Talk Talk: el sintetizador como enemigo*

[Talk Talk. Synth pop. Rock. Psicodelia. Sintetizador. EMI. MTV. Duran Duran. Mark Hollis. Friese-Greene]

por Lucas Fantin (@LMF131)

El synth-pop. Ese género ochentoso al palo acusado de matar al rock. O por lo menos de desplazarlo del lugar privilegiado que tuvo durante los 70’s (porque en el futuro seguimos acusando a los géneros de lo que es claramente culpable el mercado). La guitarra, instrumento endiosado por los rockeros, pierde su papel protagónico ante una nueva generación de sintetizadores de uso fácil. A la nueva ola de adolescentes mainstream de los 80 les gusta bailar al ritmo de bases repetitivas, reverbs de herencia psicodélica y modulaciones forzadas, y eso al rockero de los 70′ le parece muy mala onda (él pensaba que iba a rockear forever).

El imperio de las discográficas se está convirtiendo poco a poco en un oligopolio y ya es una máquina que vende y revende singles de manera mucho más asidua que en la década anterior. Las radios están perdiendo el poder contra la fuerza audiovisual de MTV (video kill the radio-star) y la industria musical se muestra cada vez más consolidada alrededor de los grandes ídolos como Michael Jackson, quien, habiendo vendido más discos que los mismísimos Beatles, se convierte en un caso paradigmático de los límites a los que podía llegar el derecho de una discográfica sobre la obra y vida de un artista.

En todo este escenario y del ala del gigantesco éxito de Duran Duran, sale a la luz una banda que lo cambiaría todo. Una banda cuya búsqueda por un sonido propio sería tan profunda que alcanzaría un pico de creatividad nunca antes visto, propiciaría la transición de era musical a los 90’s y, de paso, se bailaría sabroso al rock, al pop y a EMI records.

Talk Talk no está hoy entre los nombres más recordados de esa época y esto tiene mucho que ver con cómo construyó ladrillo a ladrillo su puerta de salida del mainstream en favor de su propia libertad creativa. Sin embargo, se puede recuperar su influencia en la música actual gracias a grandes bandas que los idolatran como Radiohead y en las cuales las influencias son hasta obvias.

Mark Hollis fue el líder compositivo y artífice de una revolución sonora que decantó en varios géneros imprescindibles como el shoegaze y el post-rock; llevando la música a los límites inversos que proponían los grandes referentes de la época, el sonido de Talk Talk se erige como una columna que sostiene el edificio que serán los géneros de vanguardia de los 90’s pero ¿en qué radicó esta “revolución sonora”?

El Mercado

En 1984 salía It’s my life, famoso ahora gracias al cover de No Doubt. Este no sólo fue el álbum (y single) más exitoso de Talk Talk sino que también fue el propulsor económico que les permitió conseguir algo invaluable y que hasta el día de hoy es difícil de encontrar en las bandas más atadas a su propio estilo y a las exigencias de sus fans (nosotrxs lxs insoportables que nos quejamos cuando el nuevo disco no es igual a los anteriores y también cuando es muy igual a los anteriores… media pila, muchachxs): libertad creativa. La filosofía de Hollis al momento de la composición y sus gustos musicales vastos y variados fueron la base de una serie de renuncias estéticas (y político-económicas) que encaminaron a la banda a enfrentarse a uno de los monstruos más grandes que ha creado la modernidad: el mercado.

La primera gran renuncia de la banda fue al sonido electrónico.

La discográfica, durante la grabación de su álbum debut The Party’s Over (1982), les había puesto al lado al productor musical de Duran Duran para supervisar de algún modo que no se vayan de la raya preestablecida del éxito comercial, que en ese momento tenía un nombre interesante: sintetizador. A medida que ese éxito llegó, se fue aflojando la soga impuesta por EMI records y con Friese-Greene como nuevo productor, Hollies encontraría una compañía creativa que nunca antes había tenido.

Su tercer álbum, Colour of Spring (1986), fue el primer golpe a la torre del éxito. Otra banda estaba naciendo. Su sonido ya no provenía de esos sintetizadores omnipresentes (que Hollies confesó odiar) y se dispersó entre una variedad de instrumentos acústicos. Las bases electrónicas persistían pero eran mucho más simples (la crítica enseguida vio la influencia de Can y el krautrock); el órgano era un lienzo extendido donde cada nuevo sonido era una pincelada más, el loop mantenía todo unido pero sobre él se improvisaba el color de cada momento. La guitarra acústica, el piano, la trompeta, el contrabajo afirman un viaje de vuelta al origen y el silencio se hace cada vez presente, lo que le da a cada elemento espacio para destacarse. En algunos temas ni siquiera era necesario cambiar de acorde para lograr un desarrollo prolífico de texturas y emociones. Life’s what you make it es un ejemplo clarísimo de que con sólo un acorde y un riff potente el desarrollo de la canción puede ser perfecto, lleno de tensiones manejadas por la disposición en la que entran y salen los instrumentos, acciones tan minúsculas cambian de pe a pa la vida sonora del tema alimentando el drama musical.

A lo largo del disco, el abandono de lo sintetizado para lograr lo orgánico (el juego de palabras escondido en la utilización del órgano Hammond setentoso) representaba un ir en contra de la estética del romantic wave que ellos mismos habían consagrado. La disquera sospechaba pero seguía chocha, enceguecidos por el éxito que todavía tenían (esto me hace pensar a su vez en lo impredecible del mercado). Canciones de gran energía como Living in Another World seguían haciendo que ese estilo raro y nuevo todavía tuviera su sitio en el “lado comercial de la luna” y obviamente siguió gustando a EMI el poder hincarle los dientes a una porción de la plata. Pero no sabían que todo eso, IT’S A TRAP! (insertar meme).

La Revolución

Ya he anticipado sin querer (no me pude contener) algunas de las razones por las cuales su obra de arte Spirit of Eden de 1988 hizo de todos los demás álbumes de la época una anécdota. Hasta ese momento dentro del mainstream (estoy dejando de lado el noise y el no wave al decir esto) no había ningún género que basara su estética en la dinámica, es decir, en el manejo de la intensidad y el volumen. La segunda renuncia fue esta: el ruido.

El rango dinámico (la distancia que hay entre el sonido más débil y el más fuerte) de las canciones es más parecido al de la música clásica y se utiliza de manera abundante el espacio “tridimensional” y negativo. El silencio, el minimalismo y la improvisación: las tres palabras que rara vez se encuentran en el mundo del pop fueron la piedra angular de lo que sería el nuevo sonido, clave para la estética de la música de los 90’s.

En una catedral abandonada, en Suffolk, Inglaterra, los Talk Talk se internaron por días a grabar Spirit of Eden (1988). El método de composición que utilizaron es una rareza difícil de reproducir. Mark creía que el momento en que surge la idea original de la música es su momento perfecto y no después cuando se lo quiere reproducir o mejorar. Esta filosofía cambia totalmente el enfoque de la grabación de un disco de rock. Con evidente tendencia al jazz, durante días los músicos improvisaban sobre un tema y sólo de eso a veces rescataban segundos de canción. Es decir, el método de composición de Talk Talk combina dos procesos: el de improvisación y el de elección. Así Mark se aseguraba de que los elementos grabados eran los más “puros” en términos de creatividad porque habían surgido del momento de más profunda intimidad entre el instrumentista y la música.

Las canciones se vuelven largas y los estribillos casi no existen. La percusión es mínima, se calla y retorna, hipnótica. El ambiente calmo, silencioso, vacío, de los temas le da aire y densidad a cada pequeño elemento. Cada sonido cobra un peso increíble al entrar o salir de escena. Nunca nadie la había rockeado tanto con una armónica como en “The Rainbow”, y en “Eden” el suspenso creado por el crescendo de los instrumentos hace que una guitarra sucia convierta el climax en puro goosebumps. La música respira, se tensa, se libera, se cuestiona, se aleja, se acerca, enmudece y grita. Pareciendo una paradoja, la variedad y complejidad de los paisajes sonoros son propiciadas por la misma austeridad y simpleza de los sonidos. John Cage, David Gilmour, Miles Davies, Debussy, Satie, el noise, todos vuelan por el aire y se van encontrando de a poco con la voz tan expresiva de Mark que imita un instrumento más, en busca del momento perfecto. El silencio lo justifica todo, le da cohesión a esta variedad de géneros tan disímiles. Una verdadera artesanía de la música rebelándose contra el mercado de los ruidos.

La Victoria

Y esta fue la primera las dos derrotas que EMI iba recibir. El contra-ataque les iba a salir más caro todavía. Sin consultar a la banda, decidieron editar la canción “I believe in you” como sencillo a la vez que trataban de rescindir el contrato. Talk Talk los demandó, la discográfica los demandó de vuelta: todo fue una confusión. El sello alegaba que su banda tenía que hacer música “comercial”. Pero luego de tantas vueltas, Talk Talk ganó la partida y para grabar su siguiente y último disco firmaron con Polydor. Nadie le había dado a EMI una paliza judicial tan rotunda en la historia.

La historia de Talk Talk es también importante en La Historia porque a partir de este enfrentamiento las discográficas empezaron a poner cláusulas en los contratos para obligar a los artistas a hacer la música que ellos necesitaban. Y sí, algo que hace sobrevivir tanto al mercado es su adaptabilidad.

El Silencio

La banda se separó luego de un quinto álbum llamado Laughing Stock (1991) que profundizaba sobre los aspectos vanguardistas de su antecesor. Mark Hollis sacaría un disco solista en 1998 y luego desaparecería para siempre de la escena musical. Recién este año volvimos a tener noticias de él, con su muerte el 24 de febrero. Tenía 64 años. Haber mantenido un silencio casi budista por tanto tiempo sigue la línea de lo que fue su espíritu musical. Y es también el silencio una idea a rescatar a la hora de hacer música. Gracias a las llamadas loudness wars, en las que la magia de la compresión decantó en una desmedida competencia de volumen por ver quién llamaba más la atención en las radios, la música mainstream hoy suena extremadamente fuerte. Producciones como las de Billie Eilish dan tregua a esta guerra y son un hito en lo comercial.

Es frente a estas políticas de la música pero también frente a la sobrecarga de voces, la sobreinformación, los incesantes ruidos de la ciudad moderna, el hastío de un mundo sobreinformado, el twitter que todxs tenemos en nuestra cabeza y fuera de ella, que Talk Talk nos enseña que a veces hay que bajar el volumen y escuchar esas voces que casi nunca podemos apreciar, más débiles, que son los dioses escondidos en el silencio, y tomarlas para oponernos a la voz imperante en la gran y esquizofrénica sociedad posmoderna. Esas voces débiles también son las de la contracultura que claman por salir de debajo de la tierra.

El silencio es también una herramienta de lucha.


*N. del E: Lucas quiere que ponga esta playlist acá para que ustedes la vayan escuchando:

Comentarios

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

You may use these HTML tags and attributes:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>