#9 Te extraño tanto, tanto

[Cartas de amor. Amor. Libros. Biblioteca. Infancia. Extrañar. Crecer. Abandono]

Un día nos propusimos escribir cartas de amor, esta es la número 9.
NEC

Autor: Jero Maina (@jeromaina)
Ilustración: Julieta Gutnisky (@jlgt)

No es lo que parece. Te juro, en serio, que no es lo que parece. Lo que pasa es que yo era muy chico, vos tenés que entender. Bueno, en realidad era muy grande, no sé, pensaba que era muy grande-muy adulto-muy maduro para vos y todo eso que se piensa cuando en realidad uno es muy chico y sobre todo muy tonto, y ahora me doy cuenta que no, que nada que ver, que me equivoqué, que me equivoqué re feo. Pero desde ese día me di cuenta eh, no te vayas a creer, desde ese mismo día le doy vueltas y vueltas y te quiero decir esto pero al mismo tiempo no sé si escribirte o no, si ir a buscarte o no, porque de alguna forma fui yo el que dijo CHAU, y cuando uno dice CHAU también tiene que bancarselá porque si no es muy fácil decir CHAU y después decir HOLA TE EXTRAÑO VOLVÉ y yo a eso lo sé, no soy tonto, y tampoco soy malo, y por eso capaz no te vine a buscar antes, pero también te extrañé, te extrañé mucho, te pensé, te pensé cada día, cada noche, ¡cómo me faltaste cada noche! ¡cómo me faltaste! Y no sabes la cantidad de veces que volví a aquel día, y me maldije y me maldije y ¡POR QUÉ LO HICISTE JERÓNIMO POR QUÉ LO HICISTE!, y lloraba y pensaba y miraba la ventana toda lluviosa y las lágrimas se fundían con la lluvia y todo eso, pero qué se yo, también es verdad que no tiene sentido darle tantas vueltas al pasado porque lo hecho, hecho está, y no se puede cambiar y lo único que se puede hacer es pedir perdón y ver si hay alguna forma de empezar de nuevo o algo, y también es cierto que yo ahora veo las cosas más claras pero en ese momento pensaba que era lo mejor, qué se yo, con el diario del lunes, bueno con el diario no, yo odio los diarios, ya sabés, te prefiero a vos-siempre a vos, pero vos me entendés.

Perdón, me estoy enredando.

Lo que quiero decir es que no te valoré como vos te lo merecías. Y perdón que te escriba recién ahora después de tantos años, pero mira que así y todo no paro y no dejo de pensar en vos. Más de diez años después. ¡Te extraño tanto!

Después de aquel día en que te dije ADIÓS pasé por varias etapas. Primero me convencí de que yo estaba para otra cosa y de que era lo mejor, que vos ibas a estar mejor con otras personas que te valoraran más, que te supieran leer como yo en su momento te había leído. Después me intenté olvidar, intenté reemplazarte, buscar tu compañía en nuevas historias. Pero no hubo caso. No era lo mismo, nunca era lo mismo. No podía dejar de acordarme de vos, y de buscarte en mi casa para tenerte un rato conmigo, pero en mi casa no estabas. Y claro, si fui yo el que te eché aquel día, aquel funesto, funesto día. Y te juro que pensé que estaba haciendo un acto de bien, un acto desinteresado, un acto filantrópico del tipo si la amas déjala ir y del tipo otro chico va a disfrutarlo también.

Y llené tres cajas. ¡Tres cajas! Casi que rebalsaban, que no cerraban. Ni un pedacito ni un solo libro, ni un álbum ni una revistita me dejé para mí. Y ahí te fuiste, completa a alguna biblioteca para el día del niño: Natacha;  No somos irrompibles; Un medallón para Osiris, Chat Natacha chat; Frin; Lejos de Frin; Caídos del mapa 1, 2, 3, 4,5; El pulpo está crudo; Spy High 1, 2; Todo Mafalda; Pokémon: la guía definitiva; Historias de los señores Moc y Poc.

Toda entera, vos, mi colección de libros de la infancia, ¡cómo pude ser tan desconsiderado! Si fuiste vos quien me acompañaste en tantos momentos difíciles, si en vos me escudé para escaparme en un rincón del cumpleaños aburrido de una tía, si vos siempre me prometías mundos increíbles y cumplías tus promesas y venías conmigo al colegio y a la academia de inglés y a la casa de la abuela y al patio y a la cama y aunque algunos envidiosos me dijeran alguna palabra fea por estar siempre con vos en lugar de estar por ahí corriendo persiguiendo una pelota, y aunque a veces yo me creía alguna de esas palabras e intentaba esconderte, vos nunca te enojaste conmigo ni me abandonaste ni me pediste explicaciones y siempre estabas ahí esperándome cuando yo volvía a casa para sacarte de la mochila y pasar juntos la tarde entera, la noche hasta la madrugada aunque papá me retara que apagara la luz que era tarde porque no soportaba tanto amor.

No sé qué se me pasó por la cabeza.

Te confieso que ahora, cada tanto, voy a una biblioteca infantil y busco pedacitos de vos entre los estantes, hojeo los libros de atrás para adelante y de adelante para atrás a ver si no habrás caído ahí, al otro lado del mundo, y si te tiene algún niñe insolente te arrebato de sus manos de un sopapo y me quedo con vos un ratito.

¡Y me gustaría tanto tenerte de vuelta! Me tiraría en el suelo y te desparramaría por todas partes, cerraría la puerta y trasnocharíamos en el piso vos y yo, entre diálogos, gritos y susurros, hojas sueltas acá y allá, olorcito a libro viejo, y te acariciaría cada uno de tus lomos, de tus tapas y contratapas, y te leería en voz alta lo que vos me pidas y dibujaría tus ilustraciones en otros trozos de papel.

Y te quedarías conmigo y conmigo siempre, y nunca, nunca, nunca, te llevaría a ninguna campaña solidaria, y menos que menos a una campaña de papel.

Ay, sería tan lindo.

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