Taylor Swift: el folklore de un nuevo romanticismo

[Taylor Swift. Folklore. Romanticismo. Literatura. Amor. Ilustración. Siglo XVIII. The lake poets. Shakespeare. Las desventuras amorosas del joven Werther. Goethe]

por Francisca Mattoni (@fran.mattoni)

Contexto Covid. Año 2020. El mundo parece cambiar en horas y cuando nos damos cuenta pasaron meses. Más allá de las pantallas, la conexión constante, nos encontramos solos, con nosotros mismos, pensando y potenciando lo que somos. La individualidad y las emociones salen a flor de piel cuando la ciencia no nos da respuestas rápidas y la realidad nos pone una verdad indiscutible frente a nuestras narices. Somos humanos, seres mortales y la naturaleza puede acabar con nosotros en un segundo.

El ser artista y encontrarse solo puede ser un caldo para la creatividad o una receta para el desastre. El 24 de julio, Taylor Swift nos demostró que no era tan difícil llegar a construir un álbum de estudio, conceptual, atrapante y lleno de la única cosa que necesitábamos para sobrevivir a un encierro que se vuelve por momentos demasiado largo: trágicas historias de amor.

Del Volks, al Folks, al Folklore

El Romanticismo fue un movimiento cultural que surgió en Alemania y en el Reino Unido alrededor del siglo XVIII y que dejó tantas marcas en el arte que aún hoy resurge en todo lo que consumimos. Una época atrapante donde la sociedad europea renunció a la llegada inminente del progreso que tanto predicaban sus padres, los famosos ilustrados.

Los románticos se desilusionaron, perdieron la esperanza en que la humanidad podía “ser mejor”, renunciaron a la ciencia y decidieron regresar a lo profundo de sus emociones, de su cultura. Volver a los orígenes de lo que los constituía como individuos. (Silva- Santisteban, 1993).

El idioma y la palabra escrita fueron claves en el romanticismo.

En alemán Volk significa “pueblo”, quizá en nuestra charla más cotidiana esa palabra la encontramos en la reconocida marca de autos Volkswagen “el auto del pueblo”. Aunque mucha gente versada en el idioma lo verá como una obviedad, en alemán la V suena como F, por eso cuando el término se vulgariza en otros idiomas lo reconocemos como folk, ahí llegamos al conocido folklore. (Gottlieb Fichte, 1808)

Folklore es una palabra que usamos para referirnos a la música originaria, la música del pueblo.

Folklore es, también, el título del álbum de estudio de Taylor Swift.

Seamos románticos, lo demás no importa nada.

En estos tiempos donde la ciencia no da las respuestas rápidas que necesitamos y el progreso queda estático, quizá se puedan ver las similitudes de los espíritus románticos, quienes en el siglo XVIII, decidieron abandonar las ciudades y recluirse en el campo. Alejarse de la sociedad industrializada, del ruido y de las multitudes.

La centralidad que toma el individuo y cómo ese individuo se conecta con lo natural, con sus orígenes, derivará en la conexión con lo más primitivo de la humanidad; y aunque podríamos asumir que eso significaba volverse veganos o algo así, lo más primitivo para los primeros románticos fue “dejarse llevar por las emociones”, y qué mejor emoción que el amor: el amor fue un arma de doble filo para los personajes de la literatura romántica del s. XVIII así como lo es en las canciones de Taylor Swift.

Todo puede salir muy bien, pero la mayoría de las veces, SPOILER ALERT: sale mal.

La magia de la literatura romántica es que el amor siempre sale mal. Nuestra “musa” o nuestro “objeto amoroso” no nos quiere como queremos que nos quisiera, nos decepciona pero nos sigue atrayendo y, lo más importante, nos rechaza siempre. Eso es muy malo – en lo que se refiere a lo que son las nuevas discusiones sobre relaciones tóxicas – pero es genial el arte romántico. Y nos otorga un campo interesante de análisis, así como hizo Barthes en su descorazonada y horrible aventura en pos de decir que los enamorados siempre dicen lo mismo y por eso empatizan con el discurso amoroso de otro. (Barthes, 1980)

¿Será la misma receta siempre?  ¿Seremos tan poco originales?

Si un poema de William Wordsworth puede confundirse con un verso de una canción de Taylor Swift, aun cuando se llevan más de doscientos años de diferencia, creo que tengo que decir, con todo mi pesar, que Barthes tenía razón.

Es solo un discurso.

Repitiendo esquemas y figuras una y otra vez.

Pero qué hermoso discurso.

 

A orillas de lago

La influencia de la literatura inglesa es clave en la música de Taylor Swift desde el hit Love Story que nos llevaba a obvias ya muy quemadas referencias a la famosa obra de teatro de Shakespeare, Romeo y Julieta. Pero en este álbum nuevo vemos cómo ella hace un salto en cuanto a originalidad e inspiración.

En la Inglaterra romántica existió un grupo de poetas que se llamaban Los poetas del Lago/The Lake Poets. Se llamaban así por el simple hecho de que vivieron – y en la mayoría de los casos también murieron- en una zona montañosa llamada The Lake District, al norte de Inglaterra. Estos poetas fueron los precursores del movimiento romántico en el Reino Unido.

Taylor Swift se refiere a ellos en varias de sus letras, y sobre todo en la canción que corona la versión deluxe del álbum: The Lakes. Esta canción visibiliza las influencias directas con los poetas ingleses y el estribillo nos traslada a lo que puede ser un poema del s. XVIII :

Take me to the Lakes where all the poets went to die
I don’t belong and,mybeloved,neither do you
ThoseWindermere peaks looklike a perfect place to cry
I’m setting off, but not without my muse

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Llévame a los lagos donde los poetas fueron a morir,
no pertenezco y, mi adorado, vos tampoco.
Esas montañas de Windermere parecen un lugar perfecto para llorar
Me estoy yendo, pero no sin mi musa

Obvio que en la canción también menciona Twitter y celulares, lo que nos hace volver a nuestro bello y atemorizante 2020, pero siempre tratando de decir qué es lo que hay que dejar atrás.

Estos poetas se fueron a los lagos para huir de unas ciudades que parecerían medievales, para huir de la academia literaria de las universidades y de los avances tecnológicos del nuevo mundo ilustrado. Taylor Swift también quiere huir, pero de un presente del que es mucho más difícil escapar.

A diferencia de otros álbumes o singles de Taylor, ella dijo explícitamente en varias entrevistas que ninguna de las canciones era sobre experiencias propias, sino que quería ponerse en el rol de storyteller.

La última evolución del artista – y del romántico-  quizá sea poder separarse del todo de su obra, aunque para nosotros la primera persona nos diga a los gritos otra cosa y nos resulte tan fascinante buscar el dejo de verdad en sus palabras. Es un álbum, bellamente escrito y musicalmente impecable, que – al igual que un libro de poemas de algún amargado poeta sentado al borde de un lago inglés – solo busca contarnos historias tristes de otras personas.

Los verdaderos románticos nunca mueren.

Y si estoy muerta para vos, ¿por qué estás en el funeral?

La mayoría de las canciones de folklore nos llevan líricamente a un lugar que hace parecer los versos como elegías. Elegías que terminan siendo para mi misma (The Lakes, TS) y eso no es inocente porque es classic romanticismo. El final, la desaparición, la muerte.

Ésta acompaña el trágico desenlace de todos los personajes sobre los que escriben los románticos. La muerte termina siendo la única salida, pero suele ser también una salida metafórica. Nada como morir para que se cierre el círculo trágico. Nada como morir para que el amado se sienta culpable y extrañe todo lo que teníamos para darle. Es casi una venganza.  Es una muerte querida, una muerte planeada hasta el último detalle.

Barthes habla de la idea del suicidio como una figura en el discurso amoroso, reflejada en el ejemplo que toma para analizar la literatura romántica alemana, Las desventuras amorosas del joven Werther de Goethe. Este relato, bastante corto – al que Barthes le dedicó un seminario entero – nos muestra que en realidad lo que busca el sujeto, el personaje y el autor, es deshacerse del amor. Matar el amor, ponerle fin de la forma más desgarradora posible.

En lo que parece el plot twist más predecible de la historia de la literatura, Werther -quien siempre usaba un chaleco amarillo- se da cuenta que la chica que él quiere no le da bola y se va a casar con otro, por lo que decide acabar con su vida.

Los escritores románticos viven en el lamento constante, nada más emocionante que probar una y otra vez que esta vida solo consigue decepcionarnos.

Creo que vi esta película antes, y no me gusta el final

Quizá lo que sorprendió más a la sociedad contemporánea fue que al publicarse esta novela en 1774, miles de jóvenes se suicidarían vistiendo chalecos amarillos como lo hizo Werther alrededor de toda Europa.

La desesperación y el desencanto romántico vende.

Lo trágico nos interpela.

Cuando sos joven asumen que no sabes nada

Más allá de las nuevas perspectivas sobre las formas en las que deberían ser las relaciones entre las personas. En el mundo capitalista e individualista (al que le sirve que te encuentres siempre trabajando, produciendo, dándonos duchas frías y analizando el mercado) no hay lugar para enamorados deprimidos, vestidos con chalecos amarillos, llorando porque no pueden tener el amor que creen merecer. Pero no nos vamos a adentrar en esta polémica por ahora.

Taylor Swift, más allá de que nos llame a pertenecer al segundo grupo de personas mencionadas arriba, es parte de una industria con agenda y protocolos a seguir sobre lo que hay que hacer para generar un producto que venda y genere todos los dólares que es posible generar. Ducha fría de realidad.

El álbum, Folklore, rompió bastantes reglas de este protocolo. El disco salió con un día de anuncio previo, entero, con video del primer single y con videos con letra de todas las canciones. Las fotos y el diseño son bastante cerrados y oscuros. Tiene una estética que armoniza y que está pensada hasta el más mínimo detalle.

El primer single que se llama Cardigan funciona como un puente.

La canción habla de que ella se siente como un cardigan viejo, arrugado, sobre la cama de alguien y que esta persona, sobre la que habla en la canción, viene y se lo pone como si fuera su ropa favorita. En el video de la canción ella se pone un cardigan. Ese cardigan es su nueva merch oficial que se lanzó al mismo tiempo que el álbum y se agotó en el transcurso de días.

Como está señalado más arriba, el romanticismo vende. Así fue como inundó el mundo occidental en el 1700 y así es hoy, cuando encontramos palabras que nos hacen recordar emociones y experiencias muy personales en un álbum folk o, como lo categorizó la crítica, un álbum alternativo.

A fin de cuentas, todos somos jóvenes – vestidos con cardigans o chalecos amarillos – aburridos, cansados de todo, esperando trenes que nunca llegan, disparando nuestras cartas de amor al primero que pase, intentando llenar el vacío de un mundo que nos come y nos escupe. Teniendo que afrontar las frustraciones de las generaciones que nos antecedieron.

Una y otra vez.


SILVA – SANTISTEBAN, Ricardo. La música de la humanidad: Antología poética del romanticismo inglés, Tusquets Editores, Barcelona, 1993

LOVEJOY, Arthur O. On The Discrimination of Romanticism, en M.H. Abrams (ed.) English Romantic Poets Modern Essays in Criticism, Nueva York, Oxford University Press, 1960 (1975)

BARTHES, Roland. El discurso amoroso, seminario en la Ecole des hautes études en sciences sociales 1974 – 1976 – Fragmentos de un discurso amoroso (Textos inéditos), España,  Paidós , ed du Seuil, 2007, traducción 2011.

Versos citados del álbum de Taylor Swift “folklore”, 2020.

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