a distintas opiniones que por lo general se basan en representaciones colectivas y culturales. En este sentido las formas narrativas y discursivas empleadas por el cine: diálogos, guiones, música, movimientos, planos, etc. nos remiten a sensaciones ya conocidas o clasificables en torno a lo agradable o desagradable. Sin embargo, aunque esto no es algo necesariamente malo, resulta sustancial para debatir el papel de aquellas modalidades que se salen de esta lógica y los efectos que provocan en el espectador. Entonces ¿qué ocurre cuando los recursos utilizados no remiten a concepciones comunes? Es decir, cuando lo presentado se torna incomprensible en base a los parámetros que estamos acostumbrados y el espectador intenta encontrar una lógica, un mensaje o un sentido a lo que ocurre o le resulta demasiado abstracto.

En Climax, la presencia de hechos imprevisibles es tal vez una posibilidad de expandir los sentidos por fuera de lo explicable (cuestionándonos el significado real de lo que sucede en la historia) y permitir que sean ellos los protagonistas de la experiencia de ver la película. Lo mismo ocurriría, por ejemplo, con una ilusión óptica. Por esta razón podría interpretarse que la opción de incluir música electrónica, utilizar fuertes colores y cambio de luces, así como la rapidez o aceleración en que se presentan los hechos que ocurren dejan poco lugar a cuestionarse profundamente qué es lo que está sucediendo para concentrarse en una experiencia sensorial de lo que ocurre momento a momento. Entonces, si bien la historia puede ser interpretada mientras se está observando, quizás cobra mayor importancia lo que se está sintiendo mientras ocurre.

Teniendo en cuenta lo desarrollado anteriormente, la elección de incluir la canción “Sangría” (de Thomas Bangalter) cuando los personajes descubren que alguien alteró la bebida, resulta totalmente oportuna para poner al público en sintonía con lo que ocurre.

Las puertas de la percepción

Para muchas personas la imposibilidad de encontrar un sentido claro en una película puede resultar un poco frustrante. Quizás la “obligación” de encontrar un significado a lo que nos ofrecen las artes sea algo que tenemos inculcado socialmente. Sin embargo, esto no es inherente a la obra. Puede ser que el significado se escape de nuestras posibilidades de comprensión, sea muy abstracto o no haya tal y esto podría ser un ejercicio para la percepción. Así podemos remitir por ejemplo al arte psicodélico que busca despegarse de los límites impuestos a la conciencia.

Y es así que, a pesar de que Climax, según los dichos de su director, tiene un sentido vinculado a “la vida y la muerte”, son conceptos que en su propia definición refieren a cuestiones filosóficas incomprensibles. Por lo tanto, la película tampoco podría dar respuesta a estas cuestiones y esto podría incomodar al espectador. Se trata de algo tan abstracto como lo es la vida y, asimismo, como lo es el arte. En este sentido me remito a la frase “¿La vida imita al arte o el arte imita a la vida?”, Climax podría ser un claro ejemplo de esto último.

Tal vez la complejidad de experimentar una obra radica en la dificultad que poseemos para despegarnos de los criterios inscriptos en nuestro imaginario social y así, subsumirnos por completo en la obra por medio de los sentidos.

En conclusión, la intención de abrir las puertas de la percepción para alejarse de lo conocido podría ser una buena propuesta para modificar nuestros hábitos de consumo y explorar otros nuevos. Tal vez esto nos dé paso a una experiencia sensorial más completa aunque pueda resultar aburrida o extraña por el mero hecho de ser desconocida.

De esta manera, si aprendemos a expandir nuestras posibilidades de experimentar y sentir por medio de una película, quizás podamos alejarnos de aquello que nos mantiene en la comodidad para comprender otras dimensiones del arte. Más que una crítica a las formas de producir arte, es un cuestionamiento sobre lo que nosotros mismos estamos acostumbrados a percibir, sus modos y lo que implica salirnos de esas barreras.

 

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