Tiger King: la mecánica de la moral

[Tiger King. Moral. Joe Exotic. Carole Baskin. Oklahoma. Redneck. Netlflix. Estados Unidos. Tigres. PETA]

por Gaspar Roulet (@RouletGaspar)

Joe Exotic posee una cantidad no especificada (pero muy grande) de tigres en un terreno pequeño en algún pueblo de Oklahoma y los alimenta (a los tigres y a sus otros animales -e incluso a sus empleados-) con carne vencida que consigue en un Wall-Mart. A la vez, se encuentra en el medio de una disputa legal contra Carole Baskin, la dueña de un refugio para grandes felinos que a base de demandas lo desarma financieramente con un único objetivo: lograr que él cierre las puertas de su establecimiento.

La historia transcurre así, entre dos personas en constante disputa y hasta acá es muy simple: tenemos un villano explotador de animales que parece no poder ser vencido por una proteccionista que busca rescatar a los tigres que él mantiene en cautiverio.

Not available in cages

 Más allá de tener un formato similar a esos pseudo documentales de Discovery ID que se la dan de serios mientras te muestran una foto de alguien en blanco y negro con música tétrica para que sepas que “¡ey! ¡ese es el malo!”, Tiger King abre cuestionamientos mucho más entretenidos y debatibles que el de “¿realmente la mandó a matar?”[1].

Si bien el foco de atención está en eso, resulta más interesante (o por lo menos para mí lo fue) ver cómo la moral de los personajes entra en juego y cómo si bien a priori es muy simple pensar: Carole buena – Joe malo, nada cae realmente en los términos tan estrictos que solemos manejar[2].

My job requires a certain moral flexibility

 Dentro del amplio espectro de la metaética hay dos teorías contrapuestas: el realismo moral y el subjetivismo moral. A la hora de mirar Tiger King (o analizar cualquier situación social) el campo de batalla se abre y las dos teorías empiezan a chocar. Para mirar la docu-serie a través de los lentes de ambas es mejor agarrar distintos eventos y desarmarlos para que sus elementos queden en la mesa.

El realismo moral se basa en creer en la existencia de hechos morales que son puramente objetivos, siguiendo un principio similar a la lógica y a la matemática. Es decir, hay actos que son inherentemente malos o inherentemente buenos a nivel moral, sin importar su contexto, quién los lleve a cabo, ni su resultado: para entenderlo, lo más fácil de usar como ejemplo es que Joe encierra a sus animales en jaulas. Con esta base, podríamos decir que mantener animales en cautiverio es algo inherentemente malo dentro de una gran cantidad de culturas en todo el mundo, y la sociedad estadounidense conforma una de ellas.

‘Murica, fuck yeah

 Sin embargo, pensar de este modo plantea una serie de incógnitas que apuntan más o menos a una cuestión similar: ¿de dónde salió la idea de que algo está bien o mal?

Y acá empieza un juego de qué fue primero, ¿la dinámica social misma, que fue definiendo a través del tiempo lo permitido y lo prohibido, lo correcto y lo incorrecto, o estos hechos morales, que siempre han sido así y son los que moldean el comportamiento social?

En la amada y odiada ‘murica, land of the free and home of the brave, hay una serie de pensamientos que son, en mayor o menor medida, transversales a toda su población: la adopción de los valores cristianos (y digo cristianos porque es el modo en que ellos los llaman), la idea del liberalismo económico (vanagloriar la propiedad privada, adoptada de Smith con toques de Friedman), la de la libertad de expresión que sirve como excusa para prácticamente cualquier cosa (esa por la que se rasgan las vestiduras para defender a gente como Mel Gibson, que le dijo a Oksana Grigorieva -su novia- “es tu culpa si te viola un grupo de negros”[3]), y uno de los fundamentales, el derecho a comprar armas en los supermercados.

Ahora, hay un juego de retroalimentación que mantiene todas esas premisas vivas: la pelea de lo políticamente correcto versus la incorrección política, la de los comunistas versus los capitalistas (por favor, que alguien les avise que los 80’s ya se terminaron), etcétera. Entonces, si bien la sociedad estadounidense se fundó siguiendo esos lineamientos culturales, se ha encargado de mantenerlos a capa y espada, incluso cuando esto los mete en más de un problema (y, capaz si no vendés escopetas en los Wall-Mart no tengas tantos tiroteos escolares). Así, cuando algo trasciende la discusión y se toma como incuestionable (tanto para bien o como para mal) se lo aleja de su carácter de humano para transformarlo en algo cuasi deídico y por ende casi imposible de cuestionar, ahí la acción moral se transforma en un hecho moral, eso inherentemente malo o bueno que funciona como base para el realismo moral.

But wait, ¡there’s more!

 Joe Exotic podrá no ser la herramienta más afilada del cobertizo [4] pero sabe que no todo es tan blanco o negro. Mientras Carole lo corre por izquierda diciendo que sus animales están enjaulados y sufriendo, el Tiger King consigue infiltrarse en su pseudo-santuario (no nos engañemos, ambos lugares son prácticamente idénticos) y consigue grabaciones de los felinos que ella rescata. Ahí podemos ver cómo ella los tiene enjaulados en lugares en ocasiones hasta peores que los de Joe. A partir de esta situación se abre una arista nueva dentro del realismo moral: el relativismo moral.

El relativismo moral sostiene que hay más de una perspectiva sobre los hechos morales (o sea, todavía parte de la creencia de que hay hechos morales, simplemente dice que la gente puede tener distintas opiniones sobre estos y que todas pueden ser correctas). Así, podemos abordar uno de los argumentos de Joe para mantener a sus tigres: “son mi propiedad”.

En la cosmovisión estadounidense, intentar arrebatar, poner en peligro o utilizar la “propiedad privada” de alguien sin permiso (entendiendo por propiedad privada aquello que ha sido obtenido a través de una transacción que en la mayoría de los casos es de carácter económico) es algo muy condenado socialmente. Pensándolo puramente desde la propiedad privada en el contexto de la cultura norteamericana, Joe aparece del lado “bueno”: él pagó por esos animales, tiene papeles que lo prueban y por ende puede hacer con ellos lo que le plazca. Por otro lado, Carole es la “mala” que quiere arrebatarle a él lo que es legítimamente suyo.

Desde acá, Argentina, parece (o al menos a mí me parece) muy descabellado que alguien tenga tigres en el patio de su casa e intente mantenerlos ahí amenazando con matar a quien entre. Pero es verdad que en Estados Unidos estás autorizado a asesinar bajo ciertas circunstancias, muchas de ellas vinculadas a la defensa de la propiedad privada.

Freedom, baby, is never having to say you’re sorry

Sea como sea, mientras más se miran estas situaciones, más difícil es determinar quién tiene razón y quién no, quién juega la parte del mal y quién la del bien. Desde la perspectiva del realismo moral, podemos pensar que los hechos morales inherentemente buenos y malos varían de sociedad a sociedad, y que a partir de eso no podemos juzgar lo que están haciendo. Y de última ¿quién soy yo, argentino, para juzgar a Joe el yankee por lo que hace o deja de hacer?

Pero acá hay un gran problema: si damos por sentado que todas las culturas están haciendo lo correcto según sus hechos morales base, entonces ninguna puede estar equivocada en su accionar. Esto, que suena muy inclusivo, “hay que aceptar las cosmovisiones de otras culturas”, puede ser muy peligroso. Porque, bajo esa premisa, hubiera sido imposible cuestionar (y se estaría justificando), por ejemplo, la esclavitud en Estados Unidos.

Pero también viviendo dentro de esa sociedad, no podría apuntarse al progreso moral porque básicamente esa noción se tornaría obsoleta: si lo que se hace ahora está bien, ¿para qué cambiarlo?

Just because something works doesn’t mean it can’t be improved

Por suerte para nuestro subconsciente, la metaética tiene otra respuesta: el subjetivismo moral. Esta teoría sostiene que no existen los hechos morales, es decir, acciones que sean inherentemente buenas o malas, sino que todo es bueno o malo, verdadero o falso, dependiendo de la intención de quien realiza una acción.

Entonces, Joe alimenta a sus tigres y empleados con carne vencida del Wall-Mart, es verdad. Pero lo hace no sólo porque está en la miseria absoluta sino porque da trabajo a más empleados de los que puede mantener (además, la mayoría son ex convictos que no encuentran otro tipo de salida laboral). Su acción puede ser vista como mala sin el contexto adecuado, pero la realidad (o al menos lo que nos muestran) es que esa es su mejor alternativa.

Por otro lado, Carole no es una persona que quiera quitarle los tigres a Joe simplemente porque piensa que es un redneck, o porque los quiera para sí misma, sino que se da a entender que realmente siente un compromiso con ayudar a los animales, evidenciado sobre todo en su impulso a la ley que después termina jugando un papel central durante algunos episodios.

This shit ain’t kosher

 Entonces la clave está en entender que cada persona tiene su propio esquema moral que se desprende de su experiencia, sus creencias y sus gustos. Y, como resultado de eso, obviamente habrá contradicciones. No hay una persona que actúe infaliblemente de acuerdo a sus creencias: Joe está en la miseria misma y ayuda a sus empleados y mantiene a sus animales como puede, pero también gastó muchísima plata en hacer preservativos con su cara, remeras, y montar una campaña política que ya sabía destinada al fracaso aún sabiendo que eso iba a impactar aún más en su capacidad para mantener todo a flote. Carole es apoyada por PETA, tiene un refugio donde permite que personas vayan a capacitarse voluntariamente y aporten si tienen un verdadero compromiso con la causa de salvar a los animales, pero también lucra cobrando entradas para ver a sus tigres en jaulas similares (o incluso peores) a las de Joe.

A fin de cuentas es muy fácil poner Tiger King, el noticiero, o meterse en una discusión en redes a señalar con el dedo “esto está mal y esto está bien”, o al menos es más fácil que realmente ponerse a pensarlo de manera más profunda y mirar el contexto de la situación y de los actores que participan en ella, porque (tampoco voy a negarlo) resulta divertido ponerse en el papel de juez y dictaminar de manera terminante casi sin ningún tipo de criterio, pero de igual manera resulta molesto ser juzgado de manera negativa por personas que prefieren la comodidad de ser quienes dictaminan antes de ponerse a sí mismas en jaque y hacer paz con la realidad: todos estamos repletos de contradicciones, y eso está bien.


[1] En un momento, Joe contrata un asesino a sueldo para matar a Carole, cosa que finalmente no sucede.

[2] Por favor, que no se entienda que estoy diciendo que mandar a matar a alguien es algo que queda abierto a debate. Estoy en completo desacuerdo con cualquier forma de violencia y no estoy justificando a Joe ni buscando quitarle importancia a lo que hizo.

[3] Mucho de lo más violento se pierde en la traducción al español: él usa el término “niggers” (de traducción directa “negros”), que es altamente condenado en Estados Unidos por su bagaje histórico, y la palabra “pack”, que si bien implica “grupo de” en determinados contextos, es una palabra más asociada a lo salvaje o animal, de ahí que la traducción como “manada” también podría ser aceptable para esa frase.

[4] Esto está ahí solamente por lo divertido de traducir frases hechas en otros idiomas.

 

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