Siete cosas que aprendí viendo pelis de Miyazaki

[Hayao Miyazaki. Studio Ghibli. El increíble castillo vagabundo. Boro, la oruga. Kiki. El viaje de Chihiro. El castillo en el cielo]

por Abril Fernandez

Resulta que en un tiempo fui muy poco popular por contestar “No las vi” cada vez que me preguntaban sobre estas pelis. Eran japonesas. Animé. O no. Algo así. Yo ni idea, pero un día que pude o me las crucé o se me dio la gana, empecé a verlas. Y vi varias, y fue bueno. Las películas de Studio Ghibli (estudio de dibujos animados japonés) son bastantes. Hayao Miyazaki es un señor canoso que dirigió un buen puñado de ellas (1).

Miyazaki nació en la década del ‘40 y había anunciado que se retiraba hace unos años. Sin embargo se pegó alto embole y decidió volver a la animación en 2018 con el corto Boro, la oruga, y actualmente se encuentra trabajando en el largometraje ¿Cómo vives?, cuyo lanzamiento se espera para el año que viene.

La verdad es que me hice fan de cada una de sus pelis, y aparte aprendí cosas, como ser:

1 Cuando estés enojadx, limpiá: ésta me encanta. En El inreíble castillo vagabundo (2004), la joven Sophie es hechizada y se convierte en una anciana. Es una chica muy tímida, reservada, callada y dócil, pero justo la vuelven vieja cuando se levanta a un mago que vive en un castillo volador, y entonces se pone loca. No puede ser. Es el colmo. Hasta la más tímida, reservada, callada y dócil tiene un límite. Antes de ponerse a destrozar cosas, empieza a fregar los pisos con toda la bronca, aun cuando su cuerpo es el de una viejita. Ni se da cuenta de sus achaques. La furia asusta a quienes la ven, pero es altamente productiva. Limpiar la casa la tranquiliza, la deja con una sonrisa extraña en la cara. Una solución incierta, aunque satisfactoria.

2 Lxs gatxs siempre tienen razón: en otra peli la protagonista es la Kiki (1989), una chica que quiere crecer. Así que tiene que irse a hacer prácticas como aprendiz de bruja (oficio que estudió y aprendió de su madre) a otra ciudad. Tiene trece años más o menos. Se procura una escoba voladora, agarra su radio a pilas y se consigue también un gato que se llama muy parecido a ella, Gigi. Este animal no sólo la acompaña a todas partes, incluso cuando hay que volar en la escoba, sino que conversa en su lengua. Spoiler alert: en algún momento deja de hablar. Pero toda vez que dice algo, la pega. Kiki crece y entiende también esto. Por eso lxs gatxs no hablan.

3 La mayoría de las angustias se solucionan con una buena comida: El viaje de Chihiro (2001) es la peli que alcanza la popularidad, la fama internacional, el Oscar. Y casi desde el comienzo muestra comida. Existen videos por ahí compilando planos de cada menú de estas pelis porque se toman muy en serio el asunto. Así como cada detalle mostrado se cuida, cada ingrediente dibujado se luce. Pero en un momento hay una comida muy especial, un té que una señora ofrece a la protagonista y a su misterioso amigo, que simboliza tanto. Simboliza el poder llegar a un lugar que no sabías que existía; poder parar un segundo mientras comés algo en paz. Esta ocasión no es tan cotidiana como parece. A Chihiro en esta merienda se le acomodan las ideas. Una buena comida puede ser la más sencilla de todas.

4 A veces lxs malxs terminan siendo tus aliadxs: ¿no les pasa que a veces se cruzan con alguien que parece ser su mayor antítesis, antagonista y enemigue, pero después resulta que no? A mí me pasó un par de veces, como en Laputa o El Castillo en el Cielo (1986). Dola es la villana de la película que arranca persiguiendo a Sheeta, la protagonista, pero al poco tiempo las cosas cambian mucho. Sheeta y su amigo Pazu encuentran aliadxs inesperadxs en su búsqueda de Laputa, una ciudad que flota en los cielos escondiéndose atrás de las nubes. Y también encuentran unos cuantos malandras de verdad. Incluye comida casera, cabelleras con trenzas y patadas al mandato patriarcal.

5 La guerra es una mierda: bueno, esto es algo que todos más o menos suponemos sin necesidad de ver películas. El ingeniero aeronáutico Jiro dedica su vida a construir un avión de combate hermoso y eficaz en Se eleva el Viento (2013). Construir buenos aviones puede ser un gran desafío para él, pero mandar gente a que muera en ellos le parece el impulso más irracional. Jiro y la disonancia cognitiva que maneja son un tema. Lo más gracioso es que, aunque el conflicto bélico se lleva a unxs cuantxs seres, las fuerzas de la naturaleza son la parte realmente terrorífica y destructora de esta peli. Suena raro, pero antes las guerras se declaraban y unx al menos se enteraba que estaba metido en una. Hoy la cosa es un poco más retorcida, silenciosa. Pero sigue siendo una mierda.

6 La realidad siempre encuentra una forma de desilusionarte, las apariencias engañan: a veces las decisiones que tomamos se vuelven tan trascendentes (para lxs demás) que ya nunca somos como antes. A veces la reputación nos precede. En Porco Rosso (1992), un cerdo piloto cazarecompensas es quien lleva el estigma, la letra escarlata, la declaración de traidor, de persona non grata. Otrxs parecen ser quienes juegan según las reglas. Y sin embargo la cosa no es tan sencilla como parece. Nada es lo que parece (2). Si todo fuera tan fácil como juzgar apariencias, no tendríamos tantos problemas. Y Porco Rosso no sería la peli que es. Sorpresa: Italia y Japón tienen (o supieron tener) más puntos en común de lo que pensamos.

7 La magia existe: esa es la mejor parte de estas pelis (3). No se trata de los hechizos, embrujos, piedras mágicas, gatos parlantes o bienes inmuebles que se mueven. Esa no es la magia. La cuestión aparece cuando la técnica se agota, cuando la racionalidad ya no alcanza, cuando la mente no da más. Cuando parece que no queda nada por hacer, pum, algo pasa. No es ficción, es así. Acá no hay héroes; más bien, hay un heroísmo que nace del arrojo y el azar. Acá nadie la tiene tan clara, por eso la respuesta puede venir de cualquier parte. Aunque le ponemos distintos nombres, la adversidad siempre nos acompaña. Y aunque hacemos de cuenta que tenemos soluciones fríamente calculadas, la magia viene cada vez que la llamamos.


[1] El documental El Reino de los sueños y la locura (2013) es un viaje al estudio Ghibli de la mano de Miyazaki, donde se ve el día a día del trabajo de animación y el íntimo compromiso del director con la compañía. Otros documentales: Never Ending Man (2016), 0 Years with Hayao Miyazaki (4 episodios televisados en Japón, 2019).

[2] Un diálogo de la película dice más o menos así:

“- ¿Cuál es la diferencia entre un soldado y un cazarecompensas?

– Un hombre que hace dinero con la guerra es malvado; uno que no hace dinero como cazarecompensas es un inútil.”

[3] Dos peliculones de Miyazaki que no menciona este artículo son Mi vecino Totoro (1988) y La Princesa Mononoke (1997). Miyazaki también trabajó como animador en series como Lupin III (1971), Heidi (1974), o Conan: el niño del futuro (1978).

 

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