Sobre poder encontrarnos en un punto cuántico donde todo esté bien

[Física cuántica. Dios. Big bang. Devs. Alex Garland. Silicon Valley. Huge Everett III. Niels Bohr. Interpertación de Copenhage.  Erwin Schrödinger. Neutron. Electrón. Caos. Mark Oliver Everett. Cosas que los nietos deberían saber. Blackie Books]

por Gonzalo Zanini

Todo se expande menos las risas de mi chiste

El planteamiento de que Dios creó al universo con la misma monotonía de un oficinista frente a su computadora llena de cálculos de liquidación de cuentas ha perdido mucha validez. Como si fuera posible que algo tan inconmensurable como el universo lograra terminarse en esa suerte de horario part time en donde vemos trabajar por primera vez a Dios (quizás el primer monotributista de la historia) en esos siete días. Y es que resulta difícil debido a que los mecanismos del universo fueron creados desde un principio (y a partir de esa explosión hollywoodense que fue el Big Bang) para multiplicarse.

Por supuesto, pensar que el universo se multiplica y se expande a través de un desgarramiento de la materia es una teoría entre tantas. Hay muchas ecuaciones, cosas raras como 5,124×1082 MeV, 90×227 = 12,08×109 y otras agrupaciones de números y letras que demuestran mi incapacidad con las matemáticas (y seguro la suya, que muy probablemente pasó con una ojeada rápida y desinteresada las ecuaciones anteriores). Estas ecuaciones analizan la energía oscura, la combinan con cálculos de los años luz, determinan el desgarramiento de la materia, etc. La teoría sostiene que hay réplicas que dejó el Big Bang hace millones y millones de años, ecos de la explosión que han sido calculados y que determinan que el universo se está expandiendo.

Y si la vida fuera una suerte de sitcom, el chiste introducido por unos acordes de bajo y por unos aplausos distantes arrancaría diciendo: “la tecnología avanza para entender a un Universo que va más rápido aún. A los astronautas les va a quedar cada vez más lejos la Luna”. (Y en la versión de esta sitcom que ocurre en mi cabeza no hay risas ni devolución amistosa por parte del público porque resulta que el sujeto está hablando solo frente a una pared)

Pero mi curiosidad trastabillada por la ansiedad me hace pensar en qué posibilidad hay de controlar la expansión del universo. Apoyarse en la idea de un Dios se vuelve interesante, llamativa, hasta totalmente lógica: el universo se expande de la misma forma que el cerebro logra dilatar su capacidad de comprensión cognitiva. Y ese cerebro universal es el cerebro de Dios. Pero viendo una serie (Devs) encuentro algunos resultados que en realidad se multiplican en incógnitas.

La situación per se

La situación es la siguiente: X es un sujeto que observa la aproximación de un meteorito. Logra verse a simple vista porque el meteorito es relativamente grande y además avanza con mucha rapidez. Y por supuesto, está a punto de estrellarse contra el planeta tierra. La gravedad hizo lo suyo y atrajo la roca de impacto inminente (de lo contrario, sería un cometa). X piensa que el meteorito es el resultado del propio desplazamiento del universo y de la fuerza gravitacional sobre el propio objeto.

Z es otro sujeto que está observando la aproximación del mismo meteorito. Y si bien puede creer que hay una fundamentación científica que lo explique, en su fuero interno no deja de pensar que es obra de Dios. Como creyente, cree que la roca se aproxima al planeta tierra por la arbitrariedad del Todopoderoso.

Pero X y Z no son muy diferentes (ajá). La ciencia tomó, en estos últimos tres siglos, un estado epistémico y axiomático muy similar al que logró el cristianismo en sus buenas épocas (aunque quizás en sus épocas más cuestionables: la Edad Media). Es decir, ambas estructuras de pensamiento buscan una causa que dé explicación a lo que puede ocurre en un momento dado. Que una sea más valida que la otra es una discusión aparte y no importa realmente. No se trata de la típica discusión de domingo de sobremesa familiar de quién cree en Dios y porqué y quién cree en la ciencia y porqué. Lo que sucede acá es que ambos sujetos buscan una causa que fundamente lo que están pensando. Y eso es lo importante.

Dios vive en Silicon Valley

¿Qué pensarían X y Z si el meteorito que iba a impactar contra el planeta tierra se desvanece y deja de ser un problema para la existencia de la humanidad? El sujeto X va a pensar que la presión atmosférica hizo que el meteorito se desintegre en su totalidad; o lo disminuya al tamaño de una pelota de fútbol. El sujeto Z va a pensar que sus rezos fueron escuchados y la misericordia de Dios salvó a todos. Como dijimos, ambos sujetos se basan en una estructura de pensamiento que busca la causa y efecto de los fenómenos que son observados. Ambos sujetos no son muy diferentes.

Pero si todo esto hubiera sucedido en el universo de Devs, la increíble y muy bien lograda miniserie de ‎Alex Garland, diríamos que el edificio homónimo ya predijo todos los movimientos de estos dos sujetos y de la millonada de sujetos que pueblan el planeta tierra. Es decir, que todo está predeterminado y ya se sabe que va a ocurrir pese a la voluntad de los sujetos de querer cambiarlo.

El mundo de Devs no es muy diferente al mundo actual, no es una serie que se postula como futurista. Simplemente hay un gran desarrollo tecnológico en materia de software. El encargado de llevar a cabo esta empresa es un muy bien lookeado Nick Offerman, el traumatizado Forest, que parece encarnar el típico desarrollista nerd y multimillonario que busca el conocimiento como leitmotiv. Aunque por supuesto, la gente de Silicon Valley también llora, también sufre. Y la tragedia que persigue a Forest es clave para entender la trama de Devs. Forest es un Dios y un profeta al mismo tiempo. Tiene una misión y es a su vez el hacedor de las propias respuestas que está buscando. La máquina Devs, ese edificio que encierra un cubo gigante de color negro y dorado con un software capaz de predecir el futuro u observar la interacción de los primeros homo sapiens o el sexo de Marilyn Monroe con Arthur Miller, es una máquina que le permite a la serie plantear una discusión troncal para la trama: la discusión Everett/Bohr.

Huge Everett III es el primer físico en proponer la teoría de los universos múltiples (al menos de manera contundente y en base a la Física Cuántica, por supuesto). Y también se lo puede entender como el primer Físico Maldito: nadie le creyó cuando planteó su tesis doctoral, fue bardeado por la autoridad legitimada del momento (en este caso, los granujas de la Interpretación de Copenhague entre los que se encontraba Niels Bohr) y se volvió un sujeto normal de clase media, alcohólico y poco afectivo con la familia para morir a los cincuenta y un años[1].

Sucede que Everett decidió hacer la revolución científica y le hizo frente a la física cuántica del momento, caracterizada como clásica y ortodoxa, que se agrupaba en un grupito de pesos pesados que sostenían la Interpretación de Copenhague, la cual sostiene, entre otros fundamentos, el principio de incertidumbre. Hacerle frente al principio de incertidumbre era prácticamente sacrilegio, un pecado mortal para los científicos (sobre todo porque la teoría logra ocupar cada variable y resultado de un proceso de análisis cuántico).

El grupito de Copenhague cree en la incertidumbre de un electrón alrededor de un núcleo: no se puede saber con precisión el lugar de un electrón en un tiempo y espacio determinado. El electrón no gira alrededor del núcleo de una manera ordenada y visible: está ubicado de manera indeterminada, sin la posibilidad de saber con exactitud su lugar dentro de la nube que encierra un átomo. Además apelan a la saturación por el proceso de medida, lo que los lleva a pensar que dos posibilidades contrarias actuando en el mismo momento producen un colapso. Por lo tanto, el famoso gato de Schrödinger estando vivo y muerte dentro de una caja es un colapso para la física cuántica de Copenhague. Y este era el propósito principal de Erwin Schrödinger: poner en jaque los planteamientos de la Interpretación.

Por eso Everett aprovecha este experimento y su postura es clara. No cree en el indeterminismo de la física cuántica de Copenhague, de que un suceso cuántico sucede y no sucede de acuerdo al observador, a la capacidad de identificar, por ejemplo, el comportamiento de un determinado átomo y demostrar así que la existencia de una probabilidad es la cancelación de la otra. Para Everett dos posibilidades actuando en el mismo momento no solo son una opción: son una realidad totalmente posible. Everett plantea la formulación relativa del estado, o más popularmente conocido como la Interpretación de muchos mundos (MWI, en sus siglas en ingles) para dar a entender que las posibilidades ni se cancelan ni se colapsan al superponerse. Las posibilidades de un suceso están liberadas a la capacidad que tienen de ocurrir y manifestarse: todos los escenarios cuánticos son posibles.

Para la física cuántica de Copenhague, el meteorito que atormenta al sujeto X y al sujeto Z puede caer o no caer en la tierra (no importa Dios, no importa la astronomía); mientras que para la interpretación de Everett, que ocurra la caída del meteorito desprende y determina que en otro plano, y al mismo tiempo, no esté ocurriendo; y que en otros y varios planos, se estén dando otras manifestaciones del mismo suceso cuántico. Por lo que puede multiplicarse indefinidamente: el meteorito puede caer al mar y crear un tsunami, puede estrellarse contra el obelisco y matar trágicamente a unos manifestantes de pañuelos azules. Todas las opciones ocurren al mismo tiempo porque están determinadas entre sí.

Devs es una serie que hace honor a la interpretación de Everett: los personajes defienden explícitamente su teoría y la propia maquina Devs se basa en esa capacidad de predicción y probabilidad determinista. Pero Devs no es una serie con fines educativos. El problema de sostener la interpretación de Everett en el mundo ficcional de Devs es que los personajes se involucran en cuestiones que poco tiene que ver con la física cuántica: amor, dolor, amistad, confianza. Esa es la gran cagada: no debe haber combinación más letal que el despliegue del universo, la física cuántica y las pasiones humanas. Esas tres cosas de la mano provocan perforaciones deformes en el cerebro. Que la desdicha de una persona se vuelva un punto cuántico que ocurre de manera determinada pero minúscula entre tantas variables diferentes que ocurren al mismo tiempo es una forma preocupante de ver el mundo. La realidad no sería más que una versión alternativa pero no opcional de las cientos y cientos de versiones en las que despediste a tu ser querido a tiempo, dijiste lo que tenías que decir a alguien para ayudarlo en algo importante, etc.; como si abrazar a una persona fuera una variable que ramifica una serie de universos en que el abrazo sirve, en que el abrazo no se da, en que la persona abrazada te entiende, en que la persona no abrazada toma una pésima decisión. Everett da la tranquilidad de que hay una libertad de universos ocurriendo y desplegándose pero ¿en cuántos de esos universos crees que todas las cosas salen bien? ¿Te daría tranquilidad saber que una opción optimista ocurrió cuando para vos todo se fue al carajo?

Lo mejor sería vivir en la versión de un universo múltiple en donde la física cuántica jamás hubiese existido.


[1]   Todo esto puede encontrarse en el libro de su hijo Mark Oliver Everett: Cosas que los nietos deberían saber, Blackie Books, 2007.

 

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